Intervenciones de enfermería para la prevención del delirium en adultos hospitalizados

31 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Isaac Lanagrán Jiménez. Enfermero en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
  2. Estela Luque Muñoz. Enfermera en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
  3. Ainhoa Luque Muñoz. Enfermera en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
  4. Lidia García Salmerón. Enfermera en el Hospital Universitario Torrecárdenas (Almería). España.
  5. Santiago Sáez Martínez. Enfermero en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.
  6. Miriam Ojea Abadía. Enfermera en el Hospital Comarcal de Alcañiz (Teruel). España.

 

RESUMEN

El delirium es un síndrome neuropsiquiátrico agudo y multifactorial de alta prevalencia en adultos hospitalizados, especialmente en unidades de cuidados intensivos (UCI) y en la población geriátrica. Se asocia con mayor morbimortalidad, prolongación de la estancia hospitalaria y deterioro funcional. Dada su fácil prevención en un porcentaje significativo de casos, las intervenciones de enfermería son fundamentales para mitigar su impacto. Este artículo monográfico describe estrategias no farmacológicas, incluyendo la promoción del ciclo sueño-vigilia, movilización temprana, orientación cognitiva, optimización ambiental y apoyo familiar. Asimismo, se aborda el rol del personal de enfermería en la detección precoz y la implementación de estas intervenciones, reconociendo los desafíos y la necesidad de protocolos estandarizados. La evidencia subraya la eficacia de un enfoque integral basado en la enfermería para mejorar los resultados clínicos y la calidad asistencial.

PALABRAS CLAVE

Síndrome, sueño, enfermería, delirio, unidades de cuidados intensivos, rol.

ABSTRACT

Delirium is an acute, multifactorial neuropsychiatric syndrome with a high prevalence in hospitalized adults, especially in intensive care units (ICCU) and among the geriatric population. It is associated with increased morbidity and mortality, prolonged hospital stays, and functional decline. Given its preventability in a significant percentage of cases, nursing interventions are crucial to mitigate its impact. This monographic article details non-pharmacological strategies, including promoting the sleep-wake cycle, early mobilization, cognitive orientation, environmental optimization, and family support. Furthermore, it addresses the role of nursing in early detection and the implementation of these interventions, recognizing the challenges and the need for standardized protocols. The evidence underscores the effectiveness of a comprehensive nursing-based approach to improve clinical outcomes and the quality of care.

KEY WORDS

Syndrome, sleep, nursing, delirium, intensive care units, role.

DESARROLLO DEL TEMA

1. Introducción:

El delirium es un síndrome neuropsiquiátrico que se caracteriza por una alteración aguda de la atención y del nivel cognitivo, con un curso fluctuante a lo largo del día y una etiología multifactorial1-3. Esta condición es una de las complicaciones más frecuentes en pacientes adultos hospitalizados, con una prevalencia particularmente alta en las unidades de cuidados intensivos (UCI) y en la población geriátrica4-6. A pesar de su incidencia, el delirium es a menudo subdiagnosticado, y se estima que entre el 32% y el 66% de los casos no son identificados por los profesionales de la salud1, 7.

Las consecuencias del delirium son significativas, afectando negativamente al pronóstico del paciente. Se asocia con un aumento de la mortalidad, mayor morbilidad, prolongación de la estancia hospitalaria, un incremento en los costes de la atención médica, y un deterioro de la calidad de vida de la persona7-10. En el contexto de una unidad de cuidados intensivos, el delirium puede llevar a complicaciones adicionales como el aumento de la duración de la ventilación mecánica7 y mayor riesgo de autoextubación2. Se estima que el 30-40% de los casos de delirium son prevenibles11, 12, lo que resalta la importancia de implementar medidas preventivas que sean efectivas.

