Caso clínico: aneurisma venoso como causa poco frecuente de complicaciones tromboembólicas

11 marzo 2026

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.28.78.001

 

 

AUTORES

  1. Luis Esteva Muñoz. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  2. Iván Andrés Higuera Jaramillo. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  3. Alejandra Vázquez Tolosa. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  4. María Isabel Ortiz Bazán. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  5. Cristian Inglés Sanz. Médico Adjunto de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  6. Marina Gracia Sobradiel. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.

 

RESUMEN

Los aneurismas venosos poplíteos (AVP) constituyen una patología vascular infrecuente, clínicamente relevante por su asociación con eventos tromboembólicos, incluso en ausencia de sintomatología. Se presenta el caso de una mujer de 51 años en la que, durante el estudio de gonalgia crónica, se diagnosticó incidentalmente un AVP izquierdo de 2,5 cm, sin trombo intraluminal, confirmado mediante ecografía dúplex y angio-TC. Dado el tamaño aneurismático y el riesgo potencial de embolia pulmonar, se indicó tratamiento quirúrgico electivo. Se realizó aneurismectomía lateral con aneurismorrafia mediante abordaje posterior, sin complicaciones. La evolución postoperatoria fue favorable, con alta al quinto día y anticoagulación durante tres meses, sin recurrencia en el seguimiento. La evidencia disponible señala que la ecografía dúplex es la técnica diagnóstica de elección, y que el tratamiento quirúrgico está indicado en aneurismas sintomáticos, con trombo o de gran tamaño. Este caso resalta la importancia del diagnóstico precoz y el abordaje terapéutico oportuno.

PALABRAS CLAVE

Aneurisma venoso poplíteo, aneurismas venosos de extremidades inferiores, embolia pulmonar, ecografía dúplex venosa, reparación quirúrgica venosa.

ABSTRACT

Popliteal venous aneurysms (PVAs) are a rare vascular condition that is clinically relevant due to their association with thromboembolic events, even in the absence of symptoms. We present the case of a 51-year-old woman who, during the investigation of chronic knee pain, was incidentally diagnosed with a 2.5 cm left PVA without intraluminal thrombus, confirmed by duplex ultrasound and CT angiography. Given the size of the aneurysm and the potential risk of pulmonary embolism, elective surgical treatment was indicated. Lateral aneurysmectomy with aneurysm repair was performed via a posterior approach without complications. The postoperative course was favorable, with discharge on the fifth day and anticoagulation for three months, with no recurrence at follow-up. The available evidence indicates that duplex ultrasound is the diagnostic technique of choice and that surgical treatment is indicated for symptomatic aneurysms, those with thrombus, or large aneurysms. This case highlights the importance of early diagnosis and timely therapeutic approach.

KEY WORDS

Popliteal venous aneurysm, lower extremity venous aneurysms, pulmonary embolism, venous duplex ultrasound, venous surgical repair.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Los aneurismas venosos poplíteos constituyen una patología vascular poco frecuente, definida como una dilatación focal de la vena poplítea que supera entre 1,5 y 2 veces su diámetro normal. Aunque pueden ser asintomáticos, su principal relevancia clínica radica en el elevado riesgo de complicaciones tromboembólicas, especialmente trombosis venosa profunda y embolia pulmonar, incluso en ausencia de síntomas locales evidentes. Por este motivo, su diagnóstico y tratamiento precoz resultan fundamentales.

Se presenta el caso de una paciente de 51 años, sin antecedentes médicos de interés, que consulta por gonalgia izquierda de larga evolución. Durante el estudio de dicho cuadro, se detecta de forma incidental una lesión compatible con aneurisma venoso poplíteo izquierdo, motivo por el cual es derivada a nuestra consulta especializada.

La paciente refiere sensación de masa a nivel del hueco poplíteo izquierdo, sin dolor, signos inflamatorios ni otra sintomatología asociada. Niega antecedentes de episodios tromboembólicos previos. A la exploración física, se objetivan pulsos arteriales presentes y simétricos en todos los niveles, con flujos pedio y tibial posterior bifásicos. No se evidencian varices, cambios tróficos cutáneos ni edema en el miembro afecto.

