Artículo monográfico. Inserción y cuidados al paciente pediátrico portador de sonda transpilórica

29 mayo 2026

 

AUTORES

  1. Sandra Vela Durban. Enfermera Pediátrica. Hospital Universitario Cruces, Bizkaia. España.
  2. María Blanca Vizán Linés. Enfermera Generalista. Hospital Universitario San Jorge, Huesca. España.
  3. Andrea Lazcorreta Celma. Enfermera Pediátrica. Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
  4. Ángela M. Sánchez Tomás. Enfermera Pediátrica. Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona. España.

 

RESUMEN

La sonda transpilórica (STP) es un dispositivo de soporte nutricional enteral que sitúa su extremo distal más allá del píloro, generalmente en el duodeno o yeyuno proximal, permitiendo la administración de nutrición enteral continua en pacientes pediátricos que no toleran la alimentación gástrica convencional. Sus principales indicaciones en la edad pediátrica incluyen el reflujo gastroesofágico severo, la gastroparesia, el alto riesgo de broncoaspiración y la intolerancia al residuo gástrico elevado. La técnica de inserción más empleada en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP) es la colocación a pie de cama, con o sin apoyo ecográfico, representando el método más accesible, seguro y con menor exposición a radiación ionizante. Los cuidados de enfermería durante el mantenimiento del dispositivo son determinantes para prevenir las complicaciones más frecuentes: desplazamiento, obstrucción, aspiración, úlceras por presión y lesiones de la mucosa nasal. La verificación sistemática de la posición de la sonda antes de cada administración nutricional, la correcta fijación y el registro riguroso constituyen pilares fundamentales de la práctica enfermera de calidad en este ámbito.

PALABRAS CLAVE

Sonda transpilórica, nutrición enteral, pediatría, UCIP, cuidados de enfermería, inserción transpilórica, reflujo gastroesofágico, broncoaspiración.

ABSTRACT

The transpyloric tube (TPT) is an enteral nutritional support device that positions its distal tip beyond the pylorus, generally in the duodenum or proximal jejunum, enabling continuous enteral nutrition in paediatric patients who cannot tolerate conventional gastric feeding. Its main indications in the paediatric population include severe gastro-oesophageal reflux, gastroparesis, high aspiration risk and intolerance to elevated gastric residual volumes. The most widely used insertion technique in the Paediatric Intensive Care Unit (PICU) is bedside placement, with or without ultrasound guidance, representing the most accessible and safe approach with minimal ionising radiation exposure. Nursing care during device maintenance is critical for preventing the most common complications: displacement, obstruction, aspiration, pressure ulcers and nasal mucosal injury. Systematic verification of tube position before each nutritional administration, correct fixation and rigorous documentation are fundamental pillars of high-quality nursing practice in this context.

KEY WORDS

Transpyloric tube, enteral nutrition, paediatrics, PICU, nursing care, transpyloric insertion, gastro-oesophageal reflux, aspiration.

INTRODUCCIÓN

El soporte nutricional del paciente pediátrico críticamente enfermo es un pilar terapéutico de primer orden. La desnutrición hospitalaria, presente en entre el 20 y el 47% de los niños ingresados en UCIP, se asocia de forma independiente con una mayor morbilidad, una peor respuesta al tratamiento, una prolongación de la estancia hospitalaria y un incremento de la mortalidad¹. La nutrición enteral (NE) es la modalidad de soporte nutricional de elección siempre que el tracto digestivo sea funcionante, al ser más fisiológica, más económica y asociada a menores complicaciones que la nutrición parenteral².

Sin embargo, en el paciente crítico pediátrico, la administración de NE por vía gástrica puede verse comprometida por la presencia de gastroparesia —frecuente en situaciones de shock, sedación profunda, uso de opioides y relajantes musculares—, que genera residuos gástricos elevados, intolerancia digestiva y un riesgo aumentado de broncoaspiración. En estos casos, la colocación de una sonda transpilórica (STP) permite situar el punto de infusión más allá del píloro, en el duodeno o yeyuno proximal, evitando las consecuencias de la motilidad gástrica alterada y posibilitando el inicio precoz y mantenimiento de una nutrición enteral adecuada³.