En este escenario, el papel de la enfermería es de vital importancia2,7. Los enfermeros, debido a su presencia continua y al contacto cercano con los pacientes las 24 horas del día, se encuentran en una posición estratégica para la detección temprana de los signos y síntomas del delirium, así como para la implementación oportuna de intervenciones preventivas y de manejo2,7. La monitorización continua por parte del personal de enfermería en la UCI permite identificar factores de riesgo y síntomas asociados en una etapa temprana, facilitando la toma de decisiones interdisciplinaria2. Sin embargo, a pesar de esta posición privilegiada, se han identificado barreras que limitan una evaluación adecuada del delirium en la práctica diaria, como la falta de conocimiento o la complejidad percibida de las herramientas de evaluación11,12.

El objetivo de este artículo monográfico es examinar las intervenciones de enfermería basadas en la evidencia científica dirigidas a la prevención del delirium en adultos hospitalizados. Se evidencia que un enfoque proactivo, estructurado y polivalente por parte del equipo de enfermería, centrado en estrategias no farmacológicas, es fundamental para reducir la incidencia, gravedad y duración del delirium, lo que a su vez mejora los resultados del paciente y la calidad de la atención.

2. Marco teórico:

La comprensión del delirium requiere analizar su epidemiología, los factores de riesgo que lo desencadenan, los mecanismos fisiopatológicos subyacentes, y cómo se evalúa y diagnostica.

Epidemiología del delirium en adultos hospitalizados:

El delirium es una complicación neuropsiquiátrica común en el entorno hospitalario1. Su prevalencia e incidencia varían considerablemente según la población y el contexto clínico. En unidades de cuidados intensivos (UCI), la prevalencia puede alcanzar hasta el 80% en pacientes críticos2 y en aquellos con ventilación mecánica7. En pacientes quirúrgicos, existe una incidencia de delirium postoperatorio entre el 6.1% y el 57.1% en ancianos sometidos a cirugías no cardíacas13, y hasta del 17 al 61% en pacientes con fractura de cadera en los primeros días postoperatorios5,14. A pesar de su alta frecuencia, el delirium sigue siendo subdiagnosticado, como evidenció un estudio cualitativo con enfermeras especialistas en geriatría, que encontró que la tasa de reconocimiento del delirium es a menudo baja, con un 33-95% de casos no identificados11.

Factores de riesgo:

La etiología del delirium es multifactorial, resultado de la interacción entre factores predisponentes (que aumentan la vulnerabilidad del paciente) y factores precipitantes (eventos agudos que desencadenan el delirium durante la hospitalización)1,7.

  • Factores predisponentes (Que no son modificables):
    • Edad avanzada: Es el factor de riesgo más consistente, con una edad media de 84.5 años en pacientes que desarrollan delirium en un estudio5.
    • Deterioro cognitivo previo o demencia: La presencia de demencia preexistente es el principal factor de riesgo en ancianos y se asocia con mayor duración y severidad del delirium1,11.
    • Comorbilidades graves: Como sepsis, shock, enfermedades respiratorias o cardiovasculares7,9.
    • Déficits sensoriales: Las alteraciones visuales (72.9%) y auditivas (8.3%) son comunes en pacientes con delirium9.
  • Factores precipitantes (modificables y principal objetivo de la intervención de enfermería):
    • Polifarmacia y ciertos medicamentos: Especialmente sedantes, analgésicos y anticolinérgicos7,9.
    • Alteraciones metabólicas y desequilibrios hidroelectrolíticos: Deshidratación y desnutrición1.
    • Dolor no controlado: Un factor importante que no debe descuidarse1.
    • Alteración del ciclo sueño-vigilia: La fragmentación del sueño es común en UCI10.
    • Inmovilización y restricciones físicas: La inmovilización y el uso de sujeciones son factores de riesgo evitables2,5.
    • Presencia de dispositivos invasivos: Sondas, catéteres, ventilación mecánica1,2.
    • Ambiente de UCI: Ruido excesivo, luces artificiales, falta de ventanas, falta de privacidad y sobreestimulación sensorial9.
    • Infecciones15.

 

Fisiopatología:

Aunque no se conoce por completo, se cree que la fisiopatología del delirium implica un desequilibrio de neurotransmisores, principalmente entre el sistema colinérgico y dopaminérgico, procesos inflamatorios y estrés oxidativo que llevan a una disfunción cerebral1,2,5.