Como estudio inicial, se realiza una ecografía Dúplexvenosa, que demuestra la presencia de un aneurisma venoso poplíteo izquierdo con un diámetro máximo de 2,5 cm, sin signos de trombosis intraluminal. Con el objetivo de una mejor caracterización anatómica y planificación quirúrgica, se solicita una angio-TC con reconstrucción tridimensional, confirmándose el hallazgo de un aneurisma venoso poplíteo izquierdo de 2,5 cm de diámetro. (Imagen 1-2).

Dado el tamaño del aneurisma y el riesgo potencial de complicaciones tromboembólicas, se decide realizar tratamiento quirúrgico electivo. La intervención se realiza mediante un abordaje posterior, con la paciente en decúbito prono, utilizando una incisión cutánea en zig-zag a nivel del hueco poplíteo izquierdo (Imagen 3).

Tras la disección por planos, se identifican y controlan cuidadosamente las estructuras nerviosas, aislando el nervio peroneo común y el nervio tibial mediante vessel-loops, desplazándolos para evitar lesiones iatrogénicas (Imagen 4).

Posteriormente, se realiza la disección y control proximal y distal de la vena poplítea, exponiendo el aneurisma para su tratamiento quirúrgico. Se lleva a cabo una aneurismectomía lateral (Imágenes 5), seguida de una aneurismorrafia lateral de la vena poplítea izquierda, restaurando adecuadamente el calibre venoso (Imagen 6).

Finalmente, se procede al cierre por planos del tejido subcutáneo y de la piel (Imagen 7).

El postoperatorio transcurre sin incidencias, con buena evolución clínica. La paciente es dada de alta hospitalaria al quinto día postoperatorio. Se instaura tratamiento anticoagulante a dosis completas durante tres meses, con seguimiento ambulatorio mediante ecografía Doppler, sin evidenciarse complicaciones ni recidiva del aneurisma.

DISCUSIÓN

Los aneurismas venosos poplíteos (AVP) representan una entidad clínica infrecuente pero potencialmente grave. A pesar de su rareza, estos aneurismas constituyen la forma más común de aneurisma venoso de las extremidades inferiores y se asocian con consecuencias significativas, incluyendo trombosis venosa profunda, embolia pulmonar y, en casos extremos, muerte. La verdadera incidencia de los AVP probablemente está subestimada, dado que muchos casos permanecen asintomáticos y sólo se detectan incidentalmente durante estudios de imagen realizados por otras indicaciones1.

La importancia clínica de los AVP radica fundamentalmente en su asociación con eventos tromboembólicos. Una revisión sistemática que incluyó 173 pacientes adultos con AVP reportó que el 12.1% presentó embolia pulmonar al momento del diagnóstico2.

Los AVP se clasifican morfológicamente en dos tipos principales. saculares y fusiformes. La revisión sistemática más reciente reportó que el 49.1% de los aneurismas eran saculares y el 42.8% fusiformes2. Esta distinción morfológica tiene implicaciones terapéuticas importantes, ya que los aneurismas saculares generalmente se consideran de mayor riesgo para complicaciones tromboembólicas y frecuentemente requieren intervención quirúrgica incluso cuando son asintomáticos, mientras que los fusiformes se consideran candidatos a tratamiento quirúrgico cuando superan los 20 mm de tamaño3.

La edad media de presentación se sitúa alrededor de los 56 años, con un rango amplio que va desde los 18 hasta los 86 años, con predominancia del sexo femenino2.

Existe una tendencia de AVP izquierdos, con aproximadamente el 67% de los casos. La bilateralidad se presenta en aproximadamente el 24% de los casos, lo que subraya la importancia de realizar estudios de imagen bilateral cuando se identifica un AVP unilateral4.

La presentación clínica de los AVP es heterogénea, siendo lo más frecuente que sean asintomáticos, en torno a un 76% de los pacientes5. En los casos en los que son sintomáticos, los hallazgos más comunes incluyen una masa palpable en la fosa poplítea (75%) que aumenta de tamaño con la maniobra de Valsalva o con la tos, dolor (67%) y edema (42%)6.

