AUTORES
- Carmen Jimeno García. Formación Profesional en Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Laura María Quijada García. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Pilar Lafoz Rodrigo. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Rebeca Asensio Vela. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Silvia Martin Serrano. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- María Victoria Maqueda Alayeto. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El hígado graso es una enfermedad cuya prevalencia, durante estos últimos años, se ha incrementado de manera significativa. Es un signo de atención ya que esta patología, a lo largo de la historia, se ha asociado al consumo de alcohol, sin embargo; los diagnósticos de estos últimos años no han tenido la causa en esta sustancia tóxica.
A pesar de ser una enfermedad infravalorada e infradiagnosticada por parte de la comunidad científica, produce una afección sistémica relevante. Por lo tanto, los profesionales sanitarios tienen que ser capaces de identificar posibles signos y síntomas de la misma, para poder iniciar con las pautas de tratamiento lo más temprano posible. La evolución de esta enfermedad, sin un correcto control, puede derivar a patologías de mayor gravedad, incluida la oncológica.
PALABRAS CLAVE
Hígado graso, enfermedad del hígado graso no alcohólico, población, cirrosis hepática.
ABSTRACT
Fatty liver is a disease whose prevalence, in recent years, has increased significantly. It is a sign of attention since this pathology, throughout history, has been associated with alcohol consumption, however; the diagnoses in recent years have not been caused by this toxic substance.
Despite being an undervalued and underdiagnosed disease by the scientific community, it produces a relevant systemic condition. Therefore, health professionals have to be able to identify possible signs and symptoms of it, in order to start treatment guidelines as early as possible. The evolution of this disease, without correct control, can lead to more serious pathologies, including oncology.
KEY WORDS
Fatty liver, non-alcoholic fatty liver disease, population, liver cirrhosis.
DESARROLLO DEL TEMA
Desde su descripción inicial por Ludwig en 1980, donde por primera vez se describió la histología hepática muy semejante a la descrita en pacientes que no habían consumido cantidades significativas de alcohol, mucho se ha avanzado en las últimas 4 décadas en el entendimiento de su fisiopatología, su historia natural y sus manifestaciones clínicas1.
La esteatosis hepática no alcohólica es la acumulación excesiva de grasa en el hígado, en ausencia de causas secundarias. Estas células grasas, constituyen la etiología frecuente de enfermedad hepática crónica sin terapia efectiva demostrada. La enfermedad hepática por hígado graso no alcohólico es consecuencia de múltiples factores de riesgo como sobrepeso, obesidad central, dislipidemia, resistencia a la insulina y diabetes mellitus tipo 2; todos ellos asociados conceptualmente con el síndrome metabólico, el que podría provocar complicaciones tanto hepáticas como cardiovasculares. Identificar esta entidad y tratarla es de crucial importancia dado que la presencia solo de grasa hepática, puede progresar con inflamación, fibrosis, cirrosis y sus complicaciones, así como predisponer al desarrollo de hepatocarcinoma2,3.
Ante una situación clínica, es necesario diferenciar tres conceptos relacionados con esta patología, pero con un significado diferente:
- Hígado graso no alcohólico (HGNA) o esteatosis hepática: Es la acumulación de grasa en forma de triglicéridos en más del 5% de los hepatocitos demostrado por biopsia hepática, en ausencia de inflamación, fibrosis y un consumo de más de 30gr de alcohol al día.
- Esteatohepatitis no alcohólica (EHNA): Entidad caracterizada por esteatosis que además se asocia a injuria hepatocitaria, inflamación, con o sin fibrosis. Se le conoce también como NASH, las siglas de las palabras inglesas “non alcoholic steatohepatitis”.
- Enfermedad hepática grasa no alcohólica (EHGNA): Condición que contempla el hígado graso, esteatohepatitis no alcohólica y cirrosis por dicha causa. El 80-90% son HGNA y el 10-20% restante corresponde a EHNA4.
La enfermedad del hígado graso afecta al 25% de los españoles y se prevé un incremento de su incidencia en los próximos años asociado al también aumento de la obesidad y el síndrome metabólico, por lo que adquiere gran relevancia el control de esta patología5.
Usualmente el hígado graso se diagnostica en alguno de estos escenarios: al evaluar anormalidades en un perfil hepático alterado, al detectar esteatosis en imágenes radiológicas; más frecuentemente ecografías, y al buscarlo intencionalmente en poblaciones de riesgos, como pueden ser diabéticos y pacientes con sobrepeso y obesidad. Como ha sido indicado con anterioridad, debe sospecharse la presencia de esteatosis hepática en pacientes que presenten cualquiera de las siguientes condiciones: diabetes tipo 2, hipertensión, obesidad/sobrepeso, o en general en cualquier persona que cumpla los criterios diagnósticos para el síndrome metabólico descritos líneas anteriores.
