AUTORES
- Nerea Gracia Viñuales. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- Raquel Mauri Mur. Graduada en Enfermería. Graduada en Nutrición Humana y Dietética. Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- Carolina Rodellar Pico. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- María Luz Pallardo Fernández-Molina. Diplomada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- María Cesarea Escartín Lanuza. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- Lorena Saba Huerva. Diplomada en Enfermería. Hospital Universitario Materno-Infantil Miguel Servet. Zaragoza. España.
RESUMEN
La disfagia es un trastorno de la deglución habitualmente infravalorado en el anciano, a pesar de su elevada prevalencia y de las notables complicaciones que puede producir. Por eso, resulta importante la realización de un diagnóstico precoz y un abordaje adecuado del tratamiento por parte del personal de enfermería.
La detección temprana a través de los test de cribado nos permitirá llevar a cabo las pruebas de videofluoroscopia y MECV-V para así poder establecer el tratamiento adecuado dependiendo de su severidad.
PALABRAS CLAVE
Disfagia, ancianos, enfermedad de Alzheimer, enfermería, método de exploración clínica volumen-viscosidad.
ABSTRACT
Dysphagia is a swallowing disorder frequently underdiagnosed in the elderly, in spite of his high prevalence and his relevant complications which can be produced. For this reason, it is important to carry out an early diagnosis and an appropriate treatment approach by nursing staff.
Early detection through screening tests will allow us to carry out videofluoroscopy and MECV-V tests in order to establish an appropriate treatment depending on its severity.
KEY WORDS
Dysphagia, elderly, Alzheimer disease, nursing, volume-viscosity clinical examination method.
DESARROLLO DEL TEMA
El envejecimiento de la población es, actualmente, un fenómeno mundial y una de las características más definitorias de la demografía española1. En España, según los datos provisionales del Padrón Continuo, a 1 de enero de 2024, había 48.592.909 habitantes2. La población de 65 años y más ha pasado de representar un 11,2% en 1981 a un 20,4% en 20243,4.
Una de las tendencias previstas en los próximos años es el denominado «envejecimiento de la población mayor». En un futuro se producirá un aumento de la población más anciana, es decir, la que supere los 80 años: en 2015 era del 1,7%, y se espera que ascienda al 5,3% en el año 2060. Por lo tanto, el envejecimiento de la población es inevitable cuando la esperanza de vida se prolonga y disminuye el índice de natalidad. En consecuencia, no resulta sorprendente que los patrones descendentes de fertilidad y mortalidad de los dos últimos decenios hayan producido cambios representativos en la estructura de edad de la población mundial. En definitiva, mantener y mejorar la calidad de las personas mayores es uno de los principales retos que plantea el proceso de envejecimiento4.
Uno de los trastornos geriátricos más infradiagnosticados e infravalorados, a pesar de presentar una gran prevalencia dentro de la población anciana, es la disfagia5, que afecta a nivel mundial entre un 7-22% a los mayores de 65 años, entre un 15% a los ancianos que viven en domicilio, y entre un 40% a los ancianos institucionalizados6. Ésta se define como una alteración en la deglución que dificulta tragar alimentos tanto sólidos como líquidos7.
A nivel anatómico y fisiológico, la deglución es un proceso sensoriomotor neuromuscular complejo que coordina la contracción/relajación bilateral de los músculos de la boca, lengua, laringe, faringe y esófago, mediante el cual los alimentos procedentes de la boca transitan por la faringe y esófago, en su camino al estómago8.
Una respuesta deglutoria normal está dividida en 4 fases: las dos primeras son voluntarias (fases orales: preparatoria y de transporte) y, las dos últimas, se consideran involuntarias (fases faríngea y esofágica)9. Respecto a la disfagia, se puede clasificar en: disfagia orofaríngea (80%) y esofágica (20%). La orofaríngea hace referencia a las alteraciones de la deglución de origen oral, faríngeo, laríngeo y del esfínter esofágico superior. Ésta se clasifica, según su causa, en disfagia estructural, aquella enfermedad que ocasiona alteraciones en la anatomía de los órganos y neurógena, la que produce déficits neurológicos o neuromusculares, siendo este grupo el más numeroso (80%)10,11.
