Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.23.26.001
AUTORES
- Paolo César Sinchiguano Navarro. Médico General y Magíster en Gerencia Hospitalaria y Administración en Salud. Adscrito del Hospital Carlos Andrade Marín y Clínica Internacional. Graduado de la Universidad Central Del Ecuador. (Quito-Ecuador). https://orcid.org/0000-0003-4707-0308
- Stephania Abigail Duchi Parraga. Médico General. Adscrita del Hospital General Guasmo Sur. Graduada de la Universidad de Guayaquil. (Guayaquil-Ecuador). https://orcid.org/0009-0003-4015-8814
- Javier Andrés Martínez Calderón. Médico General. Adscrito del Centro de Salud Roberto Astudillo y Medico para el apoyo de la ENECSDI. Graduado de la Universidad de Guayaquil. (Milagro-Ecuador). https://orcid.org/0009-0006-7007-0233
- Angie Mabel Pesantez Morales. Médico General. Adscrita del Hospital San Marcos. Graduada de la Universidad Técnica de Machala. (Pasaje-Ecuador). https://orcid.org/0009-0002-9371-9171
- Gabriel Mayo Toledo. Médico General. Adscrito del Ministerio de Salud Pública. Distrito 19D02. Graduado de la Universidad Nacional de Loja. (Loja-Ecuador). https://orcid.org/0009-0002-7080-1770
RESUMEN
Este artículo tiene como objetivo explorar la optimización de los parámetros de adquisición en la TC pediátrica, evaluar el impacto de los protocolos de bajo voltaje del tubo y evaluar la implementación de algoritmos IR, destacando cómo estas estrategias combinadas pueden reducir eficazmente la exposición a la radiación, manteniendo al mismo tiempo una alta confianza diagnóstica, contribuyendo en última instancia a prácticas de imagenología pediátrica más seguras y efectivas.
PALABRAS CLAVE
Tomografía computarizada pediátrica, optimización de la dosis de radiación, bajo voltaje del tubo, modulación de la corriente del tubo, control automático de la exposición (AEC).
ABSTRACT
This article aims to explore the optimization of acquisition parameters in pediatric CT, evaluate the impact of low tube voltage protocols, and assess the implementation of IR algorithms, highlighting how these combined strategies can effectively reduce radiation exposure while maintaining high diagnostic confidence, ultimately contributing to safer and more effective pediatric imaging practices.
KEY WORDS
Pediatric computed tomography, radiation dose optimization, low tube voltage, tube current modulation, automatic exposure control (AEC).
INTRODUCCIÓN
La tomografía computarizada (TC) pediátrica desempeña un papel fundamental en el diagnóstico y el tratamiento precisos de diversas afecciones médicas en niños. Sin embargo, implica inherentemente la exposición a radiación ionizante, lo que ha suscitado gran preocupación debido a los posibles riesgos carcinogénicos asociados a las dosis de radiación en esta población vulnerable. A medida que aumenta el uso de la TC pediátrica, urge optimizar los parámetros de adquisición para lograr un equilibrio óptimo entre la obtención de una calidad de imagen suficiente para la precisión diagnóstica y la minimización de la exposición a la radiación para proteger la salud a largo plazo. Los parámetros clave que influyen en la dosis de radiación incluyen el voltaje y la corriente del tubo, la duración del escaneo y el paso de la imagen. Todos estos parámetros pueden ajustarse según el tamaño del niño y la indicación clínica. Sin embargo, este equilibrio sigue siendo un reto, ya que la reducción de la dosis a menudo compromete la claridad de la imagen. Los avances tecnológicos recientes han introducido estrategias innovadoras, como el escaneo con bajo voltaje del tubo y los algoritmos de reconstrucción iterativa (IR), que han mostrado resultados prometedores en la reducción de la dosis sin sacrificar la eficacia diagnóstica. Reducir el voltaje del tubo no solo reduce significativamente la dosis de radiación, sino que también mejora la resolución del contraste, especialmente cuando se utilizan medios de contraste yodados. Sin embargo, puede aumentar el ruido de imagen, un problema menos problemático en niños debido a su menor tamaño corporal. La aplicación de técnicas IR mitiga aún más el ruido asociado con las exploraciones de baja dosis mediante sofisticados algoritmos iterativos que suprimen el ruido de imagen, ampliando así la aplicabilidad clínica de estos protocolos de ahorro de dosis.
