Manejo de quemaduras por extravasación de calcio en vías periféricas en recién nacidos

7 julio 2026

 

AUTORES

  1. Marta Sánchez Duro. Graduado en Enfermería. Enfermera en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  2. Daniel Mariñosa Martín. Graduado en Enfermería. Enfermero en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  3. Lara Blasco Polo. Graduado en Enfermería. Enfermera en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  4. Natalia Boquer Benedicto. Graduado en Enfermería. Enfermera en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  5. María López Cabrejas. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza).

 

RESUMEN

La extravasación de gluconato cálcico en vías venosas periféricas constituye una complicación poco frecuente, pero potencialmente grave en el recién nacido. La inmadurez cutánea, la fragilidad vascular, el escaso tejido subcutáneo y la dificultad para detectar signos subjetivos de dolor o disconfort convierten al paciente neonatal, especialmente al prematuro, en un grupo de especial riesgo. El calcio intravenoso se emplea en neonatología para el tratamiento de la hipocalcemia y en determinadas situaciones clínicas urgentes, pero su extravasación puede producir inflamación local, calcinosis cutánea, necrosis tisular, lesión profunda e incluso síndrome compartimental.

El objetivo de este trabajo monográfico es describir el manejo de las lesiones por extravasación de calcio en vías periféricas en recién nacidos, abordando los factores de riesgo, las manifestaciones clínicas, la actuación inicial, el tratamiento local, el seguimiento y los cuidados de enfermería. Se incluye un caso clínico realista para ilustrar la importancia de la identificación precoz y la aplicación de medidas protocolizadas.

La prevención, la vigilancia estrecha de las vías periféricas, la suspensión inmediata de la perfusión ante la sospecha de extravasación y el abordaje multidisciplinar son elementos esenciales para reducir complicaciones y mejorar la seguridad del paciente neonatal.

PALABRAS CLAVE

Extravasación, calcio, recién nacido, cateterismo periférico, lesión tisular, enfermería neonatal.

ABSTRACT

Calcium gluconate extravasation from peripheral intravenous lines is an uncommon but potentially serious complication in newborns. Skin immaturity, vascular fragility, limited subcutaneous tissue and difficulty in identifying subjective signs of pain or discomfort make neonatal patients, especially preterm infants, particularly vulnerable. Intravenous calcium is used in neonatology for the treatment of hypocalcemia and in certain urgent clinical situations, but its extravasation may cause local inflammation, cutaneous calcinosis, tissue necrosis, deep injury and even compartment syndrome.

The aim of this monographic article is to describe the management of calcium extravasation injuries in peripheral lines in newborns, including risk factors, clinical manifestations, initial intervention, local treatment, follow-up and nursing care. A realistic clinical case is included to illustrate the importance of early identification and protocol-based management.

Prevention, close monitoring of peripheral intravenous lines, immediate discontinuation of infusion when extravasation is suspected and a multidisciplinary approach are essential to reduce complications and improve neonatal patient safety.

KEY WORDS

Extravasation, calcium, newborn, peripheral catheterization, tissue injury, neonatal nursing.

INTRODUCCIÓN

La canalización de vías venosas periféricas es una técnica habitual en las unidades neonatales y constituye una herramienta imprescindible para la administración de fluidoterapia, medicación intravenosa, nutrición parenteral, hemoderivados y electrolitos. Aunque se trata de un procedimiento frecuente, no está exento de complicaciones. Entre ellas, la infiltración y la extravasación ocupan un lugar relevante por su capacidad para producir daño tisular, dolor, infección, alteraciones funcionales y secuelas estéticas o cicatriciales¹.

La extravasación se define como la salida accidental de una solución o medicamento potencialmente lesivo desde el espacio intravascular hacia los tejidos circundantes. Su gravedad depende de diferentes factores, entre ellos el tipo de sustancia administrada, su pH, osmolaridad, volumen extravasado, tiempo de contacto con los tejidos, localización anatómica y edad del paciente². En neonatología, esta complicación adquiere especial importancia porque los recién nacidos presentan una piel inmadura, vasos de pequeño calibre, menor tono venoso, tejido subcutáneo fácilmente distensible y una circulación periférica más vulnerable³.

