AUTORES
- Sara Chocarro Arróniz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Leyre Lecumberri Alzueta. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Amaia Ros Maiz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
RESUMEN
Introducción: La disfagia constituye un trastorno frecuente en población adulta y geriátrica, especialmente en personas con enfermedades neurológicas, neurodegenerativas y procesos asociados al envejecimiento. Su presencia se relaciona con desnutrición, deshidratación, neumonía aspirativa, aumento de hospitalizaciones y deterioro de la calidad de vida. Debido a sus consecuencias clínicas y funcionales, el abordaje precoz y multidisciplinar resulta fundamental en la práctica sanitaria y enfermera.
Objetivo: Examinar las principales repercusiones clínicas de la disfagia en personas adultas, especialmente aquellas relacionadas con el estado nutricional, la calidad de vida y las complicaciones derivadas del trastorno.
Metodología: Se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante búsqueda en CINAHL, Dialnet y Google Scholar. Se incluyeron artículos publicados entre 2015 y 2026, escritos en castellano o inglés y relacionados con disfagia, estado nutricional, calidad de vida, neumonía aspirativa y cuidados de enfermería. Se seleccionaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos, guías clínicas y artículos de revisión.
Resultados: La literatura revisada demuestra que la disfagia se asocia a un aumento significativo del riesgo de desnutrición, pérdida de peso, deshidratación y complicaciones respiratorias. Además, afecta negativamente al bienestar emocional, la autonomía y las relaciones sociales. El cribado precoz, la adaptación de texturas y la intervención multidisciplinar pueden disminuir complicaciones y mejorar la calidad de vida.
Discusión-conclusiones: La disfagia representa un importante problema de salud con repercusiones clínicas, nutricionales y psicosociales. Desde enfermería, el abordaje debe incluir detección precoz, vigilancia nutricional, educación sanitaria y prevención de aspiraciones. La intervención temprana puede reducir la morbimortalidad y favorecer una mejor evolución funcional.
PALABRAS CLAVE
Disfagia, trastornos de la deglución, desnutrición, calidad de vida, neumonía por aspiración.
ABSTRACT
Introduction: Dysphagia is a common disorder in adult and geriatric populations, especially among individuals with neurological and neurodegenerative diseases. It is associated with malnutrition, dehydration, aspiration pneumonia, increased hospitalization rates, and impaired quality of life.
Objective: To analyze the available scientific evidence regarding the clinical impact of dysphagia in adults in relation to nutritional status, quality of life, and risk of associated complications.
Methodology: A narrative bibliographic review was conducted using PubMed and SciELO databases. Articles published between 2015 and 2026 related to dysphagia, nutritional status, aspiration pneumonia, and nursing care were included.
Results: The reviewed literature shows that dysphagia is significantly associated with malnutrition, dehydration, weight loss, and respiratory complications. It also negatively affects emotional well-being, autonomy, and social relationships.
Discussion-conclusions: Dysphagia represents a major health problem with clinical, nutritional, and psychosocial consequences. Early multidisciplinary intervention and nursing care may reduce morbidity and improve patient outcomes.
KEY WORDS
Dysphagia, deglutition disorders, malnutrition, quality of life, aspiration pneumonia.
INTRODUCCIÓN
La disfagia se define como la dificultad o alteración en el proceso de deglución de alimentos, líquidos o saliva¹. Aunque puede aparecer a cualquier edad, su prevalencia aumenta significativamente en personas mayores y en pacientes con enfermedades neurológicas, neurodegenerativas o estructurales del tracto digestivo superior². En la actualidad, la disfagia se considera un importante problema sanitario por sus repercusiones nutricionales, respiratorias, funcionales y psicosociales.
La deglución normal implica un mecanismo complejo en el que participan estructuras musculares y neurológicas coordinadas. Este proceso se divide en fases oral, faríngea y esofágica. La alteración de cualquiera de estas fases puede provocar dificultad para transportar el bolo alimenticio de forma segura desde la cavidad oral hasta el estómago³. Dependiendo de la localización y causa, la disfagia puede clasificarse como orofaríngea o esofágica.