La presentación más dramática y clínicamente significativa es la embolia pulmonar, que ocurre en aproximadamente el 12-24% de los pacientes al momento del diagnóstico2. Lo que subraya la importancia de considerar los AVP en el diagnóstico diferencial de embolia pulmonar, particularmente en pacientes jóvenes sin factores de riesgo tradicionales para un tromboembolismo venoso.

Un hallazgo crucial, estadísticamente significativo, es la correlación entre la presencia de trombo intraluminal y el riesgo de embolia pulmonar. Sessa et al. demostraron que el 50% de los pacientes con trombo intraluminal desarrollaron embolia pulmonar, comparado con solo el 7% de aquellos sin trombo5, lo que tiene implicaciones importantes para la estratificación del riesgo y las decisiones terapéuticas.

La técnica diagnóstica de AVP de primera línea es la ecografía dúplex venosa, que ha reemplazado en gran medida a la flebografía5. La ecografía dúplex permite la visualización directa del aneurisma, la evaluación de su morfología (sacular versus fusiforme), la detección de trombo intraluminal y la valoración del flujo venoso. Además, la ecografía dúplex generalmente permite diferenciar entidades, incluidas en su diagnóstico diferencial, que suelen presentarse como masas en la fosa poplítea. Entre ellas, cabe destacar el quiste poplíteo de Baker, particularmente en pacientes con artritis de rodilla. Otras patologías a descartar son hernias femorales, masas de tejidos blandos, aneurismas arteriales poplíteos y en casos raros, leiomiosarcomas venosos7.

En casos seleccionados, especialmente cuando se planea intervención quirúrgica o cuando existen dudas diagnósticas, la tomografía computarizada con venografía o la resonancia magnética pueden proporcionar información anatómica adicional detallada3.

El manejo óptimo de los AVP ha sido objeto de debate, particularmente en lo que respecta al tratamiento de aneurismas asintomáticos. Las opciones terapéuticas incluyen observación, anticoagulación, tratamiento quirúrgico o una combinación de estos enfoques.

El manejo conservador, que puede incluir observación sola o anticoagulación, ha sido empleado en aproximadamente el 31.2% de los pacientes en series recientes2. Sin embargo, la evidencia sugiere que la anticoagulación sola es inadecuada para prevenir complicaciones tromboembólicas en pacientes con AVP sintomáticos3.

La serie de Donaldson et al. reportó que el 62% de sus pacientes fueron manejados con observación sola, con un seguimiento medio de 38 meses. Durante este período, se observó un caso de trombosis venosa profunda aguda en un paciente manejado de manera conservadora, pero no hubo recurrencias de tromboembolismo venoso en pacientes tratados. A pesar de ello, los autores concluyeron que permanece incierto si los AVP descubiertos incidentalmente (sin tromboembolismo venoso) justifican tratamiento con anticoagulación y/o reparación quirúrgica4.

Esta heterogeneidad en las recomendaciones refleja la escasez de estudios prospectivos aleatorizados y la necesidad de individualizar las decisiones terapéuticas basándose en factores de riesgo específicos del paciente, incluyendo la morfología del aneurisma, la presencia de trombo intraluminal, el tamaño del aneurisma y las comorbilidades del paciente.

El tratamiento quirúrgico constituye el tratamiento de elección de los AVP, particularmente en aneurismas sintomáticos, aquellos con trombo intraluminal, los asintomáticos de tipo sacular y los asintomáticos fusiformes de más de 20 mm. La revisión sistemática más reciente reportó que el 68.8% de los pacientes fueron tratados quirúrgicamente2. El objetivo fundamental de la cirugía es la resección del aneurisma venoso, manteniendo el drenaje de la extremidad y minimizando así el riesgo de complicaciones postoperatorias relacionadas con la obstrucción venosa.

La técnica quirúrgica más comúnmente empleada es la aneurismorrafia tangencial con venorrafia lateral, que fue utilizada en el 76% de los casos en la serie de Sessa et al5. Esta técnica implica la resección tangencial de la pared aneurismática con cierre lateral de la vena, preservando así la continuidad del flujo venoso. Las ventajas de este enfoque incluyen su relativa simplicidad técnica, la preservación del drenaje venoso y una baja tasa de complicaciones8.