El gluconato cálcico intravenoso se utiliza con frecuencia en unidades neonatales para el tratamiento de la hipocalcemia, especialmente en recién nacidos prematuros, hijos de madres diabéticas, pacientes con sepsis, asfixia perinatal o situaciones de inestabilidad metabólica. Sin embargo, aunque el gluconato cálcico es menos irritante que el cloruro cálcico, su extravasación puede ocasionar lesiones importantes. Se han descrito casos de eritema, edema, placas induradas, calcinosis cutánea, necrosis, ulceración, afectación funcional y síndrome compartimental asociado a la extravasación de calcio en neonatos⁴.

La identificación precoz es decisiva. En el recién nacido, la detección puede ser difícil porque no siempre existen signos evidentes al inicio y porque el paciente no puede expresar dolor, quemazón o sensación de presión. Por ello, la vigilancia activa de las vías periféricas por parte del personal de enfermería resulta fundamental. Una actuación tardía puede favorecer la progresión de la lesión, mientras que una intervención inmediata puede limitar el daño y evitar complicaciones graves⁵.

OBJETIVO

El objetivo principal de este trabajo es describir el manejo de las quemaduras y lesiones tisulares producidas por extravasación de calcio en vías venosas periféricas en recién nacidos.

Como objetivos específicos se plantean identificar los principales factores de riesgo, describir las manifestaciones clínicas, exponer las medidas iniciales de actuación, revisar las opciones terapéuticas disponibles y destacar el papel de enfermería en la prevención, detección precoz, registro y seguimiento de estas lesiones.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Recién nacido pretérmino de 32 semanas de edad gestacional y 1.750 gramos de peso, ingresado en unidad neonatal por distrés respiratorio leve, prematuridad y alteración metabólica compatible con hipocalcemia neonatal precoz. El paciente se encontraba en incubadora, con monitorización cardiorrespiratoria continua y alimentación enteral parcial. Se indicó administración de gluconato cálcico intravenoso diluido según protocolo de la unidad, a través de una vía venosa periférica canalizada en dorso de mano derecha.

Durante el turno, en una revisión rutinaria de la vía, enfermería observó leve palidez pericatéter y discreto aumento de volumen respecto a la mano contralateral. La bomba de infusión no había presentado alarma persistente, pero al valorar la zona se objetivó edema incipiente, piel tensa y resistencia al paso de la medicación. Ante la sospecha de extravasación de gluconato cálcico, se suspendió inmediatamente la perfusión, sin lavar la vía. Se intentó aspiración suave a través del catéter, obteniéndose escaso contenido, y posteriormente se retiró la vía.

Se elevó la extremidad, se delimitó la zona afectada, se avisó al neonatólogo responsable y se registró el evento en la historia clínica. Se realizó fotografía inicial para seguimiento evolutivo. En la valoración médica no existían signos de compromiso vascular distal: el relleno capilar era conservado, la coloración distal adecuada y no se apreciaba limitación evidente de movilidad. No obstante, dada la naturaleza del fármaco extravasado, se decidió vigilancia estrecha y valoración seriada.

Durante las primeras horas apareció eritema moderado e induración local, sin ampollas ni necrosis. Se pautó analgesia según escala neonatal y cuidados locales conservadores, manteniendo la zona visible y evitando compresión. En las revisiones posteriores, la lesión no progresó hacia ulceración ni necrosis. A las 48 horas persistía una placa indurada de pequeño tamaño, sin signos de infección ni afectación funcional. La evolución durante la semana siguiente fue favorable, con disminución progresiva del edema y normalización de la coloración cutánea.

El caso ilustra la importancia de la vigilancia directa de las vías periféricas en neonatos y demuestra que la actuación temprana, incluso ante signos sutiles, puede evitar lesiones graves. También pone de manifiesto que la ausencia de alarma en la bomba de infusión no descarta extravasación, por lo que la inspección clínica frecuente continúa siendo imprescindible.