OBJETIVO
Explorar la optimización de los parámetros de adquisición en la TC pediátrica, evaluar el impacto de los protocolos de bajo voltaje del tubo y evaluar la implementación de algoritmos IR, destacando cómo estas estrategias combinadas pueden reducir eficazmente la exposición a la radiación, manteniendo al mismo tiempo una alta confianza diagnóstica, contribuyendo en última instancia a prácticas de imagenología pediátrica más seguras y efectivas.
METODOLOGÍA
Este trabajo se diseñó como una revisión narrativa destinada a explorar estrategias para optimizar los parámetros de adquisición en la tomografía computarizada (TC) pediátrica, con un enfoque específico en los protocolos de bajo voltaje del tubo y la implementación de algoritmos de reconstrucción iterativa (IR) para reducir la dosis de radiación y preservar la calidad diagnóstica de la imagen.
Se realizó una búsqueda bibliográfica estructurada en PubMed, Scopus, Web of Science y Google Scholar, que abarcó publicaciones de 2000 a 2024 para recopilar tanto los principios fundamentales de la optimización de la dosis como los avances tecnológicos recientes. Los términos de búsqueda incluyeron combinaciones de: «TC pediátrica», «dosis de radiación», «optimización de la dosis», «bajo voltaje del tubo», «TC de bajo kVp», «modulación de la corriente del tubo», «control automático de la exposición», «reconstrucción iterativa», «ASIR», «ADMIRE», «IR basada en modelos», «reconstrucción por aprendizaje profundo», «contraste yodado», «niveles de referencia diagnósticos (DRL)» y «calidad de imagen».
Dada la heterogeneidad de los sistemas de TC, las técnicas de reconstrucción y las métricas de calidad de imagen, no se intentó realizar un metaanálisis. En su lugar, se utilizó una síntesis narrativa cualitativa para identificar tendencias consistentes, lagunas en la evidencia e implicaciones prácticas para una práctica segura y eficaz de la TC pediátrica.
RESULTADOS
Optimización de los parámetros de adquisición en la TC pediátrica:
¿Cuáles son los parámetros clave que afectan a la dosis de radiación en las imágenes de TC pediátrica?
Se requiere un enfoque multifacético para gestionar y minimizar la dosis de radiación en las imágenes de TC pediátricas, dada la mayor sensibilidad de los tejidos de los niños y los riesgos a largo plazo asociados con la exposición a la radiación ionizante1. Uno de los principales parámetros técnicos que afectan a la dosis es el ajuste de la cobertura del escaneo y el número de adquisiciones, ya que limitar estos factores reduce directamente la exposición acumulada que recibe un niño durante un examen de TC2. Igualmente, crucial es la personalización de los ajustes técnicos como la corriente del tubo (mAs) y el voltaje del tubo (kVp), que, cuando se optimizan para el tamaño del paciente y la indicación clínica, pueden reducir sustancialmente la dosis sin comprometer la calidad del diagnóstico2. Las tecnologías de Control Automático de Exposición (AEC) y Modulación Automática de la Corriente del Tubo (ATCM) respaldan aún más la dosificación individualizada, lo que garantiza que los pacientes pediátricos más pequeños y radiosensibles no estén sujetos a las dosis más altas que generalmente se establecen para los adultos1,2. Sin embargo, la optimización técnica debe ir acompañada de intervenciones sistémicas: limitar la frecuencia de los estudios de TC, utilizar modalidades alternativas como la ecografía o la resonancia magnética cuando sea posible, y educar a los derivadores y a los profesionales de la imagenología sobre los riesgos de la radiación y las indicaciones adecuadas para el uso de la TC1. Además, las mejoras en los protocolos de TC y la adopción de prácticas de derivación específicas para cada indicación son fundamentales para una reducción consistente de la dosis en todas las instituciones1. El establecimiento y la actualización periódica de los Niveles de Referencia Diagnóstica (NDR) a nivel local y nacional proporcionan puntos de referencia esenciales para la optimización de la dosis, lo que permite a los equipos de radiología identificar valores atípicos y estandarizar las mejores prácticas2. Por lo tanto, un esfuerzo coordinado que involucre tecnología, educación, refinamiento de protocolos y supervisión regulatoria es indispensable para proteger a los pacientes pediátricos de riesgos innecesarios de radiación y garantizar prácticas de imagenología seguras.
