AUTOR
- Andrés Pardos Camacho. Enfermero. Centro de Salud de Alcañiz. Teruel. España.
RESUMEN
El ejercicio físico regular es una estrategia fundamental en el manejo de la diabetes mellitus tipo 2, ya que ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir los niveles de glucosa en sangre y promover la pérdida de peso. La actividad aeróbica, como caminar, correr o nadar, junto con ejercicios de fuerza, contribuyen a mejorar el control glucémico y a disminuir las complicaciones asociadas a la enfermedad. Además, el ejercicio ayuda a reducir la presión arterial, mejorar el perfil lipídico y promover la salud cardiovascular, aspectos cruciales en pacientes con diabetes. Es importante que los programas de ejercicio sean individualizados, considerando la condición física, tratamientos, comorbilidades y preferencias del paciente, y que se realicen bajo supervisión médica para prevenir complicaciones.
La intensidad del ejercicio aeróbico se mide por el consumo de oxígeno por parte del músculo, aunque a nivel práctico se utiliza el porcentaje de la frecuencia cardiaca máxima (FCM): se considera un ejercicio como de intensidad leve si no supera el 40-50 % de la FCM, intensidad moderada entre 50- 70% e intensidad alta si la FCM supera el 70 – 80 %.
PALABRAS CLAVE
Ejercicio físico, diabetes mellitus, resistencia a la insulina, frecuencia cardiaca, educación sanitaria.
ABSTRACT
Regular physical exercise is a fundamental strategy in managing type 2 diabetes mellitus, as it helps improve insulin sensitivity, reduce blood glucose levels, and promote weight loss. Aerobic activities, such as walking, running, or swimming, along with strength exercises, contribute to better glycemic control and decrease disease-related complications. Additionally, exercise helps lower blood pressure, improve lipid profiles, and promote cardiovascular health—crucial aspects for patients with diabetes. It is important that exercise programs are individualized, considering the patient’s physical condition, treatments, comorbidities, and preferences, and that they are performed under medical supervision to prevent complications.
The intensity of aerobic exercise is measured by the oxygen consumption by the muscle, although practically, the percentage of maximum heart rate (MHR) is used: exercise is considered light intensity if it does not exceed 40-50% of MHR, moderate intensity between 50-70%, and high intensity if MHR exceeds 70-80%.
KEY WORDS
Exercise, diabetes mellitus, insulin resistance, heart rate, health education.
DESARROLLO DEL TEMA
La diabetes es una de las patologías más prevalentes en nuestro medio, y la previsión es que aumente en el futuro debido al envejecimiento de la población. Los tres pilares clásicos fundamentales para el control y tratamiento de la enfermedad son la alimentación adecuada, el ejercicio físico regular y el seguimiento correcto del tratamiento prescrito.
Este artículo se centra en la importancia del ejercicio físico y de su implementación en la rutina habitual de los pacientes diabéticos tipo 2.
Son múltiples los estudios que han demostrado la influencia del ejercicio en la prevención de la diabetes mellitas tipo 2 así como su efecto positivo sobre el control glucémico y la prevención de los factores de riesgo cardiovascular cuando la enfermedad ya está establecida.
No obstante, hay que tener en cuenta que la práctica de ejercicio físico también puede ocasionar algunos efectos no deseados si no se toman las medidas necesarias. Este riesgo es más alto cuando los niveles de intensidad en la actividad física son elevados. En consecuencia, es importante estrechar el control tanto sobre el paciente sedentario que inicia la práctica de ejercicio como sobre aquel que ya es activo y desea incrementar mucho la intensidad y/o duración de su práctica deportiva. Por lo tanto, será necesario hacer una valoración completa previa del paciente prestando especial atención a su capacidad física, sus comorbilidades asociadas, la presencia de complicaciones crónicas de la diabetes y a los fármacos que esté utilizando.
Para este artículo monográfico se ha realizado una revisión bibliográfica en MEDLINE (Pubmed) de la evidencia científica disponible sobre las recomendaciones y los efectos del ejercicio y actividad física en los pacientes diabéticos revisando artículos en inglés y castellano hasta el 30 noviembre del 2024.
CONCEPTOS GENERALES:
En primer lugar, hay que diferenciar algunos conceptos que, a menudo, se prestan a confusión:
– Sedentarismo: Falta de actividad física.
– Actividad física: Cualquier actividad que supone un aumento del gasto energético por encima del nivel basal.
