El síndrome de burnout: un desafío para la salud laboral en el siglo XXI

29 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Julia Membrado Garde. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Aragón. España.
  2. Silvia Gallego Moreno. Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón. España.
  3. Manuel Sánchez Arazuri. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Aragón. España.
  4. Laura Lázaro Pérez. Hospital Universitario Royo Villanova. Aragón. España.
  5. Silvia Martínez Francisco. Hospital Universitario Royo Villanova. Aragón. España.

 

RESUMEN

El síndrome de burnout, también conocido como síndrome de desgaste profesional, ha cobrado una creciente relevancia en el ámbito sanitario y laboral durante las últimas décadas. Se trata de un trastorno de origen psicosocial, reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y reducción del rendimiento personal. Este artículo monográfico ofrece una revisión exhaustiva del burnout, incluyendo sus orígenes históricos, factores de riesgo, manifestaciones clínicas, diagnóstico, consecuencias sobre la salud y el desempeño profesional, así como las principales estrategias de prevención e intervención. Se hace especial énfasis en su prevalencia entre los profesionales de la salud, quienes presentan tasas significativamente más altas debido a la sobrecarga emocional y las exigencias inherentes a su rol. Asimismo, se abordan las implicaciones sociales y económicas del síndrome y su relación con las condiciones laborales, el clima organizacional y las políticas institucionales. Finalmente, se destacan las recomendaciones más recientes para su abordaje desde un enfoque multidisciplinar, incluyendo intervenciones individuales, organizacionales y sistémicas. La presente revisión pretende contribuir a una mayor concienciación, detección temprana y gestión eficaz del burnout, con el fin de mejorar la salud mental de los trabajadores y la calidad de los servicios prestados.

PALABRAS CLAVE

Burnout, salud laboral, estrés crónico, desgaste profesional, prevención.

ABSTRACT

Burnout syndrome, also known as professional burnout syndrome, has gained increasing relevance in healthcare and the workplace in recent decades. It is a psychosocial disorder recognized by the World Health Organization (WHO) and characterized by emotional exhaustion, depersonalization, and reduced personal performance. This special article offers a comprehensive review of burnout, including its historical origins, risk factors, clinical manifestations, diagnosis, consequences for health and professional performance, as well as the main prevention and intervention strategies. Special emphasis is placed on its prevalence among healthcare professionals, who have significantly higher rates due to the emotional overload and demands inherent to their role. The article also addresses the social and economic implications of the syndrome and its relationship with working conditions, organizational climate, and institutional policies. Finally, the most recent recommendations for addressing it from a multidisciplinary perspective, including individual, organizational, and systemic interventions, are highlighted. This review aims to contribute to greater awareness, early detection, and effective management of burnout, with the goal of improving workers’ mental health and the quality of services provided.

KEY WORDS

Burnout, occupational health, chronic stress, professional exhaustion, prevention.

DESARROLLO DEL TEMA

El burnout fue descrito por primera vez en 1974 por el psiquiatra Herbert Freudenberger, quien observó síntomas de agotamiento extremo entre trabajadores de la salud mental y voluntarios. Desde entonces, ha sido objeto de numerosos estudios, consolidándose como un problema de salud pública que afecta a múltiples profesiones, especialmente aquellas con una alta carga emocional como la medicina, la enfermería, la educación y los servicios sociales¹.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó el burnout en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) como un fenómeno ocupacional, no una condición médica, definido como un síndrome resultante del estrés crónico en el lugar de trabajo que no ha sido gestionado con éxito².

Evolución histórica del concepto:

En sus inicios, el término burnout se utiliza informalmente para describir el agotamiento mental y físico entre profesionales vocacionales. Christina Maslach, psicóloga social, fue una de las principales investigadoras del tema y desarrolló el instrumento más utilizado para medir el síndrome: el Maslach Burnout Inventory (MBI)³. Su modelo tripartito se ha mantenido vigente hasta la actualidad, describiendo tres dimensiones centrales:

  • Agotamiento emocional: sensación de estar emocionalmente sobrecargado.
  • Despersonalización o cinismo: actitud distante hacia el trabajo y las personas atendidas.
  • Baja realización personal: percepción de ineficacia y falta de logros⁴.

 

Factores de riesgo:

El burnout surge de una interacción compleja entre factores individuales y organizacionales. Entre los principales factores de riesgo se encuentran:

1. Características del entorno laboral:

  • Sobrecarga de trabajo crónica.
  • Falta de control o autonomía.
  • Recompensas inadecuadas (económicas, sociales o emocionales).
  • Clima organizacional negativo.
  • Falta de apoyo entre compañeros o supervisores⁵.

