- Ignacio Ladrero Paños. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
- Laura Morales Blasco. Médico Interno Residente. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
- Mario Martínez Fleta. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
- Alejandra Ruiz Colodrero. Médico Interno Residente. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
- Alicia Viñas Barros. Médico Interno Residente, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, Aragón, España.
- Carlos Moreno Gálvez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
El dolor torácico constituye una de las principales urgencias médicas en el entorno perioperatorio y en unidades de cuidados críticos, con una etiología muy diversa que incluye causas cardiovasculares, pulmonares, gastrointestinales, musculoesqueléticas y psicogénicas. Este documento revisa la historia, fisiopatología, clasificación y factores de riesgo del dolor torácico, así como las herramientas diagnósticas y terapéuticas aplicadas tanto en quirófano como en UCI. Se hace hincapié en la necesidad de una evaluación sistemática y rápida mediante escalas clínicas, electrocardiograma (ECG), marcadores cardiacos, técnicas de imagen avanzada y ecografía en el punto de atención. El tratamiento debe ser específico según la etiología e incluir soporte hemodinámico, ventilación mecánica y analgesia controlada. El pronóstico depende de la causa subyacente y de la precocidad en el tratamiento. En anestesia y cuidados críticos, la vigilancia continua y la capacidad de respuesta ante eventos agudos son fundamentales para evitar la progresión de complicaciones potencialmente letales. Este trabajo subraya la relevancia del dolor torácico como marcador clínico crítico, abogando por una formación específica en su diagnóstico diferencial como competencia básica del anestesiólogo y el intensivista.
PALABRAS CLAVE
Dolor torácico, diagnóstico diferencial, anestesia.
ABSTRACT
Chest pain is one of the leading medical emergencies in perioperative and critical care settings, with a wide-ranging etiology that includes cardiovascular, pulmonary, gastrointestinal, musculoskeletal, and psychogenic causes. This paper reviews the history, pathophysiology, classification, and risk factors associated with chest pain, as well as diagnostic and therapeutic strategies used in the operating room and ICU. Emphasis is placed on the need for rapid and systematic evaluation through validated clinical scores, ECG, cardiac biomarkers, advanced imaging, and point-of-care ultrasound. Treatment must be tailored to the underlying cause and includes hemodynamic support, mechanical ventilation, and multimodal analgesia. Prognosis depends on early recognition and timely intervention. In anesthesia and critical care, continuous monitoring and prompt response to acute events are essential to prevent the escalation of potentially fatal complications. This article highlights the critical clinical significance of chest pain and advocates for its differential diagnosis as a core competency for anesthesiologists and intensivists.
KEY WORDS
Chest pain, differential diagnosis, anesthesia.
INTRODUCCIÓN
El dolor torácico constituye uno de los síntomas más prevalentes y clínicamente relevantes tanto en los servicios de urgencias como en el ámbito perioperatorio y de cuidados críticos. Su etiología es amplia y abarca desde patologías benignas hasta condiciones potencialmente mortales que requieren intervención inmediata. En el contexto anestésico y crítico, la aparición de dolor torácico impone un reto diagnóstico urgente, donde la identificación rápida de la causa subyacente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. El abordaje sistemático y estructurado, sustentado en una adecuada fisiopatología clínica y en herramientas diagnósticas efectivas, resulta esencial para optimizar la toma de decisiones terapéuticas, prevenir complicaciones y reducir la morbimortalidad asociada.
MATERIAL Y MÉTODO
Se ha realizado una revisión narrativa estructurada basada en fuentes bibliográficas de alto impacto indexadas en PubMed, Scopus y Web of Science. Se consultaron artículos originales, revisiones sistemáticas y guías clínicas publicadas entre los años 2015 y 2024. Se priorizó literatura relacionada con el manejo del dolor torácico en entornos de anestesia, cuidados intensivos y urgencias. Se utilizaron los términos MeSH “chest pain”, “differential diagnosis”, “anesthesia”, “critical care” y “perioperative management” para identificar estudios relevantes. La información fue sintetizada y organizada según los apartados clásicos de la práctica clínica: historia, definición, fisiopatología, clasificación, factores de riesgo, diagnóstico, tratamiento y pronóstico.
RESULTADOS
Historia:
El dolor torácico ha sido descrito desde la antigüedad como un síntoma de alarma. Hipócrates ya lo asociaba con enfermedades cardíacas y pulmonares. Con el desarrollo de la medicina moderna y la aparición de la electrocardiografía, las técnicas de imagen avanzada y las enzimas cardiacas, el diagnóstico diferencial del dolor torácico ha evolucionado de forma sustancial, especialmente en pacientes críticos y quirúrgicos, donde las manifestaciones clínicas pueden estar enmascaradas por el uso de anestesia o sedación¹.
Definición:
El dolor torácico se define como una sensación dolorosa, incómoda o de opresión localizada en la región comprendida entre el cuello y el abdomen superior. Puede deberse a múltiples causas: cardiovasculares, pulmonares, gastrointestinales, musculoesqueléticas, neurológicas o psicógenas. Desde el punto de vista clínico, el dolor torácico debe abordarse como un síndrome con etiología variable y evolución potencialmente grave².
