Conductas sexuales de riesgo y chemsex en jóvenes

14 agosto 2026

 

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.78.16.001

 

 

 

AUTORES

  1. Leonardo Fabian Rodríguez Navarro, Médico Pasante de Servicio Social, Universidad del Valle de México, Campus Saltillo. ORCID https://orcid.org/0009-0008-1286-1314
  2. Nadia Alejandra Jasso Uresty, Coordinadora de Simulación Clínica, Universidad del Valle de México, Campus Saltillo. nadia.jasso@uvmnet.edu, ORCID https://orcid.org/0009-0007-2526-9080.
  3. Eva Kerena Hernández Martínez, Coordinadora de la Unidad Saltillo Universidad Autónoma de Coahuila, https://orcid.org/0000-0001-8180-8818.
  4. Azucena Guadalupe Garduño Covarrubias. Coordinadora de Campos Clínicos, Universidad del Valle de México Campus Saltillo, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3115-9159.
  5. Eva Fernanda Gayón Delgadillo. Coordinadora de Calidad Ciencias de la Salud, Universidad del Valle de México Campus Saltillo, ORCID: https://orcid.org/0009-0001-2508-5210

RESUMEN

Las conductas sexuales de riesgo y chemsex son problemáticas emergentes de salud pública en jóvenes por su relación con infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados y consumo de sustancias psicoactivas. Según estudios, el 60% de jóvenes sexualmente activos tienen alguna conducta sexual de riesgo y 1 de cada 5 hombres que tienen relaciones con hombres ha reportado la práctica de chemsex.

Objetivo: Examinar evidencia científica relacionada con conductas sexuales de riesgo y chemsex en jóvenes, identificando prácticas sexuales de riesgo más frecuentes, sustancias utilizadas en chemsex y factores asociados.

Metodología: Se realizó una revisión de la literatura utilizando las palabras clave “conductas sexuales de riesgo” y “chemsex”. Se buscó en PubMed, Web of Science, ScienceDirect, SciELO, Google Scholar, seleccionando 25 publicaciones con 5 años de vigencia. La información se organizó en tablas categorizando la información relevante y colocando por antigüedad.

Resultados: Las conductas sexuales de riesgo más reportadas fueron el inicio temprano de vida sexual, uso inadecuado de preservativo y múltiples parejas sexuales. La ansiedad, depresión y consumo de sustancias se asociaron con prácticas de sexo inseguro, una mayor probabilidad de contraer alguna infección de transmisión sexual y embarazos no deseados. Además, se identificó que el uso de aplicaciones móviles facilita la práctica del chemsex en jóvenes.

Conclusión: Las conductas sexuales de riesgo y el chemsex representan una problemática de salud en jóvenes, influenciada por factores emocionales, sociales y conductuales, lo que evidencia la necesidad de fortalecer estrategias de prevención de estas prácticas.

PALABRAS CLAVE

Conducta sexual, sexo químico, sexo inseguro.

ABSTRACT

Risky sexual behaviors and chemsex are emerging public health issues among young people due to their association with sexually transmitted infections, unintended pregnancies, and psychoactive substance use. According to recent studies, up to 60% of sexually active youth engage in at least one risky sexual behavior, and one in five men who have sex with men reports practicing chemsex.

Objective: To examine the scientific evidence related to risky sexual behaviors and chemsex among young people, identifying the most frequent risky sexual practices, the substances used in chemsex, and the associated factors.

Methodology: A literature review was conducted using the keywords “risky sexual behaviors” and “chemsex.” The search was carried out in PubMed, Web of Science, ScienceDirect, SciELO, and Google Scholar, selecting 25 articles published between 2020 and 2025. The information was organized into tables, categorizing the relevant findings and arranging them chronologically.

Results: The most frequently reported risky sexual behaviors were early sexual initiation, inconsistent condom use, and having multiple sexual partners. Anxiety, depression, and substance use were associated with unsafe sexual practices, a higher likelihood of acquiring sexually transmitted infections, and unintended pregnancies. In addition, the use of mobile applications was identified as a factor facilitating chemsex practices among young people.

Conclusion: Risky sexual behaviors and chemsex represent an important health issue among young people, influenced by emotional, social, and behavioral factors, highlighting the need to strengthen prevention strategies aimed at reducing these practices.

KEY WORDS

Sexual Behavior, chemsex, unsafe sex.

INTRODUCCIÓN

Las conductas sexuales de riesgo se definen como aquellos comportamientos sexuales que incrementan la probabilidad de presentar consecuencias adversas para la salud sexual y reproductiva, tales como la práctica de relaciones sexuales sin protección, el mantenimiento de múltiples parejas sexuales y el uso de sustancias relacionado al acto sexual también llamado “Chemsex”1. Estas conductas son un desafío de salud pública en el mundo ya que el practicarlas aumenta la posibilidad de adquirir infecciones de transmisión sexual y/o embarazos no deseados2. El chemsex en una de las conductas sexuales de riesgo que se han presentado con frecuencia en la población joven dicho término es derivado de “chemical sex” o “sexo químico” lo cual es el uso intencionado de sustancias psicoactivas momentos previos o durante el acto sexual para intensificar el placer, prolongar la duración del acto o reducir la inhibición3. Este se ha convertido en un fenómeno importante los últimos años como una práctica emergente entre jóvenes, impulsado por condiciones culturales, entorno social y factores psicológicos, así como por transformaciones en los modos de socialización urbana y las tecnologías como aplicaciones que favorecen el encuentro entre personas4.

Se ha demostrado en estudios diversos que las prácticas de chemsex se encuentran asociados con una incidencia elevada de infecciones de transmisión sexual, incluyendo VIH y hepatitis C, y con síntomas de ansiedad y depresión en las personas que realizan esta práctica5. Es sugerido mediante la evidencia que la participación en prácticas de chemsex responde a una interacción entre factores y condiciones psicológicas e interpersonales, es notorio el uso de estas conductas como estrategia para evadir el estrés y las emociones negativas, así como la búsqueda de placer, conexión íntima y reducción de inhibiciones. Asimismo, elementos sociales como la presión del grupo, la normalización del uso de drogas y la necesidad de aceptación a determinados entornos sexuales refuerzan estos comportamientos, contribuyendo a la minimización de reconocer las consecuencias y al incremento de la vulnerabilidad física y psicológicas de los usuarios de sustancias en un entorno sexual6.

En México, el fenómeno del chemsex se ha comenzado a documentar con mayor atención, particularmente entre hombres homosexuales, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (MSM), quienes reportan el uso de estimulantes y psicoactivos, tales como metanfetamina (cristal), cocaína y otras drogas, en contextos de encuentros sexuales prolongados, sugiere un patrón emergente de consumo recreativo y sexualizado de drogas en zonas metropolitanas del país7,8. Las sustancias psicoactivas actúan sobre el sistema nervioso central produciendo euforia, aumento del deseo sexual y desinhibición, disminuyendo percepción de riesgo propiciando prácticas sexuales de alto riesgo9.

MATERIAL Y MÉTODO

Se realizó una revisión de publicaciones científicas enfocada en las conductas sexuales de riesgo y el fenómeno del chemsex en jóvenes, con la finalidad de identificar factores asociados, hábitos en el consumo o uso de drogas y su relación con la salud sexual. Para obtener la información se emplearon las palabras clave “conductas sexuales de riesgo” y “chemsex”.

La búsqueda de artículos se llevó a cabo mediante diferentes plataformas y recursos académicos especializados, incluyendo PubMed, SciELO, Web of Science, ScienceDirect, el procesador de Google Académico y de igual manera Scopus. Se consideraron publicaciones científicas publicadas entre el 2020 y 2025, relacionadas con prácticas sexuales de riesgo y consumo de sustancias en contextos sexuales.

