AUTORES
- Winnie Adu Akorli. Enfermera. Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
- Laura Raya Hidalgo. Enfermera. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
- Sara Belén Llavori Pirla. Enfermera. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
- Pablo Nogués Rosel. Enfermero. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
- Julia García Sánchez. Enfermera. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
- Esther Arilla Peralta. Enfermera. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
RESUMEN
Las lesiones por presión son daños en la piel y tejidos subyacentes causados por una presión prolongada sobre prominencias óseas. Están originadas por tres tipos de fuerzas: presión vertical, fricción y cizallamiento. Estas lesiones pueden variar desde un enrojecimiento leve hasta heridas profundas que afectan músculos y huesos, causando dolor, riesgo de infección y afectando gravemente la calidad de vida. Las personas con movilidad reducida, alteraciones sensoriales, malnutrición, incontinencia, edad avanzada, enfermedades crónicas o alteraciones del estado de conciencia están en mayor riesgo. El personal de enfermería lidera la prevención mediante la identificación del riesgo, aplicación de cuidados, formación continua y coordinación con el equipo interdisciplinario. La prevención de LPP es clave para mejorar la calidad de vida del paciente y optimizar los recursos sanitarios. Requiere un enfoque proactivo, trabajo en equipo y educación constante. La mejor defensa es la prevención activa.
PALABRAS CLAVE
Lesiones por presión, cuidados, paciente, enfermería.
ABSTRACT
Pressure injuries are damage to the skin and underlying tissues caused by prolonged pressure over bony prominences. They result from three types of forces: vertical pressure, friction, and shear. These injuries can range from mild redness to deep wounds that affect muscles and bones, causing pain, risk of infection, and severely impacting quality of life. People at higher risk include those with reduced mobility, sensory impairments, malnutrition, incontinence, advanced age, chronic illnesses, or altered levels of consciousness. Nursing staff lead prevention efforts through risk identification, care application, ongoing training, and coordination with the interdisciplinary team. Preventing pressure injuries is key to improving patient quality of life and optimizing healthcare resources. It requires a proactive approach, teamwork, and continuous education. The best defense is active prevention.
KEY WORDS
Pressure injuries, cares, patient, nursing.
DESARROLLO DEL TEMA
Las lesiones por presión (LPP), también mal conocidas como escaras, son lesiones localizadas en la piel y/o tejidos subyacentes causadas por una presión prolongada sobre la una prominencia ósea1.
Las fuerzas implicadas en el origen de las LPP son:
- Presión vertical: fuerza perpendicular (del propio cuerpo) sobre una superficie.
- Fuerza de fricción: fuerza producida entre dos superficies, en la misma dirección, pero distinto sentido.
- Fuerza de cizalla: se combinan las fuerzas de fricción y presión2.
Pueden variar desde un enrojecimiento persistente de la piel hasta heridas profundas que afectan músculos e incluso huesos. Son dolorosas, pueden infectarse fácilmente y tienen un impacto significativo en la calidad de vida de quienes las padecen3. Se clasifican según las estructuras de los tejidos que se vean afectadas:
- Grado I: alteración en la piel íntegra, que se manifiesta por una zona eritematosa, que no es capaz de recuperar su coloración habitual en 30 minutos. En pieles oscuras puede presentar tonos rojos, azules o morados. Puede incluir cambios en la temperatura de la piel, edema, induración y sensaciones como dolor o escozor.
- Grado II: pérdida de continuidad de la piel a nivel de la epidermis y dermis en forma de erosión o ampollas en la piel.
- Grado III: afectación del tejido subcutáneo, se produce una lesión con bordes más evidentes. Puede existir necrosis y/o exudación.
- Grado IV: afectación a nivel muscular que puede alcanzar un tendón o la estructura ósea, puede presentar fístulas, exudado abundante, necrosis tisular2.
Estas lesiones ocurren con frecuencia en pacientes inmovilizados o con movilidad reducida, especialmente en entornos hospitalarios, geriátricos o domiciliarios. La prevención de estas úlceras es fundamental tanto para la calidad de vida del paciente como para reducir los costes sanitarios y la carga asistencial4.
La principal causa es la presión constante sobre una prominencia ósea, que comprime los vasos sanguíneos. Esta compresión reduce o interrumpe el flujo de sangre a la zona, privando a los tejidos de oxígeno y nutrientes esenciales. Las zonas más afectadas del cuerpo son los talones, codos, caderas, sacro, tobillos, omoplatos y parte posterior de la cabeza. Si la presión no se alivia a tiempo, el tejido comienza a dañarse, formándose la úlcera5.
- Fricción: ocurre cuando la piel roza contra una superficie, como las sábanas, debilitándola.
- Cizallamiento: se produce cuando la piel se mueve en una dirección y el hueso subyacente en otra (por ejemplo, al deslizarse hacia abajo en una cama o silla), estirando y dañando los vasos sanguíneos y tejidos.
- Humedad excesiva: la piel expuesta a humedad constante (sudor, orina, heces) se macera y se vuelve más frágil y susceptible a lesiones2,6.
