AUTORES
- Ángel Fleta Gálvez. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza. España.
- Laura Bueno Aranda. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza. España.
RESUMEN
En los últimos años, las picaduras de garrapatas han aumentado significativamente, sobretodo en zonas rurales y boscosas. Las garrapatas pueden infectar a los humanos durante su ciclo de vida, especialmente en su fase de ninfa, que es difícil de detectar. Tienen capacidad transmisora de enfermedades infecciosas, como la Borreliosis de Lyme, y se presenta en tres fases: temprana localizada, temprana diseminada y tardía. La prevención incluye el uso de ropa adecuada, repelentes y revisar la piel tras realizar actividades al aire libre. En caso de picadura, es crucial extraer la garrapata de manera correcta. La detección y extracción tempranas reducen significativamente el riesgo de transmisión de enfermedades.
PALABRAS CLAVE
Garrapata, picadura, prevención, cuidados.
ABSTRACT
In recent years, tick bites have significantly increased, especially in rural and wooded areas. Ticks can infect humans during their life cycle, particularly in their nymph stage, which is difficult to detect. They have the ability to transmit infectious diseases, such as Lyme Borreliosis, which presents in three stages: early localized, early disseminated, and late. Prevention includes wearing appropriate clothing, using repellents, and checking the skin after outdoor activities. In case of a bite, it is crucial to remove the tick correctly. Early detection and removal significantly reduce the risk of disease transmission.
KEY WORDS
Tick, bite, prevention, care.
DESARROLLO DEL TEMA
Para este artículo monográfico se realizó una revisión bibliográfica de fuentes académicas y protocolos clínicos, analizando guías y artículos especializados para sintetizar información actualizada, con un enfoque en la práctica clínica.
Los objetivos de este artículo monográfico fueron:
- Informar sobre las diferentes fases de la Borreliosis de Lyme, su diagnóstico temprano, y la importancia de la identificación del eritema migratorio como síntoma distintivo.
- Promover medidas preventivas para evitar las picaduras de garrapatas.
- Destacar la importancia de la correcta extracción de la garrapata en caso de picadura, explicando el procedimiento adecuado para minimizar el riesgo de transmisión de enfermedades.
En los últimos años, las picaduras de garrapatas a seres humanos han experimentado un notable aumento, especialmente en áreas rurales y boscosas. Este fenómeno, que anteriormente se asociaba principalmente con los animales, ha adquirido una relevancia sanitaria mucho mayor debido a su capacidad para transmitir diversas enfermedades. Aunque las garrapatas han sido conocidas por su vínculo con ciertos animales salvajes y domésticos, la preocupación por su impacto en la salud humana ha crecido considerablemente, ya que se ha identificado su rol como vectores de patógenos peligrosos. Este cambio en la perspectiva sobre las picaduras de garrapata ha impulsado la necesidad de una mayor vigilancia, prevención y tratamiento en las zonas afectadas, dada la importancia creciente de estas especies como transmisoras de infecciones graves1.
Las garrapatas son parásitos externos que afectan a una amplia variedad de especies de mamíferos, aves y reptiles. Su distribución geográfica es notablemente extensa, abarcando casi todos los continentes del mundo, desde las zonas costeras de la Antártida hasta los islotes cercanos al Ártico. Sin embargo, su presencia se ve limitada por los grandes desiertos terrestres, donde las condiciones climáticas extremas no favorecen su supervivencia. En los últimos años, diversos estudios científicos han señalado un aumento considerable en la prevalencia de estas especies de garrapatas, una tendencia que se ha atribuido principalmente al cambio climático. Son ectoparásitos, vectores de múltiples enfermedades solamente superados a nivel mundial por los mosquitos2,3.