2. Factores individuales:

  • Perfeccionismo.
  • Alta implicación en el trabajo.
  • Dificultades para establecer límites personales⁶.
  • Escasa resiliencia o estrategias de afrontamiento disfuncionales.

 

Prevalencia y profesiones de riesgo:

El burnout no afecta a todos los sectores por igual. Los profesionales de la salud son uno de los grupos más vulnerables, especialmente desde la pandemia por COVID-19, en la que se ha reportado un aumento significativo en las tasas de agotamiento emocional y trastornos ansiosos⁷.

Un estudio realizado en Europa reveló que más del 50% de los profesionales de enfermería presentaban síntomas de burnout moderado a severo⁸. En médicos, las cifras oscilan entre el 25% y el 60%, con mayor prevalencia entre los jóvenes, residentes y personal de urgencias⁹.

Otras profesiones con alta incidencia son los docentes, trabajadores sociales, cuidadores de personas dependientes y personal de atención al cliente¹⁰.

Manifestaciones clínicas:

Aunque no se considera una enfermedad mental en sí misma, el burnout puede compartir sintomatología con otros trastornos, especialmente con la depresión y los trastornos de ansiedad. Entre los síntomas más comunes se encuentran:

  • Fatiga persistente.
  • Trastornos del sueño.
  • Irritabilidad y cambios de humor.
  • Cinismo o desapego emocional.
  • Sentimientos de ineficacia o fracaso.
  • Dificultades cognitivas (falta de concentración, olvidos).
  • Dolores físicos como cefaleas, dolores musculares o problemas gastrointestinales¹¹.

 

El síndrome también incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos inmunológicos y problemas de salud mental a largo plazo¹².

Impacto organizacional y económico:

El burnout no solo afecta a los individuos, sino también a las instituciones. Está asociado con un aumento del absentismo, la rotación de personal, la disminución de la productividad, los errores laborales y un deterioro en la calidad de la atención o del servicio ofrecido¹³. En el sector sanitario, estos errores pueden tener consecuencias fatales.

Un informe del Institute for Healthcare Improvement (IHI) estimó que el agotamiento de los profesionales de la salud cuesta a los sistemas sanitarios miles de millones de dólares anuales en pérdida de productividad, contratación y errores médicos¹⁴.

DIAGNÓSTICO Y EVALUACIÓN:

El diagnóstico del burnout se basa en la evaluación clínica y en la aplicación de instrumentos psicométricos. El más utilizado es el Maslach Burnout Inventory (MBI), aunque también se emplean otras escalas como el Copenhagen Burnout Inventory (CBI) o el Cuestionario de Evaluación del Síndrome de Quemarse por el Trabajo (CESQT) en países hispanohablantes¹⁵.

No existe una prueba diagnóstica única, y es fundamental considerar el contexto laboral y la duración de los síntomas. En muchos casos, se requiere una evaluación multidisciplinaria que incluya al médico de atención primaria, psicólogo clínico y en ocasiones al psiquiatra.

PREVENCIÓN:

La prevención del burnout requiere intervenciones tanto a nivel individual como organizacional. Algunas estrategias efectivas incluyen:

A. A nivel individual:

  • Técnicas de manejo del estrés (mindfulness, respiración, meditación).
  • Establecimiento de límites laborales y descanso adecuado.
  • Desarrollo de habilidades de afrontamiento y resiliencia.
  • Apoyo psicológico o terapia cognitivo-conductual si es necesario¹⁶.

B. A nivel organizacional:

  • Mejora de la cultura laboral: promover el respeto, el reconocimiento y la comunicación abierta.
  • Revisión de cargas de trabajo y turnos.
  • Fomento del trabajo en equipo y redes de apoyo.
  • Programas de bienestar laboral o salud mental ocupacional¹⁷.

C. A nivel político e institucional:

  • Políticas públicas que regulen la salud mental en el trabajo.
  • Normativas laborales que garanticen horarios y condiciones justas.
  • Apoyo financiero e institucional a programas de prevención del burnout, especialmente en profesiones de riesgo¹⁸.

 

Tratamiento:

En los casos en que el burnout ya se ha instalado, el abordaje debe ser integral. Las estrategias incluyen:

  • Psicoterapia individual, preferentemente cognitivo-conductual.
  • Terapia de grupo o programas de intervención breve centrados en el estrés.
  • Cambios en el entorno laboral o incluso reubicación.
  • En casos graves, puede ser necesaria una baja laboral y tratamiento farmacológico si coexiste depresión o ansiedad¹⁹.

