- Mirian Cazalla García. Graduada en Fisioterapia por la Universidad de Cádiz. Fisioterapeuta en Residencia de Mayores Vitalia Home. Zaragoza, España.
- Mª Vanesa Serrano Martínez. Diplomada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en el Sector II Zaragoza. Zaragoza, España.
- Daniel Aquillué Ramírez. Graduado en Fisioterapia por la Universidad de Zaragoza. Fisioterapeuta del Centro de Atención a la Discapacidad de Huesca (Centro Base). Huesca, España.
- María García Miguel. Graduada en Terapia Ocupacional por la Universidad de Zaragoza. Terapeuta Ocupacional en Vitalia en Zaragoza. Zaragoza, España.
- Andrés Martí Pellicer. Graduado en Fisioterapia por la Universidad de Zaragoza. Fisioterapeuta de la Asociación Aragonesa para Problemas de Crecimiento de Zaragoza. Zaragoza, España.
- Ana Carmen Serrano Martínez. Diplomada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza y Graduada en Fisioterapia por la Universidad San Jorge. Enfermera en el Centro de Salud Fuentes de Ebro. Zaragoza, España.
RESUMEN
La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo caracterizado por la pérdida de neuronas dopaminérgicas y la aparición de síntomas motores y no motores que afectan la funcionalidad y la calidad de vida. El ejercicio terapéutico constituye una intervención no farmacológica clave, capaz de mejorar la función motora, el equilibrio, la movilidad y la marcha. Esta revisión sistemática analiza cinco ensayos clínicos que comparan los efectos de la terapia acuática frente al ejercicio en tierra en pacientes con EP en estadios I a III según la escala de Hoehn y Yahr. Los estudios muestran que ambos tipos de intervención producen mejoras significativas en variables motoras y funcionales, pero la terapia acuática ofrece beneficios adicionales en equilibrio, marcha y percepción de seguridad, al aprovechar las propiedades del agua como la flotabilidad y la resistencia hidrodinámica. Los resultados también sugieren que la combinación de modalidades acuática y terrestre puede optimizar los efectos terapéuticos, promoviendo una mayor independencia funcional y calidad de vida. La evidencia disponible respalda la inclusión de programas de ejercicio estructurado adaptados a las capacidades de cada paciente dentro de estrategias de rehabilitación integrales, con seguimiento y supervisión profesional. Esta revisión aporta información relevante sobre la eficacia relativa de distintas modalidades de ejercicio, contribuyendo a la planificación de intervenciones personalizadas que mejoren el desempeño físico y el bienestar de las personas con Parkinson.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad de Parkinson, terapia acuática, hidroterapia, ejercicio en tierra, ejercicio terapéutico, función motora, equilibrio, calidad de vida.
ABSTRACT
Parkinson’s disease (PD) is a neurodegenerative disorder characterized by the loss of dopaminergic neurons and the onset of motor and non-motor symptoms that impair functionality and quality of life. Therapeutic exercise is a key non-pharmacological intervention capable of improving motor function, balance, mobility, and gait. This systematic review analyzes five clinical trials comparing aquatic therapy versus land-based exercise in patients with PD at stages I to III according to the Hoehn and Yahr scale. The studies show that both interventions produce significant improvements in motor and functional outcomes, but aquatic therapy provides additional benefits in balance, gait, and perceived safety by leveraging water properties such as buoyancy and hydrodynamic resistance. Results also suggest that combining aquatic and land-based modalities may optimize therapeutic effects, promoting greater functional independence and quality of life. Available evidence supports the inclusion of structured exercise programs tailored to each patient’s abilities within comprehensive rehabilitation strategies, with professional supervision and follow-up. This review provides relevant information on the relative effectiveness of different exercise modalities, contributing to the design of personalized interventions that enhance physical performance and well-being in individuals with Parkinson’s disease.
KEY WORDS
Parkinson’s disease, aquatic therapy, hydrotherapy, land-based exercise, therapeutic exercise, motor function, balance, quality of life.
INTRODUCCIÓN
La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo progresivo del sistema nervioso central, caracterizado por la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra pars compacta, lo que conduce a un déficit de dopamina que altera el control motor. Esta degeneración produce los síntomas motores clásicos de la EP —como bradicinesia, temblor de reposo, rigidez e inestabilidad postural—, así como una amplia gama de síntomas no motores que afectan el estado afectivo, cognitivo y autonómico del paciente. No existe cura para la enfermedad y su prevalencia aumenta con la edad, siendo uno de los trastornos neurodegenerativos más frecuentes a nivel mundial1.