Las garrapatas son artrópodos que pertenecen al orden Ixodida, dentro de la subclase Acari, que agrupa tanto a los ácaros como a las garrapatas. Dentro de este orden, existen tres familias principales de garrapatas que tienen la capacidad de infectar a los seres humanos. Sin embargo, en Europa y España, solo dos de estas familias están presentes y son responsables de las picaduras que pueden llevar a enfermedades: Argasidae y Ixodidae. Ambas familias pueden diferenciarse principalmente por su morfología y sus hábitos de alimentación. Las garrapatas de la familia Ixodidae, también conocidas como garrapatas duras, presentan un escudo dorsal rígido, mientras que las de la familia Argasidae, conocidas como garrapatas blandas, carecen de dicho escudo y tienen una estructura más flexible. Estas diferencias son esenciales para su clasificación y también influyen en sus métodos de alimentación, ya que las garrapatas duras suelen alimentarse de manera más prolongada y, por lo tanto, tienen una mayor probabilidad de transmitir patógenos durante su proceso de alimentación1-3.
Las garrapatas pueden habitar en una variedad de entornos, siendo más comunes en zonas donde viven animales salvajes o en explotaciones ganaderas, ya que las condiciones ambientales como la vegetación, la luz y la humedad favorecen su proliferación. A lo largo de su ciclo de vida, los animales sirven como amplificadores y, en ocasiones, como reservorios de enfermedades. Por lo general, las garrapatas se encuentran en la hierba, esperando a que pase un animal para alimentarse de él. Las garrapatas duras pasan por varias fases, como larva, ninfa y adulto, en un ciclo que puede durar entre uno y tres años, dependiendo de la especie y las condiciones del entorno. Al comenzar la primavera, las adultas ponen sus huevos, que en verano se convierten en larvas. Estas larvas se alimentan de la sangre de pequeños mamíferos, roedores, venados y aves, y hacia finales del verano o principios del otoño, se transforman en ninfas, que hibernan hasta la primavera siguiente. Durante esta estación, las ninfas se alimentan tanto de sus reservorios como, en ocasiones, de seres humanos. Al llegar el otoño, se desarrollan como adultos, los cuales se alimentan de mamíferos de mayor tamaño. Finalmente, las garrapatas adultas femeninas dejan estos animales y ponen sus huevos en los árboles, cerrando así su ciclo, que dura aproximadamente dos años. La temperatura es el factor que desencadena su actividad, mientras que la humedad es esencial para su supervivencia, lo que provoca que las condiciones climáticas modifiquen la actividad estacional de las garrapatas. Las ninfas, al ser el principal vector de enfermedades para los humanos, representan el mayor riesgo de contagio durante su fase activa, que varía según el clima: en las zonas secas, el riesgo se concentra en primavera, mientras que, en las zonas más húmedas, es durante el verano. En las regiones más templadas y húmedas de España, las ninfas pueden estar activas durante todo el año3-5.
Hace apenas veinte años, las enfermedades transmitidas por garrapatas duras eran un fenómeno relativamente restringido, limitado a unas pocas infecciones que solo se presentaban en áreas geográficas específicas. Hoy en día, las garrapatas duras se han convertido en los principales vectores de enfermedades infecciosas en los países industrializados, superando a los mosquitos, pulgas y piojos. En España, las enfermedades más comunes que se pueden transmitir a través de la picadura de una garrapata son la fiebre botonosa mediterránea, la Borreliosis de Lyme y la fiebre recurrente1,3.
Signos y síntomas de la enfermedad de Lyme:
La mayoría de los casos en humanos de Borreliosis de Lyme ocurren a finales del verano debido a la presencia de garrapatas en la vegetación, el contacto del ser humano con su hábitat y el tiempo de incubación de la enfermedad. El diagnóstico es relativamente sencillo cuando el médico reconoce el eritema migratorio característico, especialmente si el paciente ha tenido una picadura de garrapata o ha estado en una zona endémica. La Borreliosis de Lyme es una infección emergente causada por la espiroqueta Borrelia burgdorferi, que se transmite a los humanos a través de las mordeduras de garrapatas del género Ixodes. En principio, todas las garrapatas nacen libres de la bacteria, ya que rara vez las madres la transmiten a sus crías. De este modo, las larvas no pueden transmitir la infección hasta que se alimentan de un huésped infectado, momento en el que adquieren la espiroqueta y pueden mantenerla durante toda su vida, transmitiéndola a futuros hospedadores. El estadio de ninfa es el más peligroso para los humanos, ya que estas garrapatas son diminutas, alrededor de 1 mm, y difíciles de detectar. Además, son más activas en verano, cuando las personas suelen realizar más actividades al aire libre. Aunque las garrapatas adultas también pueden estar infectadas, son más grandes y, por lo tanto, más fáciles de identificar5,6.