¿Cómo se pueden adaptar los parámetros de adquisición a los diferentes tamaños de los pacientes pediátricos?
Adaptar los parámetros de adquisición a los diferentes tamaños de pacientes pediátricos es crucial debido a la variabilidad sustancial en la constitución corporal y el peso entre los niños, lo que influye directamente en la dosis de radiación y los requisitos de calidad de imagen3. Los protocolos estándar de imágenes para adultos, si se aplican a pacientes pediátricos sin ajustes, pueden resultar en dosis innecesariamente altas o imágenes subóptimas, lo que subraya la necesidad de modificaciones específicas para las poblaciones pediátricas3. Este proceso implica alterar factores como la corriente del tubo, el voltaje, el rango de escaneo y el paso en función del tamaño del paciente, asegurando que los pacientes más pequeños reciban exposiciones apropiadamente más bajas mientras se obtienen imágenes diagnósticas adecuadas3. La colaboración con físicos médicos es esencial en este contexto, ya que su experiencia puede guiar la optimización de estos parámetros y el establecimiento de protocolos de imágenes basados en el tamaño, que se alinean con las mejores prácticas tanto para la seguridad como para la eficacia diagnóstica3. Además, al adquirir nuevos equipos de imágenes, las instituciones de salud deben priorizar las características que permiten la reducción de la dosis y los entornos específicos para pediatría, asegurando que las inversiones en tecnología satisfagan las necesidades únicas de esta población vulnerable3. Un enfoque tan integral e interdisciplinario no sólo protege a los pacientes pediátricos del exceso de radiación, sino que también mantiene altos estándares de atención diagnóstica, lo que resalta la necesidad constante de educación, revisión de protocolos e inversión en tecnologías apropiadas.
¿Cuáles son los retos a la hora de equilibrar la calidad de la imagen y la reducción de la radiación en los niños?
A pesar de los avances tecnológicos y los esfuerzos para adaptar los equipos de imagenología a los pacientes pediátricos, lograr el equilibrio óptimo entre la calidad de imagen y la dosis de radiación sigue siendo un desafío constante, que se complica aún más por la mayor radiosensibilidad de los niños debido a su desarrollo continuo4,5. Las instituciones suelen variar en sus enfoques para la gestión de la dosis, lo que genera inconsistencias en la aplicación de las estrategias de reducción de dosis y resalta la necesidad apremiante de protocolos estandarizados y basados en la evidencia que prioricen tanto la seguridad como la eficacia diagnóstica4,6. El proceso de optimización de la dosis es multifacético y requiere un ajuste cuidadoso de los parámetros de imagenología, como el voltaje del tubo (kVp) y la corriente (mAs), para garantizar que las imágenes sigan siendo útiles para el diagnóstico y, al mismo tiempo, minimizar la exposición a la radiación. Esta tarea exige una experiencia significativa y a menudo se complica por la información limitada sobre cómo estos cambios afectan la calidad de la imagen en poblaciones pediátricas6,7. Cabe destacar que las reducciones en los parámetros de exposición se implementan con frecuencia sin una comprensión completa de su impacto en aspectos cruciales de la calidad de la imagen, como la detectabilidad de bajo contraste, lo que puede comprometer inadvertidamente la precisión diagnóstica7. Además, la falta de una definición universalmente aceptada de lo que constituye una calidad de imagen adecuada para diferentes grupos de edad pediátrica y escenarios clínicos subraya la importancia de la investigación continua y el perfeccionamiento de los protocolos6,7. En última instancia, estos desafíos interrelacionados requieren un esfuerzo conjunto para desarrollar directrices integrales y adaptables y fomentar la colaboración multidisciplinaria, garantizando que los protocolos de imagen pediátrica protejan a los pacientes jóvenes de la radiación innecesaria y proporcionen a los médicos las imágenes de alta calidad necesarias para un diagnóstico preciso y un tratamiento eficaz6,7.
Escaneos con bajo voltaje del tubo en TC pediátrica:
¿Cómo afecta la reducción del voltaje del tubo a la dosis de radiación y al contraste de la imagen en la TC pediátrica?
Reducir el voltaje del tubo en la TC pediátrica tiene un profundo impacto tanto en la dosis de radiación como en el contraste de la imagen, lo que la convierte en una consideración crítica en los protocolos de diagnóstico por imagen pediátricos. Al reducir el voltaje del tubo, se produce una reducción directa y significativa de la dosis de radiación administrada a pacientes jóvenes, lo cual es particularmente importante dada su mayor sensibilidad a la radiación ionizante y los riesgos asociados a largo plazo8. Esta reducción de la dosis no compromete inherentemente la calidad de la imagen diagnóstica; de hecho, disminuir el voltaje del tubo puede mejorar el contraste de la imagen debido a la mayor absorción fotoeléctrica a energías más bajas, particularmente en tejidos blandos y estudios con contraste yodado8. Para la mayoría de los pacientes pediátricos, especialmente aquellos con bajo peso corporal, un voltaje del tubo en el rango de 80-100 kVp es suficiente para proporcionar imágenes diagnósticas de alta calidad, manteniendo los beneficios de una menor carga de radiación8. La interconexión entre estos factores (reducción de la dosis, mejor contraste y la idoneidad de ajustes de kVp más bajos para cuerpos más pequeños) subraya la necesidad de protocolos de TC personalizados en niños. Estos ajustes garantizan el equilibrio óptimo entre la seguridad del paciente y la eficacia diagnóstica, destacando la importancia continua de la optimización del protocolo y la atención individualizada en radiología pediátrica.
¿Cuáles son las consideraciones específicas para el uso de medios de contraste yodados con bajo voltaje de tubo?
