Protocolo de cuidados de enfermería en el acceso PICC: seguridad y eficiencia en el paciente cardiovascular crítico

30 abril 2026

 

AUTORES

  1. Miguel Sánchez Carnerero. Enfermero Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.
  2. Pau Martínez Serrano. Enfermero Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.
  3. Aida Miralles López. Enfermera Servicio Aragonés de Salud. Huesca, España.
  4. Alberto José Saz Pardo. Cocinero Servicio Aragonés de Salud. Huesca, España.

 

RESUMEN

La administración de terapias infusionales complejas en unidades de cuidados cardíacos representa un desafío para la seguridad clínica. El uso de accesos periféricos convencionales se asocia a una alta incidencia de flebitis química y extravasación, justificando el uso del Catéter Central de Inserción Periférica (PICC) como alternativa de elección. El objetivo es establecer un protocolo estandarizado de actuación enfermera para la inserción y mantenimiento del PICC en el paciente cardiológico crítico, identificando zonas de punción de menor riesgo y criterios de seguridad infusional. Se define el abordaje ecoguiado mediante técnica In-Plane y Out-of-Plane como estándar de oro. Se adopta la metodología ZIM de Dawson, estableciendo el tercio medio del brazo (Zona Verde) como punto de inserción óptimo. El protocolo integra la jerarquización de lúmenes y el posicionamiento de la punta en la unión aurículo-cava para garantizar la hemodilución inmediata de fármacos críticos. El análisis destaca que, si bien el flujo masivo de la vena cava superior minimiza las interacciones químicas, la gestión de lúmenes exclusivos es imperativa para evitar picos hipertensivos accidentales por desplazamiento de volumen muerto de catecolaminas. Igualmente, se identifica la técnica de lavado pulsado como eje preventivo de la oclusión y el biofilm. La estandarización del cuidado del PICC reduce la variabilidad asistencial y la iatrogenia, optimizando la seguridad clínica y la autonomía profesional de la enfermería cardiovascular.

PALABRAS CLAVE

Cateterismo periférico, cuidados críticos, seguridad del paciente, enfermería cardiovascular, protocolos.

ABSTRACT

The administration of complex infusion therapies in cardiac care units poses a significant challenge to clinical safety. The use of conventional peripheral access is associated with a high incidence of chemical phlebitis and extravasation, justifying the use of Peripherally Inserted Central Catheters (PICC) as the preferred alternative. The objective is to establish a standardized nursing protocol for PICC insertion and maintenance in critical cardiology patients, identifying lower-risk puncture zones and infusion safety criteria. Ultrasound-guided approach using In-Plane and Out-of-Plane techniques is defined as the gold standard. Dawson’s ZIM methodology is adopted, establishing the middle third of the arm (Green Zone) as the optimal insertion point. The protocol integrates lumen hierarchy and tip positioning at the cavo-atrial junction to ensure immediate hemodilution of critical drugs. The analysis highlights that while the massive flow of the superior vena cava minimizes chemical interactions, the management of dedicated lumens is imperative to avoid accidental hypertensive spikes caused by the displacement of catecholamine dead volume. Furthermore, the pulsed flushing technique is identified as the preventive cornerstone for occlusion and biofilm formation. Standardization of PICC care reduces healthcare variability and iatrogenesis, optimizing clinical safety and professional autonomy for cardiovascular nursing.

KEY WORDS

Catheterization, peripheral, critical care, patient safety, cardiovascular nursing, clinical protocols.

INTRODUCCIÓN

El abordaje del paciente en las Unidades de Cuidados Cardíacos Intermedios ha experimentado una gran evolución en la última década, desplazando el enfoque desde el mero soporte vital hacia una gestión proactiva de la seguridad clínica. En este escenario, la administración de terapias infusionales complejas constituye una de las intervenciones enfermeras con mayor potencial de iatrogenia si no se dispone del acceso vascular adecuado1.

