Indicación actual de la artrodesis trapeciometacarpiana

25 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Gisèle Cano Rodríguez. FEA Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Ernest Lluch. Zaragoza. España.
  2. Emma Casasampera Segarra. FEA Urgencias y Emergencias. Althaia. Barcelona. España.

 

RESUMEN

La rizartrosis es una causa frecuente de dolor y limitación funcional en la base del pulgar. La artrodesis de la articulación trapeciometacarpiana TMC sigue siendo una opción válida en pacientes seleccionados, especialmente jóvenes, con alta demanda laboral o deportiva, o tras el fracaso de otras técnicas quirúrgicas. Esta intervención proporciona alivio del dolor, estabilidad articular y restauración de la fuerza de prensión, aunque limita la movilidad de la articulación. Sus principales complicaciones incluyen no unión ósea, irritación por material de osteosíntesis y artrosis peritrapeciana. La selección cuidadosa de los pacientes y la técnica quirúrgica meticulosa son clave para optimizar resultados y minimizar complicaciones.

PALABRAS CLAVE

Rizartrosis, artrodesis TMC, base del pulgar, artrosis, cirugía de mano.

ABSTRACT

Thumb base osteoarthritis rhizarthrosis is a common cause of pain and functional limitation. Thumb carpometacarpal joint arthrodesis remains a valid option for selected patients, particularly young individuals with high occupational or athletic demands or after failure of other surgical techniques. This procedure provides pain relief, joint stability, and restoration of grip strength, although it limits joint mobility. Major complications include nonunion, hardware irritation, and osteoarthritis. Careful patient selection and meticulous surgical technique are essential to optimize outcomes and minimize complications.

KEY WORDS

Rhizarthrosis, thumb CMC arthrodesis, thumb base, osteoarthritis, hand surgery.

DESARROLLO DEL TEMA

La rizartrosis, también denominada artrosis de la articulación trapeciometacarpiana, constituye un motivo frecuente de consulta en cirugía de mano, afectando predominantemente a mujeres postmenopáusicas1,2,3. Su manifestación clínica incluye dolor en la base del pulgar, limitación funcional, debilidad de agarre y, en estadios avanzados, deformidad en «Z» del pulgar3.

El tratamiento inicial es conservador, incluyendo analgésicos, antiinflamatorios, férulas y fisioterapia, sin embargo, cuando los síntomas persisten, la cirugía se convierte en la alternativa definitiva3. Entre las opciones quirúrgicas, la trapecectomía simple o con interposición de tendón-ligamento LRTI y las prótesis articulares han ganado popularidad, ofreciendo preservación de la movilidad con alivio adecuado del dolor2,3. No obstante, la artrodesis de la TMC sigue siendo indicada en escenarios específicos1,4,5. Esta técnica, descrita originalmente por Milch y posteriormente revisada con diferentes métodos de fijación, busca proporcionar estabilidad y aumentar la fuerza de prensión al pulgar, sacrificando la movilidad articular4.

Indicaciones actuales:

La artrodesis de la TMC se reserva principalmente para pacientes con artrosis avanzada estadios Eaton III-IV con deformidad e inestabilidad de la articulación1,5, así como para aquellos jóvenes o con alta demanda funcional que requieren fuerza y estabilidad para su actividad laboral o deportiva1,2,5. Asimismo, está indicada cuando han fracasado procedimientos previos, como la trapecectomía o en casos de artrosis postraumática o secundaria a deformidades congénitas2,3.

La selección del paciente se ha vuelto crucial, debido a que los beneficios de la técnica dependen directamente de la indicación correcta y de la expectativa funcional del individuo.

Técnica quirúrgica:

La artrodesis se realiza mediante un abordaje dorsoradial centrado en la base del pulgar, preservando las ramas nerviosas, permitiendo exponer la articulación TMC. Tras resecar el cartílago articular de los extremos del trapecio y del primer metacarpiano, se preparan las superficies óseas para lograr contacto sólido y facilitar la osteointegración4. La fijación puede realizarse mediante tornillos de compresión, placas, o agujas de Kirschner, seleccionando el método más adecuado según la anatomía y el cirujano1,4,5.

Se recomienda la interposición de injerto óseo autólogo, generalmente obtenido del escafoides distal o de la cortical dorsal del radio, para optimizar la consolidación ósea4.

La inmovilización postoperatoria se mantiene entre 4 y 6 semanas, seguida de rehabilitación dirigida a recuperar fuerza y función del pulgar y la mano afectada.

Resultados funcionales:

Numerosos estudios han demostrado que la artrodesis de la TMC proporciona alivio significativo del dolor, con reducción de la escala visual analógica de dolor de valores promedio de 6-7 a 1-2 postoperatoriamente1,2,5. La fuerza de prensión suele incrementarse notablemente, mejorando entre 15 y 23 kg según series publicadas1,2. La tasa de unión ósea es alta, superando el 90% en la mayoría de los estudios recientes1,5, en contraposición a los antiguos donde existía grandes tasas de defectos de consolidación.