 

El burnout postpandemia:

Desde la pandemia por COVID-19, se ha producido una visibilización global del burnout, especialmente en el ámbito sanitario. Estudios recientes indican que muchos profesionales aún sufren secuelas emocionales, como estrés postraumático o fatiga crónica, evidenciando la necesidad de reforzar las políticas de salud mental ocupacional²⁰.

También se ha observado un aumento del burnout en sectores con alto uso de tecnologías de la información, dado el teletrabajo prolongado, la hiperconexión digital y la difusa separación entre la vida personal y laboral²¹.

CONCLUSIONES

El burnout representa un desafío de primer orden para la salud pública, las organizaciones y los trabajadores. Su abordaje debe ser transversal, implicando a individuos, empleadores y responsables políticos. La detección temprana, junto con la implementación de entornos laborales saludables, es clave para prevenir consecuencias más graves. La investigación actual y futura debe continuar profundizando en la comprensión de los factores protectores, intervenciones efectivas y diferencias entre grupos poblacionales.

En el contexto actual, es urgente que la prevención del burnout se integre como una prioridad en la gestión de los recursos humanos y en la promoción de la salud mental en el trabajo.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Freudenberger HJ. Staff burnout. J Soc Issues. 1974;30(1):159-165.
  2. World Health Organization. ICD-11 for Mortality and Morbidity Statistics. 2019.
  3. Maslach C, Jackson SE. The measurement of experienced burnout. J Occup Behav. 1981;2(2):99–113.
  4. Schaufeli WB, Leiter MP, Maslach C. Burnout: 35 years of research and practice. Career Dev Int. 2009;14(3):204–220.
  5. Bakker AB, Demerouti E. The Job Demands-Resources model: state of the art. J Manag Psychol. 2007;22(3):309–328.
  6. Gil-Monte PR. El síndrome de quemarse por el trabajo (burnout): una enfermedad laboral en la sociedad del bienestar. Madrid: Pirámide; 2005.
  7. De Kock JH, Latham HA, Leslie SJ, et al. A rapid review of the impact of COVID-19 on the mental health of healthcare workers. J Glob Health. 2021;11:05009.
  8. European Federation of Nurses Associations. Caring in Crisis: The Impact of the COVID-19 Pandemic on Nurses and Nursing. EFN Report. 2021.
  9. Rotenstein LS, Torre M, Ramos MA, et al. Prevalence of burnout among physicians. JAMA. 2018;320(11):1131–1150.
  10. Skaalvik EM, Skaalvik S. Teacher burnout: Relations between dimensions of burnout, perceived school context, job satisfaction and motivation. Teach Teach Educ. 2017;67:152–160.
  11. Salvagioni DAJ, Melanda FN, Mesas AE, et al. Physical, psychological and occupational consequences of job burnout: A systematic review of prospective studies. PLoS One. 2017;12(10):e0185781.
  12. Koutsimani P, Montgomery A, Georganta K. The relationship between burnout, depression, and anxiety: A systematic review and meta-analysis. Front Psychol. 2019;10:284.
  13. Dyrbye LN, West CP, Sinsky CA, et al. Medical licensure questions and physician reluctance to seek care for mental health conditions. Mayo Clin Proc. 2017;92(10):1486–1493.
  14. Institute for Healthcare Improvement. Taking Action Against Clinician Burnout: A Systems Approach to Professional Well-Being. 2019.
  15. Moreno B, Garrosa E, González JL. El cuestionario CESQT para la evaluación del síndrome de quemarse por el trabajo: nuevas evidencias. Psicothema. 2010;22(2):295–302.
  16. Luken T, Sammons A. Systematic review of mindfulness practice for reducing job burnout. Am J Occup Ther. 2016;70(2):7002250020p1–9.
  17. Montgomery A, Spânu F, Băban A, Panagopoulou E. Job demands, burnout, and engagement among nurses: A multilevel analysis of ORCAB data investigating the moderating effect of teamwork. Burn Res. 2015;2(2-3):71–79.
  18. International Labour Organization (ILO). Workplace Stress: A Collective Challenge. Geneva: ILO; 2016.
  19. Leiter MP, Maslach C. Interventions to prevent and alleviate burnout. In: Professional Burnout. 1993: 297–303.
  20. Greenberg N, Docherty M, Gnanapragasam S, Wessely S. Managing mental health challenges faced by healthcare workers during COVID-19 pandemic. BMJ. 2020;368:m1211.
  21. Kniffin KM, Narayanan J, Anseel F, et al. COVID-19 and the workplace: Implications, issues, and insights for future research and action. Am Psychol. 2021;76(1):63–77.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos