Nutrición y psoriasis. Artículo monográfico

8 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Anxela Soto-Rodríguez. Enfermera residente en Enfermería Familiar y Comunitaria, Centro de Salud A Cuña-Mariñamansa (Ourense), Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
  2. Nuria Martínez-Blanco. Enfermera especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria, Centro de Salud A Cuña-Mariñamansa (Ourense), Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
  3. Catarina Livana Fernández-Traba. Médico residente en Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología. Servicio de Dermatología, Complexo Hospitalario Universitario de Ferrol, Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
  4. Noelia Freire-Gonzalez. Técnico de Cuidados Auxiliares de Enfermería. Complexo Hospitalario de Ourense, Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.
  5. Raquel Lavandeira-Mosquera. Fisioterapeuta. Área Sanitaria de Coruña e Cee. Servicio Gallego de Salud (SERGAS), España.

 

RESUMEN

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, sin cura, que afecta al 2–4 % de la población en países occidentales. Está asociada a comorbilidades como obesidad, diabetes y riesgo cardiovascular. El sobrepeso agrava su evolución y reduce la eficacia de los tratamientos. Por ello, se recomienda un enfoque integral que incluya el tratamiento médico junto con cambios en la dieta y el estilo de vida. La dieta mediterránea ha demostrado beneficios antiinflamatorios. A pesar de ello, pocos pacientes reciben recomendaciones nutricionales, por lo que es clave mejorar la formación del personal sanitario en atención primaria.

PALABRAS CLAVE

Psoriasis, dieta mediterránea, enfermería.

ABSTRACT

Psoriasis is a chronic, incurable inflammatory skin disease that affects 2–4% of the population in Western countries. It is associated with comorbidities such as obesity, diabetes, and cardiovascular risk. Being overweight worsens its progression and reduces the effectiveness of treatments. Therefore, a comprehensive approach is recommended, including medical treatment along with dietary and lifestyle changes. The Mediterranean diet has demonstrated anti-inflammatory benefits. Despite this, few patients receive nutritional recommendations, so improving the training of primary care staff is crucial.

KEY WORDS

Psoriasis, mediterranean diet, nursing.

DESARROLLO DEL TEMA

La psoriasis es una enfermedad cutánea inflamatoria inmunomediada crónica muy prevalente en la población adulta, determinada por la presencia de placas rojas y escamosas. Estas lesiones son resultado de respuestas inmunitarias que provocan la hiperproliferación de los queratinocitos de la epidermis. La prevalencia más elevada de esta patología se encuentra en los países occidentales, afectando a un 2-4% de la población1,2. Las tasas más elevadas se observan en Europa y América del Norte, donde pueden llegar a superar el 4% de la población, a diferencia de Asia y África, donde las tasas son menores el 1%. La psoriasis puede debutar a cualquier edad, pero suele manifestarse entre los 15 y 35 años. La prevalencia de esta patología está aumentando a nivel mundial, debido a factores ambientales, modificaciones en el estilo de vida y a un mejor diagnóstico1-3.

La etiología de la psoriasis es desconocida, aunque viene definida por múltiples factores, como por la predisposición genética o asociada al estilo de vida como el estrés, el consumo de alcohol y tabaco, la dieta, etc. Por otro lado, la psoriasis tiene un gran impacto en la calidad de vida, y contribuye a sufrir ansiedad y depresión3,4. Hasta un 30-60% de los pacientes con psoriasis presentan síntomas depresivos, ya que afecta significativamente la autoestima, especialmente cuando las lesiones son visibles en rostro, manos, etc. Esto puede conllevar a un aislamiento social, sentimientos de vergüenza y rechazo e incluso discriminación laboral o escolar. Por otro lado, puede generar dificultades para dormir y para realizar tareas cotidianas afectando al rendimiento laboral. Además, provoca un gran impacto físico como picor, dolor y descamación que son muy molestos e incapacitantes1,3,4.

Presenta una gran vinculación con las enfermedades metabólicas y cardiovasculares ya que ambas comparten mecanismos inflamatorios crónicos. Esta conexión es biológica, inmunológica y clínicamente relevante. Se ha demostrado que los pacientes con psoriasis presentan niveles elevados de citocinas proinflamatorias4 como TNF-α, IL-6 e IL-17, y este entorno inflamatorio cutáneo altera la función adiposa y endotelial que causa aterosclerosis, insulinorresistencia, obesidad, etc y por consiguiente eleva el riesgo cardiovascular. La psoriasis, especialmente en formas moderadas a graves, duplica el riesgo de infarto de miocardio, incluso en personas jóvenes5.

