Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.63.22.001
AUTORES
- L.E. Norma Leticia Estrada Cruz. Estudiante de Maestría en Enfermería en la Facultad de Enfermería y Nutrición “Dr. Santiago Valdés Galindo “, Universidad Autónoma de Coahuila. https://orcid.org/0009-0003-4080-2112.
- DCE. Ana Laura Carrillo Cervantes. Profesora e Investigadora de Tiempo Completo. Facultad de Enfermería y Nutrición “Dr. Santiago Valdés Galindo“, Universidad Autónoma de Coahuila. https://orcid.org/0000-0003-2920-4675.
- DSP. Josué Arturo Medina Fernández. Profesor e Investigador de Tiempo completo. División Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo. https://orcid.org/0000-0003-0588-9382.
- DCE. Cecilia Ixel Mazatán Ochoa. Profesora e Investigadora de Tiempo Completo. Facultad de Enfermería y Nutrición “Dr. Santiago Valdés Galindo“, Universidad Autónoma de Coahuila. https://orcid.org/0000-0002-3656-3986.
- DCE. Daniel Sifuentes Leura. Profesor e Investigador de Tiempo Completo. Facultad de Enfermería y Nutrición “Dr. Santiago Valdés Galindo“, Universidad Autónoma de Coahuila https://orcid.org/0000-0002-4851-1593.
- DCE. Reyna Torres Obregón. Profesora e Investigadora de Tiempo Completo. Facultad de Enfermería y Nutrición “Dr. Santiago Valdés Galindo”, Universidad Autónoma de Coahuila – https://orcid.org/0000-0003-3546-6970.
RESUMEN
Objetivo: Comparar la convivencia con la discapacidad visual por género en personas mayores de Saltillo, Coahuila.
Metodología: Estudio cuantitativo de corte transversal y comparativo. Se utilizó una cédula “ad hoc” de datos personales y relacionados con las alteraciones visuales en personas mayores, con un muestreo no probabilístico.
Resultados: El 50.7% correspondió a mujeres y el 49.3% a hombres. La edad de los sujetos estuvo entre 60 y 87 años (= 69.02; DE = 5.34). El tiempo de diagnóstico de la discapacidad visual osciló entre 1 y 35 años (= 9.64; DE= 7.32). Los errores de refracción fueron la condición más frecuente (55.3%), seguidos de cataratas (24%) y glaucoma (13.3%), siendo la degeneración macular la menos frecuente (7.3%). Se encontraron diferencias estadísticamente significativas por sexo en la convivencia total con la discapacidad visual (U= 2190.50, p= .019), siendo las mujeres quienes presentaron mayores puntajes (= 76) comparadas con los hombres (= 74). Asimismo, se identificaron diferencias significativas en afrontamiento (U= 2188.50; p= .022; = 76 mujeres y = 74 hombres), automanejo (U=2188.50; p=.022: =76 mujeres y =74 hombres) y adaptación (U=2214.50; p= .024; =76 mujeres y =74 hombres), favoreciendo al grupo femenino.
Conclusión: Los hombres y mujeres enfrentan condiciones similares en términos de discapacidad visual, pero existen diferencias en la manera que desarrollan estrategias para convivir con ella. Las mujeres parecen tener recursos internos más robustos para el afrontamiento, el automanejo y la adaptación, mientras que los hombres constituyen un grupo de mayor vulnerabilidad. Las barreras externas afectan la aceptación e integración de ambos géneros. Esto resalta la importancia de considerar el género como elemento clave para el diseño de intervenciones de enfermería, orientadas a fortalecer el afrontamiento y automanejo, sin descuidar la eliminación de las barreras del entorno que limitan la integración plena de todas las personas con discapacidad visual.
PALABRAS CLAVE
Discapacidad, trastornos de la visión, personas con daño visual, género, persona mayor.
ABSTRACT
Objective: To compare living with visual disability by gender in older adults from Saltillo, Coahuila.
Methodology: A quantitative, cross-sectional, comparative study. An «ad hoc» form was used to collect personal data and information related to visual impairments in older adults, using a non-probabilistic sampling method.
Results: Females accounted for 50.7% of the sample and males 49.3%. Participants’ age ranged from 60 to 87 years (M = 69.02; SD = 5.34). The time since diagnosis of visual disability ranged from 1 to 35 years (M = 9.64; SD = 7.32). Refractive errors were the most frequent condition (55.3%), followed by cataracts (24%) and glaucoma (13.3%), with age-related macular degeneration being the least frequent (7.3%). Statistically significant differences by sex were found in total living with visual disability (U = 2190.50, p = .019), with women showing higher scores (M = 76) compared to men (M = 74). Likewise, significant differences were identified in coping (U = 2188.50; p = .022; M = 76 for women and M = 74 for men), self-management (U = 2188.50; p = .022; M = 76 for women and M = 74 for men), and adaptation (U = 2214.50; p = .024; M = 76 for women and M = 74 for men), all favoring the female group.