La progresión de la EP se evalúa clínicamente mediante escalas de estadificación funcional, entre las que destaca la escala de Hoehn y Yahr, ampliamente utilizada para describir el grado de discapacidad y la progresión de los síntomas motores. Esta escala clasifica a los pacientes en distintos estadios de enfermedad, siendo los estadios I a III indicativos de enfermedad leve a moderada, en los que los pacientes conservan la capacidad de deambulación y ciertas actividades diarias, aunque ya presentan alteraciones en el equilibrio y la marcha que influyen en su funcionalidad. Estudios clínicos realizados en pacientes con EP en estadios 1.5–3.0 de Hoehn y Yahr han mostrado que los programas de rehabilitación pueden mejorar significativamente el equilibrio y la marcha, aspectos fundamentales para mantener la independencia y prevenir caídas2.
El ejercicio terapéutico constituye una intervención no farmacológica fundamental en el manejo de la enfermedad de Parkinson, complementando los tratamientos sintomáticos. Programas de ejercicio físico estructurado han demostrado beneficios clínicos en la función motora, el equilibrio, la movilidad y la marcha en personas con Parkinson. Intervenciones de rehabilitación centradas en ejercicios de movilidad, equilibrio y marcha han mostrado mejoras significativas tanto en variables motoras como en desempeño físico general, lo que respalda la inclusión de diferentes modalidades de ejercicio, ya sea en tierra firme o en medio acuático, como parte de abordajes terapéuticos integrales3.
La literatura específica sobre programas de ejercicio indica que la modalidad de aplicación puede potenciar los beneficios clínicos. Según la guía de la American Parkinson Disease Association, el ejercicio acuático proporciona un entorno seguro y controlado que facilita la realización de movimientos de equilibrio, fuerza y movilidad, aprovechando propiedades físicas del agua como la flotabilidad, la resistencia y la presión hidrostática, lo que disminuye la carga articular y el miedo a las caídas. Estas condiciones permiten a los pacientes ejecutar ejercicios más completos y de mayor intensidad, favoreciendo la mejora de la estabilidad postural, la marcha y la funcionalidad general. Por otro lado, los programas de ejercicio en tierra firme, descritos en documentos de la Parkinson’s Foundation, continúan siendo esenciales para mantener y potenciar la fuerza muscular, la coordinación, la flexibilidad y la independencia funcional en las actividades de la vida diaria. La combinación de ambas modalidades —acuática y terrestre— ofrece un enfoque integral que optimiza el control motor, el equilibrio y la movilidad, al tiempo que contribuye a mejorar la percepción de calidad de vida de los pacientes, reforzando la importancia de incluir diferentes estrategias de ejercicio dentro de los planes de rehabilitación multidimensionales4.
La pérdida de equilibrio y la reducción de la capacidad de marcha son marcadores clave de discapacidad en la EP y se asocian directamente con una menor calidad de vida. Estudios clínicos han evidenciado que un peor desempeño en pruebas de equilibrio y menor distancia recorrida en pruebas de marcha se correlaciona con una percepción reducida de calidad de vida en aspectos como movilidad, actividades de la vida diaria y bienestar general, reforzando la necesidad de intervenciones de ejercicio terapéutico adaptadas a las capacidades y limitaciones de cada paciente5.
A pesar de la existencia de revisiones sistemáticas previas que han comparado la terapia acuática y el ejercicio en tierra en pacientes con enfermedad de Parkinson, como la publicada por Santamaría et al., 6 la evidencia disponible presenta una considerable heterogeneidad metodológica. En particular, dichas revisiones incluyen estudios con distintos diseños, amplios rangos de edad, diversos estadios de la enfermedad y una gran variabilidad en los protocolos de intervención y en las variables de resultado analizadas, lo que dificulta la interpretación clínica de los hallazgos. Además, muchas de ellas no restringen su análisis a ensayos clínicos aleatorizados ni diferencian de forma específica los efectos de las intervenciones en estadios tempranos de la enfermedad. Por ello, resulta pertinente la realización de la presente revisión sistemática, centrada exclusivamente en ensayos clínicos aleatorizados que comparan la terapia acuática y el ejercicio en tierra en pacientes con enfermedad de Parkinson en estadios I–III, con el objetivo de proporcionar una síntesis más homogénea y clínicamente relevante sobre sus efectos en la función motora, el equilibrio y la calidad de vida6.