Al utilizar medio de contraste yodado (ICM) con bajo voltaje de tubo en la tomografía computarizada (TC), deben considerarse diversas consideraciones técnicas y clínicas interrelacionadas para garantizar la calidad de la imagen diagnóstica y minimizar el riesgo para el paciente. Reducir el voltaje del tubo a 80 o 100 kVp amplifica el contraste de yodo debido al aumento del efecto fotoeléctrico cerca del borde k del yodo a 33,2 keV. Esto permite una reducción significativa de la dosis total de yodo requerida (aproximadamente un 20 % a 100 kVp y hasta un 40 % a 80 kVp) sin sacrificar el contraste de vasos y órganos9. Este beneficio es particularmente evidente en la angiografía coronaria por TC, donde las adquisiciones con bajo voltaje de tubo, combinadas con técnicas de reconstrucción iterativa (IR), pueden reducir la dosis de yodo requerida entre un 37 % y un 50 %10. Sin embargo, estas reducciones de dosis introducen desafíos, en particular el aumento del ruido de imagen causado por el menor flujo de fotones a voltajes de tubo reducidos, lo que puede comprometer la detectabilidad de estructuras de bajo contraste, especialmente en contextos de imágenes abdominales y pediátricas9. Se han desarrollado avances recientes en la tecnología de TC, como la TC con detector de conteo de fotones (PCD-TC), la TC de energía dual (DECT) y los algoritmos de reducción de ruido basados en aprendizaje profundo, para contrarrestar estos aumentos de ruido, mejorando así la utilidad clínica de las imágenes monoenergéticas virtuales (VMI) de baja energía y manteniendo la confianza diagnóstica incluso a dosis de radiación más bajas9. Además, se ha demostrado que el uso de medios de contraste con concentraciones de yodo más bajas (p. ej., 200 mg I/mL o incluso 160 mg I/mL) es eficaz para mantener la calidad de imagen a estos voltajes de tubo más bajos, siempre que los protocolos se optimicen cuidadosamente y la tecnología se reevalúe continuamente para que se ajuste a las necesidades clínicas cambiantes10. Estas consideraciones interconectadas subrayan la necesidad de un enfoque individualizado e impulsado por la tecnología para el desarrollo de protocolos, haciendo hincapié en la evaluación y adaptación continuas para garantizar tanto la seguridad del paciente como la eficacia diagnóstica en el contexto de bajo voltaje del tubo y dosis reducida de yodo.
¿Qué limitaciones o inconvenientes se asocian con el bajo voltaje del tubo en pacientes pediátricos?
A pesar del potencial de reducción de dosis, el uso de voltajes de tubo bajos en imágenes pediátricas presenta varias limitaciones importantes que complican su aplicación rutinaria. Una de las principales desventajas es que los fotones de rayos X de baja energía producidos con voltajes de tubo reducidos tienen mayor probabilidad de ser dispersados o absorbidos por el cuerpo del paciente antes de llegar al detector, lo que disminuye significativamente la calidad de la imagen resultante11. Esta limitación es particularmente problemática en poblaciones pediátricas, donde obtener imágenes nítidas y con valor diagnóstico es esencial para una evaluación precisa y la toma de decisiones clínicas11. Además, la menor capacidad de penetración de los ajustes de bajo kilovoltaje puede comprometer aún más la claridad de la imagen, especialmente en pacientes pediátricos de mayor tamaño o al obtener imágenes de regiones anatómicas más densas, lo que podría requerir exploraciones repetidas y aumentar inadvertidamente la exposición general a la radiación11. Además, si bien las tecnologías de filtrado avanzadas, como los filtros de estaño, pueden ayudar a reducir la radiación innecesaria con voltajes de tubo más altos, estas opciones no están disponibles universalmente en todas las plataformas de imágenes, lo que restringe la flexibilidad para optimizar tanto la calidad de la imagen como la dosis en la práctica pediátrica11. Estos desafíos interconectados resaltan la necesidad de protocolos personalizados, una selección cuidadosa de equipos y una investigación continua para garantizar que las estrategias de imágenes maximicen el beneficio diagnóstico y minimicen el riesgo para los pacientes pediátricos.
Implementación y ventajas de las técnicas de reconstrucción iterativa (IR):
¿Cómo contribuyen los algoritmos IR a la reducción del ruido en las imágenes de TC pediátricas?
