Viruela símica. Artículo monográfico

11 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Gema Castillo Castillo. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  2. Ana Fernández García. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  3. Gloria Jiménez Cevidanes. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  4. Concepción López Hinojosa. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  5. Ana López Hinojosa. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  6. Rocío López Montesinos. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.

RESUMEN

La viruela símica, también conocida como viruela del mono o mpox, es una enfermedad infecciosa zoonótica causada por el Monkeypox virus (MPXV), perteneciente al género Orthopoxvirus. Aunque tradicionalmente se consideró una enfermedad endémica de África central y occidental, el brote internacional de 2022 puso de manifiesto su importancia como problema de salud pública a nivel mundial.

El presente trabajo revisa los principales aspectos de la viruela símica, incluyendo su etiología, epidemiología, vías de transmisión, manifestaciones clínicas, diagnóstico, tratamiento y medidas de prevención. La enfermedad se transmite principalmente por contacto estrecho con personas infectadas, animales portadores o materiales contaminados y suele manifestarse con fiebre, linfadenopatías y una erupción cutánea característica. El diagnóstico se confirma mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), mientras que el tratamiento se basa fundamentalmente en medidas de soporte, reservándose el uso de antivirales para casos seleccionados. La prevención incluye el aislamiento de los casos, la adopción de medidas higiénicas y la vacunación de los grupos de riesgo cuando está indicada.

En conclusión, la viruela símica continúa representando un desafío para la salud pública, por lo que resulta esencial reforzar la vigilancia epidemiológica, el diagnóstico precoz y las medidas de prevención para limitar la transmisión de la enfermedad.

PALABRAS CLAVE

Viruela símica, Viruela del mono, Monkeypox virus, mpox, zoonosis, diagnóstico, prevención.

ABSTRACT

Mpox, also known as monkeypox, is a zoonotic infectious disease caused by the monkeypox virus (MPXV), a member of the Orthopoxvirus genus. Although traditionally considered endemic to Central and West Africa, the 2022 international outbreak highlighted its significance as a global public health issue.

This paper reviews key aspects of mpox, including its etiology, epidemiology, routes of transmission, clinical manifestations, diagnosis, treatment, and prevention measures. The disease is primarily transmitted through close contact with infected individuals, carrier animals, or contaminated materials, and typically presents with fever, lymphadenopathy, and a characteristic skin rash. Diagnosis is confirmed via polymerase chain reaction (PCR), while treatment relies mainly on supportive care, with the use of antivirals reserved for selected cases. Prevention strategies include isolating cases, adopting hygiene measures, and vaccinating at-risk groups when indicated.

In conclusion, mpox continues to pose a public health challenge; therefore, strengthening epidemiological surveillance, early diagnosis, and prevention measures is essential to limit the transmission of the disease.

KEY WORDS

Mpox, monkeypox, monkeypox virus, mpox, zoonosis, diagnosis, prevention.

DESARROLLO DEL TEMA

DEFINICIÓN DE VIRUELA SÍMICA:

La viruela símica, también conocida como viruela del mono es una enfermedad infecciosa de origen zoonótico causada por el Monkeypox virus (MPXV), un virus ADN de doble cadena perteneciente al género Orthopoxvirus de la familia Poxviridae. Este virus está estrechamente relacionado con el virus de la viruela humana (Variola virus), aunque la viruela símica suele presentar una menor gravedad clínica y una menor capacidad de transmisión entre personas1–3.

La enfermedad fue identificada por primera vez en 1958 durante un brote ocurrido en monos utilizados para investigación. Sin embargo, estudios posteriores demostraron que los principales reservorios naturales del virus son pequeños mamíferos, especialmente diferentes especies de roedores africanos. El primer caso humano se notificó en 1970 en la República Democrática del Congo y, desde entonces, la enfermedad permaneció principalmente limitada a países de África central y occidental, donde continúa siendo endémica2,3.

En mayo de 2022 se produjo un brote internacional con casos detectados en numerosos países donde la enfermedad no era habitual. Como consecuencia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reforzó las medidas de vigilancia epidemiológica y recomendó el uso del término mpox como denominación oficial de la enfermedad para reducir el estigma asociado a la expresión “viruela del mono”2,3.