Evaluación y diagnóstico

La detección temprana del delirium es crucial. Sin embargo, su diagnóstico puede ser un desafío debido a la fluctuación de los síntomas y a confundirlo con otras condiciones1,11. Los enfermeros, por su contacto continuo, son los más adecuados para la detección precoz de este trastorno1,2. Entre las herramientas validadas se incluyen:

  • Confusion Assessment Method (CAM): Ampliamente utilizado, evalúa el inicio agudo/fluctuante, inatención, pensamiento desorganizado y nivel de conciencia alterado1.
  • Confusion Assessment Method for the Intensive Care Unit (CAM-ICU): Adaptado para pacientes críticos, incluyendo aquellos con ventilación mecánica, con alta fiabilidad y validez7,9. Es evaluado por el personal de enfermería en la cabecera del paciente10.
  • Nursing Delirium-Screening Scale (Nu-DESC): Permite a los enfermeros calificar la gravedad de cinco características del delirium basándose en observaciones del comportamiento del paciente, siendo una herramienta rápida y viable en la práctica clínica6.

 

3. Intervenciones de enfermería para la prevención del delirium:

Las intervenciones para la prevención y el manejo del delirium se centran principalmente en estrategias no farmacológicas, ya que no existe un único fármaco que lo prevenga o lo trate por sí mismo2,7. Estas intervenciones se dirigen a los factores de riesgo modificables y suelen aplicarse como parte de programas multicomponentes.

Enfoque multicomponente en la prevención del delirium:

Los programas multicomponentes son la estrategia más eficaz para prevenir el delirium, ya que abordan simultáneamente múltiples factores de riesgo6,9,10. Un ejemplo destacado es el ABCDEF bundle (por sus siglas en inglés: Assessment, prevention, and management of Pain; Awakening and Breathing Choice of Analgesia and Sedation; Delirium Monitoring and Management; Early Mobility; y Family Involvement)2,7. La aplicación de este conjunto de intervenciones ha demostrado ser efectiva en la mejora de la supervivencia, la reducción de la estancia hospitalaria, la duración del delirium y la disminución de los costes de la estancia hospitalaria2.

Un ensayo clínico aleatorizado mostró que un programa de enfermería multicomponente, que incluía orientación espacial y temporal, estímulo visual y auditivo, y apoyo familiar, fue eficaz para prevenir el delirium en pacientes críticos, reduciendo la incidencia del 24% en el grupo control al 5% en el grupo intervenido4. Otro estudio de mejora de la calidad implementó un «bundle» multicomponente no farmacológico en una UCI postquirúrgica, logrando una reducción significativa en la proporción de días con delirium (del 20% al 15%)10. Un estudio realizado por enfermeras, que incluía cinco intervenciones diurnas («sunrise») y cinco nocturnas («turndown»), también demostró un impacto positivo inicial en las tasas de delirium6.

Intervenciones no farmacológicas:

Las intervenciones no farmacológicas pueden clasificarse según el factor de riesgo al que van dirigidas:

  • Movilización temprana: La movilización precoz es una intervención crucial que reduce el riesgo y la duración del delirium2,5,7. Un estudio encontró que sentarse temprano en la cama y el uso temprano de la silla de ruedas (ambos dentro del primer día tras el inicio del delirium) se asociaron con una duración significativamente más corta del delirium en ancianos hospitalizados (mediana de 4.0 días vs. 8.0 días para sentarse; 3.0 días vs. 11.0 días para el uso de silla de ruedas)5. La movilización acelera la reorientación, la orientación espacial y ayuda a normalizar la homeostasis de neurotransmisores mediante la verticalización (proceso de pasar a un paciente de una posición horizontal o en decúbito supino a una posición vertical), además de promover el sueño natural por el esfuerzo físico5.
  • Manejo del ciclo sueño-vigilia: La alteración del sueño es un factor de riesgo modificable importante10. Las intervenciones incluyen:
    • Minimizar el ruido y la luz artificial, especialmente por la noche9,10.
    • Promoción de la actividad diurna y exposición a la luz natural para mantener el ciclo circadiano6,9,10.
    • Agrupar tareas asistenciales para evitar interrupciones nocturnas10.
  • Orientación y estimulación cognitiva:
    • Reorientación constante del individuo en tiempo y espacio utilizando recursos como relojes y calendarios2,7,9.
    • Fomentar la interacción con familiares, la visualización de fotografías, la discusión de la vida familiar o el recuerdo de eventos pasados2,4.
    • Actividades cognitivas como resolver rompecabezas o leer libros2.
    • Asegurar que los pacientes tengan acceso a gafas y audífonos si los necesitan2,9.
  • Optimización del ambiente hospitalario:
    • Reducción de estímulos estresantes, como alarmas y ruidos excesivos9,10.
    • Creación de un entorno tranquilo, seguro y cómodo9.
    • Permitir la presencia de objetos personales y la interacción con familiares para crear un ambiente más familiar9. Un estudio sugiere separar el equipo de la UCI (alarmas y monitoreo) del paciente para un mejor control del ruido8.
  • Hidratación y nutrición adecuada: Mantenimiento del estado nutricional adecuado del paciente2.
  • Manejo del dolor y confort: Implementar estrategias para el control adecuado del dolor y el disconfort, ya que el dolor no controlado es un factor de riesgo para el delirium1. Además, esto incluye la prevención de la deshidratación y el estreñimiento2.

 

Consideraciones farmacológicas:

Aunque el enfoque principal de las intervenciones de enfermería es no farmacológico, la terapia farmacológica es una intervención de enfermería interdependiente con otras disciplinas. No existe un agente farmacológico único que prevenga o trate el delirium con evidencia científica sólida2,7. Sin embargo, los fármacos psicoactivos pueden ser una buena opción para controlar comportamientos como la agitación con riesgo de lesión física2. El haloperidol es el fármaco más comúnmente usado para el tratamiento del delirium, aunque no se asocia con una reducción significativa en la duración del delirium, la ventilación mecánica o la estancia en UCI2.

Las benzodiacepinas se deben evitar, excepto en casos de delirium por abstinencia de alcohol o convulsiones, debido a su potencial para exacerbar el riesgo de delirium2,7. Algunos estudios sugieren el potencial de la quetiapina en dosis bajas para la prevención14 y el uso de dexmedetomidina para facilitar la extubación en pacientes agitados7. También se ha explorado el uso de extractos de valeriana y hierba limón en combinación con quetiapina para reducir la agitación16. Los enfermeros, aunque no prescriben, son responsables de la administración, vigilancia de efectos secundarios y coordinación con otras intervenciones2.

4. El rol del personal de enfermería en la implementación de las intervenciones:

La enfermería ocupa una posición estratégica y fundamental en la prevención y manejo del delirium en pacientes hospitalizados. Su rol abarca desde la identificación precoz del propio delirium hasta la aplicación de intervenciones complejas y la coordinación con el equipo multidisciplinario.

Posición estratégica del personal de enfermería:

Los enfermeros, al ser los profesionales con mayor contacto con el paciente las 24 horas del día, son una pieza clave en la detección precoz de los cambios en la atención, conciencia o cognición que pueden indicar el inicio del delirium1,2,11. Su observación constante les permite identificar las fluctuaciones en los síntomas, una característica distintiva del síndrome, lo que les posiciona de manera única para una detección temprana y la activación de las intervenciones necesarias1,2. La monitorización continua por parte del personal de enfermería en la UCI permite identificar factores de riesgo y síntomas asociados en una etapa temprana, facilitando la toma de decisiones interdisciplinaria y la comunicación con el equipo médico2.

Experiencias y percepciones de los enfermeros:

A pesar de su papel crucial, un estudio cualitativo con enfermeras especialistas en geriatría reveló que, aunque reconocen la importancia del delirium, a menudo le dan menor importancia que otras demandas más urgentes, como la extubación no planificada o la descompensación de los signos vitales11. Esta percepción puede llevar al infradiagnóstico del delirium, especialmente el tipo hipoactivo, que es menos obvio11.