DESARROLLO

Vulnerabilidad del recién nacido ante la extravasación:

El recién nacido presenta características anatómicas y fisiológicas que incrementan el riesgo de extravasación y de lesión tisular posterior. La piel neonatal, especialmente en el prematuro, posee una barrera epidérmica menos desarrollada, menor espesor y mayor permeabilidad. Además, el tejido subcutáneo es escaso y se distiende con facilidad, por lo que una cantidad relativamente pequeña de líquido extravasado puede extenderse rápidamente antes de ser visible clínicamente³.

Los vasos periféricos del neonato son de pequeño calibre y sus paredes son más frágiles. A ello se suma que las zonas utilizadas con frecuencia para canalización, como dorso de manos, pies, muñecas o tobillos, tienen poco tejido protector y se encuentran próximas a tendones, nervios y articulaciones. La inmovilidad, el uso de incubadora, la sedación, la prematuridad, el bajo peso y la necesidad de múltiples accesos venosos aumentan todavía más la vulnerabilidad del paciente neonatal¹.

La extravasación puede producirse por desplazamiento del catéter, perforación de la pared vascular, mala fijación, aumento de presión durante la perfusión, movimientos del recién nacido o deterioro progresivo de la vía. En ocasiones, el catéter parece correctamente colocado, pero la solución comienza a difundirse hacia el espacio intersticial. Por este motivo, la permeabilidad de la vía no debe valorarse únicamente por la ausencia de alarma en la bomba de infusión, sino mediante inspección directa y frecuente de la zona de punción².

Particularidades del calcio como agente lesivo:

El calcio intravenoso puede comportarse como una sustancia irritante para los tejidos. Tras su extravasación, puede producir una reacción inflamatoria local y favorecer el depósito de sales cálcicas en tejidos blandos. Esta acumulación puede manifestarse como calcinosis cutánea iatrogénica, con aparición de placas endurecidas, eritema, edema, dolor, cambios de coloración, ulceración o necrosis⁴.

Los estudios publicados sobre calcinosis cutánea neonatal secundaria a extravasación de gluconato cálcico muestran que, cuando no existe necrosis cutánea o subcutánea, el tratamiento conservador puede ser eficaz, con resolución progresiva de las calcificaciones y sin afectación funcional a largo plazo en muchos casos⁴. Sin embargo, también existen casos graves descritos en la literatura, incluyendo lesiones con síndrome compartimental tras extravasación de calcio, lo que obliga a considerar esta complicación como un evento potencialmente serio⁶.

El daño tisular no depende únicamente del tipo de fármaco, sino también del volumen extravasado, la velocidad de infusión, el tiempo transcurrido hasta la detección y la localización anatómica. Una extravasación en dorso de mano o pie puede comprometer estructuras profundas debido al escaso espacio disponible y a la proximidad de tendones y nervios. Por ello, cualquier sospecha debe tratarse como una urgencia asistencial.

Factores de riesgo:

Los factores de riesgo pueden agruparse en factores propios del paciente, del acceso venoso, de la medicación y del entorno asistencial. Entre los factores del paciente destacan la prematuridad, el bajo peso al nacimiento, la edad neonatal temprana, la fragilidad vascular, la escasa grasa subcutánea y la dificultad para expresar síntomas. Los neonatos críticos, sedados o con mala perfusión periférica presentan mayor riesgo porque la detección clínica puede retrasarse³.

En relación con el acceso venoso, aumentan el riesgo la canalización en zonas de flexión, la fijación deficiente, el uso prolongado de una misma vía, la dificultad para visualizar el punto de inserción y la presencia de apósitos opacos o vendajes excesivos. También influyen los intentos repetidos de canalización y la utilización de venas pequeñas para perfundir sustancias irritantes.

Respecto a la medicación, las soluciones hiperosmolares, irritantes o con potencial vasoconstrictor se asocian a mayor daño tisular cuando se extravasan. El calcio, la nutrición parenteral, soluciones glucosadas concentradas, bicarbonato, vasopresores y determinados antibióticos son ejemplos de sustancias que requieren vigilancia estrecha¹,². Las guías clínicas recomiendan valorar siempre el tipo de medicación y considerar accesos centrales cuando se administran soluciones de alto riesgo o tratamientos prolongados³.

Manifestaciones clínicas:

Las manifestaciones iniciales de la extravasación pueden ser discretas. Los signos más habituales son edema, palidez, eritema, frialdad o aumento de temperatura local, induración, tirantez de la piel, disminución de la perfusión distal, resistencia al paso de la medicación o alarma repetida de la bomba de infusión. En ocasiones, el único dato inicial es un cambio sutil en el color o volumen de la zona alrededor del catéter.

Cuando la lesión progresa pueden aparecer ampollas, placas blanquecinas o violáceas, necrosis, ulceración, exudado, escaras y afectación de planos profundos. La extravasación de calcio puede dar lugar a lesiones endurecidas por depósito cálcico, visibles posteriormente en pruebas de imagen como calcificaciones de tejidos blandos⁴,⁷. En lesiones graves, el aumento de presión en compartimentos cerrados puede comprometer la vascularización y producir síndrome compartimental⁶.

La valoración debe incluir inspección de la zona, comparación con la extremidad contralateral, control de coloración, temperatura, relleno capilar, movilidad, presencia de pulsos si procede y signos de dolor o irritabilidad. En neonatos, el llanto, la irritabilidad, la alteración del patrón de sueño o cambios fisiológicos pueden ser manifestaciones indirectas de dolor.

Actuación inicial ante sospecha de extravasación:

Ante la sospecha de extravasación, la actuación debe ser inmediata. La primera medida es detener la infusión sin retirar inicialmente el catéter. Mantenerlo durante los primeros instantes puede permitir aspirar parte del fármaco residual y disminuir la cantidad de sustancia presente en el tejido¹,².

No debe lavarse la vía ni administrar suero para comprobar permeabilidad, ya que esto podría aumentar el volumen extravasado y agravar la lesión. Tras detener la perfusión, se recomienda aspirar suavemente a través del catéter si es posible, retirar posteriormente la vía, elevar la extremidad y avisar al equipo médico responsable. La zona debe quedar visible, sin vendajes compresivos que dificulten la valoración.

Es fundamental delimitar el área afectada, registrar la hora de detección, el fármaco administrado, concentración, velocidad de infusión, volumen estimado extravasado, localización, aspecto de la lesión y medidas adoptadas. Las guías clínicas recomiendan fotografiar la lesión y guardar la imagen en la historia clínica para facilitar el seguimiento evolutivo².

Tratamiento local y abordaje terapéutico:

El tratamiento depende de la gravedad de la lesión, del agente extravasado y del tiempo transcurrido. En lesiones leves, puede ser suficiente la suspensión de la infusión, elevación de la extremidad, analgesia, vigilancia estrecha y cuidados locales. En el caso del calcio, es necesario mantener una observación cuidadosa durante las horas y días posteriores, ya que algunas lesiones evolucionan de forma diferida.

La hialuronidasa se ha utilizado en el manejo de determinadas extravasaciones en neonatos y niños, especialmente con el objetivo de facilitar la dispersión del líquido extravasado a través del tejido subcutáneo⁵,⁸. Su indicación debe ajustarse a los protocolos del centro y valorarse según el tipo de sustancia, extensión de la lesión y tiempo de evolución. En extravasaciones importantes o de alto riesgo, algunos protocolos contemplan técnicas de lavado subcutáneo con suero salino, especialmente cuando la actuación es muy precoz⁵.

La aplicación de calor o frío local debe individualizarse. No todas las extravasaciones se benefician de las mismas medidas térmicas y el uso inadecuado puede empeorar el daño. En neonatos, además, existe riesgo de lesión térmica por la fragilidad cutánea, por lo que cualquier medida de este tipo debe emplearse con extrema precaución y bajo indicación protocolizada.

Cuando existe necrosis, ampollas extensas, compromiso vascular, afectación funcional, sospecha de síndrome compartimental o progresión rápida, debe solicitarse valoración por cirugía pediátrica, cirugía plástica, traumatología o el equipo especializado correspondiente. El abordaje precoz de lesiones graves puede evitar secuelas funcionales, contracturas, deformidades o cicatrices importantes⁹.