La inserción y el mantenimiento de la STP son competencias que recaen fundamentalmente en el equipo de enfermería de las unidades pediátricas especializadas. La formación específica, el conocimiento de los métodos de inserción disponibles, la correcta verificación de la posición y los cuidados de mantenimiento sistemáticos son determinantes para el éxito del procedimiento y la seguridad del paciente⁴. A pesar de su relevancia clínica, la evidencia sobre el abordaje enfermero específico de la STP en pediatría sigue siendo limitada en lengua española.

El presente artículo tiene como objetivo describir y sistematizar los conocimientos esenciales sobre la indicación, inserción, verificación de la posición, cuidados de mantenimiento y complicaciones de la STP en el paciente pediátrico, desde la perspectiva enfermera y con orientación a la práctica clínica basada en evidencia.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa durante el año 2024 en las principales bases de datos de ciencias de la salud: PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, SciELO, Dialnet, CUIDEN, CINAHL y Enfispo. Los términos de búsqueda empleados, en español e inglés, fueron: «sonda transpilórica», «nutrición enteral», «pediatría», «UCIP», «cuidados de enfermería», «inserción transpilórica», «transpyloric feeding tube», «postpyloric tube placement», «enteral nutrition», «pediatric intensive care», «nursing care», «aspiration», «bedside placement» y «ultrasound guidance». Se combinaron mediante los operadores booleanos AND y OR.

Se incluyeron artículos originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis, documentos de consenso, protocolos clínicos y manuales de enfermería publicados entre 2001 y 2025, en español e inglés, que abordan la indicación, inserción, manejo o cuidados enfermeros de la sonda transpilórica en pacientes pediátricos o neonatos. Tras la aplicación de criterios de selección, se incluyeron 16 referencias bibliográficas directamente relacionadas con el objeto de estudio.

DESARROLLO

SONDA TRANSPILÓRICA:

La sonda transpilórica es un dispositivo de nutrición enteral cuyo extremo distal atraviesa el píloro y queda alojada en el duodeno o yeyuno proximal. Puede ser nasotranspilórica u orotranspilórica, esta última empleada preferentemente en neonatos y pacientes con asistencia respiratoria no invasiva⁵.

El calibre de las sondas se mide en unidades French (Fr): en lactantes pequeños y neonatos se utilizan las de 5-6 Fr, mientras que en niños mayores se emplean las de 8 Fr. Existen sondas sin guía y con guía interna para facilitar la inserción, así como sondas no lastradas y sondas lastradas, con un lastre de tungsteno en el extremo distal diseñado para facilitar el paso espontáneo a través del píloro y reducir el riesgo de desplazamiento⁵. Los materiales más empleados son el poliuretano (PUR), para nutriciones enterales de mayor duración, y el PVC, para periodos más cortos (máximo 5 días). Las sondas de silicona son las más biocompatibles y mejor toleradas para el uso prolongado.

La nutrición administrada por vía transpilórica debe infundirse siempre de forma continua mediante bomba de infusión, dado que el intestino delgado no posee la misma capacidad de distensión que el estómago y la administración en bolos podría producir distensión abdominal, diarrea osmótica y dificultad respiratoria³.

Las principales indicaciones de la STP en pediatría son²˒³˒⁵:

  • Reflujo gastroesofágico (RGE) severo con riesgo de aspiración pulmonar o que compromete la alimentación gástrica.
  • Gastroparesia: vaciamiento gástrico retardado secundario a sedación, opioides, relajantes musculares, alteraciones electrolíticas o sepsis.
  • Residuo gástrico elevado persistente, no controlado con procinéticos.
  • Paciente en ventilación mecánica invasiva y sedación profunda, con alto riesgo de broncoaspiración.
  • Pancreatitis aguda, para reducir el estímulo de la secreción pancreática.
  • Postoperatorio de cirugía gastrointestinal alta, que permite iniciar una alimentación enteral precoz aprovechando la rápida recuperación de la motilidad yeyunal.
  • Pacientes con fístulas esofágicas o gástricas en quienes la alimentación gástrica está contraindicada.
  • Intolerancia a la alimentación gástrica no resuelta con medidas convencionales en neonatos prematuros de bajo peso.

