Calidad del sueño y dependencia funcional en pacientes geriátricos consumidores de benzodiacepinas adscritos a una unidad de primer nivel

10 enero 2025

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.31.88.001

 

 

AUTORES

  1. Dr. Alfredo Cervantes Suarez. Médico Especialista en Medicina Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 1, Orizaba. México.
  2. Dra. Normal Lissette Moctezuma Vázquez. Médica Residente en Medicina Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 1, Orizaba. México.
  3. Dra. Diana Isabel Díaz Díaz. Médica Especialista en Medicina Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 1, Orizaba. México.
  4. Dr. Arturo Ruiz Jurado. Médico Especialista en Medicina Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 1, Orizaba. México.
  5. Dra. Dora María Estrada Durán. Médica Especialista en Medicina Familiar. Unidad de Medicina Familiar No. 1, Orizaba. México.

 

RESUMEN

INTRODUCCIÓN: El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente, la mala calidad del sueño afecta especialmente a personas mayores de 65 años, el principal tratamiento usado en este padecimiento son las benzodiacepinas, las cuales se relacionan con el grado de dependencia funcional y juegan un papel importante en el adulto mayor.

OBJETIVO: Determinar la calidad del sueño y dependencia funcional en pacientes geriátricos consumidores de benzodiacepinas adscritos a una unidad de primer nivel

MATERIAL Y MÉTODOS: Estudio transversal, observacional, analítico, prospectivo, en 380 pacientes mayores de 65 años con trastorno del sueño que consumían benzodiacepinas, de diciembre 2022 a febrero del 2023 con un muestreo aleatorio simple. Las variables continuas se expresaron como media aritmética y desviación estándar, las variables categóricas se presentaron como frecuencias y porcentajes. El análisis bivariado se realizó mediante χ2 de Pearson.

RESULTADOS La edad promedio fue 70.2 años, el (57.1%) corresponden al sexo femenino, en la escolaridad predominando el nivel primaria (32.6%) y el estado fueron los casados (62.9%), el (14.8%) consumen tabaco, el (75.5%) consumen cafeína, y (23.3%) consumen alcohol, la benzodiacepina más consumida es el Clonazepam (96.8%), el (54%) de los participantes se registraron con buena calidad del sueño, el (81%) son independientes físicamente y se observó una asociación significativa entre la dependencia funcional y el consumo de las benzodiacepinas.

CONCLUSIÓN Con los resultados obtenidos se cumplieron los objetivos del estudio, aceptando la hipótesis nula que atribuye a que no existe una relación significativa entre la calidad del sueño y la dependencia funcional en pacientes adultos mayores en consumidores de benzodiacepinas.

PALABRAS CLAVE

Calidad del sueño, dependencia funcional, benzodiacepinas.

ABSTRACT

INTRODUCTION: Insomnia is the most common sleep disorder, poor sleep quality especially affects people over 65 years of age, the main treatment used in this condition is benzodiazepines, which are related to the degree of functional dependence and play an important role in the elderly.

OBJECTIVE: To determine the quality of sleep and functional dependence in geriatric patients who consume benzodiazepines assigned to a first-level unit

MATERIAL AND METHOD: Cross-sectional, observational, analytical, prospective study in 380 patients over 65 years of age with sleep disorder who consumed benzodiazepines, from December 2022 to February 2023 with a simple random sampling. Continuous variables were expressed as arithmetic mean and standard deviation, categorical variables were presented as frequencies and percentages. Bivariate analysis was performed using Pearson’s χ2.

RESULTS: The average age was 70.2 years, 57.1% were female, the schooling was predominantly primary level (32.6%) and the status was married (62.9%), 14.8% consume tobacco, 75.5% consume caffeine, and 23.3% consume alcohol, the most consumed benzodiazepine is Clonazepam (96.8%), 54% of the participants reported good sleep quality, 81% are physically independent and a significant association was observed between functional dependence and benzodiazepine consumption.

CONCLUSION: With the results obtained, the objectives of the study were met, accepting the null hypothesis that attributes to the fact that there is no significant relationship between sleep quality and functional dependence in elderly patients in benzodiazepine consumers.

KEY WORDS

Sleep quality, functional dependence, benzodiazepines.

INTRODUCCIÓN

De acuerdo con el boletín emitido en 2020 por los especialistas de la Clínica de Trastornos del sueño de la Universidad Autónoma de México en nuestro país el 45% por ciento de la población adulta presenta mala calidad del sueño, lo que se refleja en la dificultad para levantarse, cansancio, somnolencia desde las primeras horas de la mañana y deterioro de la calidad de vida1.

El sueño es un proceso reversible y una necesidad biológica y fisiológica básica que representa un cambio en los estados de conciencia y alerta. Se entiende como un fenómeno regular que hace parte del ciclo sueño/vigilia, adaptable a cambios en los ritmos biológicos y relacionado con los ciclos circadianos, por lo que genera modificaciones importantes en diversos procesos vitales del organismo; y la disfunción de alguno de éstos pueden conllevar a la manifestación de trastornos o alteraciones fisiológicas, cognitivas, conductuales y/o emocionales2.

