Prevención de errores de medicación en la UCI pediátrica: estrategias de seguridad y papel de enfermería

3 julio 2026

 

AUTORES

  1. Daniel Mariñosa Martín. Enfermero en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
  2. Lara Blasco Polo. Enfermera pediátrica en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
  3. Natalia Boquer Benedicto. Enfermera en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
  4. María López Cabrejas. Enfermera pediátrica en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
  5. Marta Sánchez Duro. Enfermera en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

Los errores de medicación en la unidad de cuidados intensivos pediátricos constituyen una causa frecuente de eventos adversos evitables, con especial impacto debido a la vulnerabilidad del paciente crítico. La complejidad del cálculo de dosis, la utilización de perfusiones continuas y la presión asistencial incrementan el riesgo.

El objetivo de este trabajo es analizar los puntos críticos del proceso de medicación en la UCIP y describir estrategias prácticas de prevención desde el punto de vista enfermero.

La integración del juicio clínico, la estandarización de procesos y la doble verificación efectiva permiten reducir significativamente estos errores.

PALABRAS CLAVE

Error de medicación, UCI pediátrica, seguridad del paciente, enfermería, perfusión intravenosa, dosificación.

ABSTRACT

Medication errors in the pediatric intensive care unit are frequent and preventable adverse events. Dose calculations, continuous infusions, and workload increase risk.

This study analyzes critical points in the medication process and practical nursing strategies for prevention.

Clinical judgment, standardized processes, and effective double-checking reduce errors.

KEY WORDS

Medication error, pediatric intensive care unit, patient safety, nursing, infusions, drug dosing.

INTRODUCCIÓN

Los errores de medicación en pediatría no son infrecuentes, pero en la unidad de cuidados intensivos pediátricos adquieren una relevancia especial debido a la gravedad de los pacientes y al uso habitual de fármacos de alto riesgo¹. A diferencia del paciente adulto, en pediatría no existen dosis estándar, lo que obliga a calcular cada administración de forma individualizada en función del peso, aumentando de manera significativa la probabilidad de error².

En la práctica real, los errores más graves no suelen deberse a fallos de conocimiento, sino a fallos del sistema: interrupciones, sobrecarga de trabajo, errores de comunicación o confianza excesiva en prescripciones sin validación crítica³.

Además, en la UCIP es habitual el uso de perfusiones continuas de fármacos vasoactivos, sedantes o analgésicos, donde un error en la preparación o en la programación de la bomba puede traducirse en una administración incorrecta mantenida en el tiempo, con consecuencias potencialmente graves⁴.

Por este motivo, la seguridad en la administración de medicamentos no debe basarse únicamente en protocolos, sino en la combinación de procedimientos estandarizados y criterio clínico. En este contexto, el personal de enfermería constituye la última barrera de seguridad antes de que el error llegue al paciente.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Un niño de 2 años ingresa en la UCIP por shock séptico. Se inicia tratamiento con perfusión continua de noradrenalina. Durante la preparación del fármaco, la enfermera observa que la dosis prescrita es significativamente superior a la habitual para el peso del paciente.

Antes de iniciar la perfusión, decide recalcular la dosis y comprobar la concentración preparada. Tras la revisión, identifica que la dilución se ha realizado con una concentración diez veces mayor de la correcta.

El error se corrige antes de la administración, evitando una sobredosificación mantenida. Posteriormente, el incidente es analizado, identificándose como causa principal la falta de estandarización en la preparación del fármaco.

Este caso refleja un aspecto clave: el error no se detectó por protocolo, sino porque “no cuadraba clínicamente”.

PAPEL DE ENFERMERÍA

El personal de enfermería constituye la última barrera de seguridad en el proceso de medicación. Su papel no se limita a la administración, sino que incluye la validación crítica de la prescripción, la preparación segura del fármaco y la monitorización de la respuesta del paciente.

La combinación de conocimiento técnico y juicio clínico permite detectar errores antes de que lleguen al paciente. Además, la participación en sistemas de notificación de incidentes contribuye a mejorar los procesos y reducir la repetición de errores.

DESARROLLO

Dónde ocurren realmente los errores:

En la práctica clínica, los errores de medicación en pediatría se concentran en tres momentos clave: el cálculo de la dosis, la preparación del fármaco y la programación de la perfusión.

El cálculo es especialmente crítico. Errores de conversión entre miligramos y mililitros o entre microgramos y miligramos pueden generar sobredosificaciones importantes. Este tipo de errores, conocidos como errores de factor diez, están ampliamente descritos en la literatura pediátrica y constituyen una de las causas más frecuentes de eventos adversos graves⁵.

La preparación del fármaco introduce otro punto de riesgo. La necesidad de diluir medicamentos para obtener concentraciones adecuadas puede dar lugar a errores si no se utilizan protocolos estandarizados. En muchas ocasiones, el mismo fármaco puede prepararse con diferentes concentraciones según el profesional, lo que aumenta la probabilidad de confusión.

Por último, la programación de las bombas de infusión es un punto crítico. La introducción incorrecta de datos o la confusión entre unidades (ml/h frente a mcg/kg/min) puede dar lugar a errores difíciles de detectar si no existe una verificación adecuada⁶.

El error que más se repite: el que no cuadra”:

Más allá de los protocolos, existe un elemento clave en la prevención de errores: el criterio clínico. En muchas ocasiones, el error no se detecta por una comprobación matemática, sino porque la dosis “no tiene sentido”.

Un fármaco vasoactivo a una dosis inusualmente alta o un analgésico en cantidades fuera de rango deberían activar una alerta inmediata. Este tipo de detección se basa en la experiencia y en la familiaridad con la práctica clínica, y constituye una de las herramientas más eficaces para evitar errores⁷.

Estrategias que realmente funcionan en la práctica:

La estandarización de las diluciones es una de las medidas más efectivas para reducir errores. Trabajar siempre con las mismas concentraciones evita cálculos innecesarios y facilita la detección de discrepancias.

La doble verificación es otra herramienta fundamental, pero solo es eficaz cuando se realiza correctamente. No se trata de confirmar lo que ha hecho otro profesional, sino de repetir el cálculo de forma independiente.

Evitar interrupciones durante la preparación de la medicación es igualmente importante. La evidencia muestra que las interrupciones aumentan significativamente el riesgo de error, especialmente en tareas que requieren concentración⁸.

CONCLUSIÓN

La prevención de errores de medicación en la UCI pediátrica requiere un enfoque práctico basado en la identificación de los puntos críticos del proceso y en la aplicación de medidas de seguridad efectivas.

Más allá de los protocolos, el criterio clínico del personal de enfermería constituye una herramienta fundamental para detectar errores y garantizar la seguridad del paciente.

La estandarización de procesos, la doble verificación real y la reducción de interrupciones durante la preparación de la medicación son estrategias clave para minimizar el riesgo.

BIBLIOGRAFÍA

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