Artículo monográfico. Actuación de enfermería en crisis de ansiedad

20 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. María Sánchez Funes. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza).
  2. María Rubio Aguerri. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza).
  3. Paula Pros Jiménez. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza).
  4. Esther Sancho Guillén. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza).

 

RESUMEN

La OMS los define como alteraciones significativas de la cognición, las emociones o la conducta. Entre ellos, los trastornos de ansiedad (TA) son de los más prevalentes y se caracterizan por un miedo y una preocupación excesivos que afectan a la vida académica, laboral y social. El DSM-V clasifica varios tipos de TA, entre los que destacan la fobia social, el trastorno de pánico y la ansiedad generalizada. Los ataques de ansiedad son episodios súbitos de miedo intenso que pueden surgir incluso en situaciones de calma. Su prevalencia mundial oscila entre el 3,8 % y el 25 %, siendo mayor en personas con enfermedades crónicas. Además, los TA se asocian con factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión y una mayor mortalidad.

PALABRAS CLAVE

Ansiedad, trastornos de ansiedad, prevalencia.

ABSTRACT

The WHO defines them as significant alterations in cognition, emotions or behaviour. Among them, anxiety disorders (AD) are the most prevalent and are characterised by excessive fear and worry that affect academic, work and social life. The DSM-V classifies several types of AD, including social phobia, panic disorder and generalised anxiety. Anxiety attacks are sudden episodes of intense fear that can arise even in calm situations. Their global prevalence ranges from 3.8% to 25%, being higher in people with chronic diseases. In addition, ADs are associated with cardiovascular risk factors, such as hypertension and higher mortality.

KEY WORDS

Anxiety, anxiety disorders, prevalence.

INTRODUCCIÓN

La OMS define un trastorno mental como “una alteración clínicamente significativa de la cognición, la regulación de las emociones o el comportamiento de un individuo”. Existen muchos trastornos mentales entre los cuales encontramos el trastorno de ansiedad (TA), que es uno de los más comunes. El TA se distingue por un miedo excesivo y preocupación a lo largo de la vida por situaciones que realmente no representan un peligro potencial. Estas situaciones suelen alterar su productividad en el ámbito académico, laboral o social1,2.

Según DSM-V existen diversos tipos de trastorno de ansiedad. Podemos encontrar trastorno de ansiedad por separación, mutismo selectivo, fobia específica, trastorno de ansiedad social (fobia social), trastorno de pánico, agorafobia, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad inducido por sustancias/medicamentos, trastorno de ansiedad debido a otra afección médica, otro trastorno de ansiedad especificado, otro trastorno de ansiedad no especificado3.

Cuando aparece miedo y malestar de máxima intensidad de una manera súbita, nos encontramos ante un ataque o crisis de ansiedad. Este puede manifestarse desde un estado ansioso o desde la calma2. Estos episodios surgen a menudo, sin un claro desencadenante interno o externo4.

Los trastornos de ansiedad tienen una alta prevalencia, con estimaciones globales que oscilan entre el 3,8 y el 25% en todos los países, con estimaciones de tasas de prevalencia de hasta el 70% en personas con enfermedades crónicas (5). Es importante conocer qué factores de riesgo cardiovascular elevados, como hipertensión arterial, una mayor tasa de enfermedades cardiovasculares y mortalidad prematura se asocian con la aparición de TA6.

Entre los estudiantes universitarios debido a tres preocupaciones principales, que son: el rendimiento académico, la presión para tener éxito y los planes posteriores a la graduación. En relación con la enfermería; los exámenes estrictos, la presión continua para alcanzar un alto promedio de calificaciones, las relaciones interpersonales complejas, los desafíos del entorno clínico y el cuidado de pacientes crónicos y terminales, son factores que producen ansiedad en los estudiantes de esta carrera8.

Según una encuesta realizada entre la población de más de 15 años en 2020 en España por el INE, un 5,4% de la población tiene algún tipo de cuadro depresivo o ansioso (2,1 millones de personas), de los cuales 230.000 casos se consideran graves. Además, la prevalencia en mujeres (7,1%) duplica a la de los hombres (3,5%)9.

Como se ha mencionado anteriormente, la ansiedad aumentó por la pandemia de Covid-19 y en concreto, en estudiantes universitarios expuestos a él, aún más. Vivir en áreas urbanas junto con los padres fueron factores protectores contra la ansiedad. Sin embargo, tener familiares o conocidos infectados de Covid-19, tener una situación económica inestable y sufrir retrasos en las actividades académicas se asociaron a tener mayor ansiedad10.

La ansiedad es un trastorno de salud mental que cada vez está aumentando más, pero también está cobrando mayor visibilidad, por lo que debemos seguir en esta línea, fomentando la educación y conocimiento de la población acerca de este trastorno y cómo actuar ante él.

CONTENIDO:

La ansiedad en su nivel fisiológico es positiva para las personas. Nos avisa de un peligro real o imaginario. Se traduce en síntomas físicos o fisiológicos para nosotros poder decidir si luchar o huir del peligro.

Sin embargo, es importante distinguirla de la ansiedad patológica, ya que esta se basa en una valoración irreal o distorsionada de la amenaza. Cuando la ansiedad es muy severa y aguda, puede llegar a paralizar al individuo, transformándose en pánico11.

