Rosácea

27 septiembre 2024

 

AUTORES

  1. Sara Bergasa Hernández. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
  2. Belén Montón Abril. Graduada en Fisioterapia.
  3. Ángel Montón Abril. Graduado en Enfermería.
  4. Silvia Maria Marco Sevilla. Graduada en Enfermería.
  5. María Albericio Gil. Licenciada en Odontología.

 

RESUMEN

La rosácea es una afección crónica de la piel que afecta principalmente a la cara. Se caracteriza por la presencia de eritema facial y puede estar acompañado de pápulas, pústulas y telangiectasias. Debido a estos síntomas visibles, los pacientes pueden ver afectado negativamente su bienestar. La enfermedad se presenta con episodios de mejoría y remisión; y aparece principalmente en personas mayores de 30 años, siendo más frecuente en mujeres. Se desconoce su patogenia, aunque se han observado diferentes factores que desencadenan o agravan su aparición. Dentro de la rosácea, se pueden distinguir diferentes subtipos según las afecciones de la piel, y su diagnóstico es meramente clínico. Existe también una variedad de tratamientos según las lesiones a tratar.

PALABRAS CLAVE

Rosácea, tratamiento.

ABSTRACT

Rosacea is a chronic skin condition that mainly affects the face. It is characterized by the presence of facial erythema and may be accompanied by papules, pustules and telangiectasias. Because of these visible symptoms, patients may find their well-being negatively affected. The disease presents with episodes of improvement and remission; and appears mainly in people over 30 years of age, being more frequent in women. Its pathogenesis is unknown, although different factors that trigger or aggravate its appearance have been observed. Within rosacea, different subtypes can be distinguished according to skin conditions, and its diagnosis is merely clinical. There is also a variety of treatments according to the lesions to be treated.

KEY WORDS

Rosacea, treatment.

DESARROLLO DEL TEMA

La rosácea es una afección crónica de la piel (dermatosis inflamatoria) que afecta principalmente a la parte central de la cara, aunque también pueden verse afectadas otras zonas del cuerpo como el cuero cabelludo, el cuello, el tórax o los ojos1.

Se trata de una enfermedad que se caracteriza por la presencia de eritema facial, que puede ser transitorio o no transitorio. Además, puede estar acompañado por pápulas (lesiones sobreelevadas sólidas), pústulas (lesiones sobreelevadas llenas de pus) y telangiectasias (dilataciones de los vasos capilares). La piel afectada se vuelve más sensible y puede aparecer también prurito, descamación o sensación de quemazón.

La rosácea generalmente tiene una evolución crónica con fases de mejoría y fases de empeoramiento durante años. Con un tratamiento adecuado puede alcanzarse una fase de estabilización a partir de la cual se puede llegar a apreciar cierta mejoría1,2.

La prevalencia de la rosácea es aproximadamente del 10%, aunque esa cifra puede variar de unos países a otros dependiendo del tipo de piel. La rosácea afecta principalmente a personas mayores de 30 años. Las personas con piel clara y sensible al sol tienen mayor riesgo de padecerla, y es mucho más frecuente su aparición en mujeres, aunque los hombres que la padecen suelen tener síntomas más graves1,2,3.

Actualmente se desconoce la patogenia de la rosácea. Se han observado varios factores desencadenantes o agravantes de la enfermedad, pero no se ha podido establecer claramente un principal causante entre todos ellos. Entre esos factores se encuentran: la exposición al sol, el calor, la infección bacteriana, los problemas gástricos, las comidas picantes, la ingesta de alcohol, el estrés, la infección por el Demodex folliculorum o la infección por Helycobacter pylori3.

Dentro de la rosácea, se establecen 4 subtipos según la National Rosacea Society (NRS):

  • Subtipo 1 (eritémato-telangiectásico).
  • Subtipo 2 (Pápulopustuloso).
  • Subtipo 3 (Fimatoso).
  • Subtipo 4 (Ocular).

