Índice tobillo-brazo como prueba diagnóstica en la enfermedad arterial periférica: utilidad clínica y papel de la enfermería

3 marzo 2026

AUTORES

  1. Sonia Matarranz Ripodas. Enfermera Especialista Familiar y Comunitaria. Navarra, España.

 

RESUMEN

La enfermedad arterial periférica es una manifestación frecuente de la aterosclerosis sistémica y se asocia a un incremento significativo del riesgo cardiovascular y de la mortalidad. A pesar de su elevada prevalencia, continúa siendo una patología infradiagnosticada, especialmente en fases iniciales, debido a la presencia de síntomas inespecíficos o incluso a su curso asintomático. En este contexto, el índice tobillo-brazo se ha consolidado como una herramienta diagnóstica sencilla, no invasiva y coste-efectiva para la detección de la enfermedad arterial periférica.

El índice tobillo-brazo permite estimar el grado de obstrucción arterial mediante la comparación de las cifras de presión arterial sistólica obtenidas en las extremidades superiores e inferiores. Su utilización en el ámbito de la atención primaria y comunitaria facilita el diagnóstico precoz, la estratificación del riesgo cardiovascular y la toma de decisiones clínicas oportunas. Diversos estudios han demostrado su utilidad no solo como prueba diagnóstica, sino también como marcador pronóstico de eventos cardiovasculares mayores.

La enfermería desempeña un papel clave en la realización del índice tobillo-brazo, así como en la interpretación de los resultados, el seguimiento de los pacientes y la educación sanitaria asociada. Su integración en la práctica enfermera contribuye a mejorar la detección de la enfermedad arterial periférica y a optimizar las estrategias de prevención secundaria cardiovascular.

El objetivo de este artículo es analizar la utilidad clínica del índice tobillo-brazo como prueba diagnóstica de la enfermedad arterial periférica, así como destacar el papel de la enfermería en su aplicación y seguimiento, a partir de la evidencia científica disponible.

PALABRAS CLAVE

Enfermedad arterial periférica, índice tobillo-brazo, diagnóstico, atención primaria, enfermería.

ABSTRACT

Peripheral arterial disease is a common manifestation of systemic atherosclerosis and is associated with a significantly increased cardiovascular risk and mortality. Despite its high prevalence, it remains underdiagnosed, especially in its early stages, due to nonspecific symptoms or an asymptomatic course. In this context, the ankle–brachial index has become a simple, non-invasive, and cost-effective diagnostic tool for the detection of peripheral arterial disease.

The ankle–brachial index estimates the degree of arterial obstruction by comparing systolic blood pressure measurements obtained in the upper and lower extremities. Its use in primary and community care facilitates early diagnosis, cardiovascular risk stratification, and timely clinical decision-making. Several studies have shown its usefulness not only as a diagnostic test but also as a prognostic marker of major cardiovascular events.

Nursing plays a key role in performing the ankle–brachial index, interpreting the results, patient follow-up, and providing health education. Its integration into nursing practice contributes to improving the detection of peripheral arterial disease and optimizing secondary cardiovascular prevention strategies.

The aim of this article is to analyze the clinical usefulness of the ankle–brachial index as a diagnostic test for peripheral arterial disease and to highlight the role of nursing in its implementation and follow-up, based on the available scientific evidence.

PALABRAS CLAVE

Peripheral arterial disease, ankle–brachial index, diagnosis, primary health care, nursing.

DESARROLLO DEL TEMA

La enfermedad arterial periférica constituye una manifestación clínica de la aterosclerosis sistémica caracterizada por la obstrucción parcial o total de las arterias de las extremidades, con mayor frecuencia de las extremidades inferiores. Se estima que afecta a más de 200 millones de personas en todo el mundo y su prevalencia aumenta de forma significativa con la edad y la presencia de factores de riesgo cardiovascular como el tabaquismo, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y la dislipemia¹.

A pesar de su elevada prevalencia y de su estrecha relación con otras enfermedades cardiovasculares, la enfermedad arterial periférica continúa siendo una patología infradiagnosticada y, en muchos casos, infratratada. Una proporción considerable de pacientes permanece asintomática o presenta síntomas inespecíficos, lo que dificulta su detección precoz en la práctica clínica habitual². Esta situación conlleva un retraso en el diagnóstico y en la implementación de medidas preventivas, incrementando el riesgo de eventos cardiovasculares mayores como el infarto de miocardio o el ictus.

La detección temprana de la enfermedad arterial periférica resulta fundamental no solo para prevenir la progresión de la enfermedad y sus complicaciones locales, como la isquemia crítica de las extremidades, sino también para identificar a pacientes con alto riesgo cardiovascular global. En este contexto, se han desarrollado diferentes herramientas diagnósticas, entre las que destaca el índice tobillo-brazo por su sencillez, fiabilidad y bajo coste³.

