Primera atención extrahospitalaria a pacientes intervenidos con pistolas Taser: una revisión sistemática

1 marzo 2025

 

AUTORES

  1. Antonio Blanco Morales. Enfermero. 061 Aragón, España.
  2. Julia Fernández Santafé. Enfermera. Residencia Personas Mayores “Sagrada Familia”, Huesca, España.
  3. Luis Marco Galindo. Enfermero. Hospital Universitario San Jorge, Huesca, España. 
  4. Darío Monesma Sorrosal. Enfermero. Hospital Universitario San Jorge, Huesca, España. 
  5. Laura Sanjuan Estallo. Enfermera. Hospital Universitario San Jorge, Huesca, España.
  6. Juan Manuel Villar González. Enfermero. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España. 

 

RESUMEN

El uso de los dispositivos de electrochoque Taser ha incrementado en contextos policiales debido a su efectividad para inmovilizar a personas sin causar un daño letal inmediato. Sin embargo, su utilización puede tener efectos adversos en la salud, especialmente en pacientes que sufren de alteraciones cardíacas, problemas respiratorios o lesiones físicas derivadas de las descargas eléctricas. Estas consecuencias generan la necesidad de una atención médica especializada y protocolos sanitarios claros que garanticen una respuesta adecuada a las situaciones en las que se emplean estos dispositivos. La atención a pacientes reducidos por Taser debe contemplar una serie de consideraciones médicas, como la evaluación inmediata del estado cardiovascular y respiratorio del paciente, la monitorización continua y el tratamiento de posibles complicaciones. Es crucial que los profesionales de la salud estén formados para identificar los riesgos asociados con el uso del Taser y actuar rápidamente para mitigar cualquier daño. El tema sigue siendo relevante en la actualidad, debido al aumento de su uso en intervenciones policiales y la falta de consenso general sobre las mejores prácticas para la atención médica post-reducción. La investigación sobre los efectos de las descargas eléctricas en la salud humana y el desarrollo de protocolos médicos específicos es fundamental para reducir los riesgos y garantizar una atención adecuada. En el futuro, la integración de conocimientos médicos más profundos, la actualización de los protocolos y la implementación de nuevas tecnologías en el ámbito sanitario podrían mejorar la atención a los pacientes reducidos por Taser, asegurando la seguridad y el bienestar de las personas involucradas en estos incidentes.

PALABRAS CLAVE

Atención de emergencia prehospitalaria, lesiones por armas conductoras de energía, protocolo de tratamiento.

ABSTRACT

The use of Taser electroshock devices has increased in police contexts due to their effectiveness in immobilizing individuals without causing immediate lethal harm. However, their use can have adverse effects on health, particularly in patients suffering from heart conditions, respiratory issues, or physical injuries caused by electric shocks. These consequences create the need for specialized medical attention and clear healthcare protocols to ensure an appropriate response in situations where these devices are used. Care for patients subdued by Tasers should include several medical considerations, such as immediate evaluation of the patient’s cardiovascular and respiratory status, continuous monitoring, and treatment of potential complications. It is crucial for healthcare professionals to be trained to identify the risks associated with Taser use and act quickly to mitigate any harm. This topic remains relevant today due to the increased use of Tasers in police interventions and the lack of consensus on best practices for post-subdual medical care. Research into the effects of electric shocks on human health and the development of specific medical protocols is essential to reduce risks and ensure proper care. In the future, integrating deeper medical knowledge, updating protocols, and implementing new healthcare technologies could improve care for Taser-subdued patients, ensuring the safety and well-being of individuals involved in these incidents.

KEY WORDS

Emergency care prehospital, conducted energy weapon injuries, treatment protocol.

INTRODUCCIÓN

En la última década, el uso de los dispositivos Taser por parte de las fuerzas de seguridad ha crecido de manera significativa, siendo utilizados para reducir a individuos de forma no letal en situaciones de intervención policial. Estos dispositivos, que funcionan mediante una descarga eléctrica, están diseñados para incapacitar temporalmente a un individuo sin causar un daño físico permanente, pero su uso ha generado preocupación en cuanto a los efectos secundarios sobre la salud del paciente. Uno de los aspectos más críticos en este contexto es la atención sanitaria adecuada a las personas que han sido reducidas mediante el Taser, ya que la descarga eléctrica puede desencadenar alteraciones cardiovasculares, respiratorias y otras complicaciones médicas.