– Ejercicio físico: Actividad planificada y estructurada diseñada para mejorar la condición física.
– Deporte: Actividad planificada y estructurada con una finalidad competitiva.
– Forma física; Capacidad para realizar un trabajo físico.
Para valorar la intensidad y el gasto calórico de la actividad o ejercicio físico y de la práctica deportiva se utiliza el consumo de oxígeno (VO2) o los METS (múltiplos del metabolismo basal)1.
- CONSUMO DE OXÍGENO (VO2): Es el volumen de oxígeno en litros utilizado por el organismo en 1 minuto. Se cuantifica midiendo las fracciones de oxígeno en el aire durante la inspiración y la expiración. Se ha observado una relación lineal entre el consumo de oxígeno y la frecuencia cardiaca por lo que, salvo algunas excepciones, se puede usar ésta para estimar de forma indirecta el VO2.
- MET: Es la unidad de consumo de oxígeno en situación basal, en sedestación, en reposo y en ayunas de 12h. Equivale a 3.5 ml de oxígeno / kg de peso / minuto y supone los requerimientos mínimos para mantener las funciones en situación basal. Cada MET supone un gasto energético de 1,25 Kcal/min. Multiplicando el nº de METS por peso de la persona se puede determinar las Kcal/h que gasta aproximadamente en cada actividad dependiendo de la intensidad que se aplique para realizarla.
Ejercicio muy leve: 1-2 METS ———— < 2,5 kcal /min.
“ leve : 2 – 3 METS —————- 2,5 – 5 Kcal / min.
“ moderado: 3 – 4 METS ——— 5 – 7,5 Kcal / min.
“ intenso : 4 – 6 METS ———— 7,5 – 10 Kcal / min.
“ muy intenso: 6 – 8 METS —— 10 – 12,5 Kcal / min.
“ extremo : > 8 METS ———– >12,5 Kcal / min.
Tipos de ejercicio y gasto calórico aproximado1:
Aerobic: 6 – 9 METS ——————— 7,5 – 12 Kcal/ min.
Caminar: 2,5 – 4 METS —————— 3 – 4,9 Kcal/ min.
Subir escaleras: 4 – 8 METS ———— 5 – 10 Kcal/ min.
Ciclismo: 2 – 10 METS ——————- 2,5 – 12 Kcal/ min.
Natación: 5 – 12 METS —————— 6 – 15 Kcal/ min.
Fútbol: 2 – 3 METS ———————– 2,3 – 3,8 Kcal/ min.
BENEFICIOS DEL EJERCICIO FÍSICO EN EL PACIENTE DIABÉTICO:
Múltiples estudios han demostrado que el ejercicio físico aporta numerosos beneficios tanto a nivel cardiovascular como metabólico.
Desde el punto de vista cardiovascular:
– Contribuye al control del peso corporal
– Reduce el riesgo cardiovascular al mejorar las cifras de tensión arterial y el perfil lipídico.
– Aumenta la masa muscular y ósea disminuyendo el riesgo de caídas y discapacidad.
– Reduce el estrés y la ansiedad.
A nivel metabólico mejora la sensibilidad a la insulina optimizando el control de la glucemia, incrementa la fibrinolisis, potencia la función endotelial y reduce la inflamación crónica de bajo grado.
La resistencia a la insulina y las alteraciones en su funcionamiento son las causas fundamentales de las complicaciones propias de la diabetes mellitus. La práctica de ejercicio físico de forma regular ayuda a revertir parcial o totalmente estos problemas y contribuye a lograr los objetivos terapéuticos en los pacientes con diabetes; conservación de los niveles de glucemia plasmática lo más parecido posible a la normalidad, mantenimiento de un correcto perfil lipídico y prevención de las complicaciones neurológicas, micro y macrovasculares.
Cuando una persona hace ejercicio comienza usando como fuente principal de energía la glucosa plasmática y posteriormente el glucógeno muscular, con unas reservas aproximadas de unos 1100 Kcal. Conforme va disminuyendo la glucosa en sangre también lo hace la producción de insulina y comienza a secretarse el glucagón, dando lugar al aumento de la producción hepática de glucosa mediante la glucogenolisis y la neoglucogénesis. Si el ejercicio continúa, las hormonas de contrarregulación (adrenalina, noradrenalina, cortisol) estimulan la secreción hepática de glucosa y la lipólisis; los triglicéridos se disocian en ácidos grasos libres y glicerol que pueden ser transformados en glucosa por el hígado.