La disfagia orofaríngea neurógena está presente en un 84% de enfermos de Alzheimer, siendo ésta la forma más común de demencia entre las personas mayores (entre un 60%-70% de los casos)7,12,13. En el año 2006, el número de personas con Enfermedad de Alzheimer era de 26,6 millones en todo el mundo y se estima que en 2050 el número de enfermos llegará a 106,8 millones14.
Existen diversos signos y síntomas que nos hacen sospechar de la existencia de dicha alteración, tales como: toser al comer o inmediatamente después, atragantarse con algunas sustancias, realizar varias degluciones, presencia de residuos post-deglución, cambios en la voz, infecciones de repetición, pérdida progresiva de peso y de masa muscular. De ahí, la importancia de realizar una temprana valoración para conocer la presencia de dicho problema10.
En la disfagia orofaríngea se pueden presentar dos tipos de complicaciones que ponen en riesgo tanto la eficacia como la seguridad de la deglución. Si lo que predomina es la disminución de la eficacia, el paciente va a presentar desnutrición y/o deshidratación. Por otro lado, si lo que predomina es la disminución en la seguridad de la deglución, el paciente presentará un atragantamiento al obstruirse la vía aérea o microaspiraciones que, mantenidas en el tiempo, pueden desencadenar una neumonía por aspiración15.
El paso inicial para la detección de la disfagia es la identificación del paciente que la padece, valorando tanto a los pacientes en riesgo, debido a su edad o patología; como a los que presenten síntomas que sugieren trastornos en la deglución11. Sin embargo, en algunos casos la disfagia no proporciona unos signos definidos, y se diagnostica por sus complicaciones16.
La identificación de la disfagia por parte de enfermería se basa en la clínica y siempre debe contener la historia médica del paciente con sus patologías de base. A partir de ahí se debe realizar una exploración clínica, valorando la presencia de signos y síntomas del paciente. Tras esta valoración, el personal de enfermería puede realizar varios test clínicos para confirmar el diagnóstico11. Uno de ellos, el Método de Evaluación Clínica Volumen-Viscosidad, es un método sencillo y seguro que consiste en administrar al paciente tres volúmenes diferentes (5, 10 y 20 ml) con viscosidad néctar, líquida y pudding. A partir de ello, se deben observar si aparecen alteraciones en los signos de seguridad (tos, cambios en la calidad de la voz y desaturación de oxígeno) y en los signos de eficacia de la deglución (sello labial, residuo oral, deglución fraccionada y residuo faríngeo). Este método no solo detecta la disfagia orofaríngea, sino que nos indica la viscosidad y el volumen más seguro y eficaz para el paciente17(Anexo I).
Si el resultado de esta prueba en nuestro paciente es positivo, se procederá a la realización de una exploración instrumental conocida como videofluoroscopia. Esta técnica se emplea con el fin de perfeccionar el diagnóstico ya que permite visualizar la dinámica de la orofaringe, comenzando en la boca y terminando en el esófago proximal, para poder evaluar la seguridad y la eficacia de la deglución ayudando así a seleccionar tratamientos específicos18,19,20.
CONCLUSIÓN
La disfagia es un síndrome geriátrico basado en la dificultad para mover el bolo alimenticio desde la boca al estómago. Es un síndrome que sufren frecuentemente los ancianos frágiles, institucionalizados y enfermos crónicos, sobre todo pacientes neurológicos.
En la actualidad, los recursos tanto materiales como humanos dedicados a la prevención y diagnóstico de la disfagia orofaríngea son insuficientes. La mayoría van dirigidos al tratamiento de las complicaciones que presenta la disfagia, por lo que ésto ocasiona elevados costes en el sistema sanitario por no prevenir. Hasta el 50% de los pacientes que sufren disfagia y aspiraciones orofaríngeas presentarán una neumonía aspirativa con una alta tasa de mortalidad del 50%15. La gran mayoría de los pacientes con disfagia no están diagnosticados debido a la falta de educación sanitaria sobre prevalencia, mecanismos que la provocan, identificación de complicaciones y sobre el conocimiento de estrategias diagnósticas y terapéuticas adecuadas y, por tanto, no están tratados adecuadamente21, incluso se estima que el 40% de las disfagias son silentes11.
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ANEXO I: ALGORITMO DEL MÉTODO DE EXPLORACIÓN CLÍNICA VOLUMEN-VISCOSIDAD
Fuente:
Baena M, Molina G. Abordaje de la disfagia en enfermos de Alzheimer. Nutr Hosp. 201; 33 (3): 739-748.