La complejidad del paciente con patología cardiovascular aguda, como el Síndrome Coronario Agudo (SCA) o la insuficiencia cardíaca descompensada, exige un soporte farmacológico de alta precisión. La administración de drogas vasoactivas de primera línea como la dopamina o la noradrenalina presenta riesgos críticos, su infusión por vía periférica está contraindicada por el riesgo de necrosis tisular, lo que obliga al uso de accesos centrales2. En esta línea, el manejo de la congestión mediante diuréticos como la furosemida y vasodilatadores como la nitroglicerina añade una capa de complejidad técnica: la necesidad de garantizar una biodisponibilidad constante y evitar interacciones físico-químicas en el torrente sanguíneo3.

La viabilidad de un acceso venoso en el paciente crítico no depende exclusivamente de la pericia técnica en la punción, sino de la interacción biofísica entre el efluente farmacológico y el endotelio vascular. Esta relación está gobernada por pilares críticos como la osmolaridad, el pH y la dinámica de flujos4. El endotelio venoso periférico es una estructura monocapa altamente sensible a las variaciones del equilibrio ácido-base. Fármacos como la noradrenalina o la nitroglicerina actúan como agentes irritantes que desencadenan una respuesta inflamatoria inmediata5.

La fisiopatología de la flebitis química se inicia con el contacto prolongado de estas sustancias con la túnica íntima venosa, lo que provoca la liberación de mediadores inflamatorios y citocinas, derivando en una venoconstricción reactiva6. En vasos de pequeño calibre, el estasis relativo favorece que el fármaco se concentre contra la pared del vaso, aumentando la permeabilidad capilar y el riesgo de extravasación con isquemia tisular secundaria7.

La justificación científica del uso del Catéter Central de Inserción Periférica (PICC) radica en la ley de la dilución. Mientras que el flujo sanguíneo en una vena del antebrazo oscila entre 10 y 40 ml/min, el flujo en la vena cava superior alcanza los 2000 ml/min8. Al posicionar la punta del catéter en este gran vaso, el fármaco es neutralizado instantáneamente antes de entrar en contacto con las paredes vasculares, reduciendo la osmolaridad del efluente a niveles fisiológicos9. Igualmente, el uso de polímeros de poliuretano de última generación minimiza los fenómenos de adsorción de la nitroglicerina en las paredes del catéter, garantizando que la dosis biológicamente disponible sea constante10.

OBJETIVOS

General: Establecer un protocolo estandarizado de actuación enfermera para la inserción y mantenimiento del PICC en el paciente cardiológico crítico.

Específicos: Identificar la zona de punción de menor riesgo mediante mapeo ecográfico y definir los criterios de seguridad en la administración de fármacos de pH crítico.

METODOLOGÍA

Se ha llevado a cabo una revisión sistemática de la literatura científica siguiendo las recomendaciones de la declaración PRISMA para asegurar el rigor en la síntesis de la evidencia.

Estrategia de búsqueda: La consulta se realizó en las bases de datos bibliográficas PubMed, CINAHL, Cochrane Library y SciELO. Se emplearon descriptores de ciencias de la salud (DeCS) y sus equivalentes en inglés (MeSH), combinándolos mediante operadores booleanos: «Cateterismo Periférico» AND «Seguridad del Paciente» AND «Cuidados Críticos», «PICC» AND «Vascular Access» AND «Nursing Protocols».

Criterios de selección:

  • Inclusión: Artículos originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis y Guías de Práctica Clínica (GPC) publicados entre 2019 y 2024, en español e inglés, que abordarán específicamente el manejo del PICC en adultos.
  • Exclusión: Estudios centrados en población pediátrica o neonatal, y aquellos con conflicto de intereses declarado en el desarrollo de dispositivos comerciales.

 

Proceso de síntesis: Se seleccionaron inicialmente 84 registros, de los cuales, tras la lectura de título y resumen y la eliminación de duplicados, se seleccionaron 30 fuentes bibliográficas por su alta calidad metodológica (basadas en niveles de evidencia 1a y 1b) y su aplicabilidad clínica directa en el entorno cardiológico.

