AUTORES
- Raúl Tricas Peralta. Servicio de Truma/Uro/Onco/Oto. Hospital San Jorge, Servicio Aragonés de Salud, Huesca, España.
- Ignacio Bellosta Soler. Servicio Pull. Hospital San Jorge, Servicio Aragonés de Salud, Huesca, España.
- María Emilia Statie Statie. Servicio de Truma/Uro/Onco/Oto. Hospital San Jorge, Servicio Aragonés de Salud, Huesca, España.
- Carlota Buen Pueyo. Servicio de Cirugía y Digestivo, Hospital San Jorge de Huesca, España.
- Hugo Escudero Casajus. Servicio de Urgencias, Hospital de Jaca, Servicio Aragonés de Salud, Jaca, España.
- Irati Cuadrado Noain. CS de Jaca, Servicio Aragonés de Salud, Jaca, España.
RESUMEN
El sueño del paciente hospitalizado se altera con frecuencia por ruido, luz, dolor, ansiedad, procedimientos, controles y cambios en las rutinas habituales. Aunque parte de estas interrupciones son necesarias, otras pueden reducirse mediante organización de cuidados e intervenciones no farmacológicas. El objetivo de esta revisión bibliográfica es sintetizar medidas que enfermería puede aplicar para favorecer el sueño en adultos ingresados. Se realizó una búsqueda dirigida en PubMed/MEDLINE, priorizando revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados entre 2023 y 2025. La evidencia identifica intervenciones ambientales, reducción de ruido y luz, agrupación de cuidados nocturnos cuando la situación clínica lo permite, uso de antifaces o tapones en pacientes seleccionados, técnicas de relajación, música, educación y control de síntomas. Las revisiones muestran mejoras de la calidad del sueño con varias estrategias, aunque existe heterogeneidad en las intervenciones y en las herramientas de medición, por lo que no puede asumirse una eficacia idéntica en todos los pacientes. La promoción del sueño debe individualizarse y nunca retrasar cuidados clínicamente necesarios. Se concluye que enfermería puede integrar una valoración breve del sueño y medidas de bajo riesgo en la rutina asistencial, combinando modificaciones ambientales, planificación del cuidado y participación del paciente.
PALABRAS CLAVE
Sueño, hospitalización, atención de enfermería, trastornos del sueño-vigilia, adulto.
ABSTRACT
Sleep is frequently disrupted in hospitalized patients by noise, light, pain, anxiety, procedures, observations and changes in usual routines. Although some interruptions are clinically necessary, others can be reduced through care organization and non-pharmacological interventions. This narrative review synthesizes measures nurses can use to promote sleep in hospitalized adults. A targeted PubMed/MEDLINE search prioritized systematic reviews and meta-analyses published between 2023 and 2025. Evidence identifies environmental measures, noise and light reduction, clustering of nighttime care when clinically appropriate, selected use of eye masks or earplugs, relaxation techniques, music, education and symptom control. Reviews report improvements in sleep quality with several strategies, but interventions and outcome measures are heterogeneous and effectiveness should not be assumed to be identical in all patients. Sleep promotion must be individualized and must never delay clinically necessary care. Nurses can integrate brief sleep assessment and low-risk measures into routine practice by combining environmental modification, care planning and patient participation.
KEY WORDS
Sleep, hospitalization, nursing care, sleep-wake disorders, adult.
INTRODUCCIÓN
Dormir en el hospital puede resultar difícil incluso para personas sin trastornos previos del sueño. El ruido de alarmas y conversaciones, la iluminación, el dolor, la preocupación por la enfermedad, la temperatura, la posición, los compañeros de habitación y las intervenciones asistenciales fragmentan el descanso. La revisión sistemática de Mendonça y colaboradores destaca que la hospitalización altera con frecuencia el sueño y que enfermería dispone de intervenciones ambientales, educativas, sensoriales y organizativas para favorecerlo1.
El sueño no debe considerarse un aspecto secundario del confort. Un descanso insuficiente se asocia a peor percepción del bienestar, fatiga diurna y dificultades de recuperación. Sin embargo, la respuesta no consiste en eliminar controles necesarios ni en recurrir automáticamente a medicación hipnótica. Muchos factores son modificables mediante medidas de bajo riesgo y una organización del cuidado que diferencie las interrupciones imprescindibles de las evitables.