Los algoritmos de reconstrucción iterativa (IR) se han vuelto fundamentales en el avance de la tomografía computarizada pediátrica, al modificar radicalmente la gestión y reducción del ruido, mejorando así la calidad de la imagen y la seguridad del paciente. En poblaciones pediátricas, donde minimizar la exposición a la radiación es crucial, la IR permite reducciones sustanciales de la dosis (hasta un 85 % en algunos protocolos) sin sacrificar la precisión diagnóstica, principalmente al compensar la disminución de la señal inherente a las exploraciones de baja dosis12. Esta supresión de ruido se logra mediante un sofisticado modelado matemático que refina la imagen iterativamente, reduciendo el ruido de forma selectiva y más agresiva en regiones uniformes, a la vez que preserva los detalles estructurales cerca de los bordes anatómicos13. Como resultado, algoritmos de IR como ASIR-V, ADMIRE, IMR y enfoques basados en aprendizaje profundo como DL-H han demostrado mejoras significativas en la relación señal-ruido (SNR) en comparación con la retroproyección filtrada (FBP) tradicional, lo que garantiza imágenes más claras y de mayor utilidad diagnóstica incluso con dosis de radiación más bajas12. Es importante destacar que, si bien la IR introduce cambios en la textura del ruido —que a veces resultan en una apariencia más suave o similar al plástico—, las evaluaciones subjetivas indican que la calidad general de la imagen se mantiene igual o incluso superior a la de los métodos convencionales12,13. Esta interacción entre la reducción de la dosis, la gestión del ruido y la preservación o mejora de la calidad de la imagen subraya la necesidad de optimizar continuamente los protocolos de IR y los factores de combinación para lograr el mejor equilibrio en la imagen pediátrica, garantizando así la seguridad del paciente y la fiabilidad del diagnóstico13.
¿Cuáles son las ventajas comparativas de las técnicas de IR con respecto a los métodos tradicionales de reconstrucción de imágenes?
Al considerar las ventajas comparativas de las técnicas de reconstrucción iterativa (IR) sobre los métodos tradicionales de reconstrucción de imágenes, como la retroproyección filtrada (FBP), varios dominios interconectados de calidad de imagen, reducción de dosis y gestión de artefactos pasan a primer plano. Las técnicas IR son particularmente hábiles para reducir los artefactos de imagen, incluidos el endurecimiento del haz, el molino de viento y los artefactos metálicos, de manera mucho más efectiva que los enfoques convencionales, lo que se traduce en una mayor confianza diagnóstica en escenarios clínicos complejos14. Esta reducción de artefactos está estrechamente relacionada con la capacidad de IR para modelar con mayor precisión los procesos físicos subyacentes a la adquisición de imágenes, como las características del punto focal, la geometría del detector, las estadísticas de fotones, el espectro del haz de rayos X y la dispersión, que los métodos tradicionales a menudo se aproximan o ignoran14. Más allá de la gestión de artefactos, IR demuestra constantemente un rendimiento superior en la reducción de ruido y la resolución espacial, lo que permite imágenes de mayor calidad con dosis de radiación más bajas, una consideración crítica para poblaciones vulnerables como los pacientes pediátricos14,15. Sin embargo, estas mejoras no están exentas de compensaciones; Por ejemplo, los enfoques IR basados en modelos pueden introducir cambios en la textura del ruido y las características de rendimiento no lineal, lo que a veces genera imágenes con apariencias desconocidas que requieren capacitación adicional para que los radiólogos las interpreten16. Además, las propiedades no lineales y no estacionarias inherentes a muchos algoritmos IR implican que la resolución espacial puede fluctuar en función del contraste local y la dosis de radiación, lo que requiere una evaluación clínica cuidadosa y la optimización de parámetros para garantizar que los beneficios de la técnica se aprovechen plenamente en la práctica14,15. Por lo tanto, si bien las técnicas IR ofrecen ventajas convincentes sobre los métodos tradicionales, especialmente en la reducción de la dosis y la mejora de la supresión de artefactos, su integración en los flujos de trabajo clínicos rutinarios requiere investigación continua, una validación sólida y un ajuste minucioso de los protocolos de reconstrucción para maximizar la seguridad del paciente y la eficacia diagnóstica.
¿Cómo amplía el uso de IR la aplicabilidad de los protocolos de bajo voltaje de tubo en la práctica clínica?