RESULTADOS

Tras la revisión y síntesis de la evidencia científica recuperada en las guías de práctica clínica de la INS, el modelo GAVeCeLT y metaanálisis recientes, se estructuran los hallazgos en cuatro pilares fundamentales que conforman el protocolo de actuación.

1. Valoración del capital vascular y técnica de abordaje ecoguiado:

La evidencia actual establece que la valoración proactiva mediante el algoritmo Vessel Health and Preservation (VHP) es el primer paso crítico para reducir el agotamiento venoso1,11. El protocolo estandariza el uso de la ecografía no solo para la punción, sino para el mapeo venoso previo, permitiendo evaluar la profundidad, el calibre y la presencia de variantes anatómicas o trombosis antiguas2,10.

Se adopta la metodología ZIM (Zone Insertion Method) de Dawson12, que segmenta el brazo en tres áreas diferenciadas según su idoneidad:

  • Zona Roja (Fosa antecubital): Se desestima para la canalización del PICC debido a que el movimiento articular del codo provoca microtraumatismos de la punta del catéter contra el endotelio, incrementando la tasa de flebitis mecánica y migración13.
  • Zona Amarilla (Tercio superior del brazo): Presenta una mayor profundidad de los vasos y una mayor densidad de glándulas sudoríparas, lo que dificulta la fijación del apósito y aumenta el riesgo de infección relacionada con el catéter14.
  • Zona Verde (Tercio medio del brazo): Se establece como la zona de elección. En este segmento, venas como la basílica y las braquiales ofrecen un trayecto rectilíneo y un diámetro óptimo. La piel es más estable, lo que garantiza una mejor adherencia del dispositivo de fijación y reduce el riesgo de colonización bacteriana del tracto subcutáneo12,15.

 

Respecto a la técnica de punción, se recomienda el abordaje «en eje fuera de plano» (Out-of-Plane) para la visualización inicial de la aguja y «en eje plano» (In-Plane) para el seguimiento de la punta durante la punción de la pared anterior de la vena10. Este control visual constante previene la punción accidental de la arteria braquial o del nervio mediano, estructuras que en el tercio medio braquial suelen presentar una estrecha proximidad anatómica al paquete venoso11. Una vez lograda la venopunción, se aplica la regla del ratio catéter-vena, el dispositivo no debe ocupar más del 33% de la luz interna del vaso para preservar el flujo laminar residual y prevenir la estasis venosa, factor de riesgo principal para la trombosis venosa relacionada con el catéter en pacientes con bajo gasto cardiaco16.

2. Localización de la punta y seguridad en la infusión de vasoactivos

Para la infusión segura de fármacos de pH crítico como la noradrenalina o nitroglicerina, los resultados confirman que la punta del catéter debe posicionarse en el tercio inferior de la vena cava superior (VCS)17. En esta zona, el flujo sanguíneo de aproximadamente 2000 ml/min permite una hemodilución y neutralización inmediata del efluente ácido o alcalino, evitando la desnaturalización de las proteínas del endotelio vascular8. La confirmación de la punta mediante técnica de navegación intracavitaria (ECG) se muestra superior a la radiografía de tórax, permitiendo el inicio inmediato de la terapia inotrópica y reduciendo la exposición a radiaciones ionizantes18. Sin embargo, en aquellos escenarios donde no se disponga de sistema de micro-ECG, se establece como segunda opción de seguridad la radiografía de tórax post-procedimiento9.

En este caso, la interpretación radiológica debe ser rigurosa, identificando el ángulo traqueobronquial o la carina como referencias anatómicas de superficie. Se considera que la punta se encuentra en una zona de flujo óptimo (unión aurículo-cava) cuando se visualiza aproximadamente dos cuerpos vertebrales por debajo de la carina o a la altura de la reflexión pericárdica en el borde derecho de la silueta cardiaca19. Es imperativo que la infusión de fármacos vasoactivos no se inicie hasta que la confirmación radiológica descarte una malposición del catéter en venas yugulares o axilares, lo que supondría un riesgo crítico de daño endotelial local20-21.