Enfermería tiene un papel relevante porque permanece junto al paciente durante el periodo nocturno y coordina buena parte de los cuidados que pueden interrumpir el sueño. La valoración del problema, el control de síntomas, la reducción de estímulos y la agrupación de determinadas actividades pueden integrarse en la planificación habitual sin comprometer la seguridad clínica.
OBJETIVOS
El objetivo principal es revisar la evidencia reciente sobre intervenciones no farmacológicas de enfermería destinadas a mejorar el sueño de adultos hospitalizados.
Como objetivos específicos se pretende identificar factores hospitalarios modificables, describir estrategias ambientales y organizativas, analizar intervenciones de relajación y ayudas sensoriales, y proponer criterios para individualizar el cuidado sin retrasar actuaciones clínicas necesarias.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante búsqueda dirigida en PubMed/MEDLINE con los términos “hospital sleep”, “inpatient”, “non-pharmacological intervention”, “nursing”, “sleep quality” y “adult”. Se priorizaron revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados entre 2023 y 2025 que evaluaban intervenciones no farmacológicas en adultos hospitalizados.
Se seleccionaron trabajos que permitían identificar estrategias aplicables por enfermería o integrables en protocolos de hospitalización. La síntesis se organizó en valoración, entorno, planificación de cuidados, intervenciones de relajación y ayudas sensoriales. Se tuvo en cuenta la heterogeneidad de poblaciones, instrumentos de medición y diseño de las intervenciones para evitar presentar una única medida como universalmente eficaz.
RESULTADOS
La valoración es el primer paso para distinguir por qué duerme mal cada paciente. Conviene preguntar por calidad habitual del sueño, horario, despertares, si utiliza ayudas en domicilio, síntomas nocturnos y factores que le preocupan. Durante el ingreso deben explorarse dolor, disnea, tos, náuseas, prurito, necesidad frecuente de orinar, ansiedad y otros problemas tratables. Una intervención ambiental tendrá poco efecto si el principal motivo del insomnio es un dolor no controlado.
Las modificaciones del entorno son las medidas más intuitivas. Reducir conversaciones innecesarias, disminuir el volumen de dispositivos cuando sea seguro, cerrar puertas de forma cuidadosa, evitar encender luces generales y utilizar iluminación puntual para tareas imprescindibles puede limitar los despertares. La revisión de Beswick y colaboradores, que incluyó 76 estudios, encontró beneficios sobre la calidad del sueño con varias intervenciones no farmacológicas, entre ellas ayudas físicas para dormir, técnicas de relajación, música y terapias manuales2. Aunque los resultados son prometedores, la variabilidad entre estudios aconseja combinar medidas en lugar de confiar en una sola.
La organización del cuidado nocturno es una intervención propiamente enfermera. Cuando la situación clínica lo permite, pueden agruparse actividades como administración de medicación, cambios posturales planificados, control de constantes y otras tareas para reducir entradas repetidas en la habitación. Este principio no significa omitir controles indicados ni modificar frecuencias prescritas. En pacientes inestables, con riesgo clínico o que requieren vigilancia estrecha, la seguridad prevalece sobre la continuidad del sueño. La utilidad está en evitar interrupciones por rutinas que podrían realizarse de manera coordinada.
Las ayudas sensoriales, como antifaces y tapones, pueden ser útiles en pacientes seleccionados que los toleran y pueden utilizarlos con seguridad. Debe comprobarse que no interfieran con la comunicación, la audición necesaria de indicaciones, dispositivos médicos o situaciones de desorientación. La revisión de Acharya y colaboradores identificó diferentes estrategias ambientales y de relajación con resultados favorables en varias medidas del sueño, pero también señaló riesgo de sesgo y falta de estandarización en la medición3. Por tanto, estas ayudas deben ofrecerse como opciones individualizadas, no imponerse de forma sistemática.
Las técnicas de relajación pueden incluir respiración lenta, relajación muscular, audio tranquilo o música elegida por el paciente. Su ventaja es el bajo riesgo cuando se adaptan a preferencias y capacidad. El objetivo no es “forzar” el sueño, sino reducir activación y facilitar una transición al descanso. En pacientes con ansiedad intensa, delirium, deterioro cognitivo o síntomas psiquiátricos, la intervención debe adaptarse y puede requerir evaluación específica.
La actividad durante el día también influye. Favorecer exposición a luz diurna, movilización y actividad acorde con la situación clínica puede ayudar a conservar ritmos de sueño-vigilia, mientras que siestas prolongadas o una estancia continua en cama pueden contribuir a fragmentar el sueño nocturno. Estas decisiones deben coordinarse con rehabilitación y con las limitaciones del paciente. La revisión de Mendonça agrupa entre las intervenciones enfermeras la planificación de la actividad diaria, el control ambiental, la evaluación del sueño, el manejo de síntomas y los cuidados individualizados1.
La educación permite al paciente participar. Explicar que puede comunicar qué le despierta, acordar preferencias sobre persianas, luz o puerta, y anticipar qué controles se realizarán durante la noche reduce incertidumbre. También puede ser útil respetar, dentro de lo posible, rutinas habituales previas al sueño. Las personas que utilizan gafas, audífonos u otros apoyos deben disponer de ellos durante el día para favorecer orientación y actividad, retirándolos por la noche según necesidad y seguridad.
La evaluación del resultado no necesita ser compleja. Una pregunta breve al inicio del turno de mañana sobre calidad del sueño, número aproximado de despertares y principal causa puede orientar ajustes para la noche siguiente. En estudios se han utilizado escalas y dispositivos diversos, lo que dificulta comparar resultados; en la práctica clínica, un registro sencillo y consistente puede ser suficiente para detectar si el plan individual mejora o empeora la experiencia del paciente.
Las intervenciones no farmacológicas no excluyen la valoración médica cuando existe insomnio persistente o un trastorno subyacente. Tampoco deben retrasar el tratamiento de dolor, disnea, infección, abstinencia u otras causas de agitación nocturna. Su función es reducir factores modificables y evitar que la propia organización hospitalaria genere interrupciones innecesarias.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
La evidencia reciente respalda un enfoque multimodal para mejorar el sueño hospitalario. Las revisiones identifican beneficios con medidas ambientales, ayudas sensoriales, relajación, música y reorganización de cuidados, pero existe heterogeneidad considerable en los estudios. Esto impide establecer una intervención única con la misma eficacia en todas las unidades y todos los pacientes. El sueño es una experiencia individual y los factores que lo alteran también lo son.
El principal valor de enfermería está en integrar la promoción del sueño con la seguridad asistencial. Agrupar cuidados cuando sea posible, controlar síntomas antes de la noche, reducir ruido y luz y ofrecer opciones sencillas puede mejorar el descanso sin añadir una carga tecnológica importante. La clave es diferenciar entre interrupciones clínicamente necesarias y aquellas derivadas de hábitos organizativos modificables.
También es importante evitar un enfoque rígido. Un antifaz puede ser útil para una persona y angustiante para otra; la música puede relajar a un paciente y molestar a su compañero de habitación; reducir controles puede ser apropiado en una persona estable y peligroso en otra. Por ello, la valoración individual y la coordinación del equipo son esenciales.
Se concluye que la promoción del sueño debe incorporarse como una dimensión de los cuidados de enfermería del adulto hospitalizado. Una estrategia práctica combina valoración breve, manejo de síntomas, reducción de estímulos, planificación de actividades nocturnas, medidas de relajación y participación del paciente. Estas intervenciones deben aplicarse de forma flexible y reevaluarse diariamente, manteniendo siempre la prioridad de la vigilancia y los tratamientos necesarios.
BIBLIOGRAFÍA
- Mendonça SC, Martins DMS, Durão C, Teixeira JMF, Henriques HMSR. Sleep-enhancing nursing interventions in hospital wards: A systematic review. Int Nurs Rev. 2025;72(1):e13062. doi:10.1111/inr.13062.
- Beswick AD, Wylde V, Bertram W, Whale K. The effectiveness of non-pharmacological sleep interventions for improving inpatient sleep in hospital: A systematic review and meta-analysis. Sleep Med. 2023;107:243-267. doi:10.1016/j.sleep.2023.05.004.
- Acharya R, Blackwell S, Simoes J, Harris B, Booth L, Bhangu A, et al. Non-pharmacological interventions to improve sleep quality and quantity for hospitalized adult patients-co-produced study with surgical patient partners: systematic review. BJS Open. 2024;8(2):zrae018. doi:10.1093/bjsopen/zrae018.