Conclusion: Men and women face similar conditions in terms of visual disability, but there are differences in the way they develop strategies to live with it. Women seem to have more robust internal resources for coping, self-management, and adaptation, whereas men constitute a more vulnerable group. External barriers affect acceptance and integration of both genders equally. This highlights the importance of considering gender as a key element in the design of nursing interventions aimed at strengthening coping and self-management, without neglecting the removal of environmental barriers that limit the full integration of all people with visual disability.
KEY WORDS
Disability, vision disorders, visually impaired persons, gender, aged.
INTRODUCCIÓN
El envejecimiento poblacional se ha incrementado en los últimos años a nivel global, y al mismo tiempo ha aumentado la prevalencia de enfermedades crónicas como la discapacidad visual, convirtiéndose en una de las principales causas de limitación funcional en personas mayores¹. Esta condición afecta actividades esenciales, como son la movilidad y la lectura, las que pueden derivar en una disminución en la participación de actividades de ocio, realización de hobbies, menos participación social y afectación en las relaciones sociales, pudiendo traer como consecuencia tristeza, aislamiento, soledad y depresión².
El envejecimiento es el principal factor de riesgo para muchas afecciones visuales, siendo entre las más comunes la retinopatía diabética, la degeneración macular asociada a la edad, el glaucoma y la catarata³. A nivel mundial, al menos 2.200 millones de personas viven con deficiencia visual, y de ellas, cerca de 1.000 millones presentan casos que pudieron haberse prevenido o que aún no han recibido tratamiento. Esta cifra incluye a 1.800 millones de personas con presbicia (tanto tratada como no tratada), así como a quienes padecen deficiencia moderada o grave de la visión de lejos o ceguera debido a errores de refracción no corregidos (123,7 millones), cataratas (65,2 millones), degeneración macular senil (10,4 millones), glaucoma (6,9 millones) y otras causas, sumando además 188,5 millones con discapacidad visual leve de origen desconocido³.
La discapacidad visual no se reduce a una mera alteración fisiológica, constituye, ante todo, un proceso complejo de adaptación que involucra dimensiones psicológicas, sociales y conductuales4. En este sentido, la convivencia con la discapacidad incluye procesos como la aceptación, el afrontamiento, el automanejo, la integración y la adaptación, los cuales son fundamentales para el bienestar de las personas2. Desde el ámbito psicológico, la pérdida de visión impone un desafío emocional significativo, especialmente en adultos mayores, quienes deben reorganizar su identidad y afrontar sentimientos de ansiedad, depresión y pérdida de autoeficacia4.
En la esfera social, las personas mayores con discapacidad visual enfrentan una menor participación en actividades significativas, lo que conduce a aislamiento, reducción de redes de apoyo, aumento de la soledad y deterioro de la calidad de vida5-9.
Por su parte, la dimensión conductual se expresa en la puesta en marcha de estrategias prácticas (uso de ayudas técnicas, modificación del entorno, reorganización de tareas diarias) que buscan preservar la autonomía y la calidad de vida6. En conjunto, estas tres dimensiones revelan que la discapacidad visual no es solo un problema ocular, sino un fenómeno biopsicosocial que exige intervenciones integrales y centradas en la persona.
La forma en que las personas logran esta adaptación puede ser influida por diversos factores, entre ellos el género, el cual ha sido identificado como un determinante importante en los procesos de salud-enfermedad. La literatura señala que las personas con discapacidad enfrentan barreras sociales y estigmatización, lo que limita su participación plena en la sociedad y afecta su proceso de adaptación³. En el caso de las personas mayores, estas dificultades pueden intensificarse debido al envejecimiento y la presencia de comorbilidades, lo que incrementa su vulnerabilidad y dependencia. En México, las mujeres presentan mayor prevalencia de discapacidad, representando el 53% de la población con discapacidad, y suelen desarrollar estrategias de afrontamiento distintas a las de los hombres10,11.
A pesar de la creciente prevalencia de discapacidad visual en la población mayor, en la región de Saltillo, Coahuila, se carece de estudios que analicen cómo el género influye en los procesos de convivencia y adaptación a esta condición. Esta falta de evidencia local limita el diseño de intervenciones de enfermería contextualizadas y sensibles a las diferencias entre hombres y mujeres. Por ello, comprender las particularidades de la convivencia con la discapacidad visual según el género resulta fundamental para orientar el cuidado hacia estrategias que promuevan la adaptación, el automanejo y la participación social, y para reducir las barreras que enfrentan los adultos mayores en su entorno cotidiano.
