AUTORES
- Nuria Pilar Lázaro Compaired. Graduada en Enfermería. Universidad de Zaragoza. Atención Continuada C.S. Broto, Huesca, España.
- Nazaret Vico Moya. Graduada en Enfermería. Universidad de Salamanca. Hospital Materno-Infantil, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Rosa Iliarte Llop. Graduada en Enfermería. Universidad de Zaragoza. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Yaiza Pilar Gracia García. Graduada en Enfermería. Universidad de Zaragoza. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
RESUMEN
Los reservorios venosos subcutáneos son dispositivos implantados bajo la piel que proporcionan acceso venoso central para la administración de medicamentos, especialmente útiles en pacientes con tratamientos frecuentes como quimioterapia o nutrición parenteral. Ofrecen ventajas como menor invasividad, reducción de punciones repetidas y mejora en la calidad de vida del paciente. A pesar de sus beneficios, pueden presentar complicaciones como infecciones o reacciones alérgicas. Es esencial seguir protocolos de asepsia y cuidados adecuados para garantizar su seguridad y efectividad.
PALABRAS CLAVE
Reservorios venosos subcutáneos, portacath, cuidados de enfermería, complicaciones.
ABSTRACT
Subcutaneous venous reservoirs are devices implanted under the skin to provide central venous access for medication administration, especially beneficial for patients with frequent treatments like chemotherapy or parenteral nutrition. They offer advantages like less invasiveness, reduced punctures, and improved patient quality of life. Despite benefits, complications such as infections or allergic reactions may occur. Strict aseptic protocols and proper care are crucial for ensuring their safety and effectiveness.
KEY WORDS
TIVADs, portacath, nursing care, complications.
DESARROLLO DEL TEMA
Los reservorios venosos subcutáneos son dispositivos implantados bajo la piel en el tejido celular subcutáneo, diseñados para proporcionar acceso venoso central de manera segura y duradera. Su estructura está compuesta por una membrana de silicona autosellante y una cámara metálica, que puede ser única o doble, conectada mediante un catéter radiopaco a una vena de gran calibre. Estos dispositivos, comúnmente conocidos por nombres comerciales como “Port-A-Cath”, permiten el acceso repetido al sistema vascular mediante una punción a través de la piel intacta utilizando unas agujas especiales tipo Gripper1.
Su implantación se realiza mayormente en la región torácica, situando el reservorio en el plano muscular y accediendo al sistema venoso a través de las venas subclavia o yugular. Este procedimiento médico-quirúrgico se lleva a cabo de manera ambulatoria. Aunque el acceso subclavio es el más común, en casos donde no es viable, pueden emplearse otras zonas anatómicas como la inguinal o la abdominal2,3.
Los reservorios venosos subcutáneos representan una alternativa menos invasiva a la administración convencional de medicamentos en pacientes que requieren un acceso vascular continuo o frecuente. Su uso es particularmente beneficioso en situaciones que exigen extracciones sanguíneas recurrentes, hemodiálisis, nutrición parenteral o en la administración de fármacos como quimioterapia, transfusiones de sangre y antibióticos intravenosos. En el ámbito de la oncología, estos dispositivos han revolucionado la administración de tratamientos al reducir la necesidad de visitas hospitalarias frecuentes y mejorar la comodidad del paciente. Asimismo, han encontrado aplicación en trastornos hormonales, proporcionando una opción más conveniente y menos invasiva en comparación con otros tratamientos tradicionales4,5.
Las ventajas de los reservorios venosos subcutáneos incluyen un acceso rápido y cómodo al torrente vascular, lo que evita múltiples punciones, especialmente en pacientes con accesos venosos difíciles. Además, permiten la infusión segura de fármacos vesicantes e irritantes, soluciones hiperosmolares y otros tratamientos intravenosos. Al reducir la frecuencia de inyecciones, los pacientes experimentan menos molestias y, por lo tanto, una mejora en su calidad de vida, un beneficio crucial en quienes padecen enfermedades crónicas y requieren tratamiento de larga duración3.
El desarrollo de materiales biocompatibles ha mejorado la tolerancia de estos dispositivos, reduciendo reacciones adversas y aumentando su seguridad. Paralelamente, la incorporación de tecnología avanzada ha permitido la creación de sistemas inteligentes capaces de ajustar automáticamente la liberación del medicamento, optimizando así los resultados terapéuticos y facilitando la adherencia al tratamiento3.
Sin embargo, a pesar de sus múltiples beneficios, los reservorios venosos subcutáneos no están exentos de complicaciones. Uno de los principales riesgos es la infección en el sitio de implantación, que aunque poco frecuente, puede ocurrir si no se siguen adecuadamente los protocolos de manejo y cuidado. Asimismo, existe la posibilidad de que el dispositivo no libere el medicamento de manera efectiva, afectando la respuesta terapéutica. Otros efectos adversos incluyen reacciones alérgicas a los materiales del reservorio o irritación en la zona de inserción, así como molestias iniciales tras su implantación3,4,5.
