AUTORES
- María Calejero Martínez. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Cristina Antón Gutiérrez. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jorge Fle Usón. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Alba García Varona. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Manuel Piazuelo Guíu. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jaime Sahún Calavia. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El sueño es esencial para el bienestar físico y psicológico. La calidad y duración del sueño varían según la edad, siendo especialmente importante en adultos mayores. El insomnio, definido como la insatisfacción con la cantidad o calidad del sueño, es el trastorno más común en la población geriátrica. Sus factores de riesgo incluyen aspectos demográficos, eventos estresantes y hábitos inadecuados que perpetúan el problema. El tratamiento de primera línea combina higiene del sueño y cambios de estilo de vida, dejando los fármacos como segunda opción. La melatonina, hormona reguladora de los ritmos circadianos, ha mostrado efectividad variable en el tratamiento del insomnio. Su producción disminuye con la edad y es modulada principalmente por la exposición a la luz. La administración exógena de melatonina puede inducir o mantener el sueño, dependiendo de la formulación utilizada. Aunque se emplea ampliamente en adultos y ancianos, los resultados sobre su eficacia son mixtos, y se recomienda limitar su uso a corto plazo para evitar efectos adversos como la sedación residual en ancianos. En niños, la melatonina es el tratamiento de elección para el insomnio de conciliación, aunque su uso prolongado no está suficientemente estudiado. En conclusión, la melatonina tiene un papel relevante, pero su eficacia terapéutica requiere más evidencia.
PALABRAS CLAVE
Insomnio, melatonina, tratamiento.
ABSTRACT
Sleep is essential for physical and psychological well-being. Sleep quality and duration vary with age, being particularly important in older adults. Insomnia, defined as dissatisfaction with sleep quantity or quality, is the most common disorder in the geriatric population. Risk factors include demographic aspects, stressful events, and maladaptive habits that perpetuate the issue. First-line treatment combines sleep hygiene and lifestyle changes, with pharmacological measures as a secondary option. Melatonin, a hormone that regulates circadian rhythms, has shown variable effectiveness in treating insomnia. Its production decreases with age and is primarily modulated by light exposure. Exogenous melatonin administration can help initiate or maintain sleep, depending on the formulation. Although widely used in adults and older individuals, results regarding its efficacy are mixed, and its use should be limited to short periods to avoid adverse effects such as residual sedation. In children, melatonin is the first-line treatment for sleep-onset insomnia, though long-term safety remains under-researched. In conclusion, melatonin plays a significant role, but more evidence is needed to recommend its therapeutic use with certainty.
KEY WORDS
Insomnia, melatonin, treatment.
DESARROLLO DEL TEMA
El sueño es un proceso vital para el organismo del ser humano. Una adecuada calidad y duración de sueño, es un indicador favorable para el bienestar físico y psicológico en cualquier etapa de desarrollo. Se han establecido rangos de horas de sueño para cada grupo etario. Por ejemplo, para adultos jóvenes (18 a 25 años) y adultos (26 a 64 años), se recomienda entre 7 y 9 horas de sueño, mientras que para los adultos mayores (65 años en adelante), entre 7 y 8 horas (1). Tener dificultad para conciliar o mantener el sueño puede comprometer la salud. Dentro de los problemas relacionados con el sueño, el insomnio es el más frecuente, siendo además un problema muy frecuente en la población geriátrica1,2.
Se define insomnio como la insatisfacción con el sueño, ya sea cualitativa o cuantitativa. Generalmente se asocia con uno o más de los siguientes síntomas: dificultad para iniciar el sueño, dificultad para mantener el sueño, caracterizada por despertares frecuentes o problemas para volver a dormirse después de los despertares, y despertar temprano en la mañana con incapacidad para volver a dormir. El DSM-5 recalca que estos síntomas causan una angustia significativa o un deterioro funcional, que tiene lugar al menos 3 noches a la semana durante 3 meses2.
Se identifican tres tipos de factores que contribuyen al desarrollo y persistencia del insomnio. Los factores predisponentes incluyen aspectos demográficos y estilos de vida, como ser mujer mayor de 45 años, estar divorciado o viudo, tener un nivel educativo o socioeconómico bajo, fumar, consumir alcohol y tener poca actividad física. Los factores precipitantes suelen ser eventos estresantes o problemas de salud, como enfermedades físicas, síntomas respiratorios, percepción de mala salud, uso de ciertos medicamentos y la presencia de trastornos como la depresión o la ansiedad. Por último, los factores perpetuantes consisten en conductas y pensamientos adquiridos tras episodios agudos de insomnio, como pasar demasiado tiempo en la cama, dormir siestas durante el día y desarrollar ansiedad anticipatoria relacionada con el sueño, lo que contribuye a la cronificación del problema2.
En cuanto al tratamiento, la primera opción consiste en implementar medidas de higiene del sueño y cambios en el estilo de vida y a continuación, se incluirían las medidas farmacológicas. La dispensación de la farmacoterapia para el tratamiento del insomnio ha aumentado de forma lineal desde 2015. El incremento de la dispensación de los complementos alimenticios de melatonina también ha aumentado3.