La integración de técnicas de reconstrucción iterativa (IR) con protocolos de tubos de bajo voltaje ha ampliado de forma demostrable su aplicabilidad clínica, en particular al facilitar reducciones sustanciales de la dosis de radiación sin comprometer el rendimiento diagnóstico en áreas clave. Esta sinergia es especialmente valiosa en escenarios donde minimizar la exposición del paciente es crucial, como en la obtención de imágenes pediátricas o en exploraciones de seguimiento repetidas. Por ejemplo, la IR ha permitido que protocolos que utilizan voltajes de tubo más bajos y filtros de estaño logren reducciones en la dosis de radiación desde valores convencionales, como 3,9 mGy, hasta tan solo 0,3 mGy, manteniendo al mismo tiempo una calidad de imagen suficiente para la toma de decisiones clínicas17. Además, el uso de la IR garantiza que, incluso con estos niveles de dosis ultrabajos, las tasas de detección de anomalías clínicamente significativas, como nódulos pulmonares por encima de un cierto umbral de tamaño, se mantengan prácticamente sin compromiso; los nódulos más relevantes pueden identificarse con fiabilidad a pesar de la ligera disminución en la calidad de imagen asociada con voltajes de tubo más bajos17. Esto no solo mejora la seguridad del paciente, sino que también favorece una implementación más amplia de protocolos de baja dosis en diversas poblaciones de pacientes, siempre que se preste especial atención a las variables específicas de cada paciente, como la constitución corporal y el tipo de patología17. Sin embargo, si bien la IR amplía el alcance de los protocolos de bajo voltaje, la literatura destaca la necesidad de seguir investigando su aplicación en subgrupos como los pacientes obesos y en diferentes tipos de nódulos, para garantizar que la precisión diagnóstica no se vea comprometida inadvertidamente17. Por consiguiente, el perfeccionamiento continuo de los algoritmos de IR y la personalización de los protocolos, junto con una supervisión clínica rigurosa, son esenciales para aprovechar al máximo los beneficios de los protocolos de tubos de bajo voltaje en la práctica.
DISCUSIÓN
Los hallazgos de esta revisión exhaustiva subrayan la importancia fundamental de un enfoque multifacético y personalizado para la optimización de la dosis en la tomografía computarizada pediátrica. Al ajustar meticulosamente parámetros técnicos como la cobertura de la exploración, la corriente y el voltaje del tubo, según el tamaño del paciente y la indicación clínica, los profesionales sanitarios pueden reducir significativamente la exposición a la radiación sin comprometer la precisión diagnóstica. La integración de tecnologías avanzadas como el Control Automático de la Exposición (AEC), la Modulación Automática de la Corriente del Tubo (ATCM) y algoritmos de reconstrucción iterativos ha demostrado un potencial considerable para reducir la dosis manteniendo la calidad de la imagen, especialmente al combinarse con protocolos de bajo voltaje del tubo que mejoran el contraste y reducen la necesidad de medios de contraste. Sin embargo, estas soluciones tecnológicas no están exentas de limitaciones; por ejemplo, los ajustes de bajo voltaje del tubo pueden aumentar el ruido y la dispersión de la imagen, especialmente en pacientes pediátricos de mayor tamaño o densidad, lo que requiere el uso de técnicas sofisticadas de reducción de ruido, como detectores de conteo de fotones y algoritmos de aprendizaje profundo. Además, la dependencia de estas tecnologías avanzadas puede generar inquietudes sobre la disponibilidad de recursos y su implementación en diversos entornos clínicos. La revisión también destaca estrategias sistémicas, como limitar el número de exámenes de TC, promover modalidades de imagen alternativas como la resonancia magnética y la ecografía, y fomentar la formación del personal clínico sobre las indicaciones adecuadas; medidas cruciales para reducir la exposición innecesaria a la radiación. No obstante, establecer y mantener Niveles de Referencia Diagnósticos (NDR) actualizados sigue siendo un desafío, especialmente en regiones con infraestructura limitada para la recopilación y el análisis de datos. Una brecha notable en la literatura actual se refiere a la necesidad de protocolos estandarizados que puedan adoptarse universalmente en diferentes instituciones y poblaciones de pacientes, así como estudios a largo plazo que evalúen el impacto de las estrategias de reducción de dosis en los resultados clínicos. La investigación futura debería centrarse en optimizar la sinergia entre las tecnologías emergentes y el perfeccionamiento de los protocolos, así como en explorar el papel de la inteligencia artificial en la modulación de la dosis en tiempo real y la evaluación de la calidad de la imagen. En general, si bien los avances descritos en esta revisión presentan vías prometedoras para mejorar la seguridad del paciente pediátrico, es esencial considerar cuidadosamente las disparidades de recursos, la capacitación continua y una validación rigurosa para implementar estas estrategias en la práctica clínica generalizada de forma eficaz.