La disfagia orofaríngea es especialmente frecuente en pacientes con ictus, enfermedad de Parkinson, demencias, esclerosis lateral amiotrófica y fragilidad asociada al envejecimiento⁴. Algunos estudios estiman que hasta un 50% de los pacientes que han sufrido un ictus presentan alteraciones de la deglución durante la fase aguda⁵. Del mismo modo, en residencias y centros sociosanitarios la prevalencia puede superar el 40%, especialmente en personas con deterioro cognitivo o dependencia funcional⁶.
Muchos casos de disfagia permanecen infradiagnosticados, especialmente en pacientes mayores frágiles y en personas institucionalizadas. Esto favorece la aparición progresiva de complicaciones potencialmente graves y empeora el pronóstico funcional. El retraso diagnóstico también puede aumentar el riesgo de hospitalización, institucionalización y mortalidad⁷.
Entre las principales consecuencias clínicas de la disfagia destacan la desnutrición, la deshidratación y la neumonía aspirativa⁸. La dificultad para ingerir alimentos y líquidos de forma segura puede reducir la ingesta oral, provocar pérdida de peso y favorecer déficits nutricionales. Además, las aspiraciones silenciosas aumentan el riesgo de infecciones respiratorias sin presentar síntomas evidentes como tos o atragantamiento⁹.
En los últimos años, la relación entre disfagia y sarcopenia ha adquirido especial relevancia. La pérdida progresiva de masa y fuerza muscular puede afectar a la musculatura implicada en la deglución y empeorar la eficacia del proceso deglutorio¹⁰. A su vez, la disminución de la ingesta nutricional secundaria a la disfagia puede acelerar el deterioro muscular y aumentar la fragilidad.
La disfagia también se relaciona con síndromes geriátricos como fragilidad, dependencia funcional y deterioro cognitivo, especialmente en población institucionalizada y pacientes de edad avanzada. Estas alteraciones pueden favorecer una mayor vulnerabilidad clínica y empeorar la evolución funcional del paciente.
La repercusión de la disfagia no se limita únicamente al plano físico. Numerosos pacientes experimentan ansiedad, miedo a comer, aislamiento social y disminución de la calidad de vida¹¹. La alimentación constituye un componente esencial de la interacción social y cultural, por lo que las restricciones dietéticas y las dificultades para comer pueden afectar negativamente al bienestar emocional y la autonomía personal.
Las modificaciones de textura y el uso de espesantes representan medidas habituales en el manejo de la disfagia. Sin embargo, algunos pacientes muestran rechazo hacia las dietas adaptadas debido a cambios en el sabor, textura y aspecto de los alimentos¹². Esto puede disminuir la adherencia terapéutica y favorecer una menor ingesta hídrica y calórica.
En los últimos años, diferentes guías clínicas han destacado la importancia del cribado precoz y del abordaje multidisciplinar de la disfagia¹³. La evaluación clínica de la deglución, las modificaciones de textura, la rehabilitación logopédica y el soporte nutricional representan estrategias fundamentales para prevenir complicaciones y mejorar la seguridad alimentaria del paciente.
Desde el ámbito enfermero, la disfagia constituye un problema frecuente en hospitales, residencias y atención primaria. El personal de enfermería desempeña un papel clave en la detección precoz, vigilancia de signos de aspiración, supervisión de la alimentación y educación sanitaria tanto del paciente como de los cuidadores¹⁴. Además, la continuidad asistencial y el seguimiento nutricional son esenciales para evitar el deterioro funcional y los reingresos hospitalarios.
La correcta administración de alimentos y líquidos adaptados constituye una medida fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y disminuir el riesgo de aspiración. Además, la educación dirigida a cuidadores informales resulta esencial para mejorar la adherencia a las recomendaciones dietéticas y prevenir complicaciones en el domicilio.