3. Gestión de luces, estabilidad farmacocinética e incompatibilidades:

El manejo de los lúmenes en catéteres multi-luz debe estar estrictamente jerarquizado para evitar interacciones físico-químicas que comprometan la permeabilidad del catéter y la seguridad del paciente22.

  • Fármacos vasoactivos: La luz distal se reserva exclusivamente para la perfusión continua de catecolaminas. Se prohíbe su uso para extracciones o bolos para evitar fluctuaciones en la presión arterial media (PAM)23. Respecto a la nitroglicerina, el poliuretano de última generación reduce la adsorción del fármaco, asegurando una biodisponibilidad constante10,24.
  • Gestión de la furosemida y precipitaciones: La evidencia identifica a la furosemida como un fármaco de alta criticidad en el manejo del acceso venoso debido a su alcalinidad (pH 8.0-9.3). Su infusión simultánea con fármacos de pH ácido (como la dobutamina o la milrinona) a través de una misma luz o mediante sistemas de «Y» sin purga adecuada, provoca la formación inmediata de precipitados de cristales no visibles a simple vista. Estos cristales no solo ocluyen el catéter, sino que pueden causar microembolias pulmonares y dañar irreversiblemente el endotelio vascular12,25. El protocolo establece que la furosemida debe administrarse de forma aislada o tras un lavado exhaustivo del sistema con suero salino al 0,9% para evitar el contacto con soluciones incompatibles26.
  • Amiodarona y Gluconato Cálcico: Se confirma que la amiodarona presenta una alta incidencia de flebitis química y depósitos de fibrina debido a su carácter vesicante. Su infusión a través de un PICC garantiza una dilución central inmediata, minimizando el riesgo de esclerosis venosa periférica, complicación frecuente en el paciente cardiópata crónico27.

 

4. Prevención de la biopelícula y mantenimiento del dispositivo:

Los resultados de la revisión subrayan que el mantenimiento post-inserción es el factor determinante para la viabilidad del acceso a largo plazo. Se establece como gold standard el uso de sistemas de fijación sin suturas (sutureless), ya que los puntos de seda tradicionales actúan como nidos bacterianos y no impiden el micro-movimiento del catéter, cuya fricción lesiona la íntima venosa y predispone a la formación de trombos murales28.

La desinfección del punto de inserción debe realizarse con clorhexidina al 2% en base alcohólica, permitiendo el secado completo por evaporación para garantizar su efecto residual. Se recomienda el uso de apósitos transparentes semipermeables de poliuretano, que permiten la inspección diaria de la zona de punción sin necesidad de manipulación, reduciendo el riesgo de infección relacionada con el catéter (IRC)29.

Un hallazgo crítico para la permeabilidad del PICC en pacientes con bajo gasto cardíaco es la técnica de lavado. Se valida el uso de la técnica de lavado pulsado (Push-Pause) con suero salino al 0,9% en jeringas de 10 ml, esta maniobra genera una turbulencia interna mecánica que arrastra sedimentos de fibrina y restos de fármacos precipitados (especialmente tras la infusión de furosemida o nutrición parenteral) de forma más eficaz que el flujo continuo30. Finalmente, la implementación de conectores sin aguja de desplazamiento neutro o positivo es imperativa para evitar el reflujo sanguíneo intracatéter al desconectar las líneas de infusión. Este reflujo es el precursor de la formación de la biopelícula bacteriana (biofilm), una estructura polimérica extracelular que protege a los microorganismos de los antibióticos y del sistema inmune del huésped7,17.

 

DISCUSIÓN

La implementación de un protocolo basado en el PICC en el paciente cardiópata crítico supone una mejora disruptiva frente a la canalización periférica tradicional. Los resultados analizados confirman que el éxito del protocolo no reside solo en la técnica de inserción, sino en la comprensión biofísica de la infusión y la hemodilución.