A nivel clínico, se clasifica en tres etapas con diferentes signos y síntomas:
- Fase temprana localizada: eritema migratorio (EM) como signo distintivo (mancha roja en forma de diana), además de fiebre, fatiga, escalofríos y mialgia. Aparición desde el momento de la picadura. Tras un periodo de incubación de entre 3 y 32 días, surge la lesión típica denominada EM en el lugar de la picadura. Esta se distingue por una placa eritemato-violácea, sin dolor, que se expande hacia fuera mientras su centro se va aclarando.
- Fase temprana diseminada: dolor articular migratorio, parálisis facial, encefalitis, radiculopatías, miocardiopatía con bloqueo AV y palpitaciones. Pueden aparecer desde la primera semana de posinfección hasta meses más tarde, siendo habitual periodos asintomáticos.
- Fase tardía: artritis persistente, neuropatía periférica, trastornos cognitivos o fatiga crónica postratamiento. Las manifestaciones en fases tardías pueden presentarse hasta un año después de haber ocurrido la infección6,7.
Prevención de la picadura de garrapata:
La prevención es la actuación más eficaz. Las actividades al aire libre y recreativas, como caminar por el campo, hacer senderismo, cazar, pescar o acampar, representan el mayor peligro1. Por eso es recomendable:
- Antes de la actividad al aire libre:
– Minimizar la exposición de la superficie corporal lo máximo posible. Utilizar ropa protectora, como manga larga, pantalón largo con calcetines que cubran su parte inferior, calzado cerrado. Optar por prendas de colores claros facilita reconocer si hay alguna en la ropa antes de que se adhiera a la piel.
– Caminar por la zona central de los senderos para evitar el contacto con la vegetación circundante.
– Evitar sentarse en el suelo en áreas con vegetación espesa.
– Administrar repelentes autorizados sobre la piel DEET, IR335 o Picaridina, y sobre la ropa Permetrina.
- Tras la actividad al aire libre:
– Revisar cuidadosamente la ropa, cuero cabelludo y piel, especialmente en pliegues (dentro o alrededor de las orejas, axilas, dentro del ombligo, alrededor de la cintura, ingles, detrás de las rodillas).
– Recomendable darse una ducha inmediata.
En caso de detectar que la garrapata se ha insertado en la piel, no aplicar remedios caseros (vaselina, aceite, calor, cortar) sobre ella. Esta práctica se considera de riesgo, ya que podría facilitar la transmisión de posibles patógenos que pudiera portar.
Retirar la garrapata de inmediato, sin retorcer, apretar, aplastar o arrancar su cuerpo porque puede expulsar agentes infecciosos presentes en su interior.
Con una detección temprana y extracción adecuada se disminuye considerablemente el tiempo de contacto con la piel y, por consiguiente, el riesgo de transmisión1,2,7,8.
Procedimiento de extracción:
- Utilizar pinzas de borde romo y punta fina, sin dientes. Existen pinzas específicas para ello.
- Sujetar la garrapata con las pinzas lo más cerca posible de la superficie de la piel.
- Introducir la pinza entre la cabeza y la piel.
- Tirar con suavidad, pero firme y constante hacia arriba, perpendicular a la piel, hasta que la garrapata se suelte espontáneamente.
Está contraindicado retorcer y/o mover la garrapata ya que pueden romperse las partes de la boca y quedarse dentro de la piel.
- Tras su extracción completa y haber comprobado que no hay restos, limpiar el área de la picadura con agua y jabón y, posteriormente desinfectar aplicando antiséptico.
- Vigilar síntomas posteriores como erupciones o fiebre1,2,7.
CONCLUSIONES
El cambio climático ha incrementado significativamente el riesgo de picaduras por garrapatas, convirtiéndo en una amenaza de salud pública creciente. Identificar las zonas con mayor presencia de estos parásitos y llevar a cabo campañas informativas preventivas resulta fundamental para alertar a la población sobre el riesgo. Los profesionales sanitarios desempeñan un papel fundamental en la educación comunitaria, instruyendo sobre los signos tempranos de la enfermedad y la importancia de la detección precoz.
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