Las investigaciones actuales han demostrado que el sueño es regulado a través de diversas, sustancias y neurotransmisores cerebrales estimulantes como: dopamina, norepinefrina, histamina, orexina, glutamato; sustancias y neurotransmisores cerebrales inhibitorias: GABA, adenosina, glicina; sustancias y neurotransmisores regulatorias: acetilcolina, serotonina y melatonina, que pueden verse afectados en diversas patologías y trastornos3.

Las principales funciones del sueño son: el restablecimiento o conservación de la energía, la eliminación de radicales libres acumulados durante el día, la regulación y restauración de la actividad eléctrica cortical, la regulación térmica, la regulación metabólica y endocrina, la homeostasis sináptica, la activación inmunológica y consolidación de la memoria, actividades vitales que ocurren durante el sueño y que ayudan a las personas a mantener un buen estado de salud y permiten que funcione de manera óptima. Todas estas funciones son necesarias para sentirse descansado y con energía al día siguiente4.

La Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos ha propuesto que un adulto joven sano debe dormir un promedio de 7.5 horas, aunque hay diferencias individuales, pues la cantidad y calidad dependen de factores internos de nuestro organismo. Un niño de preescolar puede dormir 11 o 12 horas, y un adulto mayor, cinco o seis horas por la noche5.

En relación con las alteraciones del sueño los autores Cepero y Cols. (2020) en su artículo de “Trastornos del sueño en adulto mayor” clasifican el insomnio en tres tipos: el insomnio a corto plazo que su presentación es en los últimos tres meses y tiene relación con estrés pasajero como un factor independiente para el paciente y este suele desaparecer cuando el factor estresante se corrige o cuando el paciente se adapta al mismo, está el insomnio crónico, este se caracteriza por estar presente al menos tres veces por semana durante tres meses o más y no está relacionado con problemas para dormir o un ambiente inadecuado, en él se debe incluir una latencia de sueño de 30 minutos o periodos de vigilia de 30 minutos o más en adultos mayores, y por último otros tipos de insomnio en los que se incluyen aquellas quejas para iniciar o mantener el sueño que no llenan los criterios anteriores. Los cambios en los patrones del sueño con la vejez no son necesariamente provocados por el efecto de la edad, se piensa que la mayor prevalencia de trastornos del sueño en esta población se debe a que aumenta la frecuencia de depresión, discapacidades físicas, enfermedades clínicas concomitantes, problemas familiares, ambientales y sociales, siendo estas las que generan los trastornos del sueño y no el efecto de la edad 6,7,8.

De acuerdo con el DSM-5 (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders 5th ed.) las alteraciones del sueño causan distrés y deterioro funcional clínicamente significativo y esta situación ocurre al menos 3 noches a la semana y, por lo menos, durante 3 meses. El CIE-10 (International Classification of Diseases 10th ed.) requiere para el diagnóstico al menos 1 mes de síntomas no atribuibles a otras patologías, a la utilización de sustancias ilícitas o a enfermedades médicas o psiquiátricas9.

Se deben tener presentes diversos factores del sueño como los aspectos temporales (momento en que se va a la cama, intentos para dormir, tiempo total que está levantado), aspectos cuantitativos (comienzo de latencia, número y duración de los despertares nocturnos, tiempo total del sueño) y aspectos cualitativos (satisfacción y calidad subjetiva). Los factores conductuales, como el uso de dispositivos electrónicos antes de ir a la cama, pueden suprimir la producción de melatonina y afectan de forma negativa al ritmo circadiano. También se deben evaluar los elementos ambientales como la temperatura del dormitorio, la intensidad lumínica, la sonoridad y los patrones de sueño de familiares10.

Los cambios en los patrones del sueño pueden ser parte del proceso normal del envejecimiento, y estas alteraciones en el sueño tienen importantes consecuencias que pueden desencadenar episodios depresivos, aumentar la frecuencia de caídas, empeorar el funcionamiento cognitivo (sobre todo la atención y la memoria), enlentecer las respuestas motoras y disminuir la calidad de vida11.

Por otra parte la evidencia de la American Academy of Sleep Medicine hace mención que existen cambios en la arquitectura del sueño en el adulto mayor (AM) como son: la latencia de inicio del sueño es más prolongada (retraso para conciliar), el tiempo total y la eficiencia del sueño se reducen, el sueño es fragmentado por el incremento de micro despertares, la etapa de sueño ligero (fases I y II) se incrementa, la fase de sueño profundo o de ondas lentas (fase III) disminuye, la duración del sueño de movimientos oculares rápidos (MOR) tiende a conservarse y el adulto mayor suele pasar más tiempo en cama y esto provoca la percepción falsa de “no dormir lo suficiente”, también hay cambios fisiológicos en el ritmo circadiano que hacen que el adulto mayor vaya a la cama temprano y se despierte temprano, así como un incremento de siestas o de cansancio diurno, lo que impide un sueño continuo en la noche12.