La atención sanitaria a estos pacientes es un tema que ha cobrado relevancia en los últimos años debido a la necesidad de establecer protocolos claros y específicos para su manejo. Aunque el Taser se considera generalmente seguro, no está exento de riesgos, especialmente cuando se utiliza en personas con condiciones de salud preexistentes, como problemas cardíacos o respiratorios. Además, la falta de una formación adecuada de los profesionales de la salud en el manejo post-reducción hace que la atención pueda ser insuficiente en algunos casos, lo que aumenta el riesgo de complicaciones graves.

La actualidad de este tema está marcada por la necesidad de investigar y desarrollar protocolos médicos especializados para la atención de estos pacientes, ya que el número de intervenciones en las que se emplea el Taser sigue aumentando. Es fundamental garantizar que tanto los profesionales de la salud como las fuerzas de seguridad cuenten con la formación necesaria para identificar los riesgos y actuar de manera rápida y eficaz. El futuro de la atención sanitaria a los pacientes reducidos por Taser depende de la investigación continua, la mejora de los protocolos y la integración de nuevas tecnologías para asegurar la seguridad y el bienestar de todos los implicados.

OBJETIVO

  • Analizar el funcionamiento de las pistolas Taser en relación con la fisiología humana y las posibles complicaciones asociadas.
  • Analizar las estrategias, protocolos y resultados clínicos relacionados con la primera atención sanitaria extrahospitalaria en pacientes intervenidos con pistolas Taser.

 

METODOLOGÍA

Para la elaboración de este artículo sobre la atención sanitaria a pacientes reducidos por Taser, se llevó a cabo una exhaustiva búsqueda de información que incluyó diversas fuentes académicas, científicas y oficiales. Se revisaron artículos y publicaciones académicas relacionadas con la utilización de dispositivos Taser, especialmente en el ámbito policial y de atención prehospitalaria, disponibles en bases de datos científicas y bibliotecas digitales especializadas en medicina de urgencias y emergencias. Además, se consultaron estudios previos sobre los efectos de las descargas eléctricas en el cuerpo humano y los protocolos médicos establecidos para la atención de pacientes que han sido sometidos a estas intervenciones.

En primer lugar, se priorizó la consulta de revistas científicas de ámbito internacional, así como de artículos de investigación sobre el uso de dispositivos de electrochoque y sus implicaciones en la salud. Se incluyeron estudios que abordan las complicaciones médicas asociadas a la utilización de armas electrónicas, tales como alteraciones cardiovasculares, respiratorias y musculoesqueléticas. Entre las fuentes relevantes se encuentran publicaciones de la Journal of Emergency Medicine y Prehospital Disaster Medicine, así como documentos de organismos internacionales, como la Comisión Electrotécnica Internacional (IEC), que analizan los efectos de la corriente eléctrica sobre los seres humanos.

En segundo lugar, se consultaron fuentes oficiales y documentos de instituciones relevantes, como el Ministerio del Interior de España y los informes de cuerpos policiales, como los Mossos d’Esquadra, sobre el uso de pistolas Taser en intervenciones policiales y las estrategias adoptadas para su utilización y control. Asimismo, se utilizaron informes técnicos y protocolos de actuación de servicios de emergencia, como SAMUR-Protección Civil y la Policía Municipal de Madrid.

La búsqueda se realizó utilizando términos clave como “Taser”, “atención sanitaria post-reducción”, “complicaciones médicas”, “protocolo sanitario” y “pistolas eléctricas”. Se seleccionaron fuentes publicadas entre 2010 y 2024 en español e inglés, priorizando artículos revisados por pares y documentos oficiales accesibles en formato completo.

Finalmente, se empleó un enfoque cualitativo para el análisis de los datos recogidos, con el fin de sintetizar las mejores prácticas médicas y las recomendaciones para la atención inmediata de pacientes reducidos por Taser, contribuyendo a la creación de protocolos médicos más eficaces y seguros.