El objetivo general de esta revisión sistemática es evaluar y comparar los efectos de la terapia acuática y del ejercicio terapéutico en tierra sobre la función motora, el equilibrio y la calidad de vida en pacientes con enfermedad de Parkinson en estadios I–III, a partir de la evidencia disponible en ensayos clínicos aleatorizados. Como objetivos específicos, se plantean varios como analizar las características metodológicas de los ensayos clínicos aleatorizados incluidos; describir los efectos de ambas modalidades de ejercicio sobre la función motora; comparar los efectos de la terapia acuática y del ejercicio en tierra sobre el equilibrio y la movilidad funcional; y evaluar el impacto de las intervenciones sobre la calidad de vida de los pacientes con enfermedad de Parkinson.
MÉTODO
El desarrollo de este trabajo se ha llevado a cabo siguiendo un diseño de tipo clínico, incluyendo estudios clínicos aleatorizados, con el objetivo de comparar los efectos de dos tipos de intervenciones de ejercicio terapéutico (terapia acuática vs terapia en tierra) entre un grupo experimental y un grupo control/comparador. Además, se realiza siguiendo las directrices establecidas por la declaración PRISMA 7 (ANEXO 1). A continuación, se describen los participantes, los criterios de inclusión y exclusión, así como las características de las intervenciones aplicadas.
Los artículos seleccionados contienen un total de 125 participantes con sexo femenino y masculino.
Los criterios de inclusión se basaron en el modelo PICO (Tabla 1. Modelo PICO. Fuente: Elaboración propia. ANEXO 2) e incluyeron:
- Pacientes con enfermedad de Parkinson, de ambos sexos.
- Edad ≥ 55 años.
- Estadio I–III de la enfermedad según la escala de Hoehn & Yahr.
- Ensayos clínicos aleatorizados.
- Capacidad de caminar y mantenerse de pie, con o sin asistencia; no dependientes de silla de ruedas o cama.
- Consentimiento informado.
- Intervención: terapia acuática (Ai Chi, hidroterapia) o ejercicio en tierra (fuerza, equilibrio, marcha).
En los criterios de exclusión se excluyeron estudios o pacientes que presentaran:
- Comorbilidades graves, como cardiopatías, problemas respiratorios o hipertensión no controlada.
- Alteraciones cognitivas severas que impidieran seguir instrucciones (demencia avanzada).
- Inestabilidad clínica, incluyendo exacerbaciones recientes de la enfermedad o caídas frecuentes graves.
- Contraindicaciones para ejercicio acuático, como infecciones de piel, heridas abiertas o fobia al agua.
- Participación reciente en programas de ejercicio similares, que pudiera interferir con la intervención estudiada.
En cuanto a las intervenciones, de los cinco estudios incluidos, todos fueron ensayos clínicos aleatorizados, comparando terapia acuática con ejercicios en tierra, aunque Carroll et al., 2017 8 incluyó como grupo comparador el cuidado habitual (usual care), es decir, sin ejercicio. Los estudios sobre terapia acuática se centraron en diferentes técnicas, destacando Ai Chi en los estudios de Pérez-de-la-Cruz (2017, 2018) 9–10 , y programas de hidroterapia genérica en Carroll et al., 20178, Vivas et al., 2011 11 y Volpe et al., 2014 12. En todos los casos, la intervención acuática se diseñó para mejorar la función motora, el equilibrio y la movilidad funcional, aprovechando las propiedades del entorno acuático, como la flotabilidad y la resistencia del agua, que facilitan el desplazamiento y reducen el riesgo de caídas.
La frecuencia y duración de las intervenciones fue variable entre los estudios. Carroll et al., 20178, Pérez-de-la-Cruz (2017)9 y Vivas et al., 201111 realizaron sesiones de 45 minutos, dos veces por semana, mientras que Pérez-de-la-Cruz (2018)10 mantuvo la misma duración y frecuencia durante 11 semanas, y Volpe et al., 2014 12 aplicó sesiones más intensivas, de 60 minutos, cinco veces por semana, durante ocho semanas. Solo Carroll et al., 20178 incluyó un grupo control pasivo, mientras que los otros cuatro estudios compararon directamente la intervención acuática con ejercicio en tierra, generalmente compuesto por programas de fuerza, equilibrio y marcha, con sesiones similares en duración y frecuencia.