La melatonina es la principal hormona implicada en la regulación de la oscilación entre sueño y vigilia. Es una hormona endógena y se libera exclusivamente por la noche. Es fácilmente sintetizable y administrable por vía oral. Fisiológicamente, se sintetiza en diversos órganos extrapineales y no endocrinos como la retina, la glándula harderiana, la médula ósea, la piel, las células del tracto gastrointestinal productoras de serotonina, el cerebelo y el sistema inmunitario4,5.
La síntesis y la secreción de melatonina están reguladas por el núcleo supraquiasmático (NSQ). A su vez, ella modula el NSQ y los relojes periféricos, repartidos por todo el cuerpo, lo cual hace que sea un marcador de los ritmos circadianos.
Para la síntesis de melatonina, se necesita convertir el triptófano en sangre en serotonina, a continuación, tras una serie de reacciones enzimáticas en cadena esta se transforma finalmente en melatonina. Una vez sintetizada, la melatonina se libera a la sangre y se distribuye por todos los fluidos corporales. Se metaboliza muy deprisa, fundamentalmente en el hígado, y sus metabolitos se eliminan por la orina.
Su producción no es constante a lo largo de la vida, la producción se inicia a los 3 o 4 meses de vida, sus niveles se van incrementando a lo largo de la infancia hasta alcanzar el máximo entre los 8 y 10 años de vida. Pasados los 40-45 años disminuye paulatinamente, y en mayores de 70 años su producción no supera el 10% de los prepuberales5.
Su producción está regulada por el núcleo supraquiasmático. En individuos sanos la melatonina inicia su síntesis al oscurecer, entre las 20 y las 22 horas, o dos horas antes de iniciar el sueño natural. Alcanza su máximo entre medianoche y las 2 – 3 horas de la mañana o a las 5 horas después de haber iniciado el sueño natural. A partir de esa hora decrece, siendo mínimo durante el día. El pico máximo de secreción coincide con el valor mínimo de la temperatura corporal. La luz es el principal factor que regula la secreción de melatonina, no solo la luz natural, si no también puede afectarse por la luz artificial. Exponerse a luz artificial entre medianoche y las cuatro de la madrugada causa una completa inhibición de la secreción de melatonina durante todo el tiempo que dura. Por el otro lado, una exposición durante la mañana acelera la secreción por la noche y si esta exposición ocurre por la tarde retrasa su secreción.
La melatonina tiene capacidad de resincronizar los ritmos circadianos y los ciclos de vigilia y sueño, aunque esta no es su única función; como la regulación de la temperatura, en la regulación del desarrollo sexual y en la del ciclo reproductor, la melatonina es un protector celular, potente antioxidante, agente oncostático e inmunoestimulante4,5.
En relación a la suplementación con melatonina, se ha demostrado que es un método seguro y eficaz para mejorar la latencia, la duración y la calidad del inicio del sueño en los niños, adolescentes, adultos mayores y mujeres posmenopáusicas. Además, el uso constante de melatonina produce una tasa de rebote muy baja4.
En cuanto a su administración exógena, la melatonina tiene una cinética lineal. Su absorción es rápida y alcanza el pico de dosis en unos 40 min. La absorción se enlentece si hay comida en el estómago. El metabolismo de la melatonina es rápido. Tras una administración oral de melatonina de liberación inmediata, su vida media oscila entre 45 y 65 min. Al incrementar la dosis se observa un retraso en el pico máximo y un alargamiento de la vida media por ello se debe de administrar antes con respecto al momento de acostarse.
Existen diferentes presentaciones, aquellas que son de liberación prolongada son más eficaces para el mantenimiento del sueño, sin embargo, las deliberación rápida son más adecuadas para la inducción del sueño. Este tipo de presentación alcanza en pocos minutos su pico de dosis, ejerciendo el efecto hipnótico.
En cuanto a su efectividad para el tratamiento del insomnio en adultos y ancianos la bibliografía difiere. Algunos estudios indican que puede reducir la latencia de inicio del sueño y mejora su calidad, otros estudios no encontraron diferencia con respecto al grupo de control4,5.
En el insomnio del anciano, estudios si recomiendan su uso, tanto para tratar el insomnio conciliación como el de mantenimiento, sin embargo, se recomienda limitar su uso a 13 semanas como máxima dosis recomendada y advertir del efecto adverso que pueden generar aquellos comprimidos de liberación prolongada, ya que es posible causar sedación residual6.
En el insomnio infantil, es el fármaco de primera elección ya que disminuye la latencia del sueño. Sin embargo, hay pocos estudios que avalan su inocuidad a medio y largo plazo cuando su administración se alarga en el tiempo. Cuando se emplea de forma única, ocasiona una vuelta al problema inicial en el 90% de los casos7.
CONCLUSIONES
En conclusión, la melatonina juega un papel crucial en el desarrollo del insomnio. Sin embargo, su uso como suplemento alimenticio o como fármaco sigue siendo incierto para poder recomendarlo como parte del tratamiento y se necesita una mayor investigación sobre su efectividad.
BIBLIOGRAFÍA
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