Técnicas alternativas incluyen la resección del aneurisma con anastomosis término-terminal (cuando la longitud del segmento resecado lo permite), resección con interposición de injerto venoso (utilizando vena safena mayor o vena femoral superficial) o transposición venosa5. La serie de Johnstone et al. comparó aneurismorrafia con venorrafia lateral frente a la resección con injerto venoso y encontró que la primera técnica presentó una menor tasa de complicaciones9.

Los resultados del tratamiento quirúrgico de los AVP han sido generalmente favorables. La revisión sistemática de Borghese et al. reportó que 15 pacientes (13%) experimentaron complicaciones postoperatorias, incluyendo infecciones de herida (3.5%), hematomas (6%) y lesión nerviosa (3.5%). De forma relevante, no se observaron casos de embolia pulmonar postoperatoria. Durante un seguimiento medio de 35 meses, la trombosis de la reconstrucción quirúrgica se observó en sólo un paciente (0.8%)2.

La serie de Sessa et al., con un seguimiento medio de 63 meses, no reportó fallecimientos ni evidencia de embolia pulmonar recurrente. Las complicaciones postoperatorias menores (20%) incluyeron parálisis transitoria del nervio peroneo común (dos pacientes), hematoma postoperatorio (dos pacientes) e infección de herida (un paciente)5.

La serie de Johnstone et al. reportó una permeabilidad primaria del 87.5% y permeabilidad secundaria del 100% con un seguimiento medio de 26 meses, sin recurrencias9. Estos resultados respaldan la durabilidad y eficacia de la reparación quirúrgica de los AVP cuando se realiza con técnica apropiada.

En el período postoperatorio, la anticoagulación está indicada en la mayoría de los casos. La revisión sistemática de Borghese et al. reportó que «después de la cirugía, la anticoagulación fue indicada en la mayoría de los casos por 3-6 meses o de por vida»9. Esta recomendación refleja el reconocimiento de que la reparación quirúrgica, aunque efectiva en eliminar el aneurisma, puede alterar el flujo venoso de manera que predisponga a la trombosis, particularmente en el período postoperatorio temprano.

Sin embargo, la duración óptima de la anticoagulación postoperatoria no está claramente establecida en la literatura. Algunos autores recomiendan anticoagulación por 3-6 meses, mientras que otros sugieren anticoagulación de por vida, particularmente en pacientes con factores de riesgo adicionales para trombosis venosa2. La decisión debe individualizarse basándose en factores como la presencia de trombofilia subyacente, la técnica quirúrgica empleada y el riesgo de sangrado del paciente.

 

CONCLUSIONES

Los aneurismas venosos poplíteos son una patología infrecuente, pero con un riesgo significativo de complicaciones tromboembólicas, incluso en pacientes asintomáticos.

Su diagnóstico es habitualmente incidental, por lo que deben considerarse en el estudio diferencial de las masas de la fosa poplítea.

La ecografía dúplex venosa constituye la técnica diagnóstica de primera línea y permite una adecuada caracterización morfológica y funcional del aneurisma.

El tratamiento debe individualizarse según la sintomatología, la morfología aneurismática, el tamaño del aneurisma y la presencia de trombo intraluminal.

El tratamiento quirúrgico es la opción de elección en aneurismas sintomáticos, saculares, con trombo intraluminal o fusiformes de gran tamaño.

La aneurismorrafia con venorrafia lateral es una técnica segura y eficaz, con baja tasa de complicaciones y excelentes resultados a largo plazo.

La correcta selección del paciente y de la técnica quirúrgica permite prevenir eventos tromboembólicos potencialmente graves y garantiza una elevada durabilidad de la reparación.

 

BIBLIOGRAFÍA

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ANEXOS

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Imagen 1. Tomografía computarizada con contraste.

 

Imagen 2. Reconstrucción tridimensional.

 

Imagen 3. Incisión cutánea en zig-zag.

 

Imagen 4. Identificación y control nerviosa y venosa.

 

Imagen 5. Aneurismectomía lateral.

 

Imagen 6. Aneurismorrafia lateral.

 

Imagen 7. Cierre de piel.

 

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