OBJETIVO
El objetivo del presente estudio fue comparar la convivencia con la discapacidad visual por género en personas mayores de Saltillo, Coahuila.
METODOLOGÍA
Se realizó un estudio cuantitativo de corte transversal y comparativo. La población la conformaron personas mayores que se atienden en centros oftalmológicos de la ciudad de Saltillo, Coahuila. La muestra estuvo conformada por 150 personas mayores, seleccionados mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia.
Se incluyeron participantes con diagnósticos de discapacidad visual con al menos un año de evolución. Se excluyeron aquellos con deterioro cognitivo que impidiera responder los instrumentos. Para la recolección de datos se utilizó una cédula “ad hoc” de datos personales en donde se abordaron preguntas relacionadas con el género, la edad, tiempo de diagnóstico, así como tipo de diagnóstico visual (Errores de refracción, presencia de cataratas, glaucoma). Para la convivencia con la discapacidad, se utilizó la Escala de Convivencia con un Proceso Crónico (EC-PC), conformada por 26 ítems distribuidos en cinco dominios: Aceptación (1,2,3,4), Afrontamiento (6,7,8,9,10,11), Automanejo (12,13,14,15), Integración (16,17,18,19,20) y Adaptación (21,22,23,24,25 y 26). Los 4 primeros ítems, puntúan de 4 (nada/nunca) a 0 (mucho/siempre) y los 22 restantes de 0 (nada/nunca) a 4 (mucho/siempre), de manera que la puntuación total oscila entre 0 a 104, donde a mayor puntaje mejor convivencia con la condición crónica. El Coeficiente alfa de Cronbach fue de 0.76, indicando confiabilidad aceptable12.
Los datos se procesaron en el paquete estadístico SPSS versión 27. Se realizó un análisis mediante estadística descriptiva. Para las variables categóricas se calcularon frecuencias y porcentajes, para las variables continuas se obtuvieron media, desviación estándar, mediana, valor mínimo y máximo. Para la interpretación de las dimensiones del EC-PC, se generó una sumatoria y posteriormente se calcularon medidas de tendencia central y dispersión. Para la comparación por género, primero se procesó la prueba de Kolmogorov-Smirnov y posteriormente la prueba U de Mann-Whitney, con un nivel de significancia de p < .05. Se respetaron los principios éticos de la investigación en seres humanos, garantizando el consentimiento informado, anonimato y la confidencialidad.
RESULTADOS
La muestra estuvo integrada por 150 participantes con edades entre 60 y 87 años (= 69.02, DE = 5.34). El tiempo de diagnóstico osciló entre 1 y 35 años (= 9.64, DE= 7.32), lo que refleja heterogeneidad en la evolución de la discapacidad visual como se muestra en la tabla 1.
La tabla 2, muestra que el 50.7% de los sujetos fueron mujeres y el 49.3% hombres. Los errores de refracción fueron la condición más frecuente (55.3%), seguidos de cataratas (24%) y glaucoma (13.3%), siendo la degeneración macular la menos frecuente (7.3%). Es importante resaltar el predominio de la afección en ambos ojos (58.7%).
La prueba de normalidad de la variable de convivencia con el proceso crónico mostró una distribución no normal (p<.05) en el puntaje total y por dimensiones. Posteriormente, se encontraron diferencias estadísticamente significativas por género en la convivencia total con la discapacidad visual (U= 2190.50, p= .019), siendo el género femenino quienes presentaron mayores puntajes (= 76) comparadas con los masculino (= 74). Asimismo, se identificaron diferencias significativas en afrontamiento (U= 2188.50, p= .022, = 76 femeninos y = 74 masculinos), automanejo (U=2188.50, p=.022: = 76 femeninos y = 74 masculinos) y adaptación (U=2214.50, p= .024, = 76 femenino y = 74 masculinos), favoreciendo al grupo femenino (Tabla 3).
DISCUSIÓN
La muestra estuvo compuesta por 150 adultos mayores con una edad media de 69.02 años (DE = 5.34), lo que coincide con lo reportado en la literatura, donde la discapacidad visual afecta predominantemente a personas mayores de 65 años13. La distribución por sexo fue equilibrada (50.7% mujeres, 49.3% hombres), aunque estudios previos suelen reportar una mayor prevalencia de discapacidad visual en mujeres3,13. Esta diferencia podría deberse a características particulares de la muestra o de los centros Oftalmológicos.
El tiempo medio de evolución del diagnóstico fue de 9.64 años (DE = 7.32), con un rango muy amplio (1 a 35 años), lo que refleja una alta heterogeneidad en la historia natural de la discapacidad visual. Esta variabilidad es esperable, ya que condiciones como los errores de refracción pueden estar presentes desde etapas tempranas de la vida, mientras que la degeneración macular o el glaucoma suelen diagnosticarse en edades más avanzadas3. Desde una perspectiva clínica, esta heterogeneidad implica que los participantes se encuentran en diferentes momentos del proceso de adaptación a la pérdida visual, lo cual debe considerarse al interpretar otras variables del estudio.
En cuanto a las etiologías, los errores de refracción constituyeron la causa más frecuente (55.3%), seguidos de cataratas (24%), glaucoma (13.3%) y, finalmente, degeneración macular asociada a la edad (7.3%). Este patrón difiere parcialmente de lo reportado por la Organización Mundial de la Salud3 que señala a las cataratas como la principal causa de discapacidad visual prevenible a nivel mundial. La alta prevalencia de errores de refracción en esta muestra podría explicarse por el tipo de centro de atención (Centros oftalmológicos), o bien porque los errores de refracción no corregidos representan una causa frecuente de limitación funcional en la población estudiada.
La baja proporción de degeneración macular (7.3%) contrasta con estudios previos en poblaciones de adultos mayores, donde esta condición suele ser una de las principales causas de baja visión irreversible4. Esta diferencia podría atribuirse a sesgos de selección: es posible que los pacientes con degeneración macular acudan con menor frecuencia a ciertos servicios de salud debido a barreras de accesibilidad o a que ya reciben atención en unidades especializadas. Alternativamente, la edad media relativamente baja de la muestra (69 años) podría explicar la menor frecuencia de degeneración macular, cuya prevalencia aumenta significativamente a partir de los 75 años3,4.
Un hallazgo relevante es que el 58.7% de los participantes presentaba afectación en ambos ojos. Esta bilateralidad es consistente con la naturaleza de muchas enfermedades oculares crónicas (glaucoma, retinopatía diabética, degeneración macular), que tienden a ser simétricas o afectar ambos ojos en diferentes grados4. Desde el punto de vista funcional, la afección bilateral tiene implicaciones importantes para la autonomía y la calidad de vida, ya que limita la compensación entre ojos y suele asociarse con mayores dificultades para la movilidad, la lectura y la participación social3,4.
En cuanto a la convivencia con la discapacidad visual, los resultados mostraron diferencias significativas por género. Las mujeres presentaron puntuaciones más altas en el puntaje global del instrumento, así como en las dimensiones de afrontamiento, automanejo y adaptación. En cambio, no se encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres en las dimensiones de aceptación e integración. Estos hallazgos sugieren que el género influye en la manera en que los adultos mayores se enfrentan y se ajustan a las limitaciones derivadas de la discapacidad visual.
La literatura ha documentado consistentemente que las mujeres tienden a desarrollar estrategias de afrontamiento más efectivas ante condiciones crónicas, lo que favorece su capacidad de adaptación y bienestar14-16. Diversos factores podrían explicar esta diferencia.
En primer lugar, las mujeres suelen mostrar una mayor expresión emocional y una mayor propensión a buscar apoyo social. Un estudio reciente con población de adultos mayores con dolor crónico encontró que los hombres mostraban diferencias significativas en las subescalas de pedir ayuda, persistencia en la tarea y conductas de protección, mientras que las mujeres mostraban diferencias en las subescalas de conductas de protección y descanso17, lo que sugiere que las estrategias de afrontamiento y búsqueda de apoyo varían según el sexo. Aunado a esto, una revisión sistemática que incluyó 84 estudios cualitativos destacó que el apoyo social y la capacidad de priorizar el propio cuidado son facilitadores clave para que las mujeres logren un manejo exitoso de sus condiciones crónicas14.
En segundo lugar, las mujeres mayores suelen mantener redes de apoyo más amplias y diversificadas, lo que les proporciona recursos emocionales e instrumentales para enfrentar la discapacidad18. En contraste, los hombres suelen depender casi exclusivamente de la pareja, y en caso de viudez o divorcio, su red de apoyo se reduce drásticamente18. En tercer lugar, el rol tradicional de las mujeres como cuidadoras podría traducirse en una mayor competencia para el automanejo de su propia condición. Finalmente, la evidencia sugiere que las mujeres tienden a utilizar más estrategias de autocuidado, mientras que los hombres son más propensos a buscar consulta profesional19.