La satisfacción clínica elevada y capacidad para retomar actividades de alta demanda funcional1,2,5. No obstante, la pérdida de movilidad es inherente a la técnica1. Esta limitación debe comunicarse claramente al paciente durante la planificación preoperatoria5.

Complicaciones:

La artrodesis de la TMC, como toda intervención, conlleva posibles complicaciones. La no unión ósea ocurre en un 5-10% de los casos, requiriendo a veces reintervención1,2. La irritación por material de osteosíntesis puede obligar a la extracción de tornillos o placas5. Finalmente, la sobrecarga de articulaciones adyacentes, como la trapeciotrapezoidea, puede desencadenar artrosis secundaria en un pequeño porcentaje de pacientes1,5.

La prevención de estas complicaciones depende de la correcta selección del paciente, la planificación precisa de la posición de fusión generalmente entre 30° de palmarización y 15° de abducción, y la técnica quirúrgica meticulosa4,5.

La artrodesis de la articulación trapeciometacarpiana ha sido considerada históricamente el gold standard en pacientes jóvenes y con alta demanda funcional, debido a su capacidad de proporcionar fuerza y estabilidad al pulgar1,4,5. Sin embargo, en las últimas décadas se ha producido un desplazamiento hacia técnicas que preservan la movilidad, principalmente la artroplastia de resección- suspensión y, en menor medida, las prótesis articulares2,3.

Comparativamente, la artroplastia de suspensión ofrece resultados funcionales satisfactorios y una tasa elevada de alivio del dolor, conservando el movimiento2,3. No obstante, esta técnica puede asociarse a pérdida de fuerza de prensión y a una recuperación más prolongada, lo que limita su aplicabilidad en pacientes que requieren potencia manual mantenida, como trabajadores manuales o deportistas de alto rendimiento 2,5. En contraste, la artrodesis sacrifica movilidad, pero garantiza una fuerza de pinza y prensión superior, lo cual puede ser decisivo en determinados perfiles de pacientes1,5.

En cuanto a las prótesis articulares, éstas han mostrado buenos resultados iniciales, especialmente en movilidad y satisfacción del paciente3,5. Por ello, su uso se recomienda principalmente en pacientes de edad media con menores demandas mecánicas, reservando la artrodesis para casos de alta exigencia funcional o fracaso de artroplastias previas1,2,5.

Desde un punto de vista biomecánico, la artrodesis permite transmitir cargas de manera más eficiente a lo largo del primer metacarpiano, optimizando la fuerza de pinza, aunque a costa de restringir los arcos de movimiento. Esta rigidez genera un aumento de las fuerzas en las articulaciones adyacentes, lo que explica la aparición de artrosis secundaria en la trapeciotrapezoidea y escafotrapezoidea en un pequeño porcentaje de casos 1,5. La correcta posición es determinante para minimizar estas sobrecargas: se recomienda una fijación en aproximadamente 30° de palmarización y 15° de abducción, lo que permite al paciente mantener una función aceptable en actividades de la vida diaria4,5.

Aunque las tasas de consolidación sean superiores al 90% y puedan existir tasas altas de mejoría del dolor y de la fuerza de prensión1,2,5, las complicaciones, es especial la no consolidación ósea y la irritación por material de osteosíntesis, continúa siendo un desafío clínico1,5. Nuevas técnicas de fijación, como las placas de bajo perfil o el uso de tornillos canulados de compresión, han mostrado resultados prometedores en la reducción de estas complicaciones1,5.

En definitiva, la artrodesis de la TMC conserva su rol dentro del manejo terapéutico actual. Aunque no es la técnica de elección universal, representa una alternativa sólida para pacientes jóvenes, activos o en quienes se prioriza la fuerza sobre la movilidad. La decisión quirúrgica debe individualizarse cuidadosamente, considerando la edad, el nivel de actividad, el estadio de la artrosis, las expectativas del paciente y la experiencia del cirujano. Futuras estudios prospectivos, comparativas, con seguimiento a largo plazo y evaluación funcional estandarizada, serán fundamentales para definir con mayor precisión las indicaciones óptimas de la artrodesis frente a otras técnicas reconstructivas2,5.

CONCLUSIÓN

La artrodesis trapeciometacarpiana sigue siendo una alternativa válida y eficaz para el tratamiento de la rizartrosis, manteniendo su vigencia dentro de las posibilidades terapéuticas actuales.

La selección cuidadosa del paciente y la técnica quirúrgica meticulosa son fundamentales para optimizar resultados y minimizar complicaciones.

BIBLIOGRAFÍA

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