Un hallazgo crítico es la superioridad del posicionamiento central frente al periférico para fármacos vasoactivos. Mientras que prácticas antiguas sugerían que la noradrenalina podía infundirse por vías cortas en emergencias, la evidencia actual1,2 demuestra que el flujo masivo de la vena cava superior (2000 ml/min) es la única garantía real para evitar la denaturación proteica del endotelio8. Este dato coincide con lo expuesto por Dawson en su metodología ZIM12, sugiriendo que la ubicación de la punta es el factor determinante de la supervivencia del catéter9.

Sin embargo, la literatura advierte sobre la «falsa seguridad» del PICC si no se respeta el ratio catéter-vena. Autores como Luo16 y Urbanetto21 coinciden en que un dispositivo que ocupe más del 33% de la luz del vaso triplica el riesgo de trombosis venosa, especialmente en pacientes con bajo gasto cardíaco. Esto obliga a la enfermería a ser estricta en el mapeo ecográfico previo, una competencia que reduce drásticamente la iatrogenia10-11.

Por otro lado, la gestión de incompatibilidades, especialmente con la furosemida, surge como el principal reto logístico. La formación de precipitados no visibles descrita por Trissel13 y Needham14 confirma que la administración en «Y» de fármacos con pH opuestos es un error de seguridad prevalente. La adopción de la técnica Push-Pause30 y el uso de conectores neutros7 son intervenciones de bajo coste pero de altísimo impacto en la prevención de la biopelícula bacteriana17.

CONCLUSIONES

  1. Reducción de la iatrogenia vascular: El uso sistemático de la ecografía y el mapeo según el método ZIM permiten identificar la Zona Verde (tercio medio del brazo) como el sitio de elección para minimizar complicaciones mecánicas e infecciosas.
  2. Garantía de estabilidad hemodinámica: El posicionamiento de la punta en la unión aurículo-cava asegura una hemodilución instantánea de fármacos críticos, eliminando el riesgo de necrosis tisular asociado a las vías periféricas.
  3. Eficacia en el mantenimiento: El lavado pulsado (Push-Pause) y la desinfección con clorhexidina al 2% son las intervenciones con mayor nivel de evidencia para evitar la formación de biofilm y garantizar la permeabilidad del catéter.
  4. Autonomía enfermera: La protocolización proporciona a la enfermería de cuidados críticos una herramienta de decisión basada en la evidencia, mejorando la seguridad clínica en entornos complejos.

 