El insomnio es un término utilizado para describir la percepción subjetiva de un sueño insuficiente o no restaurador, que comprende: a) Dificultad para iniciar, mantener el sueño o despertar temprano, b) Las alteraciones producen un déficit en la función diaria y c) Las dificultades para dormir se presentan a pesar de tener las circunstancias y oportunidades adecuadas para dormir13.

El insomnio se presenta en más de la mitad de las personas mayores, y es más frecuente en mujeres y en pacientes con pluripatología. La incidencia de síntomas de insomnio en la población mayor es del 15%. Los mayores con síntomas depresivos tienen de 2 a 3 veces más riesgo de tener insomnio, y en los que tienen patología respiratoria este alcanza un 40%. Los pacientes institucionalizados tienen también mayor riesgo de tener insomnio por su inactividad y su aislamiento social. La prevalencia en pacientes oncológicos aumenta hasta un 70%, está entre un 30-70% en la EPOC, entre el 74-98% en la enfermedad de Parkinson y en una tercera parte de los pacientes con insuficiencia cardíaca. En unidades de cuidados intensivos, un 60% de los pacientes ingresados tiene insomnio, y en mayores hospitalizados varía entre un 30-90%. Se ha encontrado una elevada frecuencia de los problemas relacionados al sueño en personas con deterioro cognitivo leve, enfermedad de Alzheimer y otras demencias, lo que sugiere que hay un sustrato neuro-anatómico común que podría tener base en la desregulación del ciclo sueño-vigilia14,15.

Las afectaciones médicas que a menudo se asocian con el insomnio crónico incluyen enfermedad pulmonar, hipertensión, diabetes, cáncer, dolor crónico e insuficiencia cardíaca. Aproximadamente, el 40% de los pacientes con un problema médico tienen un insomnio que sigue un curso crónico, en comparación con el 8% en una población control 16.

Con relación a los estudios que realizaron los autores Moreno-Tamayo K et al. En el artículo Sueño y fragilidad en adultos mayores (2019) concluyen que los problemas de sueño trae consigo un efecto negativo en la salud y el bienestar, a partir de la ocurrencia de anomalías hormonales, inflamatorias y metabólicas que favorecen las actividades catabólicas, de tal manera que los problemas del sueño pueden incidir en el desarrollo y la progresión de la fragilidad. La fragilidad es actualmente un importante problema de salud pública en los AM, particularmente debido a su asociación con enfermedades sistémicas y con un mayor riesgo de hospitalización, institucionalización y mortalidad general17.

A pesar de las diferencias metodológicas, casi todos los estudios demuestran que una dieta poco saludable se asocia a un patrón irregular y una menor duración del sueño, mientras que un estilo de vida saludable, la realización de actividad, y tener una vida organizada y reglada favorecen la consecución de una pauta de sueño adecuada. El hábito de fumar se ha asociado a una peor duración y calidad del sueño en los adultos y también en fumadores pasivos. El tabaco es un factor que puede alterar la arquitectura del sueño, fragmentarlo, aumentar su latencia y acortar su duración. Por otra parte, el consumo de alcohol se asocia a un sueño de menor duración y peor calidad, especialmente en la segunda mitad de la noche; todas las alteraciones se agravan cuando el consumo se incrementa. En concreto se ha constatado un aumento en el número de movimientos de los ojos durante el sueño al aumentar el consumo de bebidas alcohólicas. En las personas con insomnio también se observa una tendencia a aumentar el consumo de alcohol, por lo que ambas realidades (consumo de alcohol e insomnio) se potencian mutuamente. Se conoce bien la existencia de una asociación entre la prevalencia de síntomas de insomnio y el consumo de cafeína, que incrementa el estado de alerta y el tiempo de latencia para dormir, reduce la duración y la calidad del sueño. Por su parte, la peor calidad del sueño induce somnolencia durante el día, lo que lleva a un aumento en el consumo de cafeína a lo largo de la jornada. La cafeína está químicamente relacionada con la adenosina, que es un agente inductor del sueño. Se cree que la cafeína actúa al antagonizar, de forma reversible, los receptores de adenosina, aunque también pueden coexistir otras vías18,19.

El tratamiento de elección del insomnio del que se ha descartado una causa médica o psiquiátrica es la psicoterapia cognitivo-conductual (TCC) dirigida al insomnio (TCC-I), y especialmente en los pacientes mayores. La TCC-I incluye una combinación de técnicas psicoterapéuticas focalizadas en el sueño que asocia intervenciones psicológicas de tipo cognitivo, técnicas educativas, información de medidas de higiene del sueño y técnicas de tipo conductual. El objetivo de estas técnicas es cambiar los factores que favorecen el mantenimiento del insomnio independientemente de la causa, especialmente la hiperactivación cognitiva, y modificar los comportamientos y cogniciones del individuo que la perpetúan y agravan20.