Las barreras identificadas por los enfermeros en la aplicación de las evaluaciones y el manejo del delirium incluyen:

  • Barreras lingüísticas y nivel educativo del paciente: Dificultades en la comunicación que afectan la precisión de las evaluaciones11.
  • Problemas sociales: La falta de conocimiento de los familiares sobre el estado cognitivo previo del paciente o la atribución de signos de deterioro cognitivo al envejecimiento normal pueden dificultar la distinción entre demencia y delirium11.
  • Competencias del enfermero: Aunque se proporciona formación, el uso de herramientas de evaluación del delirium requiere una competencia clínica que puede variar entre enfermeros, afectando la precisión de los resultados11.

 

Frente a estos desafíos, los enfermeros desarrollan estrategias adaptativas. Por ejemplo, la atención a los cambios en la condición del paciente que pueden derivar en eventos adversos (como la extubación no planificada) impulsa la evaluación del delirium11. La comunicación efectiva con los familiares, explicándoles los cambios cognitivos del paciente, no solo fomenta su apoyo, sino que también ayuda a evitar malentendidos11. Además, las enfermeras reconocen que el delirium puede llevar a complicaciones a largo plazo, como el deterioro cognitivo, lo que subraya la importancia de su prevención11.

Desarrollo de protocolos estandarizados:

Para optimizar la práctica y superar las barreras, es fundamental el desarrollo e implementación de protocolos basados en la evidencia, impulsados por el personal de enfermería. Este enfoque colaborativo, que involucra a los enfermeros desde el diseño hasta la evaluación, fomenta su compromiso y crea una cultura que apoya la intervención.

La educación y capacitación continua de los enfermeros sobre el delirium y las herramientas de evaluación son esenciales para mejorar sus conocimientos y prácticas4,11. Un ensayo clínico aleatorizado demostró que una intervención multicomponente de enfermería con estimulación cognitiva y apoyo familiar, realizada diariamente durante 15 minutos por enfermeras capacitadas, resultó en una baja incidencia de delirium en pacientes críticos intervenidos4.

La incorporación de estos protocolos en el registro electrónico de salud podría facilitar su implementación, cumplimiento y monitorización, integrando la prevención del delirium en las tareas rutinarias de enfermería6.

DISCUSIÓN

Este artículo ha permitido profundizar en la evidencia científica actual sobre el papel de las intervenciones de enfermería en la prevención del delirium en pacientes hospitalizados. Los hallazgos confirman que el delirium es un síndrome muy prevalente con consecuencias devastadoras, pero significativamente prevenible mediante un enfoque proactivo y multicomponente.

La evidencia analizada destaca la eficacia superior de las intervenciones no farmacológicas y multicomponentes en la reducción de la incidencia y duración del delirium4,6,9,10. Programas integrales, como el «ABCDEF bundle», demuestran ser altamente efectivos al abordar simultáneamente múltiples factores de riesgo modificables, lo que incluye la evaluación y manejo del dolor, la movilización temprana, la optimización del ciclo sueño-vigilia, la orientación y estimulación cognitiva, el manejo ambiental y la participación familiar2,7. La implementación de estas estrategias se ha asociado con varios beneficios, como la reducción de la estancia hospitalaria y la mejora de los resultados clínicos6,9,10.

Estudios específicos han validado la contribución de intervenciones individuales. La movilización temprana, en particular, ha demostrado acortar significativamente la duración del delirium, especialmente en poblaciones vulnerables como los ancianos hospitalizados5. Las intervenciones para mejorar el sueño (reducción de ruido y luz, o la agrupación de cuidados) y el ambiente (orientación en espacio y tiempo, o reducción de estímulos sensoriales excesivos) también han mostrado un impacto positivo6,9,10. La participación familiar es un componente protector crucial, ya que proporciona un entorno más familiar y seguro, y facilita la reorientación del paciente4.