El envejecimiento progresivo de la población y el aumento de enfermedades neurológicas crónicas hacen prever un incremento de la prevalencia de disfagia en las próximas décadas. Esto convierte a la disfagia en un importante reto sociosanitario, especialmente en ámbitos hospitalarios, residenciales y de atención primaria.
En consecuencia, resulta fundamental analizar la evidencia científica disponible sobre sus consecuencias clínicas y las estrategias de intervención más eficaces desde una perspectiva multidisciplinar y enfermera.
OBJETIVOS
Objetivo general:
Examinar las principales repercusiones clínicas de la disfagia en personas adultas, especialmente aquellas relacionadas con el estado nutricional, la calidad de vida y las complicaciones derivadas del trastorno.
Objetivos específicos:
- Describir las principales consecuencias nutricionales derivadas de la disfagia en población adulta.
- Analizar la repercusión de la disfagia sobre la calidad de vida y el bienestar psicosocial.
- Mostrar las complicaciones clínicas más frecuentes relacionadas con la disfagia.
- Valorar el papel de enfermería en la detección precoz, prevención de complicaciones y educación sanitaria en pacientes con disfagia.
METODOLOGÍA
El presente trabajo se elaboró mediante una revisión narrativa de la literatura científica centrada en las consecuencias clínicas y nutricionales de la disfagia en adultos.
La localización de artículos científicos se realizó en las bases de datos CINAHL, Dialnet y Google Scholar, debido a su amplia cobertura en ciencias de la salud, enfermería y nutrición clínica. Se revisaron estudios científicos centrados en disfagia, complicaciones respiratorias, soporte nutricional y cuidados asistenciales.
Para la selección de estudios se consideraron publicaciones relacionadas con disfagia orofaríngea en población adulta, así como investigaciones centradas en desnutrición, deshidratación, neumonía aspirativa, calidad de vida, abordaje multidisciplinar y cuidados de enfermería. Se incluyeron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos, guías de práctica clínica y artículos de revisión narrativa considerados relevantes para el tema de estudio.
Se excluyeron estudios centrados exclusivamente en población pediátrica, publicaciones relacionadas únicamente con técnicas quirúrgicas o tratamientos farmacológicos sin relación con cuidados clínicos o nutricionales, así como artículos duplicados o sin acceso completo al texto.
Tras la selección bibliográfica, se efectuó una lectura crítica de los artículos incluidos para identificar los principales hallazgos relacionados con las consecuencias clínicas de la disfagia, sus repercusiones nutricionales y psicosociales, así como las principales estrategias de intervención y prevención utilizadas en la práctica clínica.
La información obtenida se organizó en diferentes apartados temáticos para facilitar el análisis y la exposición de los resultados. Finalmente, se sintetizó la evidencia disponible desde una perspectiva clínica y enfermera, destacando la importancia de la detección precoz, el seguimiento nutricional y el abordaje multidisciplinar en pacientes con disfagia.
RESULTADOS
Impacto nutricional:
La literatura revisada confirma que la disfagia orofaríngea se asocia directamente con malnutrición y pérdida de peso¹⁵. La dificultad para ingerir alimentos de forma segura provoca reducción de la ingesta calórica y proteica, así como disminución del consumo hídrico. Esto favorece la aparición de sarcopenia, fragilidad y deterioro del estado general, especialmente en personas mayores institucionalizadas¹⁶.
La sarcopenia relacionada con la disfagia constituye actualmente una línea de investigación de gran interés. La pérdida de masa muscular afecta no solo a la movilidad global del paciente, sino también a la musculatura implicada en la deglución¹⁰. Esta situación puede generar un círculo vicioso en el que la disfagia favorece desnutrición y pérdida muscular, mientras que la sarcopenia empeora la capacidad deglutoria.