RESULTADOS

Uso de la pistola Táser en España:

Los dispositivos electrónicos de control (DEC), denominados técnicamente como armas no letales, incapacitan de manera inmediata y transitoria a un agresor mediante pulsos eléctricos. En España, están considerados como armas de uso exclusivo policial y militar, reguladas por el Art. 5.1c del Reglamento de Armas1. Su uso se ha popularizado en la última década entre los cuerpos de seguridad.

Diferentes fuerzas del orden, como el Cuerpo de Policía Nacional, la Guardia Civil, y cuerpos de policía autonómicos y locales, han ido incorporando estos dispositivos gradualmente. Los primeros en implementarlos fueron los cuerpos autonómicos del País Vasco y Cataluña: en 2017, la Ertzaintza los introdujo en su unidad Patrulla de Respuesta Inmediata (PRI), seguida por los Mossos d’Esquadra, quienes los integraron en sus unidades de seguridad ciudadana no especializadas. Posteriormente, la Guardia Civil y el Cuerpo de Policía Nacional comenzaron a utilizarlos en 20222-5.

El uso de los DEC está restringido a personal policial o militar y prohibido a particulares. Cada cuerpo de seguridad cuenta con programas formativos específicos. Por ejemplo, los Mossos d’Esquadra reciben formación en el Instituto de Seguridad Pública de Cataluña (ISPC), que incluye teoría, normas deontológicas, manipulación, mantenimiento de los dispositivos, uso de cámaras obligatorias durante su empleo y manejo de desfibriladores (DEA)3. Por su parte, la Policía Nacional y la Guardia Civil imparten la formación de manera interna.

Cataluña es la única región de España con datos estadísticos públicos sobre el uso de estas armas. Desde 2018, se han registrado 212 intervenciones con DEC, con un balance de 209 personas ilesas, 1 herido, 1 fallecido y 1 disparo a un animal. Esto equivale a una media de 30 intervenciones anuales o aproximadamente 2,52 al mes entre 2018 y 20246. Sin embargo, no se dispone de estadísticas públicas a nivel nacional de cuerpos como la Policía Nacional o la Guardia Civil.

¿Cómo funciona la pistola Táser?

El funcionamiento de este arma se basa en generar una sensación paralizante e incapacitante temporal en todo el cuerpo, acompañada de un intenso dolor y contracciones musculares incontrolables durante 5 segundos. Este dispositivo, de marca registrada, ofrece dos modos de uso: por contacto directo o a distancia7.

Al accionarse el disparador, se propulsa una cápsula mediante un cartucho de nitrógeno. Esta cápsula contiene dos electrodos y un cable conductor que permite generar la descarga eléctrica. Los dardos, con un alcance máximo de 7 metros, impactan en el agresor, generando pulsos repetitivos de alto voltaje y bajo amperaje. Estos interfieren con las señales eléctricas de las fibras nerviosas, bloqueando temporalmente el control voluntario de los músculos, de manera similar a los electroestimuladores médicos8. Una vez cesan los pulsos, el agresor recupera el control total de sus músculos motores8.

La última generación de esta arma ha mejorado sus prestaciones: aumenta la distancia máxima de disparo a 13,71 metros, su cargador puede alojar hasta 10 sondas individuales, incrementa la velocidad de disparo a 62,48 metros por segundo, y mejora tanto la penetración como la precisión9.

Situaciones en las que el uso de la Táser puede ser peligroso:

Existen situaciones específicas en las que el uso de esta arma está restringido. Según la policía autonómica catalana, no debe emplearse en los siguientes casos:

  • Grupos vulnerables: mujeres embarazadas, niños, personas con problemas de salud, bajo índice de masa corporal (IMC) o de edad avanzada, siempre que estas condiciones sean perceptibles para el agente3.
  • Riesgo de caída: personas situadas en lugares elevados donde el disparo puede provocar pérdida de equilibrio o en ambientes con agua o barro que puedan generar riesgo de ahogamiento3.
  • Entornos inflamables: proximidad a sustancias o gases inflamables, con especial cuidado hacia los sprays de pimienta3.
  • Uso restringido: en establecimientos penitenciarios, salvo en situaciones excepcionales como motines o tomas de rehenes, y para el control de manifestaciones o concentraciones públicas3.

