AUTORES
- María Royo del Río. Matrona. Hospital Miguel Servet. Zaragoza.
- Laura Pascual Pelegrina. Matrona. Hospital Miguel Servet. Zaragoza.
- Belén Labián Díaz. Matrona. Hospital San Jorge. Huesca.
- María Carmen Moyano Espadero. Matrona. Hospital Miguel Servet. Zaragoza.
- Sofía Vargas Artajona. Matrona. Hospital Miguel Servet. Zaragoza.
- Esther López Romero. Matrona. Hospital Miguel Servet. Zaragoza.
RESUMEN
El síndrome premenstrual es un conjunto de signos y síntomas que aparecen los días previos a la menstruación. Este afecta a aproximadamente al 80% de las mujeres en edad reproductiva causándoles incluso, en algunos casos, incapacidad para las actividades de la vida diaria.
PALABRAS CLAVE
Síndrome premenstrual, mujer, ciclo menstrual, menstruación.
ABSTRACT
Premenstrual syndrome is a union of signs and symptoms that appears days before menstruation. This affects approximately 80% of women in fertile ages causing, even in some cases, incapacity for daily life activities.
KEY WORDS
Premenstrual syndrome, woman, menstrual cycle, menstruation.
DESARROLLO DEL TEMA
El ciclo menstrual es un fenómeno que ocurre debido a la fluctuación de las hormonas estrógeno y progesterona con el fin de producir la ovulación y permitir la fecundación. En caso de que esta no se produzca, se originará el sangrado menstrual hacia el día 28 del ciclo y se volverá a iniciar uno nuevo[1].
La menstruación tiene una duración de 3 a 7 días y, además del propio sangrado, a menudo conlleva diversa sintomatología asociada. Las más comunes son: El dolor durante la menstruación o dismenorrea, que afecta a aproximadamente al 50% de las mujeres y el síndrome premenstrual que se estima que sufren un 75-80% de las mujeres que menstrúan1,2.
El síndrome premenstrual es un conjunto de más de doscientos signos y síntomas tanto físicos como psicológicos que incluyen la fatiga, cefalea, náuseas y vómitos, diarrea o estreñimiento, edemas, irritabilidad, labilidad emocional, insomnio, etcétera. Toda esta sintomatología aparece de 2 a 10 días antes del periodo y desaparece cuando este comienza[1,2]. Las mujeres que han tenido su primera menstruación, llamada menarquia, hasta los 20 y 25 años son las que más padecen este síndrome, a partir de esta edad, parece disminuir su incidencia, al igual que sucede con las gestaciones ya que las mujeres que han dado a luz refieren que sus menstruaciones a partir de ese momento están acompañadas de menos síntomas2.
Cuando la sintomatología es grave e incluso incapacitante, pasaría a llamarse trastorno disfórico premenstrual. Este afecta entre al 3-8% de las mujeres y se clasifica como un trastorno depresivo por el manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales en su quinta edición (DSM-5)2.
Las causas del síndrome premenstrual y del trastorno disfórico no están descritas, pero algunas de las teorías que existen al respecto son sobre el efecto de la progesterona, de las catecolaminas y de la serotonina, y más recientemente se está investigando sobre la hiperprolactinemia, el aumento de prolactina, o la hipersensibilidad de la mujer a la misma3.
Se estima que las mujeres afectas experimentan al menos 3000 días de síntomas severos durante su vida reproductiva. Esta sintomatología puede llegar a alterar la vida diaria de las mujeres que lo padecen impidiéndolas incluso ir a su centro de estudios, a trabajar o incluso mantener relaciones sociales1,3.
Entre los factores de riesgo estudiados para padecer el síndrome premenstrual podemos encontrar: La edad, un índice de masa corporal alto, la raza, la edad de la menarquia, la duración del ciclo menstrual y del sangrado, así como antecedentes de síndrome premenstrual o trastorno disfórico premenstrual en familiares de primer grado. No obstante, la evidencia es baja, ya algunas mujeres que cumplen estos factores de riesgo no llegan a desarrollar el síndrome durante su vida reproductiva2.
Por otra parte, se sabe que existen diversos hábitos diarios que pueden llegar a alterar el ciclo menstrual, afectando tanto a su aparición, como a su duración y su sintomatología. Entre estos hábitos encontramos: la ingesta de cafeína, el consumo de alcohol, el tabaco y otras drogas recreativas, la higiene pobre del sueño, el estrés, la actividad física excesiva y la alimentación restrictiva. No obstante, no existe consenso entre los posibles factores asociados y la prevalencia y la severidad de los síntomas relacionados con el trastorno disfórico menstrual1.
El tratamiento del síndrome premenstrual debe realizarse en escalones terapéuticos, según la severidad de los síntomas y su afectación. Es imprescindible realizar una anamnesis completa y trabajar con la mujer los factores de riesgo modificables, ya que puede disminuir la severidad de la sintomatología e incluso se han descrito casos de que, en algunas ocasiones, la mujer mejora por completo, no siendo necesario el tratamiento farmacológico4.
Si se precisa de tratamiento farmacológico para el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual, este pasa por tratar los síntomas que la mujer asocie. Los más comunes son la depresión y la ansiedad, para ello estaría indicado utilizar inhibidores de la recaptación de serotonina en la fase lútea. Por otro lado, el uso de anticonceptivos orales, especialmente los que contienen drosperinona y los combinados de levonogestrel y estradiol, está también muy extendido al eliminar estos síntomas y otros como la dismenorrea primaria. Conforme más se investiga sobre la fisiopatología del ciclo menstrual, se establecen nuevas líneas de tratamiento como puede ser el uso de los tratamientos neuroendocrinos4.
El papel de los profesionales sanitarios especialistas en ginecología, ginecólogos y matronas, es de especial relevancia en el diagnóstico y el manejo de la sintomatología. También es imprescindible que sean proveedores de educación sanitaria hacia las mujeres, especialmente a las más jóvenes, remarcando que esta sintomatología no forma parte de la normalidad de la menstruación y que es prevenible y tratable3.
CONCLUSIONES
El síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual presentan numerosos signos y síntomas que pueden llegar a ser incapacitantes para la mujer que los sufre.
A pesar de que la etiología no está clara, existen algunos factores de riesgo tanto no modificables, como la etnia o la edad, y otros modificables, como la actividad física o el consumo de tabaco, que pueden afectar negativamente al ciclo menstrual.
Los profesionales sanitarios deben realizar una correcta anamnesis de las pacientes afectadas para establecer un diagnóstico y tratamiento tempranos.
BIBLIOGRAFÍA
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