- Laura Montori Tejedor. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Ana Pablo Muñoz. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Marcos Aladrén Sánchez. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Lucía Cigüela Valero. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Patricia García Carbonel. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Inés Gómez López. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
Las enfermedades crónicas no transmisibles representan actualmente una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial, concentrando alrededor del 71 % de las muertes según la Organización Mundial de la Salud. Entre los factores de riesgo modificables más relevantes se encuentra la inactividad física, considerada el cuarto factor de riesgo de mortalidad global.
La evidencia científica demuestra que la actividad física regular actúa como un pilar fundamental en la prevención y el control de múltiples patologías crónicas. A pesar de los beneficios comprobados, los niveles de inactividad física continúan siendo alarmantes, lo que exige estrategias integrales de promoción que incluyan intervenciones individuales, comunitarias y políticas públicas. La enfermería, como profesión cercana y educativa, desempeña un papel esencial en la motivación y acompañamiento de la población para adoptar estilos de vida activos y sostenibles.
PALABRAS CLAVE
Actividad física, enfermedades crónicas, enfermería, prevención primaria, promoción de la salud, ejercicio.
ABSTRACT
Chronic non-communicable diseases are currently one of the main causes of morbidity and mortality worldwide, accounting for approximately 71% of deaths, according to the World Health Organization. Among the most relevant modifiable risk factors is physical inactivity, considered the fourth global mortality risk factor.
Scientific evidence shows that regular physical activity is a fundamental pillar in the prevention and control of multiple chronic diseases. Despite the proven benefits, levels of physical inactivity remain alarming, necessitating comprehensive promotion strategies that include individual, community, and public policy interventions. Nursing, as a close and educational profession, plays a key role in motivating and supporting the population to adopt active and sustainable lifestyles.
KEY WORDS
Physical activity, chronic diseases, nursing, primary prevention, health promotion, exercise.
DESARROLLO DEL TEMA
En las últimas décadas, hemos visto cómo el mapa de la salud en el mundo ha cambiado. Cada vez menos muertes están ligadas a enfermedades infecciosas y, en cambio, crecen con fuerza las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT): diabetes tipo 2, dolencias cardiovasculares, cáncer o la obesidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas patologías son responsables de alrededor del 71 % de todas las muertes a nivel global1.
Lo más duro es que, en buena medida, están relacionadas con factores de riesgo que sí se pueden modificar. Y uno de los más importantes es, sin duda, el sedentarismo. Por eso la actividad física no es un lujo ni algo opcional: se ha convertido en una auténtica herramienta de prevención y control. Sus beneficios van más allá de lo físico: alcanzan lo mental y lo social, tocando de lleno la calidad de vida.
¿Qué entendemos por actividad física?
Cuando hablamos de actividad física, nos referimos a cualquier movimiento que haga trabajar a los músculos y que, claro, demande energía2. Esto incluye tanto salir a correr o ir al gimnasio como gestos más cotidianos: subir escaleras, caminar al supermercado o incluso bailar en casa.
El ejercicio físico, en cambio, es más específico: planificado, repetitivo, diseñado para mejorar la fuerza, la resistencia o la flexibilidad.
Ahora bien, lo preocupante llega cuando pensamos en la inactividad física, es decir, cuando no alcanzamos los niveles recomendados. La OMS aconseja al menos 150 minutos de actividad moderada a la semana, o bien 75 minutos de actividad intensa, además de entrenar la fuerza dos veces semanales. Sin embargo, mucha gente está lejos de cumplirlo1.
Evidencia científica: Actividad física y prevención de enfermedades crónicas:
Enfermedades cardiovasculares:
La evidencia es clara: moverse protege al corazón. Practicar actividad física de forma regular reduce el riesgo de infarto, ictus e hipertensión arterial. ¿Cómo? Mejorando la salud de los vasos sanguíneos, bajando la tensión arterial, equilibrando los niveles de colesterol y entrenando la capacidad cardiorrespiratoria3.
Un estudio publicado en The Lancet mostró que quienes se mantienen activos tienen un 30 % menos de riesgo de morir por causas cardiovasculares que quienes llevan una vida sedentaria4.
Diabetes mellitus tipo 2:
El sedentarismo abre la puerta a la resistencia a la insulina, mientras que la actividad física hace justo lo contrario:
– Facilita que los músculos capten mejor la glucosa.
– Aumenta la sensibilidad a la insulina.
– Reduce la grasa visceral, que se acumula alrededor de los órganos.
El Diabetes Prevention Program (DPP) demostró que con cambios de estilo de vida —más movimiento y mejor alimentación— se puede reducir en un 58 % el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en personas con predisposición5.
Obesidad:
La obesidad, que ya se considera una pandemia silenciosa, es el gran denominador común de muchas ECNT. Aquí, la actividad física es un aliado que no falla: aumenta el gasto energético, mejora la composición corporal al potenciar la masa muscular y ayuda a regular tanto el apetito como el metabolismo6.
No es casualidad que la OMS catalogue la inactividad como el cuarto factor de riesgo de mortalidad en el mundo, solo detrás de la hipertensión, el tabaco y la glucosa elevada en sangre1.
Cáncer:
Puede sorprender, pero la ciencia también respalda la relación entre ejercicio y cáncer. La práctica regular de actividad física reduce el riesgo de desarrollar ciertos tipos, en especial colon, mama y endometrio7.
– En el cáncer de colon, el ejercicio acelera el tránsito intestinal y con ello se reduce el tiempo de contacto de la mucosa con sustancias nocivas.
– En el cáncer de mama, la clave está en la regulación hormonal y en un sistema inmunitario más fortalecido.
La American Cancer Society estima que un estilo de vida activo puede llegar a prevenir hasta un 20 % de los casos de colon y mama8.
Salud mental:
El movimiento también alivia la mente. El ejercicio regular reduce la ansiedad, ayuda a combatir la depresión y mejora la calidad del sueño. Además, favorece la liberación de endorfinas y serotonina, estas sustancias que actúan como una especie de «medicina natural para el ánimo».
No es casualidad que la OMS lo reconozca como un recurso fundamental en la prevención y tratamiento de la depresión leve o moderada9.
Mecanismos fisiológicos de protección:
La actividad física tiene beneficios a nivel general en el cuerpo:
– En el corazón y vasos: mejora el gasto cardíaco y la circulación.
– En el metabolismo: ayuda a quemar grasa, regula la glucosa e insulina.
– En las hormonas: baja el cortisol, la hormona del estrés.
– En las defensas: estimula células inmunitarias como las NK.
– En el cerebro: favorece la neurogénesis y la plasticidad, gracias a factores que protegen y nutren las neuronas.
Barreras en la práctica de actividad física:
Según la OMS, uno de cada cuatro adultos y más del 80 % de adolescentes no llegan a los niveles mínimos de actividad1.
Las razones son:
– La falta de tiempo, atrapados entre trabajo, familia y responsabilidades.
– La escasez de espacios seguros para moverse, sobre todo en las grandes ciudades.
– La cultura del ocio pasivo, cada vez más ligada a pantallas y sofás.
– Y, por supuesto, las desigualdades económicas que hacen difícil acceder a programas deportivos10.
Estrategias de promoción de la actividad física:
Revertir esta situación requiere acciones conjuntas y realistas:
– A nivel individual: animar a gestos sencillos como caminar al trabajo, usar la bicicleta, subir escaleras o incluso hacer pausas activas en la oficina.
– A nivel comunitario: impulsar programas en colegios, universidades y empresas que normalicen la actividad como parte del día a día.
– A nivel político: apostar por ciudades más caminables, con carriles bici, parques accesibles y campañas de concienciación.
Y aquí, la enfermería tiene un papel crucial: acompañar, educar y motivar. Porque a veces lo que falta no es información, sino ese empujón humano que nos recuerde que movernos puede cambiar nuestra vida11.
CONCLUSIONES
La actividad física no es simplemente “hacer ejercicio”. Es, en realidad, una de las decisiones más poderosas que podemos tomar para cuidar nuestra salud. Y es que moverse un poco más cada día significa darle oxígeno al corazón, equilibrio a la mente y energía al cuerpo.
Las cifras científicas lo dejan claro: caminar, correr, bailar o nadar puede reducir de manera significativa el riesgo de padecer diabetes, hipertensión, obesidad o incluso ciertos tipos de cáncer. Pero más allá de los números, la actividad física nos regala algo que no siempre aparece en las estadísticas: bienestar, confianza y la sensación de estar en sintonía con nuestro propio cuerpo.
Sin embargo, la realidad también muestra que muchas personas siguen atrapadas en el sedentarismo. La falta de tiempo, los entornos poco amigables y hasta la rutina diaria pueden convertirse en obstáculos. Y aquí es donde la salud pública y los profesionales sanitarios —en especial la enfermería— tienen un papel clave: acompañar, motivar y ofrecer herramientas para que la actividad física deje de verse como un esfuerzo extra y se convierta en un hábito natural.
En definitiva, la actividad física no debería considerarse un complemento opcional, sino un pilar esencial de la prevención y la vida saludable. Caminar unos minutos más, elegir las escaleras en lugar del ascensor o apuntarse a una clase de baile puede parecer poco… pero sumado día tras día, es capaz de marcar la diferencia entre vivir con enfermedad o vivir con plenitud.
BIBLIOGRAFÍA
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