 

En España, no existen protocolos públicos sobre el uso de este dispositivo por parte de la Policía Nacional o la Guardia Civil.

Protocolo de actuación de las Fuerzas de Seguridad:

El protocolo de actuación con dispositivos de control eléctrico (DCE) en España establece directrices claras para garantizar la seguridad y legalidad de su uso. Se prioriza la protección de los derechos del individuo, minimizando riesgos físicos y psicológicos mientras se busca la resolución efectiva de situaciones de conflicto.

El empleo de los Dispositivos de Control Eléctrico (DCE) debe centrarse en áreas preferibles de impacto para minimizar posibles daños. La espalda es la región más adecuada, ya que cuenta con grandes grupos musculares y presenta un menor riesgo para órganos sensibles como la cabeza o el cuello. Además, en esta zona, la ropa ajustada facilita la efectividad de las sondas, al tiempo que el elemento sorpresa aumenta su eficacia. Por otro lado, en la parte frontal, el objetivo ideal es la zona inferior del torso, colocando preferentemente una sonda por encima de la cintura y otra en las piernas, para impactar en músculos de mayor tamaño. Es crucial evitar disparos cercanos a áreas delicadas como el corazón, el cuello o los genitales, aumentando la distancia en estos casos para proteger al sujeto. Cada activación de un DCE provoca una incapacitación neuromuscular de cinco segundos, conocida como la “ventana de oportunidad”. Durante este intervalo, es posible actuar para reducir riesgos, como desarmar al individuo o llevar a cabo maniobras tácticas. Sin embargo, no se recomienda inmovilizar al sujeto mediante esposas mientras dure la descarga, ya que existe riesgo de transferencia eléctrica.

Una intervención rápida y eficaz es esencial para evitar descargas repetitivas o prolongadas, ya que estas podrían causar mayores perjuicios físicos y psicológicos. Además, cada activación del DCE debe estar debidamente justificada desde un punto de vista legal. Es importante recordar que personas bajo los efectos de sustancias, con alteraciones emocionales o en estados de delirio podrían no seguir las indicaciones durante o después de la descarga3.

El uso de DCE debe estar acompañado por el registro audiovisual de la intervención a través de dispositivos personales de grabación (DPG)3. Estas cámaras, autorizadas por la Comisión de Control de Dispositivos de Videovigilancia, permiten documentar la actuación, garantizando la transparencia y facilitando los informes para las autoridades judiciales. Asimismo, es obligatorio disponer de un desfibrilador externo automatizado (DEA) en cada intervención3. Este equipo es fundamental para tratar de manera inmediata cualquier eventualidad cardíaca que pudiera surgir como consecuencia del uso del DCE, asegurando la máxima protección y cuidado hacia la persona intervenida.

Efectos fisiopatológicos del arma Taser:

La norma CEI 479, emitida por la Comisión Electrotécnica Internacional, estudia los efectos fisiopatológicos de la corriente alterna al atravesar el cuerpo humano10. Explicando los efectos fisiopatológicos que produce una corriente alterna a su paso por el cuerpo humano11. Este estándar fue adaptado a España como UNE 20572, incorporándose en las Notas Técnicas de Prevención (NTP-400 y NTP-437)7. La norma clasifica las respuestas fisiológicas y las lesiones cutáneas derivadas de la exposición eléctrica en función de la intensidad de la corriente (mA)7:

La primera zona, denominada de percepción, comprende intensidades entre 0,1 y 0,5 mA. En este rango, una persona puede sentir la corriente, siendo 0,5 mA el umbral mínimo perceptible, generalmente sin reacciones físicas. La segunda zona, de reacción, abarca de 0,5 a 200 mA. Aquí se producen contracciones musculares visibles a partir de 10 mA, siendo estas más pronunciadas con exposiciones prolongadas. En la tercera zona, conocida como “no soltar”, la intensidad de corriente entre 200 y 500 mA impide que una persona pueda separarse de la fuente. Una exposición superior a dos segundos en esta zona puede causar dificultades respiratorias o problemas cardíacos, aunque sin fibrilación ventricular. Por último, la zona de fibrilación ventricular comienza a partir de los 500 mA, aumentando el riesgo de esta condición con intensidades superiores a 1000 mA. Además del riesgo de fibrilación, estas intensidades pueden provocar paros cardíacos y quemaduras graves.

Además de las respuestas fisiológicas, la norma CEI 479 analiza las lesiones cutáneas derivadas de la exposición eléctrica, clasificándolas en cuatro zonas según la densidad de corriente (mA/mm²) y el tiempo de exposición. La primera zona, sin alteraciones visibles, se da con densidades iniciales de hasta 20 mA/mm², aunque exposiciones prolongadas pueden causar un color grisáceo en la piel. La segunda zona, entre 20 y 35 mA/mm², se caracteriza por enrojecimiento y hematomas. La tercera zona, de 35 a 65 mA/mm², genera hematomas severos y coloración oscura de la piel. Finalmente, la cuarta zona, a partir de 65 mA/mm², produce carbonización y destrucción extrema de tejidos7.

Entre los efectos físicos inmediatos de un choque eléctrico destacan las contracciones musculares, que comienzan a partir de 10 mA e impiden el movimiento voluntario para separarse de la fuente12. La asfixia ocurre con corrientes superiores a 25 mA cuando se afectan los músculos respiratorios, mientras que las quemaduras, internas y externas, resultan de la proximidad al arco eléctrico o del Efecto Joule, pudiendo causar necrosis o carbonización12. La fibrilación ventricular, una de las consecuencias más graves, puede ocurrir con intensidades superiores a 100 mA si el contacto eléctrico supera el 20% del ciclo cardíaco12. A medio plazo, las lesiones eléctricas pueden causar trastornos renales debido a la acumulación de toxinas por la destrucción de tejidos. También son comunes las alteraciones cardiovasculares, como infartos y arritmias, y las neurológicas, como hemorragias cerebrales o daño nervioso permanente. Las alteraciones sensoriales incluyen inflamación ocular, pérdida auditiva y cefaleas intensas debido a la exposición al arco eléctrico12.

En el caso específico de las armas Táser, se han documentado lesiones cutáneas típicas en forma de heridas maculares redondeadas de 2 a 5 mm, que pueden durar hasta dos horas. También se han observado contracciones musculares tetánicas y casos de rabdomiólisis, aunque los estudios no concluyen que estos efectos sean clínicamente significativos. Para ello se investigó a través de la determinación analítica del parámetro “creatina cinasa liberada” a consecuencia del daño metabólico o mecánico generado en el músculo. Los estudios no son concluyentes, achacan la presencia de la creatina cinasa a factores externos al uso del arma. Sí que existe un estudio que correlacionó el aumento de la creatina a las descargas repetidas más que a la duración de estas. Sin embargo, sin repercusión clínica alguna7. En términos cardiovasculares, las descargas de Táser rara vez provocan fibrilación ventricular, aunque pueden aumentar la frecuencia cardíaca transitoriamente, la publicación de un estudio que investigó efectos post-disparo determinó que podía ocasionar un aumento de 15 latidos por minutos justo después de la descarga, además de un cambio en el ritmo cardiaco, concretamente en el segmento QT7. Otros estudios experimentales han señalado que factores como el consumo de cocaína pueden reducir el umbral de fibrilación12. Otras lesiones raras incluyen cataratas, abortos espontáneos y daño cerebral por penetración de los electrodos12.

Atención sanitaria extrahospitalaria a la víctima reducida por arma Taser:

El desarrollo de protocolos de actuación conjuntos entre equipos de emergencias sanitarias y fuerzas de seguridad tiene como objetivo maximizar la seguridad en las intervenciones, optimizar la atención sanitaria y establecer un marco regulador claro de responsabilidades y funciones. En este contexto, se detalla el protocolo operativo del SAMUR en colaboración con la Policía en Madrid, centrándonos posteriormente en la atención sanitaria13,14.

Los objetivos principales de este protocolo son:

1. Garantizar la seguridad de los intervinientes durante toda la operación.

2. Optimizar los tiempos y recursos en la asistencia sanitaria.

3. Establecer un marco regulador que delimite responsabilidades y funciones.

  1. Solicitud Servicio Urgente, La activación del equipo de emergencias se realiza mediante las centrales de comunicación pertinentes. En la Comunidad de Madrid, se utiliza el sistema TETRA digital como canal principal de comunicación13.
  2. Actuación General, Las responsabilidades se dividen según competencias:
  • Fuerzas de seguridad: Aseguran el perímetro y velan por la seguridad de las actuaciones conjuntas.
  • Equipo sanitario: Proporciona asistencia médica de emergencia y se coordina con las indicaciones de seguridad13.
  1. Categorización de las actuaciones, Las prioridades se clasifican en una escala del 0 al 5 según el nivel de riesgo. En situaciones como reyertas o amenazas de bomba (Prioridad 1), la seguridad prevalece sobre cualquier acción administrativa o médica. El equipo sanitario actúa bajo las directrices de las fuerzas de seguridad y estas últimas colaboran en la atención y evacuación de heridos14.

 

En España, no existe un protocolo específico para el manejo de víctimas reducidas con armas de energía conductora, siendo la bibliografía más amplia en países como Estados Unidos. Un estudio realizado por el Cuerpo de Bomberos de Zaragoza (2021) distingue dos fases de atención: previa y posterior a la descarga15. En primer lugar, antes de la atención sanitaria es aconsejable consultar la historia clínica, en el caso de que se disponga de dispositivo electrónico que permita revisar la historia clínica electrónica es recomendable hacerlo. Además de conocer el motivo que originó la reducción a través de un disparo Taser, ya que puede ser de interés conocer si es por motivo de sobredosis de alcohol o droga, un trastorno médico o psiquiátrico. De modo que una vez revisado estos datos se procederá a actuar de la siguiente forma:

  1. El policía que haga uso de la pistola Taser estará obligado a avisar al resto de sus compañeros en todo momento de su uso, para que ninguno de ellos se vea afectado por el arco eléctrico al tocar a la víctima y pueda causar esto alguna complicación. No se deberá tocar hasta que el responsable de la pistola Taser asegure y comunique que el cartucho de la pistola ha sido retirado, y, por lo tanto, no se pueda generar una nueva descarga de forma accidental15.
  2. Una vez efectuado el disparo el personal sanitario deberá de esperar la actuación de la policía y que estos terminen de asegurar la zona. Una vez consideren que es seguro aproximarse darán ordenes claras al equipo sanitario y mantendrán en todo momento una comunicación clara y fluida15.
  3. Actuación por parte del equipo sanitario de emergencia15:
    1. Evaluación inicial: ABCDE, Vía aérea, Respiración, Circulación, Estado Neurológico y Exposición. En el caso de una hemorragia masiva de riesgo vital se pasará a la secuencia X-ABCDE.
    2. Signos vitales: Presión arterial, frecuencia cardiaca, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, glucemia capilar, examen pupilas, escala de Glasgow, y temperatura (importante para descartar Síndrome de Delirio Excitado).
    3. Electrocardiograma: Sólo en pacientes con antecedentes de enfermedades cardiacas y/o impactos de los arpones del arma en el pecho. Vigilar especialmente el intervalo QT.
    4. Evaluación secundaria: prestar especial atención a traumatismos indirectos a raíz del disparo, caída de su misma o diferente altura.
    5. Valorar posibilidad de contención mecánica o sedación a paciente por riesgo de autolesión o lesión a terceros. Población diana pacientes con síndrome de Síndrome de Delirio Excitado.
    6. Por último, valorar el aplicar técnicas de SVB/SVA que estén indicadas en función del estado clínico del paciente.
    7. Valorar la retirada de los electrodos del arma Taser del cuerpo del paciente, siempre con la confirmación de que el cartucho Taser haya sido desconectado para evitar posibles accidentes. Para ello, primero se cortarán los alambres con tijeras (lo más cerca posible del electrodo), después el sanitario estabilizará el arpón con una mano y con la otra lo extraerá, evitando movimientos rotatorios. Y se repetirá la técnica con el segundo electrodo. Verificando que se han extraído íntegros y que no han quedado fragmentos en el cuerpo. Estos electrodos se depositarán en un contenedor de material biológico peligroso y quedará bajo custodia policial. Por último, se anotará en el informe de atención las zonas del cuerpo donde han impactado dichos electrodos.
    8. Las zonas del cuerpo de donde se ha retirado los electrodos no será necesario desinfectarla ya que se ha demostrado que la propia corriente eléctrica generada es suficiente para esterilizarlo por electroporación.
  4. Trasladar al paciente al centro hospitalario de referencia si reúne criterios, se contará con la escolta policial. En caso contrario el sospechoso quedará a cargo de la policía. En ambos casos se contempla que la policía aplique las medidas de contención pertinentes15.

 

Un estudio realizado en el ámbito intrahospitalario de los servicios de urgencias tuvo como objetivo determinar si las personas reducidas mediante el uso de dispositivos Taser requieren evaluaciones específicas, como estudios radiográficos, análisis de laboratorio o pruebas cardiacas. La ausencia de protocolos claros y consensos establecidos para abordar este tipo de intervenciones subrayó la necesidad de generar recomendaciones basadas en la evidencia16.

El artículo señala que no existe obligación por parte de los médicos de realizar pruebas diagnósticas de manera rutinaria en estos pacientes. De hecho, se observa que en muchas ocasiones los profesionales sanitarios se limitan a retirar los dardos del arma de energía conductora y a dar el alta médica sin realizar evaluaciones adicionales. En este contexto, la investigación planteó establecer un consenso sobre el manejo clínico de estas situaciones, con el objetivo de que las conclusiones se incluyeran como una declaración oficial en las directrices clínicas de la Academia Estadounidense de Medicina de Emergencia16. Y extrajeron las siguientes conclusiones:

  • Monitorización cardíaca y evaluación electrocardiográfica después del uso de armas de energía conductora (Recomendación de nivel clase A). Los autores del estudio concluyeron que, según la literatura disponible, no existe evidencia de isquemia miocárdica o arritmias cardíacas inmediatas o tardías asociadas a exposiciones a armas de energía conductora con una duración de hasta 15 segundos (en el caso de las pistolas Taser, la descarga estándar es de 5 segundos). Además, la revisión bibliográfica no respalda la realización rutinaria de electrocardiogramas (ECG), la observación prolongada en los servicios de urgencias o el monitoreo cardíaco continuo en estos pacientes. Sin embargo, en escenarios donde se aplicaron múltiples descargas o en casos de exposición prolongada, los autores recomiendan utilizar el criterio clínico para decidir las pruebas complementarias o el manejo adicional16.
  • Pruebas de laboratorio después del uso del dispositivo electrónico de guerra (Recomendación de nivel clase A). La revisión de la literatura no respalda la realización rutinaria de estudios de laboratorio tras la exposición a armas de energía conductiva. No se han identificado alteraciones clínicamente significativas en los niveles de iones, función renal o troponina como consecuencia de este tipo de intervención. Las elevaciones leves observadas en los niveles de creatina fosfoquinasa (CPK) y lactato han sido consideradas clínicamente insignificantes16. En varios estudios se evaluaron los niveles de troponina a las seis horas posteriores a la descarga, y todos, excepto uno, mostraron valores dentro del rango normal. El caso excepcional correspondió a un joven sano que recibió una descarga estándar de 5 segundos con una pistola Taser. En su seriación de troponinas, solo el valor a las 24 horas mostró una ligera elevación (0,6 ng/ml). A pesar de este hallazgo, fue evaluado por un cardiólogo que descartó la presencia de infarto de miocardio u otras afecciones cardiacas. Además, los ecocardiogramas realizados no evidenciaron anormalidades estructurales o funcionales en el corazón17.
  • Evaluación después de la exposición al modo directo o dardo (Recomendación de nivel clase B). El dardo de la pistola Taser está equipado con una púa de aproximadamente 6 mm de longitud. Aunque su tamaño es relativamente corto, presenta un potencial de causar lesiones en vasos sanguíneos o nervios superficiales, dependiendo de la localización del impacto. La extracción del dardo no reviste una complejidad significativa y puede realizarse con el uso de unas pinzas estándar, siempre y cuando se sigan las precauciones adecuadas para evitar complicaciones. Es importante tener en cuenta la necesidad de evaluar el estado de vacunación contra el tétanos del paciente y administrar profilaxis antitetánica si está indicada, conforme a los protocolos clínicos establecidos16.