En contraste, la evidencia que respalda la eficacia de las intervenciones farmacológicas para la prevención del delirium es limitada y, en ocasiones, contradictoria2,7. Aunque ciertos fármacos, como el haloperidol, pueden ser utilizados para controlar la agitación severa, su uso para la prevención rutinaria no está respaldado por la evidencia científica y se asocia con efectos adversos2. Las benzodiacepinas, aunque se usan para el delirium por abstinencia de alcohol o convulsiones, generalmente se deben evitar por el riesgo de exacerbar el delirium2,7. Estas consideraciones refuerzan la relevancia de las estrategias no farmacológicas en el enfoque enfermero.

Limitaciones y desafíos:

A pesar de la sólida evidencia de su efectividad, la implementación de intervenciones no farmacológicas enfrenta múltiples barreras como las siguientes:

  • Carga de trabajo y falta de tiempo: Los enfermeros a menudo perciben las intervenciones para el delirium como una carga adicional en turnos que ya de por sí son exigentes4,11.
  • Conocimiento y competencia del personal: Persisten lagunas en el conocimiento y la experiencia de los enfermeros en la detección temprana y el manejo del delirium, lo que puede conducir a diagnósticos erróneos o tardíos11,12.
  • Complejidad de las intervenciones multicomponentes: La integración de múltiples componentes puede ser un desafío en entornos clínicos con recursos limitados6.
  • Barreras culturales y lingüísticas: La comunicación y la adaptación de las estrategias de orientación pueden ser complicadas por la variedad de pacientes11.
  • Impacto de eventos externos: Como se observó durante la pandemia de COVID-19, eventos imprevistos pueden afectar negativamente la adherencia a los protocolos y la efectividad de las intervenciones, debido a la reasignación de recursos y prioridades6.

 

Aparte, las implicaciones de este artículo para la práctica enfermera son las siguientes:

  • Priorización del enfoque no farmacológico: Los enfermeros deben centrarse en la implementación sistemática de estas intervenciones, que son seguras, costo-efectivas y han demostrado ser la base de la prevención del delirium2,6,7.
  • Capacitación y formación continua: Es fundamental invertir en programas de educación que mejoren el conocimiento de los enfermeros sobre el delirium, sus factores de riesgo, herramientas de evaluación y estrategias de intervención. La capacitación basada en casos puede ser beneficiosa4,11.
  • Desarrollo e implementación de protocolos estandarizados: La creación de protocolos sencillos y dependientes de enfermería, que sean fáciles de integrar en la rutina diaria y que puedan ser monitorizados, es crucial para el éxito6.
  • Fomento del trabajo en equipo multidisciplinario: Los enfermeros son esenciales para facilitar la coordinación entre todos los profesionales de la salud involucrados en el cuidado del paciente.
  • Integración familiar: La integración activa de los familiares en el proceso de cuidado y su educación sobre el delirium puede mejorar la orientación del paciente y proporcionar un apoyo emocional crucial4.

 

CONCLUSIONES

Este artículo ha proporcionado una comprensión profunda de la evidencia científica actual sobre las intervenciones de enfermería para la prevención y el manejo del delirium en adultos hospitalizados. Se ha establecido que el delirium es un síndrome con alta prevalencia y graves consecuencias para la salud del paciente y el sistema sanitario, pero que una proporción considerable de casos son prevenibles.

Los estudios analizados demuestran consistentemente una mayor eficacia de las intervenciones no farmacológicas, particularmente cuando se aplican como parte de programas multicomponentes. Estrategias como la promoción de un ciclo sueño-vigilia adecuado, la movilización temprana, la orientación y estimulación cognitiva, la optimización del ambiente hospitalario, el manejo del dolor y la hidratación/nutrición, junto con la participación activa de la familia, constituyen los pilares de una atención enfermera preventiva de calidad. La implementación de protocolos de enfermería en este aspecto ha mostrado una reducción significativa en la incidencia y duración del delirium.

El equipo de enfermería, debido a su contacto directo y constante con el paciente, se encuentra en una posición privilegiada para la detección precoz y la implementación de estas intervenciones. Sin embargo, persisten desafíos relacionados con la carga de trabajo, la formación del personal, las barreras de comunicación y las complejidades del entorno hospitalario.

En definitiva, la optimización de la práctica enfermera frente al delirium exige la sensibilización y formación continua de los profesionales, la adopción e implementación de protocolos estandarizados y viables, y el fomento de una cultura de cuidado que priorice las medidas preventivas no farmacológicas. El enfermero no solo es un actor clave en la prevención de este síndrome, sino un agente transformador capaz de mejorar drásticamente los resultados clínicos y la experiencia del paciente durante su estancia hospitalaria.

Recomendaciones y futuras líneas de investigación:

A partir de los hallazgos del presente artículo, se derivan recomendaciones clave para la práctica clínica y futuras líneas de investigación que buscan fortalecer la prevención y el manejo del delirium:

Recomendaciones para la práctica clínica:

  • Implementar programas multicomponentes: Se debe priorizar la aplicación sistemática de programas multicomponentes no farmacológicos, como los que incluyen movilización temprana, orientación en la realidad, optimización del sueño y manejo ambiental, en todas las unidades de atención a adultos hospitalizados4,6,9,10.
  • Capacitación enfermera especializada: Es crucial invertir en programas de educación continua para enfermeros que mejoren su conocimiento sobre el delirium, sus factores de riesgo, las herramientas de evaluación (como por ejemplo CAM-ICU o Nu-DESC) y las estrategias de intervención, incluyendo formación basada en casos4,6,9,11.
  • Desarrollo de protocolos sencillos y viables: Crear e implementar protocolos de enfermería que sean concisos y fácilmente integrables en la rutina diaria, facilitando que se monitorice su cumplimiento sin una carga administrativa excesiva6.
  • Promoción de un ambiente terapéutico: Optimizar el entorno hospitalario para minimizar factores de riesgo ambientales, como la reducción de ruido y luz excesiva, y asegurar la presencia de elementos de orientación como relojes y calendarios8,9.
  • Fomentar la movilización temprana y activa: Establecer protocolos para la movilización precoz y progresiva de los pacientes, adaptados a su condición clínica, desde el inicio de la hospitalización5,7.
  • Involucrar activamente a la familia: Educar y capacitar a los familiares para que participen en la orientación, estimulación cognitiva y promoción del confort del paciente, reconociéndolos como un recurso invaluable4.

 

Por último, las futuras líneas de investigación deben ir encaminadas hacia:

  • Estudios de efectividad de componentes individuales: Realizar ensayos clínicos aleatorizados que aíslen la efectividad de componentes específicos dentro de programas multicomponentes para determinar la contribución de cada intervención4,6.
  • Investigación en poblaciones específicas: Explorar la efectividad de las intervenciones de enfermería en poblaciones menos estudiadas, como pacientes con patologías complejas o en distintos niveles de atención fuera de la UCI6.
  • Impacto de la tecnología: Investigar el uso de tecnologías innovadoras (como la inteligencia artificial, neuromonitorización, actigrafía…) para mejorar la detección, monitorización y personalización de las intervenciones para el delirium8,10.
  • Estudios cualitativos sobre la experiencia del paciente y la familia: Profundizar en las percepciones y experiencias vividas por los pacientes y sus familiares con el delirium y las intervenciones, para adaptar los cuidados a sus necesidades y preferencias11.
  • Análisis de coste-efectividad de las intervenciones: Realizar estudios de coste-efectividad que cuantifiquen los beneficios económicos de la implementación de programas de prevención del delirium a gran escala4,5.
  • Desarrollo de herramientas de formación innovadoras: Investigar la efectividad de nuevas metodologías de enseñanza y entrenamiento para enfermeros que mejoren su competencia en la evaluación y manejo del delirium11.
  • Estudios de implementación y barreras: Continuar investigando las barreras y facilitadores para la implementación exitosa de las intervenciones de delirium en diferentes contextos hospitalarios, y desarrollar estrategias para mejorar la fidelidad de los protocolos6,11.

 

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