CONCLUSIONES
- Esta revisión destaca que la optimización de la TC pediátrica requiere un enfoque multifactorial e individualizado que integre estrategias técnicas, clínicas y organizativas. El ajuste de la cobertura de la exploración, la corriente del tubo, el voltaje del tubo y la duración de la exploración en función del tamaño del paciente y la indicación clínica puede reducir sustancialmente la exposición a la radiación sin comprometer la utilidad diagnóstica, especialmente cuando se guía por el control automático de la exposición (AEC) y las técnicas de modulación de la corriente del tubo.
- Los protocolos de bajo voltaje del tubo (normalmente entre 80 y 100 kVp en niños) se perfilan como una estrategia clave para la reducción de la dosis, ya que ofrecen la doble ventaja de reducir la dosis de radiación y mejorar el contraste yodado debido al aumento de la absorción fotoeléctrica a energías fotónicas más bajas. Sin embargo, estas ventajas se ven contrarrestadas por el aumento del ruido de la imagen y la reducción de la penetración de los fotones, especialmente en pacientes pediátricos de mayor tamaño o en la obtención de imágenes de regiones anatómicas más densas. Estas limitaciones ponen de relieve que las estrategias de bajo kVp no pueden aplicarse de manera uniforme y deben adaptarse al habitus del paciente, la cuestión clínica y las capacidades del escáner.
- Los algoritmos de reconstrucción iterativa desempeñan un papel fundamental a la hora de permitir protocolos de baja dosis y bajo kVp, ya que reducen selectivamente el ruido de la imagen y mejoran la relación señal-ruido, al tiempo que preservan o incluso mejoran la calidad diagnóstica de la imagen. No obstante, la IR introduce cambios en la textura del ruido y en las características de rendimiento no lineales que pueden requerir formación y adaptación por parte de los radiólogos. La adopción de tecnologías avanzadas, como la TC de doble energía, los detectores de recuento de fotones y la reconstrucción basada en el aprendizaje profundo, ofrece nuevas oportunidades para la reducción de la dosis, pero su disponibilidad sigue siendo desigual entre las distintas instituciones.
- Más allá de la tecnología, las medidas sistémicas son igualmente importantes: limitar el número de exploraciones por TC, dar prioridad a la ecografía o la RM cuando sea apropiado, educar a los médicos remitentes sobre las indicaciones y los riesgos, y establecer y actualizar periódicamente los niveles de referencia diagnósticos (DRL) a nivel local y nacional. Entre los retos persistentes se encuentran la variabilidad de los protocolos entre instituciones, la infraestructura limitada para la monitorización de dosis en algunas regiones y la ausencia de definiciones universalmente aceptadas de «calidad adecuada» de las imágenes pediátricas en todos los grupos de edad y escenarios clínicos.
- En general, aunque se han logrado avances significativos en la reducción de la dosis de radiación en la TC pediátrica, es esencial realizar esfuerzos sostenidos en la estandarización de los protocolos, la optimización de la tecnología, la formación y la gestión de las dosis para garantizar que las imágenes pediátricas sean seguras y sólidas desde el punto de vista diagnóstico.
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