Los síntomas característicos son: palpitaciones o aceleración de la frecuencia cardiaca, sudoración, temblores, sensación de asfixia o dificultad para respirar, sensación de ahogo, dolor o molestias en el tórax, sensación de entumecimiento u hormigueo, náuseas, mareo, inestabilidad. También pueden aparecer escalofríos, sensación de calor, desrealización o despersonalización y miedo a perder el control o a “volverse loco” o miedo a morir.

Resulta fundamental para el personal de enfermería poder identificar precozmente los síntomas del ataque o crisis de ansiedad para poder actuar con rapidez y poder paliar la situación en la que se encuentra el paciente. Del mismo modo es necesario educar a los pacientes sobre los síntomas para reconocer el cuadro y aplicar las herramientas que les proporcionen los profesionales.

Ante un cuadro de ansiedad aguda, cuando se presente sintomatología leve o moderada, se debe optar por un enfoque conservador, utilizando técnicas de relajación y tratando de tranquilizar al paciente12. La observación del paciente es importante para valorar e identificar el estado de ánimo, signos y síntomas físicos de ansiedad13.

En primer lugar, es primordial conocer el conflicto y sintomatología del paciente para realizar un diagnóstico y actividades de enfermería adecuadas. Se lleva a cabo una entrevista en la cual predomine la empatía, calidez, respeto, privacidad y comodidad, tiene que sentir que lo escuchan, aceptan y apoyan, esto puede ayudar a que el paciente no se aísle y provocar una disminución de la intensidad de los síntomas14 El objetivo de esta será valorar su estado actual e identificar los factores que desencadenan la respuesta ansiosa del paciente13. Seguidamente, analizar las dimensiones del problema. Indagar sobre el pasado para conocer los factores que condujeron al estado de ansiedad actual. valorar el presente que implica preguntas de “quién, qué, dónde. cuando, cómo…”, se requiere saber qué pasó, quién está implicado… y el futuro, identificar cuáles son las dificultades de la persona e incluso de su familia. En tercer lugar, sondear posibles situaciones. Identificar tanto soluciones inmediatas como tardías. Es importante aceptar las estrategias de afrontamiento para reducir la ansiedad en lugar de intentar modificarlas. Consiste en llevar al paciente a tener alternativas, así como a analizar los obstáculos que pueden aparecer y que le generan ansiedad14. Como personal de enfermería, podríamos dar algunas pautas que ayudan a minimizar la ansiedad en algunas personas como: realizar trabajos manuales, evitar alcohol, tabaco o cualquier sustancia adictiva o irritante, escuchar música relajante, practicar ejercicio que relaje como natación, salir a caminar, comer con calma y sin prisas siguiendo una alimentación equilibrada y saludable, dormir y descansar bien, masajes relajantes13.

La socialización es imprescindible en nuestra vida cotidiana para sentirse conectado con lo que nos rodea, pero el conectar con nosotros/as mismas también es importante por lo tanto Otras estrategias que podríamos implantar en nuestra rutina o incluso para reducir nuestro nivel de ansiedad en alguna crisis son las terapias alternativas como la meditación, los masajes relajantes, el yoga, el mindfulness. Lo que nos ayuda a conseguir que nuestra conciencia se relaje y no elabore juicios de nuestras sensaciones, sentimientos o pensamientos.

Los cambios en el estilo de vida como puede ser el mantener una alimentación equilibrada y saludable resultan fundamentales para ayudarnos a marcar una diferencia en el estado de ánimo y mejorar nuestra sensación de bienestar. No existen cambios alimentarios que puedan curar la ansiedad, pero prestar atención a lo que se come puede ayudar. Es recomendable no tener prisa a la hora de comer sino tomarnos nuestro tiempo con calma, incluir alimentos frescos y saludables evitando ultra procesados, comida rápida y preparada.

Por último, acompañar en la ejecución de pasos concretos. Ayudar a la persona a ejecutar una acción específica, con el objetivo de dar el mejor paso en la situación en la que se encuentra. Se debe tener una actitud facilitadora en la que se ayuda a tratar la ansiedad13. Tener en cuenta que, en caso de aumento de la sintomatología, se opta por la utilización de tratamiento farmacológico, preferentemente de acción rápida12.

Los agentes farmacológicos más comunes son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, los inhibidores de la recaptación de serotonina-norepinefrina o las benzodiacepinas, la terapia cognitivo-conductual o una combinación de ambos. Si la ansiedad excede y comienza a afectar a la funcionalidad del paciente, se plantea la opción de un trastorno de ansiedad, para lo que se necesitará un tratamiento específico basado en terapia psicológica y farmacológica5.

CONCLUSIONES

La alta prevalencia de los trastornos de ansiedad los convierte en un problema a nivel global y por el que se debería trabajar de modo interdisciplinar para reducirlo. Es de gran importancia la relación terapéutica y el establecimiento de un vínculo para poder realizar una entrevista de utilidad y calidad. La detección precoz de los síntomas es determinante para una actuación precoz y efectiva por parte de los profesionales. Una vez detectados los síntomas se deberá identificar la dimensión del problema que produce la ansiedad y realizar recomendaciones adecuadas para minimizarla, como por ejemplo desviar la atención, realizar ejercicio físico, seguir una alimentación saludable…).

Por último y priorizando siempre el tratamiento no farmacológico y terapéutico, se puede combinar con tratamiento farmacológico en los casos en los que la ansiedad comienza a afectar a la funcionalidad del paciente a mayor nivel.

BIBLIOGRAFÍA

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