El periodo de incubación suele oscilar entre 5 y 21 días, siendo más frecuente entre 7 y 14 días. La enfermedad suele iniciarse con fiebre, cefalea, dolores musculares, cansancio y aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, seguidos de una erupción cutánea característica que evoluciona desde máculas y pápulas hasta vesículas, pústulas y costras. Aunque la mayoría de los pacientes presentan una evolución favorable y autolimitada, determinados grupos de riesgo pueden desarrollar complicaciones que requieren atención médica especializada1–3.

ETIOLOGÍA:

La enfermedad está causada por el virus de la viruela símica (Monkeypox virus, MPXV), un virus ADN perteneciente al género Orthopoxvirus de la familia Poxviridae. Este género incluye otros virus de relevancia médica, como el virus de la viruela humana (Variola virus) y el virus vaccinia, utilizado históricamente en el desarrollo de vacunas frente a la viruela3.

La OMS reconoce actualmente dos clados genéticos principales, con diferencias en su distribución geográfica y comportamiento epidemiológico. El clado I, asociado históricamente a una mayor gravedad clínica; mientras que el clado II, el cual se divide en a y b, dando especial importancia al subclado IIb, principal responsable del brote internacional declarado en 20222,3.

La viruela del mono es una enfermedad zoonótica, por lo que el virus puede transmitirse desde animales infectados al ser humano mediante mordeduras, arañazos o contacto directo con sangre, fluidos corporales o tejidos contaminados. Asimismo, puede transmitirse entre personas por contacto estrecho con lesiones cutáneas, secreciones respiratorias, fluidos corporales o materiales contaminados, como ropa de cama, toallas o prendas de vestir utilizadas por una persona infectada1–3.

Tras penetrar en el organismo, el virus se replica inicialmente en el lugar de entrada, diseminándose posteriormente hacia los ganglios linfáticos y el torrente sanguíneo. Esta propagación favorece la aparición de los síntomas generales y de las lesiones cutáneas características de la enfermedad. La gravedad del cuadro clínico depende, entre otros factores, del estado inmunológico del paciente, siendo más vulnerables las personas inmunodeprimidas, embarazadas, niños pequeños y pacientes con enfermedades crónicas2,3.

EPIDEMIOLOGÍA:

La epidemiología de la viruela símica ha experimentado importantes cambios durante los últimos años. Tradicionalmente, la enfermedad se limitaba a regiones de África central y occidental, donde el virus circula entre animales salvajes y ocasionalmente se transmite a los seres humanos. No obstante, el brote internacional iniciado en 2022 modificó este patrón al detectarse casos en numerosos países donde la enfermedad no era endémica, lo que evidenció la capacidad del virus para propagarse mediante el contacto estrecho entre personas2,3.

Durante este brote, la mayor parte de los casos se registró en adultos jóvenes, especialmente en hombres que mantenían relaciones sexuales con otros hombres. Sin embargo, tanto la OMS como otras autoridades sanitarias insisten en que cualquier persona puede contraer la infección si entra en contacto directo con un individuo infectado o con materiales contaminados. Por ello, la prevención debe centrarse en la reducción de los factores de riesgo y no en la pertenencia a un determinado grupo de población2,3.

En respuesta al aumento de casos, la OMS declaró la viruela del mono como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, impulsando medidas dirigidas a reforzar la vigilancia epidemiológica, el diagnóstico precoz, el aislamiento de los casos y la vacunación de las personas con mayor riesgo de exposición. Aunque el número de casos disminuyó tras la aplicación de estas medidas, la enfermedad continúa siendo objeto de vigilancia debido a la persistencia de brotes en algunos países y a la circulación de diferentes clados del virus3.

Actualmente, la vigilancia epidemiológica sigue siendo una herramienta esencial para controlar la propagación de la enfermedad, detectar nuevos brotes y aplicar de forma precoz las medidas de prevención y control recomendadas por los organismos internacionales2,3.

