AUTORES
- Victoria Alcaine Omedas. Enfermera, Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Lucía Bello Murillo. Enfermera, Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Carlota Corthay Aznárez. Enfermera, Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Andrea Güell Cardeñosa. Enfermera, Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Marina Gutiérrez Modrego. Enfermera, Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Adriana Hidalgo Machado. Enfermera, Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
RESUMEN
La insuficiencia renal crónica (IRC) es una enfermedad progresiva e irreversible que afecta a un número creciente de personas en todo el mundo, siendo la diabetes mellitus y la hipertensión sus principales causas. Esta revisión bibliográfica aborda la clasificación, etiología, epidemiología, manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento de la IRC, así como su prevención y los cuidados de enfermería. Se destaca el papel fundamental del personal de enfermería en la educación del paciente, especialmente en aspectos relacionados con la alimentación y el estilo de vida, esenciales para frenar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida del paciente.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad renal crónica, insuficiencia renal crónica, tasa de filtración glomerular, nefropatías diabéticas, cuidados de enfermería.
ABSTRACT
Chronic kidney disease (CKD) is a progressive and irreversible condition affecting a growing number of people worldwide, with diabetes mellitus and hypertension being its main causes. This literature review covers the classification, etiology, epidemiology, clinical manifestations, diagnosis, and treatment of CKD, as well as its prevention and nursing care. The essential role of nursing staff in patient education, particularly concerning diet and lifestyle, is emphasized as crucial for slowing disease progression and improving the patient’s quality of life.
KEY WORDS
Chronic kidney disease, renal insufficiency chronic, glomerular filtration rate, diabetic nephropathies, nursing care.
DESARROLLO DEL TEMA
La insuficiencia renal crónica (IRC), también conocida como enfermedad renal crónica (ERC), es una afección progresiva e irreversible caracterizada por la disminución sostenida de la función renal, medida principalmente a través de la tasa de filtración glomerular (TFG). Esta patología constituye un importante problema de salud pública a nivel global, tanto por su creciente prevalencia como por su fuerte asociación con enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial y envejecimiento poblacional1.
Se estima que alrededor del 10% de la población mundial presenta algún grado de enfermedad renal crónica, y que muchas personas desconocen su diagnóstico debido a la naturaleza asintomática de las etapas iniciales2.
La progresión de la IRC suele estar asociada a factores de riesgo modificables como el mal control glucémico, la hipertensión no tratada y la obesidad, así como a factores no modificables como la edad, el sexo y la predisposición genética. A medida que avanza, la enfermedad puede desencadenar una acumulación de toxinas urémicas, alteraciones en el metabolismo óseo-mineral, anemia y un aumento significativo del riesgo cardiovascular, que representa la principal causa de muerte en estos pacientes. Ante este escenario, el abordaje temprano mediante estrategias de prevención, diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado se torna fundamental para retrasar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida del paciente3.
En este contexto, la presente revisión bibliográfica tiene como objetivo analizar las principales causas, mecanismos fisiopatológicos, métodos diagnósticos y opciones terapéuticas disponibles para la IRC, así como destacar la importancia de las guías clínicas y la atención multidisciplinaria en el manejo integral del paciente con enfermedad renal crónica.
La IRC se define como una alteración estructural o funcional del riñón presente durante al menos tres meses, con implicaciones para la salud del paciente. Su clasificación se basa en la tasa de filtración glomerular (TFG) y la relación albúmina-creatinina urinaria (ACR), según las guías KDIGO (Kidney Disease: Improving Global Outcomes) de 2012. Esta clasificación incluye seis categorías de TFG (G1 a G5) y tres niveles de ACR (A1 a A3), permitiendo una evaluación más precisa del riesgo de progresión de la enfermedad y la necesidad de intervención terapéutica.
Las principales causas de la IRC varían según la región, pero a nivel global, las más comunes incluyen la diabetes mellitus tipo 2 (30%-50%), la hipertensión arterial (27,2%) y la glomerulonefritis primaria (8,2%). Otras causas menos frecuentes son la nefritis tubulointersticial crónica, enfermedades hereditarias o quísticas, y glomerulonefritis secundaria o vasculitis4.
La prevalencia mundial de IRC se sitúa en torno al 10% de la población adulta, con una distribución desigual entre países y regiones. En Estados Unidos, afecta aproximadamente al 15% de los adultos, con mayor frecuencia en mayores de 65 años, mujeres y personas afroamericanas, quienes tienen un riesgo tres veces superior de progresar a enfermedad renal terminal. En países en desarrollo, la carga de la enfermedad es mayor debido al limitado acceso a servicios de salud y al escaso control de enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión1,4.
En etapas tempranas, la IRC suele ser asintomática. Sin embargo, a medida que la función renal disminuye, pueden aparecer síntomas como fatiga, náuseas, prurito, edemas, pérdida de apetito y trastornos del sueño. En estadios avanzados, se manifiestan complicaciones severas como encefalopatía urémica, pericarditis y alteraciones del metabolismo mineral óseo. La aparición de síntomas suele coincidir con una TFG menor a 30 ml/min/1.73 m²2,5.
Las medidas preventivas deben enfocarse en el diagnóstico precoz y el control de factores de riesgo modificables. Esto incluye un adecuado control glucémico en diabéticos, tratamiento antihipertensivo, evitar el uso crónico de fármacos nefrotóxicos y promover hábitos de vida saludables. Además, se deben implementar programas de cribado en poblaciones de alto riesgo, como pacientes con antecedentes familiares de enfermedad renal o enfermedades cardiovasculares4.
Diagnóstico y Tratamiento:
El diagnóstico de IRC se basa en la persistencia, durante al menos tres meses, de una TFG menor de 60 ml/min/1.73 m² o en la presencia de marcadores de daño renal como albuminuria, alteraciones urinarias, o anormalidades estructurales en imágenes. Se recomienda utilizar la ecuación CKD-EPI para estimar la TFG y realizar la medición de la relación albúmina/creatinina en orina de primera mañana2.
El tratamiento incluye el control de las enfermedades subyacentes (diabetes, hipertensión), el uso de inhibidores del sistema renina-angiotensina, el manejo de complicaciones (anemia, acidosis, dislipidemia) y la preparación para terapias de reemplazo renal en estadios finales5.
La enfermería tiene un papel fundamental en la orientación nutricional del paciente renal, en coordinación con nutricionistas. Los objetivos son reducir la carga metabólica de los riñones, prevenir desequilibrios hidroelectrolíticos y controlar comorbilidades como la hipertensión o la diabetes.
Entre las recomendaciones más importantes están:
- Restricción de proteínas (particularmente en estadios 3 a 5 de la IRC), ya que un exceso puede generar más productos nitrogenados y acelerar el daño renal. Se aconseja una dieta hipoproteica controlada, individualizada según el estadio de la enfermedad2,5.
- Control de la ingesta de sodio para prevenir la hipertensión y el edema. Se recomienda limitar el consumo a menos de 2 gramos diarios, evitando alimentos procesados y enlatados3.
- Regulación del potasio: en etapas avanzadas de la IRC, es común la hiperkalemia. Por tanto, se deben restringir frutas ricas en potasio como el plátano y verduras de hoja verde.
- Reducción de fósforo: se deben limitar productos lácteos, frutos secos, legumbres y embutidos, ya que el exceso de fósforo puede contribuir al hiperparatiroidismo secundario y al daño óseo1.
- Aporte calórico adecuado: es importante garantizar una ingesta energética suficiente para prevenir la desnutrición, común en estadios avanzados de la IRC.
Las enfermeras deben evaluar constantemente los hábitos alimenticios del paciente, identificar posibles deficiencias o excesos, y reforzar la adherencia al plan nutricional personalizado.
Además de la dieta, las enfermeras deben promover un estilo de vida saludable mediante intervenciones educativas que incluyan:
- Fomento de la actividad física: se recomienda realizar ejercicio aeróbico moderado al menos 150 minutos por semana, siempre adaptado al estado funcional del paciente. La actividad física contribuye a controlar la presión arterial, el peso y el metabolismo de la glucosa 4.
- Evitar el consumo de tabaco y alcohol: el tabaquismo acelera la progresión de la IRC y aumenta el riesgo cardiovascular. Las enfermeras deben incluir en sus intervenciones programas de cesación tabáquica y de reducción del consumo de alcohol5.
- Control del peso corporal: se debe promover una composición corporal saludable, ya que el sobrepeso y la obesidad están directamente relacionados con la progresión de la IRC6.
- Adherencia al tratamiento médico: las enfermeras deben asegurarse de que el paciente entienda la importancia del cumplimiento farmacológico, los horarios de toma y los efectos secundarios posibles.
- Salud mental y apoyo emocional: el impacto psicológico de la enfermedad puede ser significativo. Las enfermeras deben identificar signos de depresión o ansiedad y derivar al paciente al equipo de salud mental si es necesario7.
Las intervenciones de enfermería deben ser personalizadas, culturalmente apropiadas y sostenibles en el tiempo. La comunicación efectiva, el establecimiento de objetivos realistas y la participación de la familia o cuidadores son factores determinantes para lograr cambios duraderos en la alimentación y el estilo de vida del paciente.
CONCLUSIÓN
La insuficiencia renal crónica (IRC) representa una enfermedad progresiva y silenciosa con un alto impacto sanitario, social y económico a nivel mundial. A través de esta revisión bibliográfica, se ha podido evidenciar la complejidad de su abordaje, que exige no sólo un conocimiento profundo de su clasificación, etiología, epidemiología y manifestaciones clínicas, sino también una estrategia diagnóstica y terapéutica oportuna y multidisciplinaria.
Uno de los pilares fundamentales en el manejo de la IRC es la prevención, orientada principalmente al control de factores de riesgo como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y la obesidad. En este contexto, el rol de enfermería adquiere una relevancia particular, ya que su participación activa permite promover cambios sostenibles en los hábitos de vida del paciente, facilitar el autocuidado y garantizar el seguimiento adecuado del tratamiento médico.
La alimentación saludable, la actividad física adaptada, la adherencia terapéutica y el apoyo emocional son componentes esenciales que deben ser guiados y supervisados por el personal de enfermería, en estrecha colaboración con otros profesionales de salud. Estos cuidados, bien implementados, no solo ayudan a ralentizar el deterioro de la función renal, sino que también mejoran significativamente la calidad de vida de los pacientes.
Finalmente, se destaca la importancia de seguir fortaleciendo la educación en salud, la formación del personal sanitario y la implementación de políticas públicas enfocadas en la detección precoz y el manejo integral de la IRC, con el fin de reducir su incidencia, prevenir complicaciones y disminuir la mortalidad asociada.
BIBLIOGRAFÍA
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