CUIDADOS DE ENFERMERÍA

El papel de enfermería es esencial en todas las fases: prevención, detección, actuación inicial, registro, seguimiento y educación del equipo. La prevención comienza antes de la canalización, con la elección del punto de punción más adecuado y evitando, siempre que sea posible, zonas de flexión o áreas con escaso tejido protector. La fijación debe asegurar el catéter sin ocultar completamente la zona de inserción, permitiendo la inspección frecuente.

Durante la administración de calcio intravenoso, la vigilancia debe ser especialmente estrecha. Es recomendable comprobar periódicamente la zona de inserción, valorar la extremidad completa y verificar que no existan cambios de coloración, edema, frialdad, induración o dificultad en la perfusión. En fármacos de riesgo, la revisión debe intensificarse y quedar documentada.

Ante cualquier sospecha, enfermería debe actuar sin demora: detener la infusión, evitar lavar la vía, avisar al equipo médico, mantener la zona visible, registrar el evento y participar en la aplicación del tratamiento indicado. También resulta fundamental controlar el dolor neonatal, ya que las lesiones por extravasación pueden ser dolorosas aunque el recién nacido no pueda expresarlo verbalmente.

El seguimiento posterior incluye valoración seriada de la piel, medición o delimitación de la lesión, vigilancia de signos de infección, control de perfusión distal, movilidad y evolución del tejido. Una documentación adecuada permite comparar la evolución y facilita la continuidad asistencial entre turnos.

Prevención y seguridad del paciente:

La prevención de extravasaciones debe integrarse dentro de la cultura de seguridad del paciente neonatal. La existencia de protocolos específicos mejora la homogeneidad de la actuación y reduce la variabilidad clínica¹⁰. Estos protocolos deben incluir clasificación de sustancias de riesgo, frecuencia de revisión de vías, medidas iniciales ante extravasación, criterios de aviso médico, indicaciones de antídotos o tratamientos locales, necesidad de fotografía clínica y criterios de derivación a especialistas.

La formación del personal es otro aspecto clave. Los profesionales deben conocer qué sustancias tienen mayor potencial lesivo, cómo identificar signos precoces y cómo actuar en los primeros minutos. La implementación de guías clínicas de prevención y manejo de extravasaciones neonatales se ha asociado a mejoras en la práctica asistencial y en la respuesta ante estos eventos¹⁰.

También es importante analizar cada caso como evento de seguridad. Revisar la localización de la vía, tipo de fármaco, concentración, dilución, tiempo de administración, fijación del catéter y frecuencia de vigilancia permite identificar oportunidades de mejora. El objetivo no debe ser culpabilizar, sino prevenir nuevos episodios y reducir daños.

CONCLUSIÓN

Las lesiones por extravasación de calcio en vías periféricas en recién nacidos son complicaciones poco frecuentes, pero potencialmente graves. El paciente neonatal, especialmente el prematuro o de bajo peso, presenta una elevada vulnerabilidad por la inmadurez cutánea, fragilidad vascular, escaso tejido subcutáneo y dificultad para manifestar síntomas.

El gluconato cálcico puede producir daño tisular, calcinosis cutánea, necrosis y, en casos graves, compromiso funcional o síndrome compartimental. Por ello, su administración por vía periférica exige vigilancia estrecha, correcta fijación del catéter y valoración frecuente del punto de inserción.

La actuación inicial debe ser inmediata: detener la perfusión, no lavar la vía, aspirar si es posible, retirar el catéter, elevar la extremidad, valorar la gravedad, registrar el evento y realizar seguimiento evolutivo. La intervención precoz es determinante para limitar el daño.

El papel de enfermería resulta fundamental en la prevención, detección precoz y manejo inicial. La existencia de protocolos, la formación continuada y el trabajo multidisciplinar son herramientas imprescindibles para mejorar la seguridad del recién nacido y reducir secuelas asociadas a la extravasación de calcio.

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