Dolor oncológico: revisión monográfica

6 junio 2025

 

AUTORES

  1. Luz Divina Mata Crespo. Médica de Medicina Familiar y Comunitaria en Centro de Salud Fuentes de Ebro (Zaragoza), España.
  2. Jorge Sánchez Melús. Facultativo Especialista de Área. Servicio de Urgencias. Hospital General de la Defensa. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

El dolor oncológico es uno de los síntomas más frecuentes y debilitantes en pacientes con cáncer. Se presenta en una amplia variedad de formas, desde dolor agudo relacionado con procedimientos médicos hasta dolor crónico debido al avance de la enfermedad. Este dolor puede afectar significativamente la calidad de vida del paciente, empeorando el pronóstico general y afectando su bienestar físico y emocional. El manejo adecuado del dolor oncológico requiere un enfoque integral que incluya tanto tratamientos farmacológicos como intervenciones no farmacológicas, ajustados a las necesidades de cada paciente.

En la fisiopatología del dolor oncológico intervienen diversos mecanismos, como la invasión de estructuras nerviosas por el tumor, la inflamación asociada al cáncer y los efectos secundarios de los tratamientos. El diagnóstico del dolor oncológico se basa en una evaluación exhaustiva de su origen, tipo y características, utilizando escalas de medición del dolor y técnicas de imagen. Los fármacos analgésicos, como los opioides, los AINEs y los analgésicos adyuvantes, constituyen el pilar del tratamiento, pero en algunos casos también pueden ser necesarias intervenciones quirúrgicas o radioterapia.

El tratamiento eficaz del dolor oncológico no solo mejora la calidad de vida, sino que también favorece el manejo de otros síntomas relacionados con el cáncer. El pronóstico depende de la localización y extensión del tumor, la respuesta al tratamiento del dolor y las comorbilidades asociadas. Es esencial la participación activa del equipo multidisciplinario en el manejo del dolor, con el objetivo de proporcionar alivio y mejorar el bienestar integral del paciente.

PALABRAS CLAVE

Dolor oncológico, tratamiento del dolor, calidad de vida.

ABSTRACT

Cancer pain is one of the most common and debilitating symptoms in patients with cancer. It manifests in various forms, ranging from acute pain related to medical procedures to chronic pain caused by the progression of the disease. This pain significantly impacts the patient’s quality of life, worsening the overall prognosis and affecting their physical and emotional well-being. Proper management of cancer pain requires a comprehensive approach that includes both pharmacological treatments and non-pharmacological interventions, tailored to each patient’s needs.

The pathophysiology of cancer pain involves multiple mechanisms, such as tumor invasion of nerve structures, inflammation associated with cancer, and side effects of treatments. Diagnosing cancer pain is based on a thorough assessment of its origin, type, and characteristics, using pain assessment scales and imaging techniques. Analgesic drugs, such as opioids, NSAIDs, and adjuvant analgesics, are the cornerstone of treatment, but in some cases, surgical interventions or radiotherapy may also be required.

Effective cancer pain management not only improves quality of life but also supports the management of other cancer-related symptoms. The prognosis depends on the location and extent of the tumor, pain treatment response, and associated comorbidities. Active involvement of a multidisciplinary team in pain management is essential to provide relief and enhance the patient’s overall well-being.

KEY WORDS

Cancer pain, pain management, quality of life.

DESARROLLO DEL TEMA

El dolor oncológico es una complicación común y debilitante en pacientes con cáncer. Se estima que hasta el 80% de los pacientes con cáncer avanzado experimentan dolor relacionado con la enfermedad o su tratamiento¹. Este dolor puede tener un impacto negativo en la calidad de vida, limitando las actividades diarias y afectando la salud emocional y psicológica del paciente. El dolor oncológico puede ser causado por múltiples factores, incluyendo la invasión directa de los tejidos por el tumor, efectos secundarios de los tratamientos, y complicaciones metastásicas. El manejo adecuado del dolor es fundamental para mejorar la calidad de vida de estos pacientes, y para ello es necesario un enfoque multidisciplinario que incluya tanto tratamientos farmacológicos como no farmacológicos. Esta revisión aborda la epidemiología, fisiopatología, diagnóstico, tratamiento y pronóstico del dolor oncológico, con un enfoque especial en las estrategias más recientes y los avances en su manejo.

Epidemiología:

El dolor oncológico es una de las principales preocupaciones de los pacientes con cáncer. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 50-70% de los pacientes con cáncer experimentan dolor durante el curso de su enfermedad². La prevalencia aumenta en aquellos con cáncer avanzado, especialmente en aquellos con metástasis óseas, pulmonares y hepáticas³. Aunque el dolor puede ocurrir en cualquier etapa de la enfermedad, es más frecuente en pacientes con cáncer metastásico o aquellos que están recibiendo tratamiento paliativo. La prevalencia del dolor varía según el tipo de cáncer, siendo más común en los cánceres de cabeza y cuello, mama, próstata, pulmón y tracto gastrointestinal⁴. Además, la calidad del control del dolor varía dependiendo del acceso a los tratamientos adecuados y la implementación de un manejo adecuado en los distintos entornos clínicos.

Fisiopatología:

El dolor oncológico puede tener múltiples orígenes, que incluyen dolor somático, visceral, neuropático y referido. El dolor somático se produce cuando los tejidos somáticos (piel, músculos, huesos) son dañados o invadidos por el tumor. En este caso, el dolor es bien localizado, punzante y de intensidad variable. El dolor visceral, que se origina en los órganos internos, es más difuso, profundo y a menudo se asocia con distensión o inflamación de los órganos. Por otro lado, el dolor neuropático ocurre cuando el tumor afecta los nervios o el sistema nervioso periférico o central. Este tipo de dolor es característicamente punzante, quemante o eléctrico, y se acompaña de parestesias o pérdida de función motora en la zona afectada⁵.

Además, los tratamientos como la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia también pueden ser causas significativas de dolor, ya sea por efectos secundarios directos o por daño tisular. En el caso de la radioterapia, por ejemplo, el daño a los tejidos irradiados puede causar fibrosis, isquemia o necrosis de los tejidos cercanos, lo que genera dolor crónico. La metástasis ósea es una de las causas más frecuentes de dolor oncológico, dado que los tumores malignos a menudo invaden los huesos, lo que lleva a la destrucción ósea y la irritación de las fibras nerviosas⁶.

Clínica:

El dolor oncológico se caracteriza por una gran variabilidad en términos de intensidad, localización y naturaleza. La clínica del dolor oncológico depende de factores como el tipo de cáncer, la localización del tumor, el estadio de la enfermedad, y la respuesta al tratamiento. El dolor puede ser continuo o intermitente, y su intensidad puede variar a lo largo del día. En algunos pacientes, el dolor puede empeorar durante ciertos movimientos o actividades, o incluso estar presente durante el reposo⁷.

Los pacientes también pueden experimentar síntomas asociados con el dolor, como fatiga, pérdida de apetito, insomnio y ansiedad, que agravan la situación y contribuyen a la discapacidad global del paciente. La evaluación clínica del dolor debe incluir una historia detallada sobre el tipo, la localización y la duración del dolor, así como una evaluación de los factores que pueden desencadenar o aliviar el dolor. Las escalas de evaluación del dolor, como la escala visual análoga (EVA), la escala numérica del dolor (NRS) y la escala de faces, son herramientas útiles para evaluar la intensidad del dolor y guiar el tratamiento⁸.

Diagnóstico:

El diagnóstico del dolor oncológico se basa en una evaluación clínica integral, que incluye la historia médica, un examen físico y, en muchos casos, pruebas de diagnóstico por imagen o biopsias para determinar la extensión de la enfermedad. Es fundamental distinguir entre el dolor asociado con el cáncer y el dolor causado por otros factores, como complicaciones del tratamiento o comorbilidades. Las pruebas de imagen, como la radiografía, la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM), son útiles para evaluar la extensión de la enfermedad metastásica o local y para identificar las áreas que pueden estar causando dolor⁹.

El diagnóstico también puede requerir la evaluación de la función nerviosa, especialmente en casos de dolor neuropático. Las pruebas electrofisiológicas, como la electromiografía (EMG) y los estudios de conducción nerviosa, pueden ser útiles para identificar lesiones nerviosas relacionadas con el tumor o el tratamiento. La biopsia también puede ser necesaria para confirmar la presencia de metástasis en órganos específicos o para evaluar la respuesta a los tratamientos⁶.

Tratamiento:

El tratamiento del dolor oncológico debe ser personalizado, basándose en la etiología del dolor, el tipo de cáncer y el estado general del paciente. El tratamiento farmacológico es la piedra angular del manejo del dolor, y se clasifica en analgésicos no opioides, opioides y adyuvantes. Los analgésicos no opioides, como el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroides (AINEs), son efectivos para el dolor leve a moderado. Sin embargo, cuando el dolor es más intenso, los opioides son necesarios. Estos incluyen la morfina, el fentanilo, la oxicodona y la hidromorfona, que pueden administrarse por vía oral, intravenosa o transdérmica. Los opioides deben administrarse con precaución, monitorizando los efectos secundarios como la sedación, la depresión respiratoria y el estreñimiento¹⁰.

Además de los analgésicos, los adyuvantes como los antidepresivos y los anticonvulsivos se utilizan en el tratamiento del dolor neuropático, mientras que los corticosteroides pueden ser útiles en el manejo del dolor relacionado con la inflamación o la presión sobre estructuras nerviosas. Otros tratamientos incluyen la radioterapia, que puede ser eficaz para el alivio del dolor debido a metástasis óseas, y las técnicas intervencionistas, como la neuroablación, los bloqueos nerviosos o la administración intratecal de medicamentos⁵.

El tratamiento no farmacológico también es un componente esencial del manejo del dolor. La fisioterapia, la acupuntura, la terapia cognitivo-conductual (TCC) y las técnicas de relajación son intervenciones que pueden mejorar el control del dolor y la calidad de vida de los pacientes. La integración de un enfoque multidisciplinario es fundamental para un tratamiento efectivo⁷.

Pronóstico:

El pronóstico del dolor oncológico depende del tipo de cáncer, la respuesta al tratamiento, y la presencia de metástasis o complicaciones adicionales. En pacientes con cáncer avanzado y metástasis, el dolor puede volverse crónico y difícil de manejar, afectando gravemente la calidad de vida. Sin embargo, con un manejo adecuado, es posible reducir la intensidad del dolor y mejorar la funcionalidad del paciente. En algunos casos, el dolor puede aliviarse completamente con el tratamiento adecuado, aunque en otros, el dolor puede persistir a pesar de las intervenciones terapéuticas.

La respuesta al tratamiento farmacológico y las intervenciones no farmacológicas puede variar según el paciente, por lo que es importante ajustar el tratamiento a lo largo del tiempo. La intervención temprana en el manejo del dolor y el uso adecuado de terapias multidisciplinarias puede mejorar significativamente el pronóstico de los pacientes con dolor oncológico. En los últimos años, se ha avanzado en la comprensión y el tratamiento del dolor oncológico, lo que ha permitido una mejor calidad de vida para muchos pacientes⁸,9,10.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Portenoy RK, et al. The management of cancer pain. N Engl J Med. 2010.
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  5. Caraceni A, et al. Pain in cancer patients: A comprehensive review. J Clin Oncol. 2011.
  6. Deandrea S, et al. Prevalence of undertreated cancer pain in patients with advanced cancer. J Clin Oncol. 2014.
  7. Sampaio D, et al. Chronic pain in cancer patients: A multidisciplinary approach. Eur J Pain. 2012.
  8. Glare P, et al. Cancer pain management: Current and future directions. Cancer Treatment Reviews. 2012.
  9. Smith TJ, et al. The management of cancer pain. BMJ. 2013.
  10. Sykes NP, et al. Opioids in the management of cancer pain. Journal of Clinical Oncology.

 

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