 

Las contraindicaciones absolutas incluyen²˒⁵:

  • Atresia o estenosis esofágica y fístula traqueoesofágica.
  • Postoperatorio inmediato de cirugía de boca, faringe, esófago o estómago.
  • Oclusión o suboclusión intestinal confirmada.
  • Inestabilidad hemodinámica grave con compromiso de la perfusión tisular intestinal.
  • Fractura de base de cráneo, rotura de huesos de la cara o taponamiento nasal (vía nasotranspilórica).
  • Coagulopatía severa no corregida (relativa, requiere valoración individualizada).

 

TÉCNICAS DE INSERCIÓN:

Antes de proceder a la inserción, la enfermera debe verificar la ausencia de contraindicaciones, revisar las alergias del paciente, preparar el material necesario y obtener el consentimiento informado de los padres o tutores. Es imprescindible realizar una correcta higiene de manos y utilizar los equipos de protección individual indicados. Se informará al paciente del procedimiento de forma adaptada a su edad y capacidad de comprensión, y se solicitará su colaboración⁶. En neonatos y lactantes puede ser necesaria la contención terapéutica durante la inserción.

La longitud a introducir se calcula realizando dos marcas externas sobre la sonda antes de la inserción⁶:

1º Primera marca (posición gástrica): distancia desde la nariz hasta el lóbulo de la oreja y desde ahí hasta el apéndice xifoides (técnica NEX). En prematuros y neonatos se mide desde el puente nasal hasta el apéndice xifoides.

2º Segunda marca (posición transpilórica): desde la primera marca hasta el hipocondrio derecho, para inferir la posición distal al píloro. Cuando la sonda dispone de punta lastrada con orificios de alimentación no situados en el extremo, se añadirá la distancia entre la punta y el primer orificio distal, garantizando que este quede alojado en duodeno.

Se debe registrar en la historia clínica digital la longitud total introducida, que servirá de referencia para la verificación periódica del posicionamiento correcto de la sonda.

Se describen cuatro métodos principales de inserción, con diferente nivel de invasividad y complejidad⁴:

1. Inserción a pie de cama (método ciego):

Es el método de primera línea y elección por su sencillez, bajo coste y ausencia de exposición a radiación. El paciente se coloca en decúbito lateral derecho tras alcanzar la primera marca (posición gástrica), facilitando el paso espontáneo de la sonda a través del píloro por gravedad y peristaltismo. El uso profiláctico de procinéticos (bajo indicación facultativa) incrementa la tasa de éxito al estimular el vaciamiento gástrico y la motilidad duodenal⁷. La insuflación de aire (5-10 ml) mientras se hace avanzar la sonda 1-2 cm de forma secuencial hasta la segunda marca (técnica de insuflación gástrica de aire) es una variante que ha demostrado una tasa de éxito del 89% en la UCIP pediátrica con un tiempo medio de procedimiento de 12,8 minutos⁷.

2. Inserción guiada por ecografía (ultrasonidos):

Método de segunda línea, innovador y en rápido crecimiento. El uso de ultrasonografía para guiar la inserción transpilórica ha demostrado, en un estudio retrospectivo en UCIP pediátrica (n=115 pacientes), una tasa de éxito en el primer intento del 94% frente al 57% en el grupo de inserción a ciegas, sin complicaciones ni eventos adversos registrados⁸. La mediana de tiempo de inserción fue de 18 minutos. Requiere formación específica del operador en técnica ecográfica, pero evita la exposición a radiación ionizante. La ecografía también está siendo validada para la confirmación de la posición sin necesidad de radiografía abdominal⁹.

3. Inserción con dispositivo electromagnético (EM):

Permite la visualización en tiempo real de la trayectoria de la sonda mediante un receptor externo que detecta la señal emitida por un estilete magnético. Resulta útil como segunda línea o en pacientes con alteraciones anatómicas que dificultan la inserción a ciegas. Su uso en UCIP pediátrica ha demostrado reducir el número de exposiciones a radiación, los traslados intrahospitalarios y los intentos de inserción fallidos¹⁰.

4. Inserción endoscópica o fluoroscópica:

Consideradas el estándar de referencia en términos de precisión, permiten la visualización directa del extremo de la sonda y su posicionamiento bajo control radiológico o endoscópico. Sin embargo, son invasivas, costosas, requieren el traslado del paciente crítico y exponen al paciente a radiación ionizante. Su uso se reserva para casos de fracaso de las técnicas a pie de cama o para pacientes con alteraciones anatómicas complejas⁴.

