Depresión. Elementos de peligro

27 mayo 2024

AUTORES

  1. Cristina Lacadena Martínez. Médico. Hospital de Tortosa Verge de la Cinta. Tortosa. Tarragona.
  2. Javier Nicolás Vicente Moreno. Enfermero. Atención Primaria. Huesca.
  3. Marina Cabrero López. Enfermera. Atención Primaria. Huesca.
  4. Monika Antonova Taushanska. Celador. Hospital San Jorge. Huesca.
  5. Violeta Muñoz Muñoz. Enfermera. Atención Primaria. Huesca.
  6. Alba Betato Soler. TCAE. Hospital San Jorge. Huesca.

 

RESUMEN

La depresión es una enfermedad compleja asociada a múltiples factores de riesgo. Algunos de ellos incluyen la edad, el sexo, el nivel educativo, comorbilidades como diabetes, enfermedades neurodegenerativas y dolor crónico, la actividad física, el estatus socioeconómico y social, el consumo de alcohol y trastornos del sueño. Existe una correlación significativa entre la depresión y los trastornos de ansiedad, sugiriendo una necesidad de gestión clínica y terapéutica integral. Para desarrollar intervenciones más eficaces para prevenir y tratar la depresión, es esencial entender cómo interactúan todos estos factores de riesgo.

PALABRAS CLAVE

Depresión, factores de riesgo.

ABSTRACT

Depression is a complex disease associated with multiple risk factors. Some of these include age, gender, educational level, comorbidities such as diabetes, neurodegenerative diseases and chronic pain, physical activity, socioeconomic and social status, alcohol consumption and sleep disorders. There is a significant correlation between depression and anxiety disorders, suggesting a need for comprehensive clinical and therapeutic management. To develop more effective interventions to prevent and treat depression, it is essential to understand how all these risk factors interact.

KEY WORDS

Depression, risk factors.

DESARROLLO DEL TEMA

El objetivo para este artículo monográfico es profundizar en el conocimiento de los elementos de peligro más influyentes en la depresión.

Los trastornos de depresión y ansiedad son dos condiciones mentales que a menudo coexisten en los individuos, aportando una doble carga a quienes los padecen. Un estudio interesante reveló que de aquellos que se les diagnosticó un trastorno depresivo mayor, casi la mitad (47.5%) también presentaba un trastorno de ansiedad concurrente. De manera similar, en el caso de aquellos con trastornos de ansiedad, más de una cuarta parte (26.1%) también cumplía los criterios para el trastorno depresivo mayor. Estas cifras revelan una considerable superposición y correlación entre los dos trastornos mentales, lo que implica la necesidad de una gestión clínica y terapéutica holística y personalizada1.

La depresión está asociada a varios factores de riesgo, algunos de los más notables incluyen:

Edad: La relación entre la edad y la depresión es compleja y a menudo se debate. Algunos estudios han encontrado que la edad es un factor de riesgo significativo solo hasta los 90 años y más allá de esa edad, deja de ser un factor de riesgo importante. Otros estudios, en cambio, no encuentran una correlación significativa entre la edad y la depresión. Sin embargo, la depresión ha sido asociada con la vejez en términos de mayor morbilidad y fragilidad en este grupo etario1.

Sexo: Existe evidencia que sugiere que las mujeres son más susceptibles a la depresión que los hombres. Este hallazgo ha sido atribuido a una multitud de factores biológicos, psicológicos y socioculturales. Sin embargo, también se ha sugerido un posible sesgo de género en la educación y la atención sanitaria que podría llevar al sobrediagnóstico de la depresión en las mujeres. A pesar de esta discrepancia, las diferencias de género en la prevalencia de la depresión parecen estar influenciadas por diferencias en la educación, enfermedades crónicas, soporte social y la mayor incidencia de viudez y soledad en mujeres. Debido a la naturaleza intrincada de estas interacciones y los múltiples factores en juego, es necesario realizar más estudios para entender completamente esta dinámica1.

Nivel educativo: Existen sólidos indicios que apoyan la idea de que un nivel de educación superior se correlaciona con niveles más bajos de depresión2.

Comorbilidades: Hay varias condiciones de salud que se asocian con un mayor riesgo de depresión. Esto se debe a que estas condiciones suelen resultar en una disminución de la calidad de vida, que puede ser un precursor de la depresión. Algunas de las condiciones más relevantes incluyen accidentes cerebrovasculares, donde la incidencia de depresión puede variar del 11% al 50% en el primer mes después del evento. Esta incidencia mejora solo después de 1-2 años, pero incluso entonces, aproximadamente el 25% de los pacientes empeoran o no mejoran2.

Diabetes: La diabetes es una enfermedad común que afecta a unos 285 millones de personas en todo el mundo. Se ha estimado que las personas con diabetes tienen un riesgo de padecer depresión dos veces mayor que las que no la padecen. Además, la presencia de depresión en estas personas a menudo conduce a una adherencia deficiente al tratamiento de la diabetes2.

Enfermedad de Alzheimer: La enfermedad de Alzheimer es la enfermedad neurodegenerativa más común. Se estima que entre el 10% y el 50% de las personas con Alzheimer también tienen depresión. Además, algunos estudios sugieren que un mayor número de episodios depresivos a lo largo de la vida puede estar asociado con un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer3.

Enfermedad de Parkinson: La enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común después del Alzheimer. Entre el 25% y el 50% de los pacientes con Parkinson presentan síntomas depresivos. Esta relación puede deberse al propio deterioro social y funcional que produce la enfermedad, o a una degeneración neuroanatómica que aumenta el riesgo de depresión3.

Dolor crónico: El dolor crónico es otro trastorno prevalente en las personas mayores, y su incidencia aumenta con la edad. El dolor crónico se ha relacionado con la depresión y viceversa. Las personas que sufren de dolor crónico tienen un riesgo de 2.5 a 4.1 veces mayor de sufrir de depresión. Además, la coexistencia de ambos trastornos no es infrecuente, apareciendo en el 13% de la población mayor3.

Actividad física: Existen estudios que han encontrado que los ejercicios de fuerza (anaeróbicos) reducen significativamente los niveles de depresión a corto, medio y largo plazo. Se ha observado que los ejercicios de alta y baja intensidad mejoran los síntomas depresivos, pero los de alta intensidad parecen ser más eficaces. Los ejercicios aeróbicos y los mixtos también han demostrado ser beneficiosos para aliviar los síntomas de la depresión a corto plazo, aunque no se han evaluado a largo plazo. Cabe señalar que estos beneficios son comparables a los obtenidos con los tratamientos antidepresivos, pero sin los efectos secundarios asociados a estos medicamentos3.

Estilo de vida (urbano o rural): Parece que el estilo de vida no tiene un impacto determinante en el riesgo de desarrollar depresión, ya que no se han encontrado diferencias significativas en la prevalencia de la depresión entre las poblaciones urbanas y rurales. Esto sugiere que hay otros factores desencadenantes más influyentes4.

Estatus socioeconómico: Algunos estudios han encontrado una relación entre el bajo estatus socioeconómico y el mayor riesgo de depresión. Esto se debe a que los individuos con menor estatus económico suelen tener menor interacción social, lo que puede conducir a un mayor riesgo de depresión. Sin embargo, otros estudios han encontrado una relación directa entre el bajo estatus socioeconómico y la prevalencia de la depresión, independientemente de la interacción social4.

Estado social (casado, soltero, con familia): Se ha observado una asociación entre estar divorciado o vivir solo y tener depresión. Del mismo modo, los individuos que provienen de familias disfuncionales tienen 7.5 veces más riesgo de padecer depresión. Además, las mujeres que viven solas o son viudas tienen una mayor prevalencia de depresión. La falta de relaciones sociales o de redes de apoyo, así como la percepción de no sentirse valorado o apoyado socialmente, también son factores de riesgo para la depresión en personas mayores de 65 años4.

Consumo de alcohol: El consumo problemático de alcohol aumenta el riesgo de sufrir síntomas depresivos. También se ha encontrado que ser abstemio aumenta el riesgo de depresión, mientras que un consumo moderado lo disminuye4.

Trastornos del sueño: Se ha demostrado una asociación entre los trastornos del sueño, así como la percepción de una mala calidad del sueño y la depresión en adultos4.

 

CONCLUSIONES

Hay una miríada de factores de riesgo asociados con la depresión, lo que subraya la complejidad de esta enfermedad. Para comprender completamente cómo interactúan todos estos factores en un individuo y resultan en la aparición de la depresión, es vital examinar y entender cada factor de riesgo por separado. Este enfoque nos permitirá desarrollar estrategias de intervención más eficaces y personalizadas para prevenir y tratar la depresión.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Yan X, Huang S, Huang C, Wu W, Qin Y. Marital Status and Risk for Late Life Depression: A MetaAnalysis of the Published Literature. Journal of International Medical Research. 2011;39(4):1142-1154.
  2. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad – Portal Estadístico del SNS – Encuesta Europea de Salud en España 2014 [Internet]. [citado 17 mayo 2024]. Available from: https://www.msssi.gob.es/estadEstudios/estadisticas/EncuestaEuropea/Enc_Eur_Salud_en_Esp_2014.htm
  3. International Psychogeriatric Association [Internet]. Ipa-online.org. 2018 [citado 17 Mayo 2024]. Available from: https://www.ipa-online.org/
  4. J.M. Hegeman, M.W.M. de Waal, H.C. Comijs, R.M. Kok, R.C. van der Mast. Depression in later life: A more somatic presentation. Journal of Affective Disorders. Volume 2015;170: 196-202.

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