Para la elección de los documentos se revisó título, resumen y contenido de cada una de las publicaciones. Después se procedió sistematizar la información obtenida, se diseñaron tablas clasificando los datos de los 25 artículos científicos, incorporando aspectos como autores, año de publicación, metodología, población estudiada y hallazgos principales.

Posteriormente, la información se organizó en variables. “Conductas sexuales de riesgo” y “Chemsex”. Finalmente, se elaboró una síntesis de la literatura que integraba evidencia científica que facilitaron identificar los patrones para estas prácticas y consumo.

RESULTADOS

Conductas sexuales de riesgo:

En la revisión de la literatura acerca de las conductas sexuales de riesgo resaltan los factores asociados para desarrollarlas. Karle et al. (2023) realizaron un estudio transversal en Suecia con una muestra de 2,968 adultos jóvenes de entre 18 y 30 años, donde el 60% se mantienen en el rango de 18 a 24 años y el 40% tienen entre 25 a 30 años. Se buscó la relación de la salud mental con las conductas sexuales de riesgo utilizando una encuesta que incluyó preguntas sobre comportamiento sexual, uso de condón, número de parejas y síntomas de ansiedad/depresión, los resultados mostraron que afecciones psicológicas, especialmente mayores puntuaciones de depresión y ansiedad se asociaron significativamente con conductas sexuales de riesgo. En particular, las mujeres que no cuentan con un bienestar psicológico adecuado tenían mayores probabilidades de no usar preservativo en encuentros recientes y de tener múltiples parejas sexuales. Los autores concluyen que el bienestar psicológico tiene una relación estrecha con las conductas sexuales de riesgo en adultos jóvenes y hacen hincapié en que las técnicas de promoción de salud sexual y reproductiva deben tener también un enfoque psicológico2.

El estudio realizado por De la Vara et al. (2023) en México con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición del 2022, analizó a 554 adolescentes de entre 15 y 19 años que habían iniciado su vida sexual, con el objetivo de identificar factores asociados al inicio sexual temprano (IST), definido como el debut sexual antes de los 15 años. Los resultados evidencian que el IST no es un fenómeno aislado, sino que está determinado por condiciones sociodemográficas y de género. El estudio concluye que el IST está estrechamente vinculado con desigualdades estructurales, convirtiéndolo en un factor influyente en conductas sexuales de riesgo, como el menor uso de métodos anticonceptivos, mayor probabilidad de múltiples parejas sexuales y mayor exposición a infecciones de transmisión sexual (ITS)10.

Palacios et al. del 2023 en México desarrollaron una investigación de tipo transversal y descriptiva en 257 estudiantes universitarios mexicanos, con una edad promedio de 22.34 años, de los cuales el 59.9 % eran mujeres y el 40.1 % hombres. Dicho estudio tuvo como objetivo analizar como la percepción de beneficios y costos del uso del preservativo influye en las conductas sexuales de riesgo y diseñar intervenciones de salud pública efectivas. Para la recolección de datos se empleó un cuestionario semiestructurado que evaluó la conducta sexual y que tan seguido se utiliza el condón, así como una escala de balance decisional (ganancias y pérdidas percibidas del uso del condón). Encontrando que el 89.1 % de los encuestados ya contaba con un inicio de vida sexual y tenía con una edad promedio de 15.41 años al momento de este. En cuanto al uso del preservativo, sólo el 27.8 % reportó utilizarlo siempre, mientras que el 41 % lo usaba la mayoría de las veces y el 11.9 % casi nunca o nunca, lo que evidencia una cifra relevante de riesgo. El balance decisional indicó que los estudiantes percibían más beneficios que costos en el uso del condón, además se encontró que los hombres reportaron mayores pérdidas asociadas al uso del condón que las mujeres, diferencia que fue estadísticamente significativa (p < .01). El estudio demuestra que la percepción de tener más beneficios contra el costo del uso del condón está relacionada con una elevación en el uso, y una alta percepción de pérdidas se vincula con conductas sexuales de riesgo. Todo esto evoca que las intervenciones en salud sexual deben dirigirse en reforzar la percepción del uso del condón y sus ventajas para disminuir conductas de riesgo en población universitaria11.

Belihu et al. (2024) realizaron un estudio transversal a nivel nacional en Etiopía para analizar la prevalencia de conductas sexuales de riesgo y los factores asociados entre estudiantes universitarios. La muestra estuvo conformada por 2,988 estudiantes, de los cuales 523 habían sido sexualmente activos en los últimos 12 meses. Se encontró que el 19.5% de estos presentaba conductas sexuales de riesgo, caracterizadas principalmente por el no uso o uso irregular del condón y la presencia de múltiples parejas sexuales. Entre los factores asociados se identificaron el inicio sexual temprano y la experiencia de violencia emocional. Los autores resaltaron que estas conductas representan un problema relevante de salud pública en la población universitaria, por lo que se necesita técnicas de prevención focalizadas1.

Leung et al. (2024) realizaron un estudio cuyo objetivo fue demostrar la urgencia de investigar el chemsex y otros riesgos sexuales, analizaron datos de 244,863 adolescentes (13–17 años) en 68 países con nivel económico mediano y bajo mediante el Global School-based Student Health Survey (GSHS), encontrando que 16.2 % había tenido relaciones sexuales alguna vez. Entre aquellos que ya habían tenido sexo, 31.4 % inició antes de los 14 años, 33.2 % reportó múltiples parejas sexuales, 27.4 % no usó condón y 21.2 % no utilizó ningún método anticonceptivo. Las estimaciones varían por región: por ejemplo, en África el inicio temprano alcanzó 36.5 % y el sexo sin condón 32.2 %, mientras que en las Américas el porcentaje de múltiples parejas fue 46.7 % y el de sexo sin métodos anticonceptivos 32.7 %. Estas cifras subrayan la persistente alta prevalencia de conductas sexuales de riesgo entre adolescentes, indicando la insuficiencia de las actuales medidas de prevención y la urgencia de intervenciones más efectivas12.

El estudio de Wagle et al. del 2024 realizado en Pokhara, Nepal tuvo como objetivo determinar la prevalencia y los factores de riesgo de las conductas sexuales en jóvenes de Pokhara (Nepal). Analizaron 850 jóvenes de 15–24 años encontrando que 18.6 % de la muestra presentaba conductas sexuales de riesgo, y 60 % de los sexualmente activos mostraba al menos una conducta sexual riesgosa. La prevalencia fue mayor en hombres (72 % vs 31 % en mujeres), en adolescentes 15–19 años, y en grupos étnicos como Janajatis (casi 6 veces mayor riesgo). El consumo de alcohol, tabaco, drogas o ver pornografía con frecuencia también presentó una asociación con el aumento de la posibilidad de presentar dichas conductas13.

El estudio de Guerra et al. (2025) identificaron las características de las conductas sexuales en adolescentes que cursan el bachillerato en la frontera noreste de Tamaulipas México, mediante un análisis descriptivo y cuantitativo de sus perfiles sociodemográficos y comportamientos. Se evaluaron 543 estudiantes de bachillerato de la frontera noreste, con una edad promedio de 16.89 años (DE = 1.27), de los cuales el 65.4 % eran mujeres. Como instrumento se usó el cuestionario de Gamarra et al. (2010), ya que revisa características sociodemográficas y conductas sexuales. Los resultados muestran que el 47.8 % de los adolescentes ya había iniciado su vida sexual, con una edad promedio de 15.27 años (DE = 1.29). Además, entre quienes ya habían tenido relaciones sexuales, el 35.7 % no utilizó ningún método anticonceptivo en su primera relación, señalando que una proporción considerable de adolescentes en esta región inicia su vida sexual a edades tempranas y no presentan uso constante de métodos de protección, lo cual incrementa su vulnerabilidad a ITS y embarazos no planificados14.

Chemsex:

En el 2020, Lafortune y colaboradores realizaron una revisión sistemática de métodos mixtos que integró evidencia cualitativa y cuantitativa proveniente de 35 estudios publicados entre 2008 y 2019, centrados principalmente en MSM con el objetivo fue identificar los factores psicológicos e interpersonales asociados al chemsex. Los autores analizaron como la gestión y manejo del estrés, de las emociones dolorosas, la presión social, el requerimiento de ser aceptado, la autoestima, la postura con respecto a las drogas, el funcionamiento sexual y la autoeficacia. Los resultados mostraron seis mecanismos centrales que favorecen la participación en chemsex: el afrontamiento de emociones que producen malestar psicológico, la normalización del consumo y minimización de riesgos, la presión puesta por la sociedad, la búsqueda de aceptación, el requerimiento de tener una conexión íntima, la mejora del desempeño sexual y la reducción de inhibiciones. En conjunto, los hallazgos evidencian que el chemsex no es únicamente un fenómeno conductual, más bien nace de la interacción entre factores del entorno personal y contextual resaltando que los componentes psicológicos e interpersonales están profundamente interrelacionados en este fenómeno, lo que hace notar la carencia de enfoques integrales para su comprensión y prevención6.

Rodríguez et al. (2022) realizaron un estudio cuantitativo transversal con 1850 MSM en clínicas de salud sexual de Ciudad de México (2018–2019), el objetivo fue identificar patrones de consumo de múltiples sustancias y su asociación con conductas sexuales de riesgo en hombres que tienen sexo con hombres en la Ciudad de México, mediante el uso de análisis de clases latentes para orientar estrategias de prevención. Por lo tanto, se aplicó como instrumento un cuestionario autoadministrado para evaluar consumo de sustancias y conductas sexuales de riesgo. Mediante análisis de clases latentes identificaron tres perfiles de consumo: bajo uso (principalmente el alcohol), alto consumo de alcohol y un grupo de polisustancias. Este último presentó mayor probabilidad de sexo anal sin condón, además de que la mayoría de sus participantes son los más jóvenes. Dichos autores mostraron que el uso de polisustancias se asocia con mayor riesgo de VIH/ITS y requiere intervenciones específicas dentro de los servicios de salud sexual15.

En España en el año 2024, Del Pozo-Herce et al. aportaron un estudio transversal con el objetivo de analizar la relación entre el consumo de drogas con uso sexualizado o Chemsex y la presencia de ITS en MSM. La muestra estuvo conformada por 563 participantes, quienes respondieron un cuestionario sobre prácticas sexuales, uso de drogas y diagnósticos recientes de ITS. El 14.7% practicó “slamsex” (Relaciones sexuales con uso de drogas intravenosas) y que el 17.94% reportó haber adquirido alguna ITS en los últimos seis meses, siendo la gonorrea y la clamidia las más frecuentes. Asimismo, se identificó que el consumo simultáneo de múltiples sustancias se asoció con un mayor número de conductas sexuales de riesgo16.

En otro artículo realizado por de Pozo-Herce et al. en España, 2024 muestra una revisión sistemática que analiza estudios donde se realizan intervenciones de reducción de riesgos en contextos de chemsex. A partir de seis estudios con un total de 624 participantes (adultos jóvenes y adultos que practican chemsex), se encontró que las prácticas de consumo de sustancias con fines sexuales están estrechamente vinculadas con conductas sexuales de riesgo elevado, todo esto favorece la transmisión de infecciones de transmisión sexual como VIH, gonorrea, clamidia, sífilis y hepatitis C. Además, el chemsex comúnmente está presenta a la par con alteraciones en la salud psicológica, como la depresión y ansiedad. El estudio evidencía que el chemsex representa un desafío para la salud pública en cuestión de susceptibilidad emocional y conductual, y que las estrategias que buscan disminuir los factores detonantes pueden favorecer la calidad de salud de quienes participan en estas prácticas5.

Del Rei (2024) realizó una investigación cualitativa mediante etnografía digital en Brasil, enfocada en el fenómeno del chemsex dentro de la aplicación Grindr. A través de la creación de un perfil orientado a reducción de daños y el análisis de comunicación de esta plataforma, el estudio exploró cómo los usuarios construyen significados en torno al chemsex. Los hallazgos muestran que las aplicaciones digitales aparte de facilitar encuentros y prácticas asociadas al chemsex también son utilizadas como lugares de apoyo y difusión de información en salud. Aunque tiene una calidad de evidencia bajo nivel por su carácter cualitativo y no generalizable, el trabajo aporta una comprensión contextualizada del fenómeno y reitera que se deben desarrollar estrategias digitales en las técnicas que busquen intervenir en la salud pública17.

Ávila et al. en el año 2025 presentaron una revisión que describe el chemsex como un fenómeno de salud emergente, especialmente entre MSM en España. El artículo detalla las principales sustancias utilizadas, como metanfetamina, GHB/GBL, poppers, mefedrona, y explica cómo estas actúan sobre el sistema nervioso central, provocando euforia, desinhibición y aumento del deseo sexual, lo que favorece prácticas sexuales de riesgo. Además, enumera los riesgos asociados (ITS, VIH, hepatitis C, sobredosis, efectos cognitivos y dependencia) y enfoca que para los profesionales de salud primaria es necesario reconocer al fenómeno desde un ángulo que no busque estigmatizar y sea integral9.

En 2025, Mundy y colaborades en el Reino Unido, presentaron una revisión sistemática cualitativa que sintetiza 43 estudios que describen interacciones del chemsex en MSM, teniendo una muestra total de 1,295 se identificaron factores de carácter social, cultural y psicológico que influyen en por qué y cómo se practica el chemsex. Los resultados muestran como el ámbito o entorno social del chemsex, las experiencias vividas por participantes y los determinantes psicológicos que moldean estas prácticas, subrayando que el chemsex debe comprenderse desde una perspectiva sociocultural amplia y no únicamente como un posible riesgo de salud pública4.

El estudio de Mendoza et al. (2025) exploró los patrones o moldes en el uso de drogas entre hombres gay que viven en México y su relación con la percepción de bienestar y salud. Se trató de un estudio de diseño mixto que combinó encuestas estructuradas en grupos de enfoque, lo que permitió analizar los datos cuantitativos y también los cualitativos. La muestra estuvo compuesta por 19 participantes provenientes de distintas regiones del país, principalmente de zonas urbanas. Los resultados indicaron que las sustancias más utilizadas en contextos sexuales fueron los poppers, el cristal (metanfetamina) y la marihuana. Se reporta que el consumo de estas drogas tiene una asociación con el aumento en el placer, la desinhibición y la duración de los encuentros sexuales. Sin embargo, también señalaron las consecuencias físicas y psicológicas, particularmente en el consumo del cristal (metanfetamina), el cual se vinculó con mayor malestar emocional y dificultades en la regulación conductual razones por las cuales destacaron que la práctica chemsex presente en la población estudiada presenta un impacto ambivalente al permitir tener experiencias de placer, pero también, incrementa la vulnerabilidad para tener consecuencias negativas sobre la salud8.

En el mismo orden de ideas se presentó un metaanálisis realizado en Reino Unido por Georgiadis et al. (2025), donde estimaron la prevalencia global del chemsex y del uso de drogas sexualizadas en hombres que tienen sexo con hombres, a través de una revisión sistemática de la evidencia científica disponible, donde se integraron los datos de 238 estudios con una muestra total de 380,505 MSM de distintos países, evidenció que el chemsex es una práctica ampliamente extendida a nivel global. La prevalencia combinada de chemsex fue del 22 % (IC 95 %: 19–25%), indicando que aproximadamente uno de cada cinco MSM ha participado en este tipo de prácticas. También el chemsex alcanzó una prevalencia global del 25 % (IC 95 %: entre 23 y 28%), confirmando que estas conductas no son aisladas, sino relativamente frecuentes en esta población.

Respecto a las sustancias más comúnmente utilizadas en contextos de chemsex, los resultados muestran que los poppers (nitritos de alquilo) fueron las más prevalentes, con un 23 %, seguidas por la marihuana (18 %), GHB/GBL (13 %), cocaína (10 %), MDMA/éxtasis (9 %), metanfetamina (8 %), mefedrona (7 %) y ketamina (4 %). Estos datos reflejan una clara preferencia por sustancias con efectos estimulantes, desinhibitorios y potenciadores del placer sexual, lo que favorece la prolongación de las relaciones sexuales y la disminución de la percepción de riesgo. De igual manera, los hallazgos confirman que el chemsex constituye un fenómeno de alta relevancia epidemiológica en poblaciones clave, estando presente en múltiples contextos socioculturales. La elevada prevalencia observada refuerza la necesidad de abordajes preventivos que no sólo consideren los riesgos biomédicos asociados, sino también los factores psicosociales que sostienen estas prácticas18.

Mendoza et al en 2025 realizaron un estudio cuantitativo de corte transversal con una muestra de 477 hombres sexualmente diversos en México para analizar las repercusiones por usar sustancias y drogas en contextos asociados al uso de aplicaciones móviles para encuentros sexuales. La investigación se desarrolló mediante una encuesta autoadministrada en línea que evaluó patrones de consumo, experiencias de estigma, motivaciones, planes de acción y dinámicas vinculadas al uso de aplicaciones encontrando que el consumo de sustancias se encuentra atravesado por procesos de estigmatización tanto social como intracomunitaria; sin embargo, también identificaron que las aplicaciones móviles actúan como herramientas de apoyo, facilitando contacto con grupos par y apoyo, medidas que gestionen el bienestar y potencial reducción de daños en encuentros donde hay uso de drogas. En la investigación se evidenció que es necesario desarrollar intervenciones y servicios de salud culturalmente sensibles e inclusivos, considerando una intersección entre diversidad sexual, consumo de sustancias y tecnología digital. El estudio destaca por su aportación de evidencia cuantitativa que amplía la comprensión del fenómeno más allá del riesgo, incorporando dimensiones sociales y tecnológicas de importancia con enfoque en chemsex y el uso sexualizado de sustancias19.

Rafful et al. en 2025, exploraron de manera cualitativa las actitudes y perspectivas de 20 profesionales de servicios de salud y colectivos comunitarios del norte y centro de México sobre personas que usan estimulantes, mediante entrevistas semiestructuradas. Se tuvo como resultado que los entrevistados perciben una complejidad particular en los consumidores de estimulantes, con factores de trauma y entorno de riesgo, y que el tratamiento y medidas disponibles son limitadas y a menudo aplican guías genéricas de drogas. Aunque los servicios clínicos se encuentran dirigidos en la abstinencia, se reconoció la utilidad de estrategias de reducción de daños, especialmente por parte de los grupos y asociaciones comunitarias. Estos autores identificaron que persisten actitudes estigmatizantes entre algunos proveedores de salud y recomiendan capacitación para eliminar estigma, promover lenguaje en primera persona, y ampliar intervenciones comunitarias con enfoque de reducción de daños para mejorar los servicios dirigidos a esta población20.