La variable principal estudiada en todos los ensayos fue la función motora, medida mediante escalas reconocidas como UPDRS II/III y pruebas funcionales como TUG o gait variability. En cuatro de los estudios se evaluó específicamente el equilibrio, utilizando escalas como BBS, FRT, ABC scale o COP sway. Además, tres estudios midieron la calidad de vida, mediante PDQ-39 y escalas de miedo a caídas (FES), y Pérez-de-la-Cruz (2017)9 incluyó como variable adicional la percepción de dolor (VAS). Algunos estudios, como Volpe et al., 201412, también registraron caídas durante el período de intervención y bradicinesia.
Es importante destacar que, aunque todas las intervenciones compartieron objetivos similares, existen diferencias metodológicas relevantes entre los estudios. Por un lado, la técnica acuática utilizada varió entre Ai Chi y programas generales de hidroterapia, mientras que los ejercicios en tierra diferían ligeramente en su selección, intensidad y enfoque terapéutico. A pesar de estas diferencias, los estudios compartieron parámetros consistentes en cuanto a duración de las sesiones, frecuencia semanal y metas terapéuticas.
En relación con la medición de outcomes, todos los estudios emplearon instrumentos validados, aunque algunas evaluaciones, como el equilibrio, utilizaron escalas diferentes (BBS, FRT, ABC scale, COP sway). Además, los estudios contemplaron tanto grupo experimental (acuático) como grupo comparador (ejercicio en tierra o cuidado habitual), lo que proporciona un marco metodológico homogéneo para analizar la eficacia relativa de la terapia acuática frente a otras modalidades de ejercicio y permite comparar los efectos sobre función motora, equilibrio y calidad de vida en pacientes con Parkinson. En el apartado de anexos se incluye una tabla con las características más destacadas de las intervenciones contempladas en los estudios, incluyendo los instrumentos de medición utilizados: (Tabla 2. Características de las intervenciones. Fuente: Elaboración propia. Anexo 3).
RESULTADOS
Todos los estudios incluidos evaluaron los efectos de la terapia acuática frente al ejercicio en tierra o cuidado habitual en pacientes con enfermedad de Parkinson en estadios leves a moderados. En términos generales, los resultados indican que la terapia acuática produce mejoras en función motora, equilibrio y calidad de vida, aunque la magnitud de estas mejoras y su significancia varían según la intervención y las medidas empleadas.
En cuanto a la función motora, Carroll et al. (2017)8 reportó que los pacientes que realizaron ejercicio acuático mostraron mejoras significativas en la variabilidad de la marcha y en la puntuación total de UPDRS, en comparación con el grupo de cuidado habitual, evidenciando que incluso un programa acuático moderado puede favorecer la movilidad funcional. De manera similar, Pérez-de-la-Cruz (2017, 2018) 9–10 encontró que los participantes en Ai Chi acuático tuvieron reducciones significativas en la puntuación de UPDRS II/III y mejoraron el rendimiento en pruebas funcionales como TUG, en comparación con los grupos de ejercicio en tierra, sugiriendo un beneficio adicional de la intervención acuática sobre la fuerza y el equilibrio funcional. Vivas et al. (2011) 11 también reportó mejoras en UPDRS III y TUG, aunque debido al tamaño reducido del estudio, estas diferencias fueron menos pronunciadas, aunque consistentes con los resultados de otros ensayos. Por su parte, Volpe et al. (2014)12 encontró mejoras en UPDRS II/III y en medidas de movilidad funcional tanto en el grupo acuático como en el grupo de ejercicio en tierra, con diferencias ligeramente superiores en el grupo acuático, especialmente en pacientes con menor estabilidad inicial.
Respecto al equilibrio, los estudios coincidieron en que la terapia acuática aporta beneficios notables. Pérez-de-la-Cruz (2017, 2018)9-10 y Vivas et al. (2011)11 observaron mejoras significativas en BBS y FRT en los grupos de Ai Chi o hidroterapia, comparados con ejercicios en tierra. Volpe et al. (2014)12 reportó una reducción de la oscilación postural medida mediante COP sway y un incremento en la puntuación de la ABC scale, destacando que la interacción con el medio acuático facilita la reeducación postural y la confianza en el equilibrio. Carroll et al. (2017) 8 también evidenció mejoras en la marcha y estabilidad postural frente al grupo sin ejercicio, lo que refuerza la relevancia de la intervención acuática en este ámbito.
En términos de calidad de vida, Pérez-de-la-Cruz (2017, 2018)9-10 y Volpe et al. (2014)12 evaluaron la percepción de los pacientes mediante PDQ-39 y FES. Los resultados muestran que los grupos acuáticos presentaron mejoras en la movilidad percibida, menor temor a caídas y mayor satisfacción con la actividad diaria, comparados con los grupos de ejercicio en tierra o cuidado habitual. Carroll et al. (2017)8 también reportó mejoras en PDQ-39, aunque con un tamaño de muestra más reducido.
Finalmente, algunas variables secundarias como dolor, bradicinesia y registro de caídas fueron evaluadas en ciertos estudios. Pérez-de-la-Cruz (2017)9 encontró reducciones en dolor medido por VAS en el grupo de Ai Chi, mientras que Volpe et al. (2014)12 reportó menos incidentes de caídas durante el período de intervención en el grupo acuático. Estas medidas secundarias refuerzan la idea de que la terapia acuática no solo mejora la función motora y el equilibrio, sino que también puede contribuir a la seguridad y el bienestar general de los pacientes.
En conjunto, los resultados de los cinco estudios sugieren que, si bien el ejercicio en tierra también genera mejoras significativas, la terapia acuática puede ofrecer beneficios adicionales en equilibrio, movilidad funcional y percepción de calidad de vida, especialmente en pacientes con mayor inestabilidad inicial. Esto proporciona un marco sólido para analizar la eficacia relativa de las distintas modalidades de ejercicio en Parkinson y fundamenta la importancia de considerar la terapia acuática como una intervención complementaria dentro de los programas de rehabilitación.
En los cinco estudios se observaron mejoras en función motora, equilibrio y calidad de vida tras las intervenciones, tanto en los grupos de terapia acuática como en los de ejercicio en tierra o cuidado habitual. La magnitud y significancia de los efectos variaron entre los estudios y entre las variables evaluadas, con algunas diferencias leves en favor del grupo acuático en medidas de equilibrio y movilidad funcional en ciertos ensayos.
DISCUSIÓN
Los cinco estudios incluidos en esta revisión sistemática evaluaron los efectos de la terapia acuática frente al ejercicio en tierra o cuidado habitual en pacientes con enfermedad de Parkinson en estadios leves a moderados. En general, todos los estudios reportaron mejoras en función motora, equilibrio y calidad de vida, aunque la magnitud de los efectos y la significancia estadística variaron entre los ensayos.
En términos de función motora, la terapia acuática demostró ser efectiva en la mayoría de los estudios, mostrando reducciones en las puntuaciones de UPDRS II/III y mejoras en pruebas funcionales como TUG y gait variability. Esto sugiere que los programas acuáticos, al ofrecer un entorno seguro y con resistencia hidrodinámica, pueden favorecer la movilidad funcional y la coordinación de los pacientes con Parkinson. Sin embargo, los ejercicios en tierra también generaron mejoras significativas, lo que indica que la actividad física estructurada, independientemente del medio, contribuye al mantenimiento y mejora de la función motora en esta población.
Respecto al equilibrio, los estudios evidenciaron que la terapia acuática, especialmente técnicas como Ai Chi, puede ofrecer ventajas sobre el ejercicio en tierra, probablemente debido a la flotabilidad y el soporte hidrodinámico que permiten realizar movimientos más amplios con menor riesgo de caídas. Los resultados del BBS, FRT, COP sway y ABC scale coinciden en que los pacientes mejoran la estabilidad postural y la confianza en el equilibrio tras programas de hidroterapia.
En cuanto a la calidad de vida, los datos reportados por Pérez-de-la-Cruz (2017, 2018)9-10 y Volpe et al. (2014)12 muestran mejoras en movilidad percibida y reducción del miedo a caídas en los grupos acuáticos. No obstante, algunos estudios detectaron mejoras similares en los grupos de ejercicio en tierra, lo que sugiere que ambos tipos de intervención pueden impactar positivamente en la percepción del bienestar y la funcionalidad diaria.
Al analizar las diferencias metodológicas, es importante destacar la heterogeneidad en duración y frecuencia de las intervenciones (4–11 semanas, 2–5 sesiones semanales), así como la variación en técnicas acuáticas y en tierra. A pesar de estas diferencias, los resultados son consistentes en indicar que la actividad física estructurada produce efectos beneficiosos en los pacientes con Parkinson, y que la terapia acuática podría tener un ligero efecto adicional en equilibrio y movilidad funcional, especialmente en pacientes con mayor inestabilidad.
Se debe tener en cuenta que el tamaño muestral de algunos estudios, especialmente los pilotos, es limitado, lo que podría afectar la potencia estadística y la generalización de los resultados. Además, la heterogeneidad en las escalas utilizadas para medir los outcomes dificulta la comparación directa entre estudios, aunque todas son instrumentos validados y reconocidos en la práctica clínica.
CONCLUSIONES
En conjunto, la evidencia analizada indica que tanto la terapia acuática como el ejercicio terapéutico en tierra producen mejoras significativas en la función motora, el equilibrio y la calidad de vida en pacientes con enfermedad de Parkinson en estadios leves a moderados. Los estudios incluidos muestran que ambas modalidades de ejercicio son eficaces para abordar las principales limitaciones funcionales asociadas a la enfermedad, contribuyendo a mejorar el desempeño motor y la autonomía de los pacientes. En algunos estudios, la terapia acuática presentó ligeras ventajas en variables relacionadas con el equilibrio y la movilidad funcional, lo que podría estar relacionado con las propiedades del medio acuático; sin embargo, los resultados globales confirman que ambos tipos de intervención son beneficiosos.
Asimismo, las intervenciones analizadas se mostraron seguras y bien toleradas, sin que se reportarán efectos adversos relevantes, lo que refuerza su aplicabilidad clínica en programas de rehabilitación. No obstante, la heterogeneidad observada entre los estudios en cuanto a duración, frecuencia de las sesiones, técnicas de intervención y escalas de medición limita la comparación directa de los resultados y la generalización de la evidencia. En este sentido, se pone de manifiesto la necesidad de futuros ensayos clínicos aleatorizados con muestras de mayor tamaño y protocolos estandarizados. A pesar de estas limitaciones, los hallazgos respaldan la inclusión de programas de ejercicio estructurado, tanto en medio acuático como en tierra firme, como parte integral del abordaje rehabilitador en pacientes con enfermedad de Parkinson.
CONSIDERACIONES ÉTICAS
No se requirió aprobación ética, ya que el desarrollo de este trabajo corresponde a una revisión sistemática de literatura previamente publicada y no implicó la participación de sujetos humanos ni animales.
BIBLIOGRAFÍA
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Anexo 2. Tabla 1. Modelo PICO. Fuente: Elaboración propia.
| P | Adultos mayores con Parkinson |
| I | Terapia acuática |
| C | Ejercicio en tierra / cuidado habitual |
| O | Función motora, equilibrio, movilidad y calidad de vida |
Anexo 3. Tabla 2. Características de las intervenciones. Fuente: Elaboración propia.
| Estudio | Intervenciones | Frecuencia/
duración |
Medida de resultado | Instrumento de medida | Resultados |
| Carroll et al., 2017 | Terapia acuática (Ai Chi) vs ejercicio en tierra (equilibrio y fuerza) | 2 sesiones 45’/semana, 6 semanas | Equilibrio, movilidad functional | BBS
TUG |
Ambos grupos mejoraron, la terapia acuática mostró mayor mejora en equilibrio y movilidad funcional |
| Perez de la Cruz et al., 2017 | Terapia acuática vs terapia convencional en tierra | 3 sesiones/semana, 12 semanas | Dolor, funcionalidad, equilibrio | VAS
TUG BBS. |
Reducción significativa del dolor y mejora functional en el grupo de terapia acuática |
| Perez de la Cruz et al., 2018 | Terapia acuática (Ai Chi) vs ejercicio en tierra | 2 sesiones/semana, 12 semanas | Equilibrio, calidad de vida | BBS
PDQ-39 |
Mejoras significativas en ambos grupos, con mayor mejora en equilibrio y calidad de vida en el grupo acuático |
| Vivas et al., 2011 | Terapia acuática vs terapia convencional en tierra | 2 sesiones/semana, 6 semanas | Equilibrio, marcha y movilidad | BBS
TUG 6MWT |
Ambos grupos mejoraron; el grupo acuático present mayores mejoras en equilibrio y marcha |
| Volpe et al., 2014 | Hidroterapia vs terapia en tierra | 2 sesiones/semana, 6 semanas | Equilibrio | BBS | La hidroterapia mostró mejoras superiores en equilibrio respecto al ejercicio en tierra |
BBS: Berg Balance Scale; TUG: Time Up And Go; VAS (Visual Analogue Scale); PDQ-39: Parkinson’s Disease Questionnaire; 6MWT: 6 Minutes Walking Test.