A largo plazo, con el ejercicio regular se consigue una utilización más eficaz de la glucosa en los tejidos insulino-sensibles. Hay una mayor activación por parte de la insulina del transportador de la glucosa GLUT4 que da lugar a una mejor captación de glucosa a nivel muscular, lo que explica la mejora en los problemas de resistencia insulínica. Crónicamente, el ejercicio consigue incrementar la capacidad aeróbica, aumentar la densidad capilar, mejorar el aporte de oxígeno, reducir la viscosidad sanguínea y optimizar la función mitocondrial. Estos efectos se traducen en menor tasa de complicaciones, mejor control metabólico y cardiovascular, así como mayor capacidad muscular.
Tanto el ejercicio aeróbico como el de fuerza mejoran de forma aguda la sensibilidad a la insulina aproximadamente en un 20%, aunque este efecto desaparece a las 48 – 72 h. De ahí la importancia de practicarlo de forma regular. Cualquiera de los dos tipos de ejercicios realizados con asiduidad puede mejorar todavía más la sensibilidad a la insulina (más del 40%), mejorando los niveles de hemoglobina glicosilada en un 0.4 – 0.5 %. La combinación de ejercicio aeróbico y de fuerza mejora aún más la sensibilidad a la insulina consiguiendo incrementos de cerca del 70% y disminución de la hemoglobina glicosilada de un 0.9%. Estos efectos son mayores cuanto más intensidad se aplica al realizar el ejercicio. Un plan de actividad basado en intervalos de ejercicios de alta intensidad puede obtener beneficios equivalentes al ejercicio aeróbico de intensidad moderada con un ahorro de tiempo de hasta el 40%2.
EVALUACIÓN DEL DIABÉTICO ANTES DE COMENZAR EL EJERCICIO.
Se recomienda revisión médica previa al inicio de un programa de ejercicios a las personas diabéticas con factores de riesgo, enfermedad cardiovascular establecida o complicaciones microvasculares. No se considera necesario en personas asintomáticas y que deseen comenzar una actividad física de intensidad baja o moderada 3. A pesar de esto, pacientes con alto riesgo deben comenzar su ejercicio con duración e intensidad cortos e ir progresando despacio. No obstante, hay algunas condiciones en el paciente diabético que pueden suponer una contraindicación para la prescripción del ejercicio: Glucemia en sangre superior a 250 mg/dl en presencia de cetonuria, hipoglucemia hasta su total recuperación, retinopatía proliferativa no tratada, hemorragia vítrea o retiniana reciente importante, neuropatía autonómica severa, neuropatía periférica severa y nefropatía diabética grave.
- Hiperglucemia: No realizar ejercicio si la glucemia basal es superior a 250 mg/dl y hay cetoacidosis. No se considera necesario suspender la actividad física en pacientes con glucemia superior a 300 mg/dl en ausencia de cetosis, sobre todo si es postprandial. Se debe evitar el ejercicio intenso si hay cetosis. En ausencia de un severo déficit de insulina el ejercicio leve o moderado tiende a disminuir los niveles de glucemia4. Si el paciente está correctamente hidratado, asintomático y no presenta cuerpos cetónicos en orina o sangre no sería necesario retrasar la actividad física basándose solamente en la hiperglucemia.
- Hipoglucemia: En pacientes tratados con insulina o antidiabéticos orales basados en fármacos secretagogos de insulina (sulfonilureas y glinidas), el ejercicio físico puede producir hipoglucemia si no se ajusta la dosis o la ingesta de hidratos de carbono. Si la glucemia preejercicio es menor de 100 mg/dl es necesario tomar alguna ración extra de carbohidratos. La hipoglucemia es muy rara en pacientes que no reciben este tipo de medicamentos, y suele ocurrir cuando coinciden el pico máximo de efecto de la insulina inyectada con un ejercicio prolongado.
- Retinopatía: Si existe grado avanzado de retinopatía hay que evitar ejercicios que elevan la presión intratorácica (maniobra de Valsalva) o ejercicios de alta intensidad. Este tipo de actividad podría favorecer un desarrollo más rápido de la enfermedad y aumentar el riesgo de desprendimiento de retina y hemorragia vítrea. Se prefiere para estos casos ejercicio de baja o moderada intensidad practicados en sesiones de larga duración (más de 1 hora). No son recomendables tampoco los deportes de impacto como el boxeo o las artes marciales por riesgo de impacto sobre la retina.
- Neuropatía periférica: La alteración de la sensibilidad dolorosa aumenta el riesgo de lesiones en el pie, infecciones y úlceras de pie diabético. Por lo tanto, en presencia de neuropatía periférica severa se aconsejan ejercicios donde el peso corporal no impacte sobre las articulaciones de miembros inferiores como correr o saltar. Sí estaría permitida la caminata moderada. Son preferibles la natación, la bicicleta estática o ejercicios con los brazos.
- Neuropatía autonómica: Representa un riesgo de complicaciones inducidas por el ejercicio al disminuir la respuesta cardiovascular al mismo; incremento de la frecuencia cardiaca, ortostatismo, alteración de la termorregulación causada por una disminución del flujo sanguíneo de la piel y alteraciones en la sudoración o problemas gastrointestinales. Por ello, se recomienda una valoración médica previa a la prescripción del ejercicio y evitar esfuerzos de alta intensidad o que supongan levantamiento de cargas. Si existe neuropatía autonómica o toma de fármacos betabloqueantes no se debe utilizar la frecuencia cardiaca como medida de valoración de la intensidad de la actividad porque en estos casos hay una respuesta cardiaca alterada ante el ejercicio. Como alternativa es preferible usar la escala de Borg: asigna valores del 6 al 20 según la percepción del esfuerzo realizado, siendo 6 – 10 los ejercicios de baja intensidad hasta valores de 16- 20 en los de muy alta intensidad. Se recomiendan ejercicios con un nivel de exigencia entre 12 y 16 . Otro recurso es el “test del habla” que consiste en practicar actividades aeróbicas como caminar o ciclismo manteniendo una intensidad que permita decir algunas palabras perdiendo ligeramente la respiración.
- Enfermedad vascular: En pacientes con cardiopatía isquémica y con riesgo cardiovascular moderado o alto es procedente incluirlos en programas supervisados de rehabilitación cardiaca. Con antecedentes de infarto agudo de miocardio reciente (menos de 6 semanas) hay que evitar levantar pesos importantes o hacer ejercicio de elevada intensidad. Será necesario realizar la actividad con un incremento gradual de la frecuencia cardiaca. Ejercicios no intensos de fuerza muscular pueden mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida.
- Nefropatía diabética: En estos pacientes los ejercicios aeróbicos y de fuerza de intensidad baja – moderada contribuyen a una mayor calidad de vida y a una mejora en sus capacidades físicas. No obstante, la elevación de la presión arterial durante la actividad física puede producir aumentos puntuales en los valores de microalbuminuria. Siempre se iniciará el programa de ejercicios con esfuerzos de baja intensidad evitando aquellos que supongan realizar la maniobra de Valsalva y los que requieran intensidad elevada.
Igualmente, es importante hacer educación sanitaria con el paciente explicándole las precauciones que debe tener al realizar el ejercicio:
– En pacientes tratados con insulina controlar la glucemia antes y después de la actividad.
– Hacer calentamiento previo al ejercicio de unos 10 – 15 minutos y estiramientos posteriores de otros 10 – 15 minutos con ejercicios de flexibilidad y relajación muscular.
– Evitar inyectar insulina en las zonas que luego se van a ejercitar; por ejemplo, no aplicarla en el muslo si se va a caminar o correr.
– Llevar siempre encima hidratos de carbono de acción rápida para utilizar en caso de síntomas de hipoglucemia.
– Hidratarse adecuadamente, antes, durante y después del ejercicio.
– Evitar desarrollar la actividad deportiva en solitario o por lugares apartados.
– Evitar el ejercicio en momentos de frío o calor extremo.
– Utilizar calcetines de algodón y calzado adecuado y cómodo. Revisar los pies después del ejercicio.
Otro aspecto que es imprescindible valorar en los instantes previos a la realización del ejercicio físico son los ajustes en las dosis de fármacos, especialmente de la insulina, en función de la intensidad, duración y tipo de actividad y la correspondiente respuesta metabólica individual a la misma3:
1. Ejercicio aeróbico:
– Reducir la insulina basal (excepto degludec)/ intermedia previa para ese día mínimo un 20 % para conseguir un objetivo glucémico entre 126 y 160 mg/dl, según el riesgo. Si la actividad física se realiza en ayunas o en el periodo post-absortivo (> 3h postprandial) valorar reducciones superiores.
– Ajustar la insulina rápida: La insulina preprandial de 1 a 3 horas previas al ejercicio se reducirá un 25% para ejercicios de duración corta (< ½ h), 50 % para duración intermedia (<1 h) y 75 % para duración prolongada (> 1h). Insulina postprandial 1 a 3 horas posteriores al ejercicio se reducirá un 25% para ejercicios de duración corta (< ½ h), 50 % para duración intermedia (<1 h) y 75 % para duración prolongada (> 1h). Los bolus correctores de picos de hiperglucemia se usarán sólo con glucemias superiores a 250 mg/dl y con la mitad de la dosis que los bolus de correctores habituales del paciente.
2. Ejercicio anaeróbico:
– Reducir un 20-30% la insulina basal (excepto degludec ) / intermedia posterior al ejercicio.
– No reducir la insulina rápida. Los picos de hiperglucemia, si se producen, generalmente son de corta duración por lo que sólo se deberá añadir microbolus corrector (con la mitad de la dosis que los bolus de correctores habituales) ante glucemias claramente altas (> 250 mg/dl).
En cuanto a los fármacos antidiabéticos orales hay que destacar que el riesgo de hipoglucemia afecta, sobre todo , a los pacientes que toman fármacos secretagogos que aumentan la secreción de insulina (sulfonilureas y glinidas) , especialmente en ejercicios de intensidad alta y duración superior a 1 hora. Las sulfonilureas, por tener efecto más prolongado, son las que presentan riesgo más elevado de hipoglucemias, aunque este riesgo suele ser bajo. Generalmente no se necesita ajustar la dosis de estos fármacos si se realiza ejercicio esporádico, aunque se podría plantear una reducción de la dosis cuando se practica ejercicio regular y de larga duración en pacientes con buen control metabólico4.
La metformina no suele producir hipoglucemia con el ejercicio físico salvo que coexista una ingesta excesiva de alcohol o concurra una insuficiencia hepática o renal graves, ya que este fármaco disminuye la producción hepática de glucosa.
Los análogos del receptor GLP-1 y los inhibidores de la dipeptidil peptidasa-4 (iDDP4) estimulan la secrección de insulina por mecanismos dependientes de la glucosa, es decir, que no actúan en situaciones de glucemia plasmática baja por lo que no producen hipoglucemia5.
La pioglitazona mejora la sensibilidad periférica a la insulina y no estimula la secreción de insulina por lo que no tiene riesgo de producir hipoglucemias durante el ejercicio.
Los inhibidores del cotransportador 2 de glucosa y sodio (iSTG2) aumentan la reabsorción de glucosa a nivel renal por lo que tienen un riesgo nulo de hipoglucemia. Aunque precisamente por su mecanismo de acción conllevan un riesgo de deshidratación, hipovolemia y cetosis por lo que puede ser recomendable suspenderlos si se prevé realizar ejercicio intenso y de larga duración5.
PRESCRIPCIÓN DEL EJERCICIO FÍSICO:
El programa de ejercicios deberá plantearse teniendo en cuenta la condición física del paciente, sus comorbilidades y su situación social. Irá dirigido a mejorar la resistencia aeróbica y la fuerza muscular.
Ejercicios aeróbicos:
Están relacionados directamente con un mejor consumo de glucosa a nivel muscular produciendo un alto efecto hipoglucemiante. Tradicionalmente es el tipo de ejercicio recomendado en la diabetes mellitus tipo 2 porque es el que contribuye a mayores reducciones en la cifra de hemoglobina glicosilada. Se trata de entrenamientos básicos como caminar, nadar, correr o ciclismo que ejercitan grandes grupos musculares durante periodos de tiempo prolongados y con una intensidad moderada.
En caso de pacientes obesos, de edad avanzada, con problemas articulares o con complicaciones como el pie diabético se deberán evitar los ejercicios de impacto como correr o saltar por mayor riesgo de lesión articular.
En muchos pacientes de edad avanzada o sin actividad física previa el hecho de caminar rápido ya se puede considerar intensidad moderada. Controlar la intensidad es importante sobre todo en pacientes con alto riesgo cardiovascular o con complicaciones de la diabetes.
La frecuencia cardiaca será el parámetro básico para medir la intensidad del ejercicio, concretamente la frecuencia cardiaca máxima (FC max) y se personaliza para cada paciente tomando como referencia su edad. Se calcula con la fórmula FC max = 220 – edad (en años). A partir de aquí se establecen valores entre 50 % y 70 % de la FC max como nivel de intensidad moderada que es el recomendable para la mayor parte de los pacientes. Entre el 70 % y el 90 % se considera intensidad alta y requiere un entrenamiento previo de intensidad moderada como adaptación.
Se debe iniciar el programa de actividades con ejercicios cortos y de baja intensidad de hasta 40 – 50% de la FC max ; por ejemplo 2 sesiones semanales de 30 – 40 minutos durante 4- 6 semanas. El objetivo mínimo final son 150 minutos por semana de intensidad al menos moderada (50- 70%) 3 días por semana sin estar más de 2 días consecutivos sin actividad. Para individuos jóvenes o con buena forma física puede ser suficiente 75 minutos por semana con intensidad vigorosa con más del 70% de FC max.
Se suelen aconsejar sesiones de 45 – 60 minutos con intensidad moderada y de 20 a 30 minutos de intensidad alta.
La frecuencia del ejercicio aeróbico es muy importante porque hay que tener en cuenta que el esfuerzo muscular produce un aumento de la sensibilidad a la insulina que se suele mantener 24 – 48h posteriormente a la práctica del ejercicio. Es comparable a la toma de un fármaco hipoglucemiante. Por ello la indicación general será el ejercicio de intensidad moderada preferiblemente diario. Si no fuera posible se recomendará hacerlo en días alternos para repartir el esfuerzo y el efecto hipoglucemiante de forma homogénea durante la semana.
Ejercicios de fuerza:
Tienen menor efecto sobre los niveles de glucemia que las actividades aeróbicas, pero consiguen otros objetivos positivos como son aumentar la masa muscular que se relaciona con un incremento del gasto metabólico basal y contribuir a mejorar el estado funcional del paciente. También se puede usar en aquellos individuos que, por sus limitaciones físicas, no puedan practicar ejercicio aeróbico.
Se suelen realizar mediante levantamiento de pesas, con bandas elásticas o utilizando el propio peso corporal. Para evitar lesiones es necesario el aprendizaje inicial con un profesional.
Hay que tener en cuenta que este tipo de ejercicio puede provocar elevaciones de la presión arterial que obliga a ser cautos en pacientes cardiópatas con riesgo alto.
Se inician con baja intensidad y tiempos cortos con ejercicios de adaptación con muy poco peso para luego progresar aumentando primero la carga de los pesos y luego el número de repeticiones. El objetivo final será unas 2- 3 sesiones semanales en días no consecutivos intercalándolas con días de ejercicio aeróbico. Cada sesión deberá incluir 5- 10 ejercicios que afecten a grandes grupos musculares realizando de 10 a 15 repeticiones con cargas que permitan llegar a la sensación de que aún se podrían levantar 2 o 3 repeticiones más. La duración total de cada serie de 10 – 15 repeticiones será de 30 – 45 segundos con un periodo de recuperación entre series de 1 – 2 minutos.
CONCLUSIONES
Está muy estudiado el papel del ejercicio físico regular en la prevención y control de la diabetes mellitus tipo 2. Es importante que sea una actividad estructurada y con una prescripción adecuada para evitar problemas secundarios. Tanto la actividad aeróbica de intensidad moderada como los ejercicios de fuerza mejoran el control glucémico, reducen los factores de riesgo cardiovascular, contribuyen a la pérdida o mantenimiento del peso, mejoran la condición física, la calidad de vida y reducen la mortalidad.
Programas estructurados de ejercicio de unas 6- 12 semanas ya muestran reducciones significativas en los niveles de hemoglobina glicosilada independientemente de que haya cambios en el peso corporal y a mayor intensidad del ejercicio la mejoría en dichos niveles se incrementa, así como la capacidad física del paciente.
El ejercicio eleva la utilización muscular de la glucosa tanto mejorando la sensibilidad a la insulina como de forma independiente de ésta6. El tipo de ejercicio, su intensidad y duración, así como la práctica regular y programada del mismo son los factores principales que influyen a medio y largo plazo para conseguir los beneficios.
Por todo ello, es esencial potenciar desde el sistema sanitario la prescripción y recomendación de la práctica del ejercicio físico regular en los pacientes diabéticos configurándose ésta como uno de los tres pilares fundamentales en el control de la diabetes mellitus tipo 2.
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