En conclusión, los reservorios venosos subcutáneos han demostrado ser una herramienta valiosa en el tratamiento de enfermedades crónicas, proporcionando una administración de medicamentos más eficiente y cómoda. Con el avance de la tecnología, su aplicación continuará expandiéndose, ofreciendo soluciones más precisas y adaptadas a las necesidades de los pacientes. Sus beneficios superan los posibles inconvenientes cuando se manejan adecuadamente. No obstante, su uso debe ser monitoreado cuidadosamente para minimizar riesgos, siendo fundamental la formación continua del personal de enfermería y la educación del paciente para garantizar el éxito y la seguridad en el uso de estos dispositivos4,5.
Cuidados de la zona de implantación:
En el postoperatorio inmediato es fundamental supervisar la zona de sutura durante las primeras 24 horas, realizando una cura plana empleando povidona yodada o clorhexidina. La retirada de los puntos se efectuará transcurridos entre 8 y 10 días. Durante este periodo, debe observarse la presencia de posibles signos de sangrado, inflamación local, formación de seromas, desplazamiento o rotación del dispositivo, aparición de hematomas, infección en el área de implantación o equimosis transitoria en la extremidad superior correspondiente. Es recomendable evitar el contacto del apósito con el agua en las primeras 72 horas. La utilización del reservorio puede considerarse segura después de 24-48 horas, aunque, en caso necesario, su activación podría efectuarse de forma más temprana. En los casos en los que el dispositivo no cuente con aguja colocada, los cuidados se limitarán al mantenimiento de una adecuada higiene de la zona, evitando cualquier tipo de presión o traumatismo sobre el área de implantación o el brazo implicado1,3,5.
Cuidados generales del dispositivo:
Durante toda la manipulación del reservorio es imprescindible el uso de material estéril y mantener estrictamente la asepsia. Deben evitarse jeringas con una capacidad inferior a 10 ml, ya que podrían ejercer una presión excesiva sobre la cámara del dispositivo, con el riesgo de provocar su desconexión del catéter.
En casos de perfusión continua, se aconseja sustituir la aguja y los equipos de infusión cada siete días. Para la administración de hemoderivados, el cambio se realiza tras finalizar la transfusión, y en el caso de nutrición parenteral, cada 24 horas.
El uso de bombas de infusión es el método recomendado para administrar cualquier tratamiento intravenoso. Asimismo, las válvulas antirreflujo deben limpiarse con clorhexidina alcohólica antes de cada administración de fármacos.
Todas las intervenciones y manipulaciones del reservorio deben documentarse detalladamente en la historia clínica del paciente1,6,7.
Inserción de la aguja en el reservorio
Previo al procedimiento, se debe informar al paciente sobre los pasos a seguir, promoviendo un entorno tranquilo y asegurando una correcta posición (decúbito supino o semifowler). El campo estéril debe incluir: guantes estériles, gasas, clorhexidina alcohólica al 2%, dos jeringas, suero fisiológico al 0,9%, apósito transparente semipermeable, una aguja tipo Huber o Gripper, y una válvula antirreflujo1,6,7.
Procedimiento:
- Higiene de manos: esencial antes de cualquier manipulación.
- Preparación del campo estéril: colocación de guantes estériles y antisepsia de la zona de punción con movimientos circulares de dentro hacia fuera usando clorhexidina.
- Preparación del gripper: purgar la aguja con una jeringa de 10 ml con suero fisiológico.
- Localización del reservorio: delimitar la zona con los dedos índice y pulgar, fijando el reservorio manualmente.
- Punción: insertar la aguja en el centro del reservorio hasta contactar con el fondo metálico. Se puede solicitar al paciente que inhale profundamente para estabilizar el dispositivo.
- Comprobación: desclampar el sistema y aspirar para verificar reflujo sanguíneo. Si no se extrae sangre, irrigar con 10 ml de suero fisiológico en técnica pulsátil, seguido de 3 ml de heparina en baja concentración, también con técnica pulsátil. Luego, clampado del sistema.
- Fijación: colocar un apósito transparente. Si el paciente no permanece en el hospital, puede retirarse el apósito para evitar desplazamientos.
- Extracción de muestras: si se requiere analítica, conectar un sistema Vacutainer tras desechar el primer tubo; al finalizar, lavar el catéter con suero fisiológico y heparina como se describió.
- Administración terapéutica: para la infusión de medicamentos, conectar el sistema de administración bajo técnica estéril.
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