El tratamiento del paciente debe individualizarse en función de las preferencias personales, la capacidad de recibir o no terapia conductual, la severidad del insomnio, el impacto que produce en la calidad de vida, los potenciales riesgos, costos e inconvenientes que pueda producir. En el tratamiento no farmacológico en este rubro se incluye la higiene del sueño, educación general, control de estímulos, técnicas de relajación, terapia de restricción del sueño, terapia cognitiva y conductual, mientras que en el tratamiento farmacológico se considera utilizar medicamentos para tratar el insomnio, siempre deberá ser a la menor dosis y por el menor tiempo posible. Debemos considerar que el fármaco debe tener ciertas características: rápido de acción y eliminación, que realmente ayude a conciliar y mantener el sueño, y que éste sea de calidad, que no afecte el estado de alerta ni la conciencia durante el día, que tenga mínimos efectos secundarios e interacciones farmacológicas y que tenga muy poco potencial de causar dependencia21.

El tratamiento convencional consiste en mitigar las causas secundarias, terapia cognitivo-conductual y medicamentos. Sin embargo, el riesgo de fracaso del tratamiento sigue siendo alto, y los principales tratamientos farmacológicos provocan efectos secundarios19.

La World Sleep Society propone como primer tratamiento 10 medidas higiénicas del sueño:

  1. Establecer un horario regular para irse a dormir y despertarse.
  2. Si tiene la costumbre de tomar siestas, no exceder los 45 minutos de sueño diurno.
  3. Evitar la ingestión excesiva de alcohol 4 horas antes de acostarse, y no fumar.
  4. Evitar la cafeína 6 horas antes de acostarse. Esto incluye café, té y muchos refrescos, así como chocolate.
  5. Evitar los alimentos pesados, picantes o azucarados 4 horas antes de acostarse. Un refrigerio ligero antes de acostarse es aceptable.
  6. Hacer ejercicio regularmente, pero no justo antes de acostarse.
  7. Usar ropa de cama cómoda y acogedora.
  8. Encontrar una configuración de temperatura de sueño cómoda y mantener la habitación bien ventilada.
  9. Bloquee todo el ruido que distrae y elimine la mayor cantidad de luz posible.
  10. Reserve su cama para dormir y el sexo, evitando su uso para el trabajo o la recreación genera

 

Los pacientes con insomnio crónico tienen niveles más bajos de vitamina D, y a su vez, el déficit de vitamina D se asocia de forma independiente con falta de respuesta al tratamiento farmacológico del insomnio22.

Aunque existe una diversidad de herramientas para el diagnóstico de los trastornos del sueño, el Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI) ha sido considerado como una de las más apropiadas para valorar de forma cuantitativa la calidad del sueño en una amplia variedad de poblaciones clínicas, entre ellas pacientes mayores. El PSQI, desarrollado por el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pittsburgh en 1988, es un cuestionario que evalúa tanto aspectos cualitativos como cuantitativos de la calidad del sueño en el mes previo a la aplicación del mismo. Consta de 24 preguntas, de las cuales 19 deben de ser respondidas por el propio sujeto y los 5 restantes por el compañero de habitación si lo hubiere. Tras la corrección se obtienen 7 puntuaciones que nos informan sobre diversos aspectos de la calidad del sueño: la calidad subjetiva, la latencia (entendiéndose como el tiempo que el paciente cree que tarda en dormirse), la duración, la eficiencia habitual (que valora el porcentaje de tiempo que el paciente cree que está dormido sobre el total de tiempo que permanece acostado), las perturbaciones (aquellas alteraciones como dolor, frío, nicturia, tos, etc.), el uso de hipnóticos, y la disfunción diurna (presentándose como la facilidad de quedarse dormido mientras se realiza alguna actividad o como un mayor cansancio diurno). A cada uno de estos componentes se le asigna una puntuación discreta que puede ir de 0 a 3; indicando una puntuación de 0 que no existen problemas al respecto, mientras que una de 3 señala problemas graves. El sumatorio de todas ellas nos dará una puntuación total con un máximo de 21, presentando originalmente un punto de corte de 5 para catalogar a los sujetos entre «buenos dormidores» (menor o igual a 5) y «malos dormidores». La versión validada al castellano del PSQI9 demostró tener, en la población general, una consistencia interna (Coeficiente de Cronbach) de 0,81, con una sensibilidad de 88,63%, una especificidad del 74,99% y un valor predictivo positivo de 80,66%23.

La capacidad funcional, es un componente importante de la atención a los adultos mayores que permite ayudar a identificar la necesidad de más atención médica especializada, de hecho, se ha convertido en un indicador importante para medir la carga de morbilidad junto con las tasas de morbimortalidad, porque refleja lo bien que un individuo es capaz de funcionar en áreas generales de la vida, lo que lo convierte en esencial en los estudios de la fragilidad y calidad de vida relacionada con la salud en los ancianos. La escala que mide actividades básicas de la vida cotidiana más ampliamente utilizada es el Índice de Barthel, que permite calificar la posibilidad que tiene el individuo de realizar las conductas por sí mismo, con un nivel de medición ordinal que incluye 10 actividades cotidianas, surgió en el año 1955 cuando se comenzó a aplicar en los hospitales de enfermedades crónicas en Maryland, última transformación en 1993 para evaluar al paciente en actividades que realiza en su vida cotidiana, con un alfa de Cronbach de 0.95. La puntuación oscila entre cero y 100, cada reactivo se califica con tres posibles respuestas 0 si es dependiente, 5 si lo hace con ayuda y 10 si es independiente ha sido considerado como el mejor en términos de sensibilidad, simplicidad, capacidad de comunicación, escalabilidad y facilidad de puntuación, requiere ser aplicado por un profesional de la salud24.