Fisiopatología:
La fisiopatología del dolor torácico depende del sistema afectado. En las causas cardiovasculares, como el síndrome coronario agudo, se produce isquemia miocárdica con liberación de mediadores inflamatorios y activación de nociceptores. En el tromboembolismo pulmonar, la distensión de las arterias pulmonares y la hipoxia induce estimulación del plexo nervioso pulmonar. En causas gastrointestinales, como la rotura esofágica, se genera inflamación mediastínica y estimulación visceral³. Los anestesiólogos deben tener en cuenta que ciertos agentes anestésicos pueden modular la percepción del dolor o enmascarar los síntomas clínicos.
Clasificación:
El dolor torácico puede clasificarse en función de su etiología en cinco grandes grupos: cardíaco (infarto agudo de miocardio, pericarditis, disección aórtica), pulmonar (embolia pulmonar, neumotórax, neumonía), gastrointestinal (reflujo gastroesofágico, rotura esofágica), musculoesquelético (costocondritis, traumatismo) y psicógenas (trastorno de ansiedad o pánico)⁴. En el entorno quirúrgico o crítico, debe prestarse atención también a causas iatrogénicas como barotrauma, complicaciones de accesos venosos centrales o efectos secundarios farmacológicos.
Factores de riesgo:
Entre los factores predisponentes se encuentran la edad avanzada, hipertensión arterial, diabetes mellitus, dislipemia, tabaquismo, historia personal o familiar de enfermedad cardiovascular, inmovilización prolongada, cirugía reciente, sepsis y tratamientos con anticoagulantes o vasopresores⁵. En anestesia, el tipo de procedimiento quirúrgico y la técnica anestésica (por ejemplo, anestesia general vs regional) también condicionan el riesgo de dolor torácico agudo postoperatorio.
Diagnóstico:
El diagnóstico diferencial debe iniciarse con una historia clínica detallada y una exploración física dirigida. Se recomienda aplicar escalas clínicas validadas como el score de Wells para embolia pulmonar o el score de TIMI para isquemia miocárdica⁶. Las pruebas complementarias más relevantes incluyen ECG de 12 derivaciones, marcadores cardíacos (troponina ultrasensible, CK-MB), gasometría arterial, radiografía de tórax, ecocardiografía transtorácica o transesofágica, angio-TC pulmonar y ecografía pulmonar, especialmente útil en UCI⁷. En quirófano, la monitorización invasiva, la capnografía y la ecocardiografía intraoperatoria transesofágica son herramientas clave ante eventos agudos.
Tratamiento:
El tratamiento depende de la etiología. En el infarto agudo de miocardio, se indicará antiagregación, anticoagulación y reperfusión. En la disección aórtica, el control estricto de la presión arterial y la derivación quirúrgica son prioritarios. En el tromboembolismo pulmonar, el manejo incluye anticoagulación o trombólisis. En los pacientes críticos o anestesiados, la actuación debe ser inmediata, con soporte hemodinámico avanzado, ventilación mecánica si procede, y tratamiento etiológico específico. El dolor debe abordarse con analgesia multimodal, valorando los efectos hemodinámicos de los opioides, antiinflamatorios y anestésicos locales⁸.
Pronóstico:
El pronóstico varía según la causa subyacente, la precocidad del diagnóstico y la eficacia del tratamiento. Las causas cardíacas y pulmonares tienen mayor mortalidad si no se tratan de forma rápida. En el contexto perioperatorio, el dolor torácico puede ser signo de complicaciones graves como infarto perioperatorio o embolismo pulmonar postoperatorio, por lo que la vigilancia intensiva y el abordaje protocolizado son fundamentales⁹. La utilización de herramientas diagnósticas tempranas en UCI, como la ecografía en el punto de atención, ha demostrado mejorar la supervivencia y reducir los eventos adversos1⁰.
CONCLUSIONES
El dolor torácico representa un desafío diagnóstico multidimensional, especialmente en el ámbito perioperatorio y en unidades de cuidados críticos. Su abordaje debe basarse en una evaluación sistemática, priorizando las causas potencialmente letales mediante algoritmos clínicos eficaces y herramientas diagnósticas de alta sensibilidad. La implicación del anestesiólogo y del intensivista es crucial en la detección precoz, el manejo hemodinámico, el control analgésico y la aplicación de medidas terapéuticas definitivas. La formación continua en ecografía clínica, electrocardiografía avanzada y fisiopatología cardiovascular, junto con la implementación de protocolos interdisciplinarios, permite mejorar el pronóstico de los pacientes, reducir la morbilidad asociada y optimizar los resultados clínicos. En el entorno quirúrgico, una vigilancia estrecha y una respuesta rápida ante cambios clínicos permiten reducir significativamente la mortalidad asociada a eventos cardiovasculares o respiratorios agudos. Por tanto, el diagnóstico diferencial del dolor torácico debe considerarse una competencia esencial en el ejercicio profesional de la anestesia moderna y en el manejo integral del paciente crítico.
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