VÍAS DE TRANSMISIÓN:

La vía de transmisión de esta enfermedad zoonótica puede producirse tanto desde animales infectados al ser humano como entre personas. El mecanismo de transmisión depende del tipo y la duración de la exposición, siendo el contacto físico estrecho la principal vía de contagio. El conocimiento de estas formas de transmisión es esencial para establecer medidas eficaces de prevención y control de la enfermedad 1–3.

La transmisión desde animales al ser humano puede producirse mediante mordeduras, arañazos o el contacto directo con sangre, fluidos corporales, lesiones cutáneas o tejidos de animales infectados. Los principales reservorios naturales del virus son pequeños mamíferos, especialmente roedores africanos, aunque otras especies también pueden albergar el virus. Asimismo, la manipulación o el consumo de carne de animales infectados sin las adecuadas medidas higiénicas supone un factor de riesgo para la infección1,3.

La transmisión entre personas ocurre principalmente por contacto directo con las lesiones cutáneas o mucosas de un individuo infectado, así como por el contacto con fluidos corporales y secreciones respiratorias durante interacciones estrechas y prolongadas. También puede producirse de forma indirecta mediante objetos contaminados, como ropa, toallas o ropa de cama utilizadas por personas infectadas1–3.

Durante el brote internacional iniciado en 2022, numerosos casos se asociaron al contacto físico mantenido durante las relaciones sexuales. No obstante, la Organización Mundial de la Salud señala que la viruela símica no debe considerarse una infección de transmisión sexual, ya que el contagio se produce por el contacto estrecho con lesiones o secreciones infectadas y no exclusivamente por la actividad sexual. Además, se ha descrito la posibilidad de transmisión vertical de la madre al feto durante el embarazo, así como el contagio al recién nacido durante el parto o tras el nacimiento mediante contacto directo2,3.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS:

Las manifestaciones clínicas de la viruela símica suelen aparecer tras un periodo de incubación comprendido entre cinco y veintiún días, siendo más frecuente entre los siete y los catorce días. La enfermedad suele iniciarse con síntomas generales inespecíficos, entre los que destacan fiebre, cefalea, dolores musculares, dolor de espalda, escalofríos, cansancio intenso y aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, característica que ayuda a diferenciar esta infección de otras enfermedades exantemáticas1–3.

Entre uno y cinco días después del inicio de la fiebre aparece una erupción cutánea característica. Las lesiones evolucionan de forma progresiva pasando por diferentes fases: máculas, pápulas, vesículas, pústulas y costras, hasta su resolución completa. Estas lesiones pueden localizarse en cualquier parte del cuerpo, aunque son frecuentes en la cara, las extremidades, las palmas de las manos, las plantas de los pies y las regiones genital y perianal1–3.

La mayoría de los pacientes presentan un cuadro clínico leve o moderado que se resuelve espontáneamente en un periodo de dos a cuatro semanas. Sin embargo, algunos grupos de población presentan un mayor riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad, especialmente personas inmunodeprimidas, embarazadas, niños pequeños y pacientes con enfermedades crónicas2,3.

Entre las complicaciones descritas se encuentran las infecciones bacterianas secundarias de la piel, neumonía, encefalitis, queratitis, alteraciones oculares e incluso sepsis en los casos más graves. Estas complicaciones pueden requerir ingreso hospitalario y tratamiento específico, por lo que resulta fundamental realizar un diagnóstico precoz y establecer un seguimiento adecuado de los pacientes con factores de riesgo1,3.

DIAGNÓSTICO:

El diagnóstico de la viruela del mono se basa en la combinación de la valoración clínica, los antecedentes epidemiológicos y la confirmación mediante pruebas de laboratorio. La sospecha diagnóstica debe plantearse ante pacientes que presentan una erupción cutánea compatible, especialmente cuando existe antecedente de contacto estrecho con un caso confirmado o probable, o cuando han viajado recientemente a zonas donde circula el virus2,3.

La técnica de elección para confirmar la infección es la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), realizada sobre muestras obtenidas directamente de las lesiones cutáneas, como el contenido de vesículas o pústulas, las costras o exudados. Esta prueba permite identificar el material genético del virus con elevada sensibilidad y especificidad, constituyendo el método diagnóstico recomendado por la Organización Mundial de la Salud3.