Los criterios diagnósticos, de manera general, son tres:
- Ausencia de ingesta importante de alcohol con un consumo diario de alcohol menor a 30 gr en hombre y 20 gr en mujeres.
- Esteatosis por imágenes o lesiones típicas por histológica.
- Exclusión de otras causas de enfermedad hepáticas crónicas concomitantes6,7.
Las personas que padecen hígado graso no alcohólico, a menudo no presentan síntomas. En aquellos casos en los que aparecen síntomas, los más comunes incluyen: fatiga y dolor en la parte superior derecha del abdomen.
En personas con esteatohepatitis no alcohólica, situación en la cual se presenta daño hepático, los síntomas se agravan y pueden incluir: debilidad, pérdida de apetito, náuseas, color amarillo en la piel y los ojos (ictericia), picazón, acumulación de líquido e hinchazón en las piernas y el abdomen, confusión mental, sangrado gastrointestinal.
En relación al tratamiento, cabe destacar diversos aspectos para evitar un agravamiento de la enfermedad:
Dieta: Una dieta adecuada es la piedra angular del tratamiento de esta condición, en cualquiera de sus estados. El impacto de una reducción de peso entre el 7 y el 10% del peso corporal se ha asociado a una mejoría en todos los parámetros. Una reducción de la ingesta diaria de calorías entre 500 y 1000 kilocalorías, baja en grasa y rica en fibra es recomendada por la mayoría de expertos. Los carbohidratos que son agregados a las bebidas o postres con mucha frecuencia incrementan los niveles de triglicéridos y se desaconseja su consumo. La dieta mediterránea, caracterizada por una reducción en la cantidad de azúcares refinadas y un aumento en el porcentaje de grasas a expensas de más cantidad de ácidos grasos monoinsatudados y Omega-3 ha demostrado mejorar la sensibilidad a la insulina, al mismo tiempo que reduce la cantidad de triglicéridos intrahepáticos6.
Ejercicio: Mejora la insulinoresistencia y la esteatosis hepática. Se recomiendan treinta minutos de ejercicio físico aeróbico moderado a intenso tres a cinco veces por semana. Como recomendación, la actividad física moderada a intensa es beneficiosa dado el bajo costo de la medida y los beneficios tanto en insulinoresistencia como en la mejoría de la esteatosis hepática7.
Tratamiento Farmacológico:
Insulinosensibilizadores:
- Metformina: Es una biguanida. Mejora la insulinoresistencia y la hiperinsulinemia. En algunos estudios redujo las aminotransferasas, pero este hallazgo no es constante; tampoco se ha demostrado mejoría histológica. Se necesitan más estudios en adultos con seguimiento histológico. No se recomienda metformina para el tratamiento del hígado graso, sin embargo puede ser utilizado para pacientes con Diabetes Mellitus tipo 2 en los que adicionalmente reduce el riesgo de complicaciones relacionadas con enfermedades cardiovasculares y otras causas de mortalidad. Existen evidencias que sugieren una reducción en el riesgo de hepatocarcinoma en pacientes diabéticos con EHNA.
Hipolipemiantes:
- Fibratos y estatinas: No hay estudios multicéntricos con base sólida para recomendar su uso en EHGNA. Los fibratos podrían regular la inflamación, sin que exista evidencia clínica al respecto. Se recomienda solo en estudios clínicos controlados y para el tratamiento de la dislipidemia en pacientes con EHGNA. Las estatinas, a pesar de poder producir un incremento en aminotransferasas, su uso es seguro en pacientes con daño hepático, y a largo plazo mejorarían las pruebas hepáticas y el riesgo de eventos cardiovasculares y podría reducir el riesgo de hepatocarcinoma
Antioxidantes:
Vitamina E: La recomendación actual es el uso de vitamina E en aquellos adultos no diabéticos con EHNA demostrado por biopsia que no responden a cambios en el estilo de vida y que tienen enfermedad avanzada en estado previo a la cirrosis hepática.
Un cambio de estilo de vida en general parece ser la solución más segura y costo-efectiva para prevenir e incluso revertir de alguna medida el avance de la esteatosis hepática en sus distintas fases1-10.
BIBLIOGRAFÍA
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- Definición y hechos de la enfermedad del hígado graso no alcohólica y la esteatohepatitis no alcohólica [Internet]. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. [citado el 3 de mayo de 2024]. Disponible en: https://www.niddk.nih.gov/health-information/informacion-de-la-salud/enfermedades-higado/esteatohepatitis-no-alcoholica/definicion-informacion