Los hipnóticos son uno de los medicamentos más prescritos, sobre todo porque se usan de manera crónica, pese a que la recomendación de su uso es que se lo haga de manera transitoria. Los efectos secundarios derivados de su uso están también empeorando el estado de los pacientes con insomnio por la sedación, la ansiedad, confusión y alteraciones cognitivas que producen25.

Las benzodiacepinas (BZD) es grupo de psicofármacos con indicación principalmente en el uso a corto plazo del insomnio y trastornos de ansiedad, aunque son utilizados para tratar convulsiones en la epilepsia o contracturas musculares. Se caracterizan por un mecanismo de acción farmacológico a través de la unión al receptor del neurotransmisor ácido gamma aminobutírico. Las BZD se unen al receptor gabaérgico con mayor afinidad que el propio neurotransmisor. Como consecuencia de la unión se produce un aumento de la frecuencia de la apertura del canal de cloro y por lo tanto un incremento de la transmisión inhibitoria del neurotransmisor Ácido γ-aminobutírico (GABA). Se plantea que según el lugar de unión en los receptores GABA la acción de las benzodiacepinas es más ansiolítica o se potencia el efecto sedante. Por tanto, cuando se realizan tratamientos prolongados superiores a cuatro semanas la eficacia no está demostrada y aumentan el riesgo de efectos adversos. En resumen, existe una relación riesgo-beneficio desfavorable cuando aumentamos el tiempo de

tratamiento con este grupo de fármacos. Entre los efectos adversos más comunes que se han descrito se encuentran la sedación, debilidad muscular, ataxia, trastornos cognitivos, dependencia psíquica y fisca26.

OBJETIVOS

Objetivo General:

  • Determinar la calidad del sueño y dependencia funcional en pacientes geriátricos consumidores de benzodiacepinas adscritos a una unidad de primer nivel.

 

Objetivos Específicos:

  • Relacionar las variables sociodemográficas (edad, sexo, estado civil, grado de escolaridad) de los adultos mayores con trastorno del sueño consumidores de benzodiacepinas.
  • Clasificar la calidad del sueño en los adultos mayores consumidores de benzodiacepinas.
  • Estadificar el grado de dependencia funcional de los adultos mayores con trastorno del sueño consumidores de benzodiacepinas.
  • Identificar el tipo de benzodiacepinas, consumo de cafeína, alcohol y tabaco, en los pacientes adultos mayores con trastorno del sueño consumidores de benzodiacepinas.
  • Analizar la asociación entre la calidad del sueño y la dependencia funcional en pacientes geriátricos consumidores de benzodiacepinas.

 

METODOLOGÍA

Estudio transversal, observacional, analítico, prospectivo. En Adultos mayores de 65 años que acuden a consulta de Medicina Familiar de la Unidad de Medicina Familiar No. 1, Orizaba, Veracruz. Desarrollado en la sala de espera y consultorios del turno matutino y vespertino de la Unidad de Medicina Familiar No. 1, Orizaba, Veracruz. De diciembre de 2022 a febrero de 2023. Para determinar el tamaño de la muestra se realizó un cálculo probabilístico para poblaciones finitas con un 95% de intervalo de confianza y un 5% de margen de error, con un total de población de 14,025 adultos mayores de 65 años, lo que nos da un total de 380 sujetos para estudio. Los datos obtenidos fueron capturados inicialmente en una base de datos de Excel, donde posteriormente se exportaron a un programa de estadística (SPSS v24). Para el análisis de los factores de riesgo se utilizó estadística descriptiva y los resultados fueron presentados en tablas de distribución de frecuencias y porcentajes para la asociación entre la calidad del sueño y la dependencia funcional en pacientes geriátricos consumidores de benzodiacepinas. Se utilizó estadística diferencial mediante la aplicación de X2 considerando significativos aquellos con p: <0.05.

 

RESULTADOS

El objetivo principal de este estudio fue determinar la asociación entre la calidad del sueño y el grado de dependencia funcional en pacientes geriátricos consumidores de benzodiacepinas en una población de 380 pacientes mayores de 65 años, adscritos a la UMF1, iniciando con los factores sociodemográficos, donde se encontró que la edad mínima fue 65 años, máxima de 90 años. La edad promedio de los participantes es de 70.2 años, con desviación estándar 5.3.

De igual forma se realizó un análisis por grupos de edad iniciando con el grupo de 65 a 69 años con una frecuencia de 216 (56.8%), de 70 a 74 años 100 (26.3%), de 75 a 79 años 34 (8.9%), de 80 a 84 años 21 (5.5%) de 85 a 90 años 9 (2.4%).

Con respecto al sexo 217 (57.1%) participantes fueron del sexo femenino y 163 (42.9%) encuestados masculinos.

En relación con grado de estudios de los participantes, la principal entre los encuestados es el nivel primaria con 124 (32.6%) participantes, en segundo lugar con 105 (27.6%) encuestados fue el nivel secundaria, en tercer lugar con 74 (19.5%) de los pacientes cursaron la preparatoria, en cuarto lugar con 66 (17.4%) de los adultos mayores cursaron nivel licenciatura, en quinto lugar con 10 (2.6%) de los participantes no tienen ninguna instrucción académica y por ultimo solo 1 (0.3%) paciente cursó el posgrado. Por otra parte, en cuanto al estado civil, se realizó un análisis con los participantes del estudio, donde se concluyó que la mayoría de los encuestados 239 (62.9%) están casados, 10(2.6%) participantes son divorciados, 24 (6.3%) de los pacientes eran solteros, 58 (15.3%) de los adultos mayores se encontraban en unión libre y 49 (12.9%) de los encuestados eran viudos. En relación con el consumo de tabaco se demostró que 325 (85.6%) de los participantes no consumen tabaco y 55 (14.4%) de ellos si lo hacen. Continuando con el consumo de cafeína se demostró que 93 (24.5%) de los participantes no consumen cafeína y 287(75.5%) de ellos si lo hacen. En lo referente al consumo de alcohol se demostró que 292 (76.8%) de los participantes no consumen alcohol y 88 (23.2%) de ellos si ingerían bebidas alcohólicas.

Con respecto a uso de las benzodiacepinas las que se consumió con mayor frecuencia en nuestros participantes fue el Clonazepam con 368 (96.8%), Alprazolam con 5 (1.3%), Lorazepam con 4 (1.1%), Diazepam con 2 (0.5%) y Bromazepam con 1 (0.3%).

La cedula de índice de Pittsburgh está conformada por diferentes apartados los cuales evalúan: la calidad subjetiva del sueño en donde 186(49%) participantes tienen una calidad del sueño bastante buena, 19 (5%) de los encuestados tienen una muy buena calidad del sueño, 151(39.7%) de los pacientes tienen una calidad bastante mala, y 24 (6.4%) de los adultos mayores tienen una calidad del sueño muy mala.

Sobre la dependencia funcional de los usuarios de las benzodiacepinas se registró que 308 (81%) usuarios son independientes, 53(14%) pacientes tienen dependencia leve, 18 (4.7%) encuestados tienen dependencia moderada, y 1 (0.3%) de los usuarios tiene dependencia grave (ver Anexo 1).

Para el análisis de la asociación entre la calidad del sueño y el consumo de cafeína, alcohol y tabaco, se aplicó la fórmula X2, obteniendo una p no significativa estadísticamente en relación con la calidad del sueño, (p= 0.231) para el consumo de cafeína, (p= 0.582) para el consumo de alcohol, (p= 0.494) para el consumo de tabaco. De igual forma se realizó una asociación entre la calidad del sueño y los tipos de benzodiacepinas que consumen los pacientes, obteniendo una p no significativa estadísticamente en relación con la calidad del sueño (p= 0.340) (ver Anexo 2).

Por otro lado, también se realizó la asociación entre la dependencia funcional de los adultos mayores con los factores de riesgo como el consumo de cafeína, alcohol y tabaco, para dicho análisis se aplicó la fórmula X2, obteniendo un resultado de p no significativo estadísticamente cafeína (p= 0.915), alcohol (p= 0.469), tabaco (p= 0.822), así como también la asociación entre el tipo de benzodiacepinas y la dependencia funcional de los adultos mayores obteniendo un resultado de p significativo estadísticamente (p=0.000). (ver Anexo 3).

Se realizó una asociación entre la calidad del sueño y la dependencia funcional de los adultos mayores para dicho análisis se aplicó la fórmula X2, obteniendo un resultado de p no significativo estadísticamente (p= 0.223). (ver Anexo 4).

 

DISCUSIÓN

En el presente estudio se analizó la asociación entre la calidad del sueño y la dependencia funcional de pacientes geriátricos consumidores de benzodiacepinas de la Unidad de Medicina Familiar No.1 de Orizaba, Veracruz. Además, conocer características sociodemográficas de este grupo de pacientes, así como factores de riesgo que pueden influir en dicha asociación.

Moreno-Tamayo K et al. 2022 en su estudio de Trastornos del sueño en personas mayores: ¿Cómo duermen las personas mayores de la Ciudad de México?, la edad promedio de los pacientes fue de 67.2 ± 6.1 años, con un rango de 60 a 97 años, al compararlo con el presente trabajo donde se encontró que la edad mínima fue 65 años, máxima de 90 años y edad promedio de los participantes fue de 70.2 años ± 5.3 siendo una edad promedio similar a la del estudio. De igual forma se analizó la proporción de los participantes en cuanto al sexo en el estudio de Moreno Tamayo el sexo femenino tuvo una participación del 50.1% y masculino con 49.9% en comparación con a este estudio la participación del sexo femenino fue de 57.1% y del sexo masculino con 42.9% coincidiendo que la mayoría de los participantes fueron mujeres27.

Omar Minaya y cols 2009 realizaron un estudio descriptivo transversal en pacientes de la Clínica de Psicogeriatría del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente en la Ciudad de México sobre uso inapropiado de fármacos de prescripción: dependencia a benzodiazepinas en adultos mayores donde se tomó en cuenta el estado civil y la escolaridad de los participantes de los cuales el 51.3% de los pacientes se encontraban casados, seguidos por 33.3% que eran viudos, 7.7% divorciados y 7.7% solteros, así como el nivel de escolaridad promedio fue de 7.1±4.3 años (rango 0-16) al compararlo con el presente estudio el estado civil que mayor prevalencia tuvo fue igualmente casados con el 62.9% siendo en ambos estudios el estado civil más frecuente y en relación al grado de escolaridad la de mayor prevalencia fue el nivel primario que se relaciona con los años en promedio estudiados de los pacientes con el estudio comparado, existiendo similitud en este factor sociodemográfico. En cuanto al tipo de benzodiacepina que se consume con mayor frecuencia el estudio de Omar Minaya el 56.4% de los participantes usaban clonazepam, seguidos por 25.6% con lorazepam, 7.7% con alprazolam y bromazepam, respectivamente, y un paciente con loflazepato de etilo 2.6%, nuevamente coincidiendo con este estudio donde de las benzodiacepinas las que se consumió con mayor frecuencia en nuestros participantes fue el Clonazepam con 96.8%, seguido de Alprazolam 1.3%, Lorazepam con 1.1%, Diazepam con 0.5% y Bromazepam con 0.3%, manteniendo similitud con nuestro estudiando donde clonazepam igualmente la benzodiacepina de mayor uso por los pacientes28.

De acuerdo al estudio de Liliana Rivadeneyra y cols 2017 sobre efectos de las bebidas con cafeína en la calidad de sueño se encontró que el 82.3% de sus encuestados consumen algún tipo de bebida que contiene cafeína siendo el café la bebida más prevalente con un promedio de consumo de 12 tazas al mes, con respecto a los resultados de la calidad subjetiva del sueño el 60,58% reporta tener un sueño bastante bueno, mientras que el 27,64% refiere que es bastante malo, siendo sólo el 7,64% quien maneja un sueño de muy buena calidad y el 4,11% percibe un sueño de muy mala calidad, en cuanto al presente estudio se demostró que el 75.5% de nuestros adultos mayores consumen cafeína siendo al igual que el estudio de Rivadeneyra el café la bebida que más se consume y con respecto a la asociación con la calidad del sueño de quienes sí consumen café el 35% tienen una calidad del sueño bastante buena, el 32.1% tiene una calidad bastante mala, el 3.9% muy buena y el 4.4% una calidad muy mala29.

En el estudio de Yáñez Vidal y cols 2024 titulado la relación entre la calidad del sueño, el consumo de sustancias en adultos en España donde participaron 303 personas, el 41.1% de sus encuestado consumen alcohol y sólo el 24.5% de ellos consumen tabaco con respecto a la asociación de la calidad del sueño con el consumo de alcohol se obtuvo un p: 0.020 y en cuanto a la asociación con el consumo de tabaco se obtuvo una p: 0.015 por lo cual ambos tienen una asociación significativa, en comparación con el presente estudio se demostró que sólo el 23.2% de los participantes consumían bebidas alcohólicas y el 14.4% de ellos consumían tabaco en cuanto a al relación con la calidad del sueño se obtuvo una p: 0.582 para el consumo de alcohol y una p: 0.494 para el consumo de tabaco respectivamente siendo diferentes al estudio comparado y dando como resultado no significativo entre la asociación de la calidad del sueño con el consumo de alcohol y tabaco.

Para el análisis de la asociación entre la calidad del sueño y la dependencia funcional se realizó una revisión del estudio de Agurne García-Baztán y cols. 2013 del estudio titulado prescripción de benzodiacepinas en el anciano en diferentes niveles asistenciales en donde participaron 334 adultos mayores, de los cuales se obtuvieron resultados con relación a su funcionalidad de 50.9% de los encuestados son independientes, el 36.5% con dependencia leve, el 6.7% con dependencia moderada, el 3.5% dependencia severa y el 2.3% dependencia severa obteniendo una p: 0.78 lo que concluye con que no hay relación entre la dependencia funcional y el consumo de benzodiacepinas, en comparación al presente estudio donde se registró 81% usuarios son independientes, el 14% pacientes tienen dependencia leve, el 4.7% encuestados tienen dependencia moderada, y 0.3% de los usuarios tiene dependencia grave obteniendo una p: 0.223 que al igual que al estudio comparando no guarda relación significativa la dependencia funcional con la calidad del sueño30.

 

CONCLUSIONES

Con los resultados obtenidos demuestran que se cumplieron los objetivos del estudio, concluyendo que la calidad del sueño y la dependencia funcional en los adultos mayores consumidores de benzodiacepinas no guardan una relación significativa entre ellas, aceptando la hipótesis nula puesto que a pesar del alto consumo del fármaco la mayoría de los pacientes son independientes funcionalmente y se perciben con una buena calidad del sueño.

La principal característica sociodemográfica es que la mayoría de los pacientes era del sexo femenino 57.1% aunque vale destacar que en cuestión de género es quien acude mayor mente al servicio medico

En cuanto a los otros factores sociodemográficos como edad, estado civil y grado de escolaridad tampoco guardan relación significativa con la calidad del sueño y la dependencia funcional de forma significativa.

Por otro lado, se identificó que el tipo de benzodiacepina que más se consume es el clonazepam con (96.8%) indicado para el trastorno del sueño como primera línea de tratamiento.

Por otro lado, resulta ser necesario entender el uso de benzodiacepinas como un problema de salud cuyas complicaciones deben ser consideradas por los médicos frente al cuidado del paciente.

 

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  30. Vidal OY. Relación entre la calidad del sueño y el consumo de sustancias. [España]: Universidad de Oviedo; 2024.

 

ANEXOS

Anexo 1.- Dependencia funcional:

La dependencia funcional que se presentó con mayor frecuencia fue la independiente con 308 (81%) participantes. n=380. Autores: Dr. Alfredo Cervantes Suarez; Dra. Normal Lissette Moctezuma Vázquez; Dra. Diana Isabel Díaz Díaz; Dr. Arturo Ruiz Jurado; Dra. Dora María Estrada Durán.

 

Anexo 2.- Asociación entre factores de riesgo y tipo de benzodiacepinas con la calidad del sueño:

Factores Bastante buena Bastante mala Muy buena Muy mala p
Cafeína
Si 133 (71.5) 122 (80.8) 15 (78.9) 17 (70.8) 0.231
No 53 (28.5) 29 (19.2) 4 (21.1) 7 (29.2)
Alcohol
Si 44 (23.7) 37 (24.5) 2 (10.5) 5 (20.8) 0.582
No 142 (76.3) 114 (75.5) 17 (89.5) 19 (79.2)
Tabaco
Si 23 (12.4) 27 (17.9) 2 (10.5) 3 (12.5) 0.494
No 163 (87.6) 124 (82.1) 17 (89.5) 21 (87.5)
Benzodia-cepinas Bastante buena Bastante mala Muy buena Muy mala p
Alprazolam 0 – 4 (2.6) 0 – 1 (4.2) 0.340
Bromazepam 1 (0.5) 0 – 0 – 0 –
Clonazepam 184 (98.9) 143 (94.7) 19 (100) 22 (91.7)
Diazepam 1 (0.5) 1 (0.7) 0 – 0 –
Lorazepam 0 – 3 (2) 0 – 1 (4.2)

La asociación de los factores de riesgo y el tipo de benzodiacepina con respecto a la calidad del sueño no fueron estadísticamente significativos. Autores: Dr. Alfredo Cervantes Suarez; Dra. Normal Lissette Moctezuma Vázquez; Dra. Diana Isabel Díaz Díaz; Dr. Arturo Ruiz Jurado; Dra. Dora María Estrada Durán.

 

Anexo 3.- Asociación entre los factores de riesgo y el tipo de benzodiacepina con la dependencia funcional:

Factores Dependencia grave Dependencia leve Dependencia moderada Independencia p
Cafeína
Si 1 (100) 41 (77.4) 14 (77.8) 231 (74.5) 0.915
No 0 (0) 12 (22.6) 4 (22.6) 77 (25.5)
Alcohol
Si 0 (0) 9 (17) 6 (33.3) 73 (23.7) 0.499
No 1 (100) 44 (83) 12 (66.7) 235 (76.3)
Tabaco
Si 0 (0) 6 (11.3) 2 (11.1) 47 (15.3) 0.822
No 1 (100) 47 (88.7) 16 (88.9) 261 (84.7)
Benzodia-cepinas Dependencia grave Dependencia leve Dependencia moderada Independencia p
Alprazolam 0 – 0 – 0 – 5 (1.6) .000
Bromazepam 0 – 1 (1.9) 0 – 0 –
Clonazepam 0 – 50 (94.3) 18 (100) 300 (97.4)
Diazepam 0 – 1 (1.9) 0 – 1 (0.3)
Lorazepam 1 (100) 1 (1.9) 0 – 2 (0.6)

La asociación de los factores riesgo a la dependencia funcional no fueron estadísticamente significativos, pero si significativos con el tipo de benzodiacepinas. Autores: Dr. Alfredo Cervantes Suarez; Dra. Normal Lissette Moctezuma Vázquez; Dra. Diana Isabel Díaz Díaz; Dr. Arturo Ruiz Jurado; Dra. Dora María Estrada Durán.

 

Anexo 4.- Asociación entre la calidad del sueño y la dependencia funcional:

Factores Dependencia

grave

Dependencia

leve

Dependencia

moderada

Independencia p
Bastante buena 0 19 5 162 0.223
Bastante mala 1 28 10 112
Muy buena 0 2 2 15
Muy mala 0 4 1 19

La asociación entre la calidad del sueño y la dependencia funcional no fue estadísticamente significativa. Autores: Dr. Alfredo Cervantes Suarez; Dra. Normal Lissette Moctezuma Vázquez; Dra. Diana Isabel Díaz Díaz; Dr. Arturo Ruiz Jurado; Dra. Dora María Estrada Durán.

 

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