Cualquier persona puede desarrollar una UPP, pero el riesgo es mayor en individuos con:
- Movilidad reducida: personas encamadas, en silla de ruedas, o que no pueden cambiar de posición por sí mismas.
- Pérdida de sensibilidad: incapacidad para sentir dolor o incomodidad que indicaría la necesidad de moverse (lesiones medulares, neuropatías).
- Malnutrición o deshidratación: una nutrición e hidratación inadecuadas debilitan la piel y dificultan la cicatrización.
- Incontinencia urinaria o fecal: la humedad constante debilita la piel y la hace más susceptible a las lesiones.
- Edad avanzada: la piel se vuelve más fina y frágil con la edad.
- Enfermedades crónicas: como diabetes, enfermedades vasculares o condiciones que afectan el flujo sanguíneo.
- Alteraciones del estado de conciencia: personas sedadas o en coma. Dificultad para comprender o comunicar la necesidad de moverse.
La prevención es la mejor estrategia y requiere un enfoque multifacético y constante:
Valoración del riesgo.
- Identificar a las personas en riesgo utilizando escalas validadas (como Braden o Norton) y evaluar su estado general regularmente.
Cuidado e inspección de la piel.
- Inspección de la piel diariamente: prestar especial atención a las zonas de prominencias óseas. Buscar signos tempranos como enrojecimiento que no desaparece al presionar (eritema no blanqueante), cambios de temperatura o textura (induración), sensibilidad de la piel, ampollas o pequeñas heridas.
- Mantener la piel limpia y seca: limpiar la piel con suavidad, usando jabones neutros y agua tibia. Secar sin frotar (a toques).
- Controlar la humedad: cambiar pañales o ropa de cama húmeda inmediatamente. Usar cremas barrera si hay incontinencia para proteger la piel.
- Hidratar la piel seca: aplicar lociones hidratantes para evitar que la piel se agriete.
- Evitar masajes sobre prominencias óseas enrojecidas: podría dañar tejidos ya comprometidos.
Manejo de la Presión: Movilización y Cambios Posturales.
- Cambios de posición frecuentes: es la medida más importante. En personas encamadas, cambiar de posición cada 2-3 horas (o según pauta individualizada). En personas sentadas, aliviar la presión cada hora o incluso cada 15-30 minutos si pueden hacerlo por sí mismas2.
- Utilizar superficies especiales: colchones y cojines diseñados para redistribuir la presión (colchones de aire alternante, espuma viscoelástica, etc.). Estos dispositivos ayudan, pero no eliminan la necesidad de cambios posturales7.
- Evitar posiciones de riesgo: no apoyar directamente sobre las prominencias óseas. Usar almohadas o cuñas para elevar talones y mantener separación entre rodillas y tobillos.
- Técnica de movilización adecuada: al mover a la persona, levantarla en lugar de arrastrarla para evitar fricción y cizallamiento. Usar sábanas de movilización si es necesario.
- Usar ropa de cama suave y mantenerla limpia, seca y sin arrugas3.
- Al elevar la cabecera de la cama, no superar los 30 grados si es posible, para reducir el deslizamiento y el cizallamiento en la zona del sacro.
- Utilizar ayudas técnicas (como sábanas deslizantes o trapecios) para facilitar las movilizaciones.
- Limitar el tiempo sentado: Especialmente en personas de alto riesgo.
- Evitar los «flotadores» o «donuts»: Pueden concentrar la presión en la zona circundante y empeorar la situación.
- Movilización Temprana: Fomentar la movilidad en la medida de lo posible.
Nutrición e Hidratación Adecuadas:
- Asegurar una dieta equilibrada, rica en proteínas, calorías, vitaminas (especialmente A, C, E) y minerales (como el zinc), fundamentales para la salud de la piel y la cicatrización.
- Garantizar una ingesta de líquidos suficiente para mantener una buena hidratación de la piel.
- Consultar con un dietista-nutricionista si hay problemas nutricionales.
Educación:
- Informar al paciente (si es posible), a la familia y a los cuidadores sobre los factores de riesgo y las medidas preventivas.
- Enseñar cómo inspeccionar la piel y cómo realizar los cambios posturales correctamente.
- Fomentar la colaboración con el cuidado.
Rol del Profesional Sanitario:
El personal de enfermería juega un papel clave en la prevención de las UPP mediante8:
- La identificación precoz del riesgo.
- La implementación de cuidados específicos.
- La documentación de las intervenciones realizadas.
- La formación continua del equipo y cuidadores.
La prevención de las UPP es un esfuerzo de equipo que involucra a médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, nutricionistas y, de manera crucial, a los propios pacientes (si es posible) y sus familiares o cuidadores. La comunicación fluida y la educación sobre las medidas preventivas son esenciales.
La prevención de úlceras por presión requiere un enfoque proactivo, interdisciplinario y centrado en el paciente. Aplicar medidas preventivas de forma sistemática reduce significativamente la incidencia de UPP, mejora la calidad de vida del paciente y optimiza los recursos sanitarios. La educación y el compromiso del equipo de salud son esenciales para lograr estos objetivos. La prevención activa es la mejor defensa.
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