La investigación de Santos, en 2025, de tipo cualitativa exploratoria con enfoque sociológico y antropológico elaborada en la Universidad Autónoma Metropolitana buscó examinar cómo las prácticas de chemsex y la construcción de identidades sexogenéricas en el ámbito digital interactúan entre MSM y personas LGBTTIQ+ en la Ciudad de México, dicho estudio se enfocó en la comprensión de la experiencia sociocultural del chemsex y su relación con identidades digitales, reconociendo que enfoques cuantitativos previos no han sido suficientes para el abordaje de estos vacíos por lo cual resalta la necesidad de integrar perspectivas socioculturales y subjetivas del chemsex para diseñar estrategias de prevención y que también busquen disminuir los riesgos en el ámbito cultural sumando al contexto la intersección entre identidad digital y salud sexual en la población estudiada21.

CONCLUSIONES

Las conductas sexuales de riesgo continúan mostrándose como un problema de alta importancia para la salud pública debido a su relación con ITS, embarazos no planeados y diversas afectaciones en la salud mental y física. La recopilación científica reciente muestra que estas conductas se presentan principalmente a través del inicio sexual a edades tempranas, el mal empleo del preservativo y las relaciones sexuales con múltiples parejas. Diferentes investigaciones realizadas en adolescentes y adultos jóvenes han identificado que factores tales como ansiedad, depresión, ser participante en el uso de sustancias, la violencia emocional y ciertas condiciones sociales significativamente tienen una influencia en la aparición de este tipo de comportamientos.

En la población juvenil se ha observado que, aunque muchos saben lo importante que es el uso del condón, su utilización no se realiza de manera constante o es baja. Además, el inicio temprano de la vida sexual está relacionado con una probabilidad mayor para tener prácticas sexuales de riesgo. Estudios internacionales realizados en distintos países coinciden en que estas conductas siguen siendo presentes y constantes, lo que evidencia la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención y educación sexual dirigidas a adolescentes y jóvenes. Por otro lado, durante los últimos años el chemsex ha tenido un aumento de relevancia dentro de la investigación en salud sexual, las investigaciones señalan que sustancias como metanfetamina, poppers, GHB/GBL, cocaína y marihuana son algunas de las más utilizadas en este contexto y se asocian con prácticas sexuales de mayor riesgo, especialmente relaciones sexuales sin protección, múltiples parejas sexuales y una mayor exposición a infecciones de transmisión sexual, incluyendo VIH.

En este sentido la literatura resalta que el chemsex es un fenómeno complejo en el que intervienen factores psicológicos y sociales. Entre los principales elementos asociados destacan la búsqueda de aceptación, la necesidad de conexión emocional, el afrontamiento de emociones aflictivas, el estigma relacionado con la orientación sexual y afecciones en la salud psicológica como ansiedad y depresión. Asimismo, se ha reportado recientemente que las aplicaciones móviles y redes sociales adquirieron un rol relevante en la organización de encuentros sexuales y en el acceso a sustancias, aunque también se utilizan como espacios de apoyo e intercambio de información sobre reducción de daños.

En México, los estudios sobre chemsex han aumentado en años recientes, principalmente en hombres gay, bisexuales y MSM. La evidencia muestra la presencia de prácticas de chemsex con conductas sexuales de riesgo y en el impacto negativo sobre la salud mental y social. Además, algunos estudios han señalado la existencia de limitantes que se encuentran relacionadas con el estigma y el limitado acceso a servicios de salud enfocados en las necesidades de esta población. Frente a ello, las intervenciones que buscan la reducción de daños muestran resultados favorables para disminuir afecciones relacionadas al uso y promoción prácticas sexuales más seguras.

En conjunto, la literatura revisada identifica que tanto las conductas sexuales de riesgo como el chemsex son fenómenos multifactoriales influenciados por aspectos individuales, emocionales, sociales y culturales. Aunque el interés científico en estos temas se encuentra en aumento, aún son limitadas las investigaciones enfocadas en población joven, específicamente las que buscan analizar de manera conjunta el chemsex y las conductas sexuales de riesgo, lo que evidencia la importancia y relevancia de seguir realizando investigaciones de esta problemática.

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