 

VERIFICACIÓN DE LA POSICIÓN DE LA SONDA:

La verificación de la posición correcta de la STP es un paso crítico que debe realizarse sistemáticamente tras la inserción y antes de iniciar la administración de nutrición enteral, así como ante cualquier sospecha de desplazamiento. Los métodos disponibles son⁵˒⁶:

Radiografía abdominal simple:

Es el método de referencia o estándar de oro para confirmar la posición de la STP. Permite visualizar directamente el trayecto de la sonda y la situación de su extremo distal en relación con el píloro. Debe realizarse siempre tras la inserción inicial y ante sospecha clínica de desplazamiento. Su principal limitación es la exposición del paciente a radiación ionizante, de especial relevancia en la edad pediátrica.

 

Medición del pH del aspirado:

Si se consigue obtener aspirado a través de la sonda transpilórica, la medición de su pH mediante tiras reactivas permite estimar la localización del extremo distal: un pH ≥ 6 (contenido bilioso, alcalino) orienta hacia posición transpilórica o duodenal, mientras que un pH < 4 (ácido) sugiere posición gástrica. La obtención de líquido bilioso de coloración verdosa o amarillenta es un signo específico, aunque no siempre presente, de correcta posición postpilórica⁶. Se introduce 10 ml de agua seguido de 10 ml de aire y se aspira: al estar colocada en intestino no debe apreciarse retenciones en el extremo distal.

 

Ecografía en el punto de atención (POCUS):

La ecografía abdominal está siendo validada como alternativa a la radiografía para confirmar la posición de la sonda transpilórica en UCIP pediátrica. Un estudio reciente demostró su utilidad para la confirmación de la posición, aunque precisa de operadores entrenados y su sensibilidad puede verse limitada por la interposición de gas intestinal⁹.

Nunca se debe insuflar aire a través de la STP y auscultar el epigastrio para verificar su posición (técnica válida para sondas gástricas), ya que en posición transpilórica este método no es fiable y puede inducir a error.

 

INICIO Y ADMINISTRACIÓN DE LA NUTRICIÓN ENTERAL TRANSPILÓRICA:

Una vez verificada la correcta posición de la STP, la nutrición enteral se iniciará y avanzará progresivamente en función del estado nutricional del niño y de su tolerancia digestiva. La administración debe realizarse siempre en infusión continua mediante bomba de infusión, dado que el intestino delgado carece de la capacidad de reservorio del estómago². Los ritmos de infusión iniciales se adaptarán a la edad, el peso y la situación clínica del paciente, avanzando gradualmente cada 3-4 horas según la tolerancia.

La cabecera de la cama debe mantenerse elevada a 30-45º (posición de Fowler) siempre que sea posible, para reducir el riesgo de aspiración de contenido duodenal o de broncoaspiración de secreciones orofaríngeas². No está indicado el control de residuo gástrico en la sonda transpilórica en condiciones normales, dado que el intestino delgado no acumula contenido residual de forma significativa. Sin embargo, ante distensión abdominal, regurgitación, aumento del débito de la sonda gástrica (si se dispone de sonda doble lumen) o cambios en la clínica del paciente, se debe comprobar si la STP se ha desplazado al estómago¹.

Los fármacos administrados por sonda deben prepararse en forma líquida siempre que sea posible o, si se emplean comprimidos, triturarlos finamente hasta obtener un polvo homogéneo y disolverlos en agua, evitando mezclas de varios fármacos en la misma administración. Antes y después de cada administración de medicación se lavará la sonda con agua a temperatura ambiente (2 ml en neonatos, 5-10 ml en lactantes y niños), para mantener su permeabilidad y evitar la precipitación de fármacos con la fórmula nutricional¹¹.

 

CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN EL MANTENIMIENTO DE LA SONDA TRANSPILÓRICA:

Higiene y cuidados de la mucosa nasal y oral:

La presencia de una sonda en la fosa nasal durante un período prolongado puede provocar irritación, erosión de la mucosa y úlceras por presión nasales. La enfermería debe realizar en cada turno una limpieza de las fosas nasales con suero fisiológico, verificar la integridad de la mucosa nasal en el punto de salida de la sonda y cambiar la fijación cutánea con periodicidad. La higiene bucal debe efectuarse al menos dos veces al día o con la frecuencia indicada por el protocolo de la unidad, especialmente en pacientes con intubación orotraqueal simultánea⁶.

Para la fijación de la sonda sobre la mejilla del paciente se empleará esparadrapo hipoalérgico y elástico. En pacientes de alto riesgo de lesión cutánea (neonatos, pacientes edematosos, piel frágil) se recomienda interponer una placa de hidrocoloide entre la piel y el esparadrapo para prevenir el desarrollo de úlceras por presión relacionadas con el dispositivo.

Vigilancia de la permeabilidad y posición de la sonda:

La longitud de la sonda introducida al paciente debe comprobarse en cada turno de enfermería para detectar cambios de posición que indiquen desplazamiento.

La obstrucción es una de las complicaciones mecánicas más frecuentes de la STP, favorecida por el pequeño calibre de las sondas pediátricas, las fórmulas de alta viscosidad y la administración inadecuada de fármacos. Para prevenir la obstrucción, la sonda debe lavarse con agua templada a temperatura ambiente (el volumen varía según el peso y la edad del paciente) con la periodicidad establecida por el protocolo de la unidad, siempre antes y después de cada administración de medicación y cuando se interrumpa la nutrición enteral¹¹.

Ante obstrucción, se intentará primero la desobstrucción mediante aspiración e instilación de agua templada con movimientos suaves de vaivén. Si fracasa, puede emplearse agua carbonatada o enzimas pancreáticas diluidas (bajo prescripción médica). En ningún caso debe intentarse desobstruir la sonda con un objeto rígido ni insuflar aire a presión, dado el riesgo de perforación o de desplazamiento del extremo distal.

Monitorización de la tolerancia digestiva:

La valoración regular de la tolerancia digestiva es una responsabilidad enfermera que debe llevarse a cabo en cada turno. Los parámetros a monitorizar incluyen¹:

  • Distensión abdominal y auscultación de ruidos intestinales.
  • Presencia y características de deposiciones (consistencia, frecuencia, volumen).
  • Débito de la sonda gástrica, si el paciente dispone de sonda doble (volumen y aspecto).
  • Aparición de vómitos, regurgitación o signos de aspiración.
  • Signos vitales: cambios en la frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno o frecuencia cardiaca que puedan sugerir aspiración o distensión.
  • Balance de entradas y salidas diario, peso diario si la situación clínica lo permite.

 

Ante cualquier signo de intolerancia o sospecha de desplazamiento de la sonda, se suspenderá la administración de nutrición enteral, se evaluará la posición de la sonda y se informará al equipo médico.

Registro y documentación:

La enfermería debe registrar en la historia clínica digital del paciente, en cada intervención relacionada con la STP⁶:

  • Tipo, calibre y longitud de sonda introducida.
  • Método de inserción empleado y método de verificación de posición.
  • Fecha y hora de inserción y de cada verificación posterior.
  • Color, cantidad y características del aspirado obtenido.
  • Ritmo de infusión y fórmula nutricional administrada.
  • Incidencias, complicaciones o eventos adversos registrados.
  • Respuesta del paciente al procedimiento.

 

COMPLICACIONES ASOCIADAS A LA SONDA TRANSPILÓRICA:

Las complicaciones asociadas a la sonda transpilórica se pueden agrupar en cuatro secciones:

Complicaciones mecánicas. Son las más frecuentes en la práctica clínica⁶˒¹²:

  • Desplazamiento de la sonda: la STP puede migrar de forma retrógrada al estómago, especialmente en neonatos agitados, durante los cambios posturales o la fisioterapia respiratoria. Se detecta por la modificación de la longitud visible a nivel nasal, por la aparición de residuo gástrico ácido en el aspirado o por cambios en la clínica del paciente. Requiere verificación inmediata de la posición y, si se confirma desplazamiento, nueva reinserción.
  • Obstrucción: favorecida por el pequeño calibre de las sondas pediátricas, las fórmulas enterales de alta osmolaridad y la administración incorrecta de fármacos. La prevención mediante lavados regulares y la correcta preparación de medicamentos es fundamental.
  • Extracción accidental: más frecuente en lactantes y niños pequeños con agitación. Puede ser necesaria la contención mecánica o el uso de manoplas de protección. La correcta fijación de la sonda y la vigilancia activa por parte de enfermería son las medidas preventivas de elección.

