AUTORES
- Ana Paula Almárcegui Cano. Enfermera en el CRP Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza. España.
- Elena Marco Ramo. Enfermera Especialista en Salud Mental en el CRP Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza. España.
- Romina Castro García. Enfermera Especialista en Salud Mental en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica del Hospital Valle del Nalón, Langreo. España.
- Daniel Pascual Garrido. Enfermero en el CRP Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza. España.
- Pablo Porroche Borruel. Enfermero en Neurocirugía en el HCU Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Miguel Rubio Lozano. Enfermero en Urgencias en el Hospital Royo Villanova, Zaragoza. España.
RESUMEN
La alteración del sueño se ha relacionado con procesos inflamatorios sistémicos, y la proteína C reactiva (PCR) se ha establecido como un biomarcador confiable para medir esta inflamación. Esta revisión sistemática tiene como objetivo analizar la evidencia científica disponible que relaciona la calidad y duración del sueño con niveles elevados de PCR. Se realizó una búsqueda en las bases de datos PubMed, Scopus y Web of Science, seleccionando estudios observacionales y experimentales en adultos que midieran la calidad del sueño y los niveles de PCR. Los resultados muestran una asociación significativa entre alteraciones del sueño y un aumento en los niveles de PCR, lo cual sugiere una activación inflamatoria subclínica que podría aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Las alteraciones más relevantes incluyen tanto la privación como el exceso de sueño. Concluimos que mejorar la calidad del sueño podría tener un impacto positivo en la reducción de la inflamación sistémica y, por ende, en la prevención de enfermedades crónicas. Es necesario realizar más investigaciones longitudinales para establecer relaciones causales y evaluar el impacto de las intervenciones sobre el sueño en los niveles de PCR.
PALABRAS CLAVE
Trastornos del sueño, proteína C reactiva, inflamación, enfermedades cardiovasculares, calidad del sueño.
ABSTRACT
Sleep disturbance has been related to systemic inflammatory processes, and C-reactive protein (CRP) has been established as a reliable biomarker to measure this inflammation. This systematic review aims to analyze the available scientific evidence relating sleep quality and duration to elevated CRP levels. We searched PubMed, Scopus and Web of Science databases, selecting observational and experimental studies in adults that measured sleep quality and CRP levels. The results show a significant association between sleep disturbances and increased CRP levels, suggesting subclinical inflammatory activation that could increase the risk of cardiovascular disease. The most relevant alterations include both sleep deprivation and excess sleep. We conclude that improving sleep quality could have a positive impact on reducing systemic inflammation and thus preventing chronic disease. Further longitudinal research is needed to establish causal relationships and assess the impact of sleep interventions on CRP levels.
KEY WORDS
Sleep disorders, C-reactive protein, inflammation, cardiovascular disease, sleep quality.
INTRODUCCIÓN
El sueño es un proceso biológico fundamental que cumple múltiples funciones en el mantenimiento de la homeostasis del organismo. Su alteración, ya sea en calidad o cantidad, se ha asociado con consecuencias negativas en la salud física y mental. En los últimos años, se ha identificado un vínculo entre los trastornos del sueño y la inflamación sistémica, en la cual la proteína C reactiva (PCR) actúa como un marcador sensible y precoz de este proceso. La PCR es una proteína sintetizada por el hígado en respuesta a estímulos inflamatorios, particularmente mediada por interleucina-6 (IL-6) y factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α)¹.
Diversos estudios epidemiológicos y clínicos han revelado que tanto la privación del sueño como su exceso pueden inducir un estado inflamatorio subclínico que se refleja en un aumento de los niveles de PCR². Este fenómeno podría ser un factor de riesgo independiente para enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas³. Asimismo, existe una creciente preocupación por la calidad del sueño en la población general, influida por factores como el estrés, la tecnología, los turnos laborales y las comorbilidades psiquiátricas.
OBJETIVOS
Evaluar la evidencia científica que asocia la alteración del sueño con niveles elevados de PCR en adultos. Analizar las posibles implicaciones clínicas de esta relación y proponer futuras líneas de investigación que profundicen en la causalidad y las intervenciones terapéuticas.
MATERIAL Y MÉTODO
Se llevó a cabo una revisión sistemática de la literatura en las bases de datos PubMed, Scopus y Web of Science. La búsqueda incluyó artículos publicados entre enero de 2000 y marzo de 2024 en inglés y español. Se emplearon términos MeSH como: «sleep disorders», «C-reactive protein», «inflammation», «cardiovascular risk» y «sleep quality».
Los criterios de inclusión fueron:
– Estudios observacionales y experimentales en adultos (>18 años).
– Evaluación objetiva o subjetiva de la calidad o duración del sueño.
– Medición de los niveles plasmáticos de PCR.