 

Los subtipos 1 y 2 suelen solaparse y son las presentaciones más frecuentes. El subtipo 1 presenta eritema leve con telangiectasias, y en el subtipo 2 ya hay presentes pápulas o pústulas. El subtipo 3 es menos frecuente y afecta principalmente a los hombres. Se caracteriza por un engrosamiento de la piel y el aumento de tamaño o deformación de la nariz. Por último, en el subtipo 4, además de las afecciones cutáneas (de carácter más o menos leve) aparecen afecciones a nivel ocular que se presentan como ojos llorosos, sequedad, fotofobia o conjuntivitis, llegando incluso a poder surgir afectación corneal y ceguera2.

El diagnóstico de la rosácea es meramente clínico y por ello se debe evaluar minuciosamente la piel del paciente y sus síntomas1,2.

En cuanto al tratamiento, esté únicamente ayuda a paliar síntomas y alargar los períodos entre “brotes”. Por un lado, se deben estudiar y disminuir los posibles factores desencadenantes a los que el paciente se ve expuesto, y posteriormente se deben tratar las diferentes lesiones de la piel. Para tratar las lesiones existen diferentes opciones2,4:

  • Tratamiento tópico:
    • Antibióticos: ofrecen buenos resultados en las lesiones inflamatorias y el eritema. Suelen usarse la eritromicina, la clindamicina y el metronidazol.
    • Retinoides: útiles en eritema y telangiectasias.
    • Ácido azelaico: eficaz para tratar lesiones papulopustulosas y el eritema.

 

Actualmente los tratamientos tópicos de primera elección son el metronidazol tópico y el ácido azelaico.

  • Tratamiento sistémico:
    • Antibióticos: se indican para eritema, lesiones inflamatorias, rinofima y rosácea ocular. Suelen usarse las tetraciclinas y la eritromicina.
    • Isotretinoina: a dosis bajas mejora lesiones inflamatorias, edema y telangiectasias.
  • Tratamientos quirúrgicos:
    • Crioterapia.
    • Electrocirugía.
    • Dermoabrasión.
    • Laser (muy eficaz para control de telangiectasias y eritema).

 

Además de los tratamientos específicos, es importante mantener un cuidado de la piel para prevenir la aparición de nuevos síntomas. Se debe utilizar un limpiador facial suave, así como cremas hidratantes que favorezcan la barrera protectora de la piel. Muy importante es también el uso de protector solar a diario5.

CONCLUSIÓN

La rosácea es una enfermedad crónica que puede afectar negativamente en el bienestar de los pacientes por su sintomatología claramente visible. Se trata de una enfermedad que se puede diagnosticar fácilmente, por lo que es importante reconocer sus síntomas y poder aplicar los tratamientos adecuados cuanto antes. Se debe individualizar cada caso y explicar a los pacientes las características de la enfermedad (cronicidad, factores agravantes, tratamientos…) para disminuir la ansiedad y facilitar la adaptación a la enfermedad.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Guadalupe AKSL, Reyes BFP, Ticona AAR, Ticona AAR. Rosácea. Identificación, manejo clínico y nuevas perspectivas terapeúticas. RECIAMUC [Internet]. 7 de mayo de 2024;8(2):282-92. Disponible en: https://www.reciamuc.com/index.php/RECIAMUC/article/view/1387
  2. Guerra EG. Rosácea [Internet]. Dialnet. 2007. Disponible en: Rosácea – Dialnet (unirioja.es)
  3. Gaitán Jiménez, M. Hipótesis sobre la causa de rosácea. [Internet]. Bogotá: Corporación Tecnológica de Bogotá, 2019. Disponible en: https://repository.udca.edu.co/entities/publication/620c641a-bad4-4893-ba30-086cf86d0bf7
  4. Díaz MJG, De Miguel JPB, Díez MT, Morais-Cardoso P. Rosácea: revisión y nuevas alternativas terapéuticas. Medicina de Familia SEMERGEN [Internet]. 1 de febrero de 2011;37(2):83-6. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-familia-semergen-40-articulo-rosacea-revision-nuevas-alternativas-terapeuticas-S1138359310002923
  5. Chiarvetto, M., Ejarque, S. A. Ivermectina y metronidazol en el tratamiento de la rosácea papulopustular [Internet]. Universidad Católica de Córdoba; 2020. Disponible en: https://pa.bibdigital.ucc.edu.ar/2829/1/TF_Chiarvetto_Ejarque.pdf

 

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