El diagnóstico diferencial debe realizarse con otras enfermedades que cursan con lesiones cutáneas similares, como la varicela, el herpes simple, el herpes zóster, la sífilis secundaria, algunas infecciones bacterianas de la piel y otras enfermedades exantemáticas. Una adecuada anamnesis y la realización de pruebas de laboratorio son fundamentales para establecer el diagnóstico definitivo y evitar errores diagnósticos1–3.

El diagnóstico precoz facilita el inicio de las medidas de aislamiento, el seguimiento clínico y la identificación de los contactos estrechos, contribuyendo así a limitar la transmisión de la enfermedad y mejorar el pronóstico de los pacientes2,3.

TRATAMIENTO:

En la actualidad no existe un tratamiento específico para la mayoría de los casos de viruela símica, por lo que el manejo clínico se basa principalmente en el tratamiento sintomático y en los cuidados de soporte. La mayoría de los pacientes presentan una evolución favorable y se recuperan de forma espontánea en un periodo de dos a cuatro semanas sin necesidad de tratamientos complejos1–3.

Las medidas terapéuticas incluyen el control de la fiebre y del dolor mediante analgésicos y antipiréticos, una adecuada hidratación, reposo y el mantenimiento de una correcta higiene de las lesiones cutáneas para prevenir infecciones bacterianas secundarias. En aquellos pacientes que presentan complicaciones puede ser necesario administrar tratamiento antibiótico u otras medidas específicas según la evolución clínica1,2.

En pacientes con alto riesgo de enfermedad grave o con complicaciones importantes, la Organización Mundial de la Salud contempla el uso de antivirales como tecovirimat, siempre de acuerdo con las recomendaciones vigentes y la disponibilidad del medicamento. Su utilización debe valorarse de forma individualizada y bajo supervisión médica3.

Además del tratamiento farmacológico, resulta esencial proporcionar apoyo psicológico e información al paciente sobre la evolución de la enfermedad, las medidas de aislamiento domiciliario y las recomendaciones para evitar la transmisión a otras personas hasta la curación completa de las lesiones2,3.

PREVENCIÓN Y VACUNACIÓN:

La prevención constituye una de las principales estrategias para controlar la propagación de la viruela símica. Las medidas preventivas incluyen evitar el contacto estrecho con personas infectadas, mantener una adecuada higiene de manos, utilizar equipos de protección individual cuando sea necesario y desinfectar correctamente los objetos que hayan estado en contacto con personas afectadas1–3.

Los pacientes diagnosticados deben permanecer aislados hasta la desaparición completa de las lesiones cutáneas y la caída de todas las costras, ya que durante este periodo existe riesgo de transmisión del virus. Asimismo, se recomienda cubrir las lesiones, evitar compartir objetos personales y limitar el contacto físico con otras personas y animales2,3.

La vacunación constituye una herramienta preventiva especialmente indicada para personas con alto riesgo de exposición, como determinados profesionales sanitarios o contactos estrechos de casos confirmados. Las autoridades sanitarias establecen las recomendaciones de vacunación en función de la situación epidemiológica y de la disponibilidad de vacunas autorizadas3.

La educación sanitaria desempeña un papel fundamental en la prevención de la enfermedad, ya que permite informar a la población sobre las formas de transmisión, reconocer los síntomas iniciales y fomentar la adopción de medidas preventivas que contribuyan a reducir la propagación del virus1–3.

BIBLIOGRAFÍA

  1. La viruela símica: MedlinePlus enciclopedia médica [Internet]. [cited 2026 July 18]. Available from: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/007783.htm.
  2. Clinic P el personal de M. ¿Qué es la viruela del mono, cómo se contagia y cómo se puede prevenir?-Viruela símica (viruela del mono): definición y prevención. Mayo Clinic [Internet]. [cited 2026 July 18]. Available from: https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/infectious-diseases/expert-answers/monkeypox-faq/faq-20533608.
  3. Viruela símica (mpox) [Internet]. [cited 2026 July 18]. Available from: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mpox.

 

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