La deshidratación constituye otra complicación frecuente en pacientes con disfagia. Las restricciones de líquidos y el miedo a la aspiración pueden reducir la ingesta hídrica diaria, aumentando el riesgo de insuficiencia renal, alteraciones electrolíticas e infecciones urinarias¹⁷. Algunos autores señalan que la hidratación insuficiente representa uno de los principales problemas clínicos en pacientes con dietas adaptadas por disfagia.
Complicaciones respiratorias y hospitalarias:
La neumonía aspirativa es considerada una de las complicaciones más graves relacionadas con la disfagia¹⁸. Las aspiraciones de saliva, líquidos o alimentos hacia la vía respiratoria aumentan el riesgo de infecciones pulmonares, especialmente en pacientes con deterioro neurológico o dependencia funcional.
Diferentes investigaciones muestran que la disfagia incrementa la duración de las hospitalizaciones y los reingresos hospitalarios¹⁹. Los pacientes con disfagia presentan mayor incidencia de complicaciones respiratorias, necesidad de soporte nutricional y peor evolución funcional durante el ingreso hospitalario.
Además, se ha observado un aumento del gasto sanitario relacionado con estancias prolongadas y tratamientos de complicaciones infecciosas.
Impacto en la calidad de vida:
La literatura evidencia importantes repercusiones emocionales y sociales²⁰. Muchos pacientes experimentan ansiedad, vergüenza o miedo durante las comidas debido al riesgo de atragantamiento.
La alimentación posee un importante componente cultural y social. Por ello, las modificaciones de textura y la dificultad para compartir comidas pueden afectar negativamente al bienestar psicológico del paciente²¹. Algunos estudios describen sentimientos de frustración, pérdida de placer al comer y síntomas depresivos en personas con disfagia crónica.
Además, las restricciones dietéticas y la necesidad de supervisión pueden disminuir la autonomía personal y favorecer el aislamiento social.
Cribado y diagnóstico:
Las guías clínicas actuales recomiendan el cribado precoz de disfagia en pacientes de riesgo, especialmente tras un ictus, en enfermedades neurodegenerativas y en personas mayores frágiles²².
Entre las herramientas de cribado más utilizadas destacan el MECV-V y la escala EAT-10²²,²³. Estas pruebas permiten identificar pacientes con riesgo de aspiración o alteraciones de la eficacia de la deglución de forma rápida y sencilla en diferentes ámbitos asistenciales.
Además, técnicas instrumentales como la videofluoroscopia o la fibroendoscopia permiten evaluar alteraciones fisiológicas y riesgo de aspiración con mayor precisión diagnóstica.
Intervenciones terapéuticas y papel de enfermería:
La adaptación de texturas constituye una de las principales estrategias terapéuticas²⁴. La utilización de líquidos espesados y alimentos modificados puede mejorar la seguridad deglutoria y reducir aspiraciones.
La rehabilitación de la deglución mediante ejercicios específicos y terapia logopédica ha mostrado beneficios en determinados pacientes²⁵. Estas intervenciones buscan mejorar la coordinación muscular, aumentar la eficacia de la deglución y disminuir el riesgo de penetración o aspiración.
El abordaje multidisciplinar resulta fundamental en el manejo de la disfagia²⁶. La coordinación entre enfermería, medicina, nutrición y logopedia permite una atención más completa y adaptada a las necesidades del paciente.
Desde enfermería, las intervenciones incluyen vigilancia durante las comidas, control del estado nutricional, educación sanitaria y prevención de aspiraciones²⁷. La correcta posición del paciente, la supervisión de la alimentación y la detección de signos de alarma son medidas esenciales para disminuir complicaciones.
Además, enfermería desempeña un papel importante en la educación de familiares y cuidadores. Las recomendaciones sobre postura, velocidad de ingesta, adaptación de texturas y signos de aspiración pueden mejorar la seguridad alimentaria y favorecer la adherencia terapéutica.
En pacientes hospitalizados, la enfermera también participa en la detección de signos clínicos compatibles con aspiración, como tos durante las comidas, cambios en la voz, fiebre recurrente o desaturación de oxígeno. La vigilancia continuada puede facilitar la derivación precoz a otros profesionales y evitar complicaciones respiratorias.