 

Complicaciones locales:

  • Úlceras nasales y lesiones por presión: especialmente relevantes en neonatos y pacientes con piel frágil. La prevención se basa en la correcta fijación con hidrocoloide, la rotación del punto de fijación y la higiene nasal en cada turno⁶.
  • Erosión de la mucosa gástrica o intestinal: más frecuente con sondas de PVC y en usos prolongados. Las sondas de silicona o poliuretano son preferibles para nutriciones de larga duración.

 

Complicaciones relacionadas con la posición incorrecta:

  • Broncoaspiración: riesgo presente si la sonda queda en posición esofágica o si el paciente regurgita el contenido duodenal. La verificación sistemática de la posición y el mantenimiento de la cabecera elevada a 30-45º son las medidas preventivas fundamentales.
  • Neumotórax y perforaciones gastrointestinales: complicaciones raras pero potencialmente graves, más frecuentes cuando se introduce la sonda con guía rígida en neonatos prematuros de muy bajo peso o en pacientes con alteraciones anatómicas. Requieren diagnóstico y tratamiento urgente¹².

 

Complicaciones digestivas:

  • Diarrea: la complicación digestiva más frecuente, generalmente relacionada con el exceso de osmolaridad de la fórmula, la infusión demasiado rápida, la contaminación de la fórmula o el sobrecrecimiento bacteriano. La titulación gradual del ritmo de infusión y el uso de fórmulas adecuadas a la edad y la situación clínica son las principales medidas preventivas.
  • Náuseas, vómitos y distensión abdominal: orientan hacia un posible desplazamiento de la STP al estómago, que debe descartarse sistemáticamente ante su aparición.
  • Estenosis pilórica: se han descrito casos en lactantes menores de 6 meses con nutrición transpilórica prolongada, por lo que en este grupo se recomienda una valoración periódica de la tolerancia y una transición precoz a alimentación gástrica cuando sea posible¹².

 

EDUCACIÓN AL PACIENTE Y LA FAMILIA:

El ingreso en una unidad pediátrica con un dispositivo de soporte nutricional como la STP genera en las familias un importante impacto emocional y una alta demanda de información. La enfermería tiene un papel central en la educación y el acompañamiento de los padres o cuidadores principales, integrando el modelo de cuidados centrados en el paciente y la familia (CCPF).

La información proporcionada debe incluir²:

  • El objetivo terapéutico de la sonda y por qué se ha optado por la vía transpilórica frente a la gástrica.
  • Cómo identificar signos de alerta que requieran comunicación inmediata al equipo de enfermería: cambio en la longitud visible de la sonda, aparición de vómitos o regurgitación, signos de dificultad respiratoria, distensión abdominal o extracción accidental.
  • La importancia de no manipular la sonda ni la bomba de infusión sin supervisión del personal sanitario.
  • Cómo favorecer el confort del niño durante el procedimiento y el mantenimiento (succión no nutritiva en neonatos, presencia tranquilizadora de los padres, etc.).
  • Cuándo y cómo se procederá a la retirada de la sonda y a la transición a la alimentación oral o gástrica.

 

CONCLUSIONES

La sonda transpilórica es un dispositivo de soporte nutricional enteral de gran utilidad en el paciente pediátrico críticamente enfermo, que permite superar las limitaciones de la alimentación gástrica en situaciones de gastroparesia, reflujo gastroesofágico severo o alto riesgo de broncoaspiración. La inserción a pie de cama, con o sin apoyo ecográfico, es el método de primera elección en la UCIP pediátrica, al ser seguro, eficaz, rápido y libre de exposición a radiación ionizante cuando se cuenta con personal entrenado.

La enfermería ocupa un papel central e insustituible en todas las fases del manejo de la STP: desde la preparación y la inserción hasta la verificación sistemática de la posición, los cuidados de mantenimiento, la monitorización de la tolerancia y la educación de la familia. La prevención de las complicaciones más frecuentes requiere una práctica enfermera rigurosa, protocolizada y fundamentada en la evidencia disponible.

La elaboración e implantación de protocolos estandarizados de inserción y mantenimiento de la STP, junto con la formación continua del equipo de enfermería y la creación de programas específicos de inserción liderados por enfermería, son las estrategias con mayor potencial para mejorar la seguridad y los resultados clínicos del paciente pediátrico portador de este dispositivo.

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses relacionado con el presente artículo.

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