El índice tobillo-brazo se define como el cociente entre la presión arterial sistólica medida en el tobillo y la presión arterial sistólica medida en el brazo. Valores reducidos del índice se asocian a la presencia de obstrucción arterial y se correlacionan con la gravedad de la enfermedad. Diversas guías de práctica clínica recomiendan su uso como prueba de cribado y diagnóstico en población de riesgo, especialmente en el ámbito de la atención primaria⁴.

La enfermería, por su accesibilidad y contacto continuado con la población, se encuentra en una posición estratégica para la realización del índice tobillo-brazo y el seguimiento de los pacientes con enfermedad arterial periférica. La incorporación de esta prueba a la práctica enfermera contribuye a mejorar la detección precoz, la estratificación del riesgo y la educación sanitaria, reforzando el papel de la enfermería en la prevención secundaria cardiovascular⁵.

Enfermedad arterial periférica: concepto, epidemiología y relevancia clínica:

La enfermedad arterial periférica (EAP) es una manifestación de la aterosclerosis sistémica caracterizada por el estrechamiento u oclusión de las arterias periféricas, principalmente de las extremidades inferiores. Este proceso aterosclerótico conduce a una disminución del flujo sanguíneo, con el consiguiente aporte insuficiente de oxígeno y nutrientes a los tejidos, especialmente durante el ejercicio o situaciones de aumento de la demanda metabólica⁶.

Desde el punto de vista clínico, la EAP puede presentarse de forma asintomática o manifestarse mediante síntomas como la claudicación intermitente, definida como dolor, calambre o sensación de fatiga muscular en las extremidades inferiores que aparece con el esfuerzo y se alivia con el reposo. En fases más avanzadas, la enfermedad puede evolucionar hacia isquemia crítica de las extremidades, caracterizada por dolor en reposo, lesiones tróficas o gangrena, con un elevado riesgo de amputación⁷.

La prevalencia de la EAP aumenta de manera significativa con la edad y se estima que afecta a entre el 10 y el 20 % de las personas mayores de 65 años. No obstante, diversos estudios sugieren que esta cifra podría estar infraestimada debido a la elevada proporción de casos no diagnosticados, especialmente en pacientes asintomáticos⁸. La EAP es más frecuente en personas con factores de riesgo cardiovascular clásicos, destacando el tabaquismo como el principal factor asociado, seguido de la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y la dislipemia.

Más allá de sus manifestaciones locales, la EAP constituye un potente marcador de riesgo cardiovascular global. Los pacientes con EAP presentan un riesgo significativamente mayor de sufrir eventos cardiovasculares mayores, como infarto de miocardio, ictus y muerte cardiovascular, en comparación con la población general⁹. Por este motivo, la EAP se considera una enfermedad de alto riesgo cardiovascular, equiparable a la cardiopatía isquémica o la enfermedad cerebrovascular.

Desde una perspectiva de salud pública, la EAP genera una importante carga asistencial y un elevado consumo de recursos sanitarios, especialmente en estadios avanzados de la enfermedad. La detección precoz y el manejo adecuado de la EAP permiten no solo prevenir complicaciones locales, sino también implementar estrategias de prevención secundaria dirigidas a reducir el riesgo cardiovascular global del paciente.

Fundamentos fisiopatológicos del índice tobillo-brazo:

El índice tobillo-brazo (ITB) se basa en principios fisiopatológicos simples y bien establecidos. En condiciones normales, la presión arterial sistólica medida en las arterias de las extremidades inferiores es igual o ligeramente superior a la registrada en las extremidades superiores, debido a la amplificación de la onda de pulso a medida que se aleja del corazón¹⁰. Sin embargo, en presencia de estenosis u oclusiones arteriales significativas, la presión arterial distal disminuye de forma proporcional al grado de obstrucción.

El ITB se calcula dividiendo la presión arterial sistólica más alta obtenida en el tobillo (arterias tibiales posterior o pedia dorsal) entre la presión arterial sistólica más alta medida en el brazo (arteria braquial). Este cociente permite estimar de forma indirecta el grado de perfusión arterial de las extremidades inferiores y detectar la presencia de enfermedad arterial obstructiva.

Valores de ITB inferiores a lo normal indican una disminución del flujo arterial y se correlacionan con la presencia y la gravedad de la EAP. De este modo, el ITB no solo actúa como una herramienta diagnóstica, sino también como un indicador del grado de afectación vascular y del riesgo cardiovascular asociado¹¹.

Desde el punto de vista fisiopatológico, la utilidad del ITB radica en su capacidad para identificar alteraciones hemodinámicas incluso en fases iniciales de la enfermedad, cuando los síntomas pueden ser leves o inexistentes. Esta característica lo convierte en una herramienta especialmente valiosa para el cribado de EAP en población de riesgo, como personas mayores, fumadores o pacientes con diabetes mellitus.

Procedimiento de medición del índice tobillo-brazo:

La medición del ITB es un procedimiento sencillo, no invasivo y reproducible, que puede realizarse en el ámbito de la atención primaria con el equipamiento adecuado. Para su correcta realización se requiere un esfigmomanómetro, manguitos de tamaño apropiado y un dispositivo Doppler portátil para la detección del flujo arterial.

El procedimiento debe llevarse a cabo con el paciente en decúbito supino, tras un periodo de reposo de al menos 5 a 10 minutos, con el fin de evitar variaciones en la presión arterial inducidas por el ejercicio o el estrés. Se recomienda medir la presión arterial sistólica en ambas extremidades superiores y utilizar el valor más alto como referencia para el cálculo del ITB.

Posteriormente, se mide la presión arterial sistólica en las arterias del tobillo, generalmente la arteria tibial posterior y la arteria pedia dorsal, en ambas extremidades inferiores. Para el cálculo del ITB se selecciona el valor más alto obtenido en cada tobillo y se divide entre la presión arterial sistólica braquial de referencia¹².

La correcta técnica de medición es fundamental para garantizar la fiabilidad de los resultados. En este sentido, la formación y experiencia del profesional sanitario resultan determinantes. La enfermería, por su competencia en la toma de constantes vitales y el uso de dispositivos Doppler, se encuentra especialmente capacitada para la realización del ITB en la práctica clínica habitual.

Interpretación de los valores del índice tobillo-brazo:

La interpretación del ITB se basa en valores de referencia ampliamente aceptados en la literatura científica y en las guías de práctica clínica. Un ITB comprendido entre 1,00 y 1,40 se considera normal, mientras que valores inferiores a 0,90 son indicativos de enfermedad arterial periférica¹³.

Valores de ITB entre 0,70 y 0,90 se asocian generalmente a EAP leve, mientras que valores entre 0,40 y 0,69 indican una afectación moderada. Un ITB inferior a 0,40 sugiere una EAP grave, con un elevado riesgo de isquemia crítica de las extremidades.

Por otro lado, valores de ITB superiores a 1,40 pueden indicar la presencia de arterias no compresibles, fenómeno frecuente en pacientes con diabetes mellitus o enfermedad renal crónica, debido a la calcificación de la pared arterial. En estos casos, el ITB puede infraestimar la presencia de EAP, siendo necesario recurrir a pruebas diagnósticas complementarias¹⁴.

La correcta interpretación de los resultados del ITB permite no solo confirmar el diagnóstico de EAP, sino también estratificar el riesgo cardiovascular y orientar la toma de decisiones clínicas, incluyendo la derivación a atención especializada y la intensificación de las medidas de prevención secundaria.

Utilidad del índice tobillo-brazo en atención primaria:

El índice tobillo-brazo (ITB) se ha consolidado como una herramienta de gran utilidad en el ámbito de la atención primaria por su sencillez, bajo coste y elevado valor diagnóstico y pronóstico. Su aplicación en este nivel asistencial permite identificar de forma precoz a pacientes con enfermedad arterial periférica (EAP), especialmente en aquellos con factores de riesgo cardiovascular o con síntomas inespecíficos que podrían pasar desapercibidos en la práctica clínica habitual¹⁵.

La atención primaria, por su accesibilidad y continuidad asistencial, constituye el escenario idóneo para la realización del ITB como prueba de cribado en población de riesgo, como personas mayores de 65 años, fumadores, pacientes con diabetes mellitus o con antecedentes de enfermedad cardiovascular. La detección temprana de la EAP en este contexto facilita la instauración de medidas preventivas dirigidas a frenar la progresión de la enfermedad y reducir el riesgo de eventos cardiovasculares mayores.

Diversos estudios han demostrado que el uso sistemático del ITB en atención primaria mejora las tasas de diagnóstico de la EAP y permite una mejor estratificación del riesgo cardiovascular global¹⁶. Además, el ITB actúa como un marcador pronóstico independiente, ya que valores bajos se asocian a un incremento significativo de la mortalidad cardiovascular y por cualquier causa, incluso en ausencia de síntomas clínicos evidentes.

La incorporación del ITB a los protocolos de valoración cardiovascular en atención primaria contribuye a una atención más integral y proactiva, alineada con los principios de la prevención secundaria y la gestión de la cronicidad.

Papel de la enfermería en la realización y seguimiento del índice tobillo-brazo:

La enfermería desempeña un papel clave en la implementación del ITB en la práctica clínica, especialmente en el ámbito de la atención primaria y comunitaria. Su formación en la toma de constantes vitales, el uso de dispositivos Doppler y la valoración integral del paciente la posiciona como el profesional idóneo para la realización sistemática de esta prueba diagnóstica.

Entre las funciones enfermeras relacionadas con el ITB se incluyen la correcta preparación del paciente, la realización de la técnica de medición, el registro de los resultados y la identificación de valores patológicos que requieran intervención. Asimismo, la enfermería participa activamente en la interpretación inicial de los resultados y en la comunicación de los mismos al equipo multidisciplinar¹⁷.

El seguimiento de los pacientes con EAP diagnosticada mediante ITB constituye otro ámbito de intervención enfermera de gran relevancia. La enfermería realiza un control periódico de los factores de riesgo cardiovascular, refuerza la adherencia al tratamiento farmacológico y promueve cambios en el estilo de vida, como el abandono del tabaquismo y la práctica regular de actividad física adaptada.

Además, la educación sanitaria forma parte esencial del rol enfermero en este contexto. Informar al paciente sobre el significado del ITB, la naturaleza de la EAP y la importancia del autocuidado contribuye a mejorar la comprensión de la enfermedad y la implicación activa en su manejo. Este enfoque educativo resulta fundamental para optimizar los resultados a largo plazo y prevenir complicaciones.

Limitaciones del índice tobillo-brazo y consideraciones clínicas:

A pesar de sus múltiples ventajas, el ITB presenta ciertas limitaciones que deben tenerse en cuenta en la práctica clínica. Una de las principales es la presencia de arterias no comprensibles, especialmente en pacientes con diabetes mellitus de larga evolución o enfermedad renal crónica, lo que puede dar lugar a valores falsamente elevados y dificultar el diagnóstico de la EAP¹⁸.

Asimismo, el ITB puede no detectar estenosis leves o lesiones localizadas en segmentos arteriales específicos, por lo que un resultado normal no excluye completamente la presencia de enfermedad arterial en pacientes con síntomas sugestivos. En estos casos, puede ser necesario recurrir a pruebas complementarias, como el índice dedo-brazo o estudios de imagen vascular.

Otra limitación es la variabilidad en la técnica de medición, que puede afectar a la fiabilidad de los resultados si no se siguen protocolos estandarizados. Por este motivo, resulta imprescindible la formación específica de los profesionales sanitarios, especialmente de la enfermería, para garantizar una correcta realización e interpretación del ITB

A pesar de estas limitaciones, la evidencia científica respalda el uso del ITB como una herramienta útil y fiable cuando se emplea de forma adecuada y en combinación con la valoración clínica global del paciente.

Implicaciones para la práctica enfermera:

La integración del ITB en la práctica enfermera tiene importantes implicaciones para la mejora de la atención cardiovascular en atención primaria. La realización sistemática de esta prueba permite a la enfermería asumir un rol más activo en la detección precoz de la EAP y en la estratificación del riesgo cardiovascular.

El desarrollo de protocolos específicos y la formación continuada en la medición del ITB contribuyen a fortalecer las competencias enfermeras y a mejorar la calidad asistencial. Asimismo, la participación de la enfermería en programas de prevención secundaria cardiovascular refuerza su liderazgo en el abordaje de las enfermedades crónicas y en la promoción del autocuidado.

La implementación del ITB desde un enfoque enfermero favorece una atención más proactiva, centrada en la persona y orientada a la prevención de complicaciones, alineada con los objetivos de sostenibilidad y eficiencia del sistema sanitario.

 

CONCLUSIONES

El índice tobillo-brazo es una herramienta diagnóstica sencilla, no invasiva y coste-efectiva que desempeña un papel fundamental en la detección de la enfermedad arterial periférica y en la estratificación del riesgo cardiovascular. Su utilidad en el ámbito de la atención primaria permite identificar de forma precoz a pacientes con alto riesgo y facilitar la implementación de estrategias de prevención secundaria.

La enfermería desempeña un papel clave en la realización, interpretación y seguimiento del ITB, así como en la educación sanitaria y el control de los factores de riesgo cardiovascular asociados. La integración de esta prueba en la práctica enfermera contribuye a mejorar la detección de la EAP, optimizar el manejo clínico y reducir la carga de enfermedad cardiovascular.

El fortalecimiento del rol enfermero en el uso del ITB representa una oportunidad para avanzar hacia una atención más integral, preventiva y centrada en la persona, con un impacto positivo tanto en los resultados en salud como en la eficiencia del sistema sanitario.

 

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