De forma global, los resultados revisados indican que la disfagia representa un problema complejo con importantes repercusiones clínicas, nutricionales y psicosociales. La detección precoz y la intervención multidisciplinar son fundamentales para reducir complicaciones y mejorar la calidad de vida.
DISCUSIÓN- CONCLUSIONES
La evidencia analizada confirma que la disfagia representa un importante problema de salud en población adulta y geriátrica. Su presencia se asocia a complicaciones nutricionales, respiratorias y funcionales que pueden incrementar la morbimortalidad y deteriorar significativamente la calidad de vida¹⁵,¹⁸.
La desnutrición y la deshidratación aparecen como algunas de las consecuencias más frecuentes de la disfagia. La disminución de la ingesta oral y las limitaciones alimentarias favorecen la pérdida de peso, la fragilidad y el deterioro funcional, especialmente en pacientes mayores y dependientes. Estas alteraciones pueden aumentar el riesgo de hospitalización y empeorar la evolución clínica.
La relación entre disfagia y sarcopenia adquiere especial importancia en personas mayores. La pérdida de masa muscular puede empeorar la capacidad deglutoria y favorecer la progresión del deterioro funcional¹⁰. Por ello, el abordaje nutricional precoz y el seguimiento del estado funcional resultan fundamentales para prevenir complicaciones.
La neumonía aspirativa continúa siendo una de las complicaciones más graves relacionadas con la disfagia¹⁸. La aspiración de alimentos y secreciones respiratorias puede desencadenar infecciones pulmonares severas y aumentar la mortalidad. Por ello, el cribado precoz y la detección de aspiraciones silenciosas resultan fundamentales en pacientes de riesgo.
Los estudios revisados también reflejan un importante impacto psicosocial. Las dificultades para comer, las restricciones dietéticas y el miedo al atragantamiento pueden generar aislamiento social, ansiedad y pérdida de autonomía²⁰. En consecuencia, el abordaje de la disfagia no debe limitarse únicamente a aspectos físicos o nutricionales, sino incluir una perspectiva biopsicosocial.
Actualmente, uno de los principales problemas relacionados con la disfagia es el infradiagnóstico, especialmente en personas mayores institucionalizadas y pacientes con deterioro neurológico. La ausencia de protocolos de cribado sistemático puede retrasar la identificación de alteraciones de la deglución y favorecer la aparición de complicaciones potencialmente evitables.
El manejo multidisciplinar representa uno de los pilares fundamentales en el tratamiento de la disfagia²⁶. La coordinación entre profesionales sanitarios permite adaptar las intervenciones a las características individuales del paciente y mejorar los resultados clínicos.
Desde enfermería, la detección precoz y la vigilancia clínica desempeñan un papel esencial. La valoración del riesgo de aspiración, la supervisión durante la alimentación y la educación sanitaria pueden contribuir a disminuir complicaciones y mejorar la adherencia a las recomendaciones terapéuticas²⁷. Además, el acompañamiento a familiares y cuidadores resulta clave para garantizar cuidados seguros en el domicilio o en instituciones sociosanitarias.
Entre las limitaciones de esta revisión destaca la heterogeneidad de los estudios incluidos y la variabilidad de las poblaciones analizadas, lo que puede dificultar la comparación de resultados entre investigaciones.
La formación específica de los profesionales sanitarios en el manejo de la disfagia también resulta fundamental. La implantación de protocolos de cribado y programas de educación sanitaria podría mejorar la detección precoz y disminuir las complicaciones asociadas a la disfagia en población adulta y geriátrica.
En conclusión, la disfagia constituye una alteración frecuente y potencialmente grave que afecta al estado nutricional, la calidad de vida y el riesgo de complicaciones respiratorias en adultos. La identificación precoz y el abordaje multidisciplinar son fundamentales para mejorar la evolución clínica y reducir la morbimortalidad asociada.
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