Por otro lado, también se ha observado que la psoriasis favorece mayor riesgo de otras patologías como enfermedad inflamatoria intestinal, linfomas, diabetes mellitus tipo 2, esteatosis hepática, obesidad, etc4. Existe una correlación significativa entre el índice de masa corporal y el riesgo de sufrir psoriasis o de agravar su evolución llegando a disminuir incluso la eficacia de los tratamientos6. Esto puede explicarse ya que la psoriasis incrementa los niveles de adipocinas proinflamatorias (leptina y resistina) y reduce los niveles de la adipocina antiinflamatoria7. La asociación entre las dos afecciones es probablemente bidireccional: la obesidad predispone a la psoriasis y la psoriasis favorece la obesidad. En concreto, se observó un riesgo dos veces mayor de desarrollar psoriasis en el contexto de la obesidad en comparación con los sujetos con peso normal8. Igualmente, por cada unidad de aumento en el índice de masa corporal, se comunicó un riesgo 9% mayor de aparición de psoriasis y un riesgo 7% mayor de aumento de la puntuación del índice de gravedad y área de psoriasis9. Se ha demostrado una asociación entre la gravedad de la psoriasis y la proteína C reactiva, la cual es uno de los parámetros más sensibles de inflamación y d riesgo de enfermedad cardiovascular, y además se relaciona con la obesidad10.

Desgraciadamente, hasta la fecha no existe cura definitiva para esta latosa enfermedad. La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, de carácter autoinmune y recidivante, lo que significa que su curso se caracteriza por brotes intermitentes seguidos de periodos de relativa mejoría. A pesar de los importantes avances terapéuticos en las últimas décadas, no se dispone aún de una cura definitiva, lo que convierte a la psoriasis en una afección de manejo prolongado y continuo10. El tratamiento de la psoriasis consiste en un amplio abanico de opciones con el fin de conseguir el control de síntomas, desde agentes tópicos hasta terapias sistémicas, prescritas según la gravedad. El objetivo principal del tratamiento es lograr el control clínico de las lesiones y reducir la frecuencia e intensidad de los brotes. Para ello, los enfoques terapéuticos se eligen en función de la extensión, localización y severidad de la enfermedad, así como de la presencia de comorbilidades y las características individuales del paciente. En los casos leves, se recurre principalmente a tratamientos tópicos, como corticoides, análogos de la vitamina D o retinoides, que actúan directamente sobre las lesiones cutáneas. Cuando la enfermedad es moderada o grave, o cuando el tratamiento tópico no es suficiente, se indican terapias sistémicas. Estas incluyen tanto fármacos clásicos como el metotrexato, la ciclosporina o la acitretina, como tratamientos más recientes y específicos, los agentes biológicos, que actúan bloqueando de manera selectiva ciertas moléculas inflamatorias implicadas en la fisiopatología de la psoriasis, como el TNF-α, la IL-17 o la IL-238-11

Numerosos estudios han demostrado que los pacientes con psoriasis tienen una mayor prevalencia de obesidad, dislipidemia, hipertensión arterial, resistencia a la insulina y enfermedad cardiovascular. Por ello, un enfoque meramente dermatológico resulta insuficiente. Es fundamental adoptar una estrategia multidisciplinaria que incluya, además del tratamiento específico para la piel, la detección y el manejo de comorbilidades metabólicas y cardiovasculares, la educación del paciente, el fomento de estilos de vida saludables y, cuando sea necesario, el apoyo psicológico10-12.

Este enfoque integral no solo mejora el control de la enfermedad cutánea, sino que reduce el riesgo de complicaciones a largo plazo y mejora sustancialmente la calidad de vida y la expectativa de salud global del paciente10-12.

En los últimos años el cambio en el estilo de vida, como ajustes en la dieta están adquiriendo un papel fundamental en el manejo de la enfermedad, ya que puede reducir entre otras comorbilidades la grasa corporal y la inflamación generalizada, y por consiguiente puede reducir la gravedad de la misma y estimular su remisión. Además, los factores dietéticos también pueden afectar tanto la farmacocinética como la farmacodinamia de los fármacos1,11.

Por lo general se recomienda una dieta hipocalórica, ya que el déficit energético disminuye el número de adipocitos y por tanto de citocinas proinflamatorias6. Se observó una mejora de las lesiones cutáneas tras la toma de suplementos nutricionales como las vitamina A, E, C y D, algunos oligoelementos como el hierro, cobre, manganeso, zinc y selenio y los ácidos grasos poliinsaturados omega-3. En el caso de la vitamina D su efecto protector se debe a su papel en la proliferación y maduración de los queratinocitos1. También se observa remisión de los síntomas tras la omisión de consumo de alcohol, gluten y solanáceas (tomate, berenjena, pimiento, etc). Algunos alimentos y hábitos dietéticos pueden agravar la psoriasis o disminuir la eficacia del tratamiento: Azúcares refinados y carbohidratos simples (pan blanco, dulces, bebidas azucaradas), grasas trans y saturadas (frituras, embutidos, comida rápida), carnes procesadas y rojas (salchichas, tocino, carne de res en exceso), alcohol, especialmente en exceso (aumenta el riesgo de brotes) y evitar gluten, en personas con sensibilidad o enfermedad celíaca asociada12.

En relación a esto, la dieta mediterránea es rica en nutrientes antiinflamatorios y antioxidantes, que disminuyen el estrés oxidativo y la producción de especies reactivas de oxígeno1. La dieta mediterránea típica de las poblaciones rurales de la zona mediterránea se asoció con menores tasas de mortalidad, cáncer y Enfermedades Cardiovasculares. Este patrón alimentario se caracteriza por destacar la presencia en la dieta diaria de cereales integrales, frutas y verduras, las cuales son fuentes de compuestos polifenólicos, antioxidantes y vitamínicos, con propiedades antiinflamatorias. El aceite de oliva virgen extra (AOVE) es la principal fuente de grasa dietética, junto con los frutos secos y las semillas, fuentes ricas en fibra, ácidos grasos insaturados, vitamina E y polifenoles. El consumo de ácidos grasos monoinsaturados, cuya principal fuente está representada por el AOVE se ha asociado con la promoción de un ambiente “antitrombótico”, al reducir la inflamación, el estrés oxidativo, la agregación plaquetaria y la oxidación de lipoproteínas de baja densidad. También se define por el abundante consumo de fibra que no solo mejora el tránsito intestinal y los movimientos intestinales, sino que también tiene un considerable efecto antiobesogénico por sus propiedades saciantes entre otras1,13. La ingesta de lácteos se limita a productos fermentados bajos en grasa (p. ej., yogur) los cuales interesan como fuentes probióticas que influyen en la inmunidad innata y adaptativa, así como a ciertos tipos de queso bajo en grasa. Las alteraciones en el microbioma intestinal se han relacionado con la disbiosis cutánea y la patogénesis de esta patología14.

El marisco, la carne blanca, así como los huevos y las legumbres, se incorporan en raciones quincenales. La ingesta de carnes rojas y alimentos procesados ​​debe limitarse a menos de dos raciones semanales, y la repostería y los productos de confitería deben reservarse para ocasiones especiales, en pequeñas cantidades15. Estudios han demostrado que los pacientes con psoriasis son, según se informa, menos adherentes a la Dieta Mediterránea. Una de las propiedades de esta dieta Mediterranea es que es cardioprotectora y en consecuencia mejora el manejo de la psoriasis16.

Por otro lado, también se intuyó que una “Alimentación Restringida en el Tiempo”, puede minimizar la duración de la exposición a las respuestas inflamatorias posprandiales Esta dieta se basa en efectuar una ventana de alimentación diurna de 8 a 10 h, combinada con una ventana de ayuno nocturna de 14 a 16 h17,18. La actividad inflamatoria descontrolada en la psoriasis podría contrarrestarse con la activación de las vías de resistencia al estrés que nacen del ayuno prolongado. Asimismo, reducir la cantidad de tiempo que se pasa en un estado posprandial puede ser beneficioso, ya que la lipemia y la glucemia posprandiales se consideran proinflamatorias El ayuno igualmente podría atenuar la actividad inflamatoria al suprimir la reproducción celular y disminuir la creación de citocinas y adipocinas inflamatorias17,18.

Sin embargo, a pesar de los numerosos beneficios de la dieta en la psoriasis, un estudio mostró que únicamente el 13% de los pacientes con esta patología recibió algún tipo de recomendación dietética19. Además, es muy reducido el número de estudios que analizan los efectos de la dieta mediterránea y de la “alimentación restringida en el tiempo”. En los próximos años serán necesarios más estudios longitudinales y con diseño experimental para reforzar el papel de la Dieta Mediterránea en el tratamiento de esta enfermedad tan frecuente en la sociedad. De la misma manera es necesario formar a los profesionales sanitarios en esta temática que pueden brindar atención continuada a estos pacientes y así ofrecer un asesoramiento dietético adecuado.

CONCLUSIÓN

Es fundamental que el personal sanitario de atención primaria esté adecuadamente formado para ofrecer recomendaciones actualizadas sobre dieta y estilo de vida. Sin embargo, en la práctica clínica diaria, estos aspectos suelen estar poco abordados o relegados a un segundo plano. Es necesario reforzar la educación médica continua en este ámbito para que los profesionales no solo detecten y traten la psoriasis desde el punto de vista dermatológico, sino que también desempeñen un papel activo en la promoción de hábitos saludables, la modificación de factores de riesgo y el seguimiento nutricional y metabólico de los pacientes. Un enfoque integral desde la atención primaria puede contribuir significativamente a mejorar el pronóstico clínico y la calidad de vida de quienes conviven con esta enfermedad.

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