A pesar de estas diferencias en el afrontamiento y el automanejo, en las dimensiones de aceptación e integración no se encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres. La aceptación de la discapacidad implica un proceso interno de reconciliación con la pérdida, mientras que la integración se refiere a la participación efectiva en la vida comunitaria18. El hallazgo de que ambos grupos presentan niveles similares en estas áreas sugiere que estos procesos están fuertemente influidos por factores externos, como las barreras sociales, la accesibilidad y el entorno19. La OMS1 ha señalado que las personas con discapacidad enfrentan barreras actitudinales, como el estigma y la discriminación, así como barreras arquitectónicas y comunicacionales que afectan su movilidad y autonomía. Estas barreras objetivas pueden «nivelar» la experiencia de exclusión, independientemente del sexo20,21. Por ejemplo, un estudio poblacional de gran escala encontró que la pérdida de visión se asociaba con una menor participación social en todos los grupos de edad y sexo21.
En conjunto, los resultados indican que, si bien ambos géneros presentan condiciones similares en términos de discapacidad visual (edad, tiempo de evolución, etiologías y bilateralidad similares), existen diferencias en la manera en que desarrollan estrategias para convivir con ella. El género femenino parece tener recursos internos más robustos para el afrontamiento, el automanejo y la adaptación, mientras que los masculinos constituyen un grupo de mayor vulnerabilidad en estas dimensiones. Sin embargo, las barreras externas (sociales, arquitectónicas, actitudinales) afectan la aceptación y la integración de ambos géneros por igual. Esto resalta la importancia de considerar el género como un elemento clave para el diseño de intervenciones de enfermería, orientadas a fortalecer el afrontamiento y el automanejo, especialmente en la población masculina, sin descuidar la eliminación de las barreras del entorno que limitan la integración plena de todas las personas con discapacidad visual.
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ANEXOS
Tabla 1.
Edad y Tiempo de Diagnóstico:
| DE | Min. | Max. | ||
|---|---|---|---|---|
| Edad | 69.02 | 5.34 | 60 | 87 |
| Tiempo de diagnóstico | 9.64 | 7.32 | 1 | 35 |
Nota: = media, DE= desviación estándar, Vm= Valor mínimo, VM= Valor máximo, n= 150.
Tabla 2.
Características clínicas y género:
| Variable | f | % |
|---|---|---|
| Género | ||
| Femenino | 76 | 50.7 |
| Masculino | 74 | 49.3 |
| Diagnóstico Visual | ||
| Cataratas | 36 | 24 |
| Degeneración macular | 11 | 7.3 |
| Glaucoma | 20 | 13.30 |
| Errores de refracción | 83 | 55.3 |
| Ojo en que se presenta la afectación | ||
| Izquierdo | 35 | 23.3 |
| Derecho | 27 | 18 |
| Ambos | 88 | 58.7 |
Nota: ƒ= Frecuencia, %= Porcentaje, Fuente= cédula de datos personales, n=150.
Tabla 3.
Comparación de la convivencia con la discapacidad visual:
| n | DE | Md | U | p | ||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Convivencia con la discapacidad visual | ||||||
| Masculino | 74.00 | 52.12 | 11.430 | 51.50 | 2190.50 | .019 |
| Femenino | 76.00 | 56.36 | 11.031 | 58.50 | ||
| Aceptación | ||||||
| Masculino | 74.00 | 7.57 | 3.218 | 8.00 | 2556.50 | .335 |
| Femenino | 76.00 | 7.05 | 3.479 | 7.00 | ||
| Afrontamiento | ||||||
| Masculino | 74.00 | 11.41 | 3.519 | 11.00 | 2188.50 | .018 |
| Femenino | 76.00 | 12.76 | 3.413 | 13.00 | ||
| Automanejo | ||||||
| Masculino | 74.00 | 9.85 | 2.693 | 10.00 | 2188.50 | .022 |
| Femenino | 76.00 | 12.76 | 3.413 | 13.00 | ||
| Integración | ||||||
| Masculino | 74.00 | 10.09 | 2.400 | 10.00 | 2387.50 | .108 |
| Femenino | 76.00 | 10.75 | 2.412 | 11.00 | ||
| Adaptación | ||||||
| Masculino | 74.00 | 13.20 | 5.356 | 12.00 | 2214.50 | .024 |
| Femenino | 76.00 | 15.05 | 4.302 | 15.00 | ||
Nota== media, DE= desviación estándar, Md= Mediana, U= De Mann Whitney y P= significancia.