 

Un estudio británico aportó una serie de recomendaciones orientadas a mejorar la atención clínica de las personas reducidas mediante dispositivos Taser. Estas sugerencias incluyen18:

La mayoría de los individuos sanos pueden ser dados de alta de manera segura tras la retirada de los dardos del arma Taser, siempre que se complete una adecuada historia clínica (HC) y un examen físico rutinario. En la historia clínica es esencial registrar información relevante, como antecedentes de enfermedades cardíacas, presencia de dispositivos implantables como marcapasos o desfibriladores, embarazo, intoxicación por drogas o alcohol, comportamiento anómalo observado durante el arresto y la existencia de trastornos psiquiátricos. Este enfoque permite identificar factores de riesgo que puedan requerir una evaluación o manejo adicional, garantizando la seguridad y el bienestar del paciente17.

  • Los profesionales médicos deben realizar una exploración exhaustiva para identificar posibles lesiones ocasionadas directamente por las púas del dispositivo Taser o por el contacto eléctrico directo. Además, es fundamental evaluar lesiones indirectas derivadas de caídas o impactos secundarios asociados al evento. Este análisis debe ser meticuloso, ya que las lesiones pueden incluir heridas superficiales, contusiones, fracturas u otras complicaciones que requieran intervención médica específica17.
  • La realización de un electrocardiograma (ECG) está indicada en pacientes que presenten síntomas como dolor torácico, palpitaciones o que tengan antecedentes de enfermedades cardíacas. Según el estudio, la mayoría de los individuos reducidos mediante un dispositivo Taser reportan molestias musculares o ansiedad, las cuales, en general, no requieren un tratamiento específico. Sin embargo, en presencia de síntomas sugestivos de compromiso cardiovascular, el ECG constituye una herramienta diagnóstica esencial para descartar anomalías cardíacas17.

 

DISCUSIÓN-CONCLUSIÓN

La inclusión de la pistola Taser en los protocolos de actuación de las fuerzas de seguridad en España ha generado un debate sobre su eficacia y seguridad. Su uso ha permitido a los cuerpos policiales disponer de una herramienta que reduce la necesidad de emplear fuerza letal en situaciones de conflicto. A pesar de los beneficios, el uso de esta tecnología no está exento de riesgos, lo que ha llevado a la creación de protocolos de actuación estrictos que buscan minimizar daños tanto para los individuos como para los agentes de seguridad. Estos protocolos, aunque claros en algunos aspectos, aún presentan lagunas en lo que respecta a la atención sanitaria post-intervención y la falta de normativas detalladas a nivel nacional, como es el caso de la Policía Nacional y la Guardia Civil. El uso de la pistola Taser está regulado bajo condiciones estrictas que priorizan la seguridad, pero los riesgos inherentes a su uso, como los efectos fisiopatológicos y las complicaciones en personas vulnerables, requieren una evaluación continua y más investigación. Además, las estadísticas públicas limitadas sobre su uso y los pocos estudios en España comparados con otros países reflejan una necesidad urgente de establecer protocolos nacionales que armonicen las prácticas y garanticen la seguridad y el bienestar de las personas afectadas. El desarrollo de protocolos de atención sanitaria, tanto pre como post-disparo, es clave para asegurar que las intervenciones sean seguras y eficaces. La experiencia internacional muestra que la mayoría de las personas sometidas a la reducción mediante Taser pueden ser dadas de alta sin complicaciones graves, pero siempre bajo un control médico riguroso. Los avances en la capacitación y el monitoreo continuo durante las intervenciones deben ser complementados con investigaciones más profundas sobre los efectos a largo plazo de este dispositivo en la salud de los individuos intervenidos, especialmente en lo que respecta a la función cardiovascular, neurológica y renal.

En conclusión, la pistola Taser representa un avance significativo en la reducción de lesiones y muertes en enfrentamientos con fuerzas del orden. Sin embargo, su uso debe ir acompañado de protocolos rigurosos tanto en el ámbito de la formación policial como en el manejo de los efectos post-intervención. Se requiere una regulación más exhaustiva y un seguimiento médico continuo para garantizar que su implementación se realice de manera responsable y segura, minimizando los riesgos para todos los involucrados.

 

BIBLIOGRAFÍA

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