Se excluyeron estudios en población pediátrica, embarazadas, personas con enfermedades autoinmunes activas o cáncer, salvo si se incluía grupo control sano. Dos revisores realizaron la selección y evaluación crítica de los artículos, con resolución por consenso en caso de discrepancias.
RESULTADOS
Se incluyeron finalmente 72 estudios con una muestra total superior a 50,000 participantes. En la mayoría de los trabajos se observó una asociación estadísticamente significativa entre la alteración del sueño y el aumento de los niveles de PCR. Esta asociación persistió incluso después de ajustar por variables confusoras como edad, sexo, índice de masa corporal, tabaquismo y actividad física⁴.
Los patrones de sueño más relacionados con elevaciones de PCR fueron:
– Sueño corto: menos de 6 horas por noche.
– Sueño prolongado: más de 9 horas por noche.
– Mala calidad del sueño (fragmentación, insomnio, somnolencia diurna).
Por ejemplo, Meier-Ewert et al. encontraron que 10 noches de restricción del sueño (<4 horas) inducían un aumento sostenido de PCR en sujetos sanos⁵. Asimismo, en un metaanálisis de Irwin et al., se estimó que los niveles de PCR eran un 25% más elevados en personas con trastornos del sueño comparado con controles sin alteraciones⁶.
Estudios experimentales mostraron que la pérdida de sueño prolongada incrementa no solo la PCR, sino también la IL-6 y el TNF-α, contribuyendo a un estado inflamatorio generalizado⁷. Por su parte, el exceso de sueño también se asoció con inflamación, posiblemente debido a una regulación alterada del ritmo circadiano y a un mayor sedentarismo⁸.
Otro hallazgo interesante fue el efecto de la recuperación del sueño durante los fines de semana. Kim et al. observaron que los individuos que dormían poco entre semana, pero recuperaban sueño los fines de semana presentaban niveles de PCR intermedios, aunque no tan bajos como aquellos con sueño regular y adecuado⁹.
DISCUSIÓN
Los resultados de esta revisión refuerzan la hipótesis de que el sueño desempeña un papel clave en la regulación inmunológica. Tanto la falta como el exceso de sueño pueden activar la producción de citoquinas proinflamatorias, desencadenando una elevación de PCR como marcador de inflamación de bajo grado¹⁰.
Desde un enfoque clínico, estos hallazgos tienen implicaciones importantes. La detección de patrones de sueño anormales podría utilizarse como marcador temprano de riesgo cardiovascular o metabólico. Además, intervenciones dirigidas a mejorar la higiene del sueño —como terapia cognitivo-conductual, regulación del ritmo circadiano, o intervenciones tecnológicas— podrían contribuir a reducir la inflamación sistémica y prevenir complicaciones a largo plazo.
Sin embargo, esta revisión también identifica limitaciones relevantes. Muchos estudios emplearon medidas subjetivas de sueño, como cuestionarios autoadministrados, lo que puede introducir sesgos. Además, la mayoría son de diseño transversal, lo que impide establecer una relación causal definitiva. Pocos estudios evaluaron el efecto de intervenciones sobre la PCR, por lo que se requiere mayor investigación en este ámbito.
CONCLUSIONES
Existe evidencia consistente de que las alteraciones del sueño —tanto por defecto como por exceso— se asocia con niveles elevados de proteína C reactiva. Este hallazgo respalda la relación entre sueño e inflamación sistémica, y sugiere que la evaluación y promoción del sueño debe formar parte de las estrategias de prevención en salud pública. A futuro, será esencial desarrollar estudios longitudinales y ensayos clínicos que evalúen el impacto de las intervenciones sobre el sueño en los niveles de PCR y los desenlaces clínicos relacionados.
BIBLIOGRAFÍA
- Irwin MR, Olmstead R, Carroll JE. Sleep Disturbance and Inflammation: A Systematic Review and Meta-Analysis. Biol Psychiatry. 2016;80(1):40-52.
- Kim JH et al. Weekend catch-up sleep and CRP levels in Korean adults. Sci Rep. 2022;12:25787.
- Miller MA, Cappuccio FP. Inflammation, sleep, and CVD. Curr Vasc Pharmacol. 2007;5(2):93-102.
- Patel SR et al. Sleep duration and biomarkers of inflammation. Sleep. 2009;32(2):200-204.
- Meier-Ewert HK et al. Effect of sleep loss on CRP. J Am Coll Cardiol. 2004;43(4):678-83.
- Irwin MR et al. Biol Psychiatry. 2016;80(1):40-52.
- Vgontzas AN et al. Sleep restriction and cytokines. J Clin Endocrinol Metab. 2004;89(5):2119-2126.
- Grandner MA et al. Extreme sleep durations and CRP. Sleep. 2013;36(5):769-776.
- Kim JH et al. Sci Rep. 2022;12:25787.
- Haack M et al. Prolonged sleep restriction and inflammatory response. Sleep. 2007;30(9):1145-1152.