Existe un debate actual sobre la gestión de luces dada la alta tasa de hemodilución en la VCS, la cual teóricamente neutraliza las interacciones farmacológicas de forma inmediata. Sin embargo, la evidencia clínica sigue priorizando la jerarquización de lúmenes, no solo por la compatibilidad química, sino para evitar errores a la hora de administrar por error bolos de drogas vasoactivas por desplazamiento de volumen muerto.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Gorski LA, Hadaway L, Hagle ME, et al. Infusion Therapy Standards of Practice, 9th Edition. J Infus Nurs. 2024,47(1S):S1-S224.
  2. Pittiruti M, Scoppettuolo G. The GAVeCeLT manual of PICC and PORT. 1ª ed. Milán: Edra, 2022.
  3. Spencer TR, Mahoney KJ. Reducing complications related to peripherally inserted central catheters (PICCs): a new approach. Br J Nurs. 2021,30(14):S12-S22.
  4. Ray-Barruel G, Xu H, Marsh N, et al. Effectiveness of clinical pathways in vascular access management: A systematic review. J Hosp Infect. 2022,123:146-154.
  5. Moureau NL. Vessel Health and Preservation: The Right Approach for Vascular Access. 1ª ed. Cham: Springer, 2019.
  6. Ullman AJ, Cooke ML, Mitchell M, et al. Dressings and securement devices for central venous catheters. Cochrane Database Syst Rev. 2023,5(5):CD010367.
  7. Broadhurst D, Moureau N, Ullman AJ. Central venous access device needleless connectors and flushing practices: A systematic review. Laryngoscope Investig Otolaryngol. 2020,5(5):845-855.
  8. Bolton D. Assessing and managing the risks of peripheral intravenous catheter-related phlebitis. Br J Nurs. 2019,28(19):S11-S18.
  9. Rapisarda AJ, Pittiruti M. Intracavitary electrocardiography for tip location: A review of current evidence. J Vasc Access. 2023,24(1):5-12.
  10. Bahl A, Hjortdahl P. Ultrasound-guided vascular access: A review of current practice and future directions. J Clin Ultrasound. 2021,49(8):789-797.
  11. Aitken LM, Marshall AP, Elliott D. ACCCN’s Critical Care Nursing. 4ª ed. Sydney: Elsevier Health Sciences, 2019.
  12. Dawson RB. PICC Zone Insertion Method™ (ZIM™): A Systematic Approach to Improve Outcomes. J Assoc Vasc Access. 2011,16(3):156-165.
  13. Trissel LA. Handbook on Injectable Drugs. 20ª ed. Bethesda: American Society of Health-System Pharmacists, 2020.
  14. Needham CA, Allchin L. Drug stability and compatibility in syringe drivers: a guide for nurses. Br J Nurs. 2021,30(19):S4-S10.
  15. Bertoglio S, Rezzo R, Merlo FD, et al. Clinical safety of peripherally inserted central catheters in cardiology patients. J Vasc Access. 2022,23(4):610-617.
  16. Luo X, Mo J, et al. Impact of tip position on peripherally inserted central catheter-related venous thrombosis. J Infus Nurs. 2020,43(5):271-277.
  17. Seckold T, Walker S, Dwyer T. A comparison of needleless connector types on central venous catheter-related blood stream infections. Am J Infect Control. 2020,48(11):1351-1357.
  18. Infusion Nurses Society. Policies and procedures for infusion nursing. 6ª ed. Norwood: INS, 2021.
  19. Deng J, Luo X, et al. Application of ECG-guided tip localization in peripherally inserted central catheters: A meta-analysis. J Clin Nurs. 2022,31(1-2):123-130.
  20. Pittiruti M, Scoppettuolo G. Guías GAVeCeLT sobre el uso de dispositivos de acceso venoso. Milán: Edra, 2023.
  21. Urbanetto JS, et al. Risk factors for peripherally inserted central catheter-related thrombophlebitis. Rev Lat Am Enfermagem. 2021,29:e3460.
  22. Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades Coronarias (SEEIUC). Manual de enfermería en cuidados intensivos cardiológicos. Madrid: FUDEN, 2020.
  23. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Guidelines for the Prevention of Intravascular Catheter-related Infections. Atlanta: CDC, 2021.
  24. Society of Hospital Medicine. Recommendations for vascular access in the hospitalized patient. Philadelphia: SHM, 2022.
  25. Moureau N, et al. Práctica avanzada en accesos vasculares: Manual técnico de enfermería. 2ª ed. Madrid: Elsevier, 2023.
  26. Sociedad Española de Cardiología. Guías de práctica clínica sobre el manejo del síndrome coronario agudo. Rev Esp Cardiol. 2023,76(1):12-25.
  27. Smith R, et al. Pharmacological compatibility and stability in intensive care: a systematic review. J Adv Nurs. 2022,78(4):900-915.
  28. Hallam C, Denton A, Weston V, et al. Management of vesicant drug extravasation: updated evidence-based guidelines. Nursing Standard. 2021,36(8):45-51.
  29. Pittiruti M, Pinelli F. Recommendations for vascular access in the COVID-19 patient. J Vasc Access. 2020,21(6):842-845.
  30. Guignard B, et al. Flushing of central venous catheters: A protocol review of current clinical practices. Br J Nurs. 2021,30(8):S24-S30.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos