AUTORES
- Laura Bueno Aranda. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza. España.
- Ángel Fleta Gálvez. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza. España.
RESUMEN
El suicidio es un acto deliberado mediante el cual una persona pone fin a su vida, motivado por un sufrimiento emocional insoportable. Es un fenómeno complejo y multifactorial que constituye un grave problema de salud pública. Aunque la presencia de múltiples factores puede hacer que el suicidio sea predecible y prevenible, su ausencia no garantiza un riesgo nulo.
Una barrera importante es el estigma social, que dificulta que las personas busquen ayuda, sumado a las deficiencias en los servicios de atención. El registro detallado en la historia clínica electrónica facilita la continuidad y coordinación del seguimiento.
Para estandarizar la terminología y mejorar la comunicación clínica, se utiliza la nomenclatura internacional de Silverman et al., cuyas definiciones favorecen una atención más precisa y estructurada.
PALABRAS CLAVE
Suicidio, multifactorial, enfermería, nomenclatura.
ABSTRACT
Suicide is a deliberate act by which a person ends their own life, motivated by unbearable emotional suffering. It is a complex and multifactorial phenomenon that constitutes a serious public health problem. Although the presence of multiple factors may make suicide predictable and preventable, their absence does not guarantee zero risk.
An important barrier is social stigma, which makes it difficult for people to seek help, combined with deficiencies in care services. Detailed documentation in the electronic medical record facilitates continuity and coordination of treatment.
To standardize terminology and improve clinical communication, the international nomenclature by Silverman et al. is used, whose definitions promote more precise and structured care.
KEY WORDS
Suicide, multifactorial, nursing, nomenclature.
DESARROLLO DEL TEMA
Para este artículo monográfico se realizó una revisión bibliográfica consultando la base de datos de Cuiden y PubMed, escogiendo los artículos de mayor relevancia científica. Además de revisar las principales guías de práctica clínica de organizaciones de la salud con prestigio nacional e internacional.
El objetivo para este artículo monográfico fue:
- Concienciar sobre la magnitud del problema y aclarar que puede afectar a personas de cualquier edad, género y contexto.
- Resaltar la importancia de registrar información clínica detallada en la historia clínica electrónica para un adecuado seguimiento y continuidad en los cuidados del paciente.
- Proponer intervenciones enfocadas en la formación del personal sanitario para mejorar la detección y prevención del suicidio.
- Presentar la nomenclatura internacional de Silverman et al. como un estándar útil para una comunicación precisa, eficiente y coherente entre profesionales de la salud respecto al suicidio.
El suicidio se define como el acto de quitarse la vida, iniciado deliberadamente por el sujeto con el conocimiento o expectativa del resultado fatal, siendo esta la forma más extrema en la que la persona responde a una angustia insoportable1.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud más de 720.000 personas fallecen por suicidio cada año, sin contar con muchas más que lo intentan. En el 2021 fue la tercera causa de muerte entre los 15 y 29 años, aunque puede darse en cualquier entorno y lugar del mundo, independientemente de la edad, género y contexto socioeconómico de la persona2.
El suicidio se considera un problema de salud pública. Es multifactorial, en el que interaccionan factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales. También es dinámico, conforme avanzan los años, van aumentando los factores de riesgo y precipitantes, influyendo en el malestar y/o sufrimiento emocional de la persona3.
Puede ser predecible, ya que la conexión de ciertos factores asociados entre sí pueden aumentar la probabilidad de producirse. Conforme aumenta el número de factores, aumenta el riesgo. No obstante, la ausencia de estos no garantiza riesgo cero, por lo que resulta clave fomentar factores protectores.
Por eso es fundamental estar capacitado para poder detectar esos factores e intervenir para prevenirlo. Asimismo es crucial registrar toda la información en la historia clínica electrónica del paciente, ya que esto permite llevar un seguimiento adecuado, asegurar la coordinación entre profesionales y garantizar la continuidad de la atención4,5.
Actualmente, siguen existiendo obstáculos y dificultades para abordar el suicidio. La persona que piensan o trata en suicidarse es incapaz de solicitar ayudar por tratarse de un tema tabú y estigmatizado en muchas sociedades. Y si lo hace muchos servicios de salud no consiguen proporcionar una ayuda adecuada y eficaz2,6.
Para progresar en su prevención, hay intervenciones basadas en la evidencia de bajo coste que pueden realizarse a tiempo. Formar adecuadamente al personal sanitario, proporcionándoles una serie de conocimientos y herramientas de utilidad para ser capaces de detectar factores de riesgo de suicidio, puede ayudar a salvar vidas. Su prevención es más eficaz cuando hay una colaboración global2,4.
La nomenclatura internacional establecida por Silverman et al. es la que presenta mayor similitud con la terminología comúnmente utilizada en las historias clínicas electrónicas de los pacientes. Esta nomenclatura se clasifica como un instrumento que favorece la comunicación precisa, eficiente y coherente entre los profesionales de la salud. Dicha nomenclatura se detalla a continuación:
- Ideación suicida: pensamientos sobre el suicidio (cogniciones).
- Comunicación suicida: cualquier acto interpersonal en el que se transmiten pensamientos, deseos o intencionalidad de acabar con la propia vida, sin que exista evidencia implícita o explícita de que este acto de comunicación suponga por sí mismo una conducta suicida. La comunicación suicida es un punto intermedio entre la ideación suicida y la conducta suicida. En esta categoría se incluyen aquellas comunicaciones verbales o no verbales, pueden tener intencionalidad pero no producen lesiones.
– Amenaza suicida: acto interpersonal, verbal o no verbal, que podría predecir una posible conducta suicida en un futuro cercano.
– Plan suicida: método con el que llevar a cabo una conducta potencialmente suicida.
- Conducta suicida: conducta potencialmente lesiva y autoinfligida. Puede abarcar desde no provocar lesiones, provocarlas de diferente gravedad e, incluso, producir la muerte. En ella hay evidencia, implícita o explícita, de que la persona desea utilizar la aparente intención de morir con alguna finalidad. O presenta algún grado, determinado o no, de la intención de acabar con su vida.
– Autolesión o gesto suicida: conducta potencialmente autolesiva para la que existe evidencia, implícita o explícita, de que la persona no tiene intención de matarse. La persona desea utilizar la aparente intencionalidad de morir con alguna finalidad. Este tipo de conducta puede resultar sin lesiones, con lesiones, o provocar la muerte (muerte autoinfligida no intencionada).
– Conducta suicida no determinada: conducta con grado indeterminado de intencionalidad suicida. Este tipo de conducta puede resultar sin lesiones, con lesiones, o causar la muerte (muerte autoinfligida con grado indeterminado de intencionalidad).
– Intento de suicidio: conducta potencialmente autolesiva sin resultado fatal, para la que existe evidencia, implícita o explícita, de intencionalidad de provocarse la muerte. Dicha conducta puede provocar o no lesiones.
– Suicidio: muerte autoinfligida con evidencia implícita o explícita de que la persona tenía intencionalidad de autoprovocarse la muerte7-9.
CONCLUSIÓN
A día de hoy persisten significativas barreras sociales y estructurales que dificultan la prevención del suicidio. El estigma cultural y el tabú que aún rodean este tema impiden que muchas personas busquen ayuda, mientras que la insuficiente preparación y/o recursos en los servicios de salud limitan o retrasan esa ayuda tan necesaria para los pacientes.
Uno de los principales avances en su prevención radica en la capacidad para reconocer patrones de riesgo y actuar de forma temprana. La formación del personal sanitario, especialmente en enfermería, es esencial para identificar señales de ideación o conducta suicida y para ofrecer intervenciones adecuadas. Además, registrar información detallada en las historias clínicas electrónicas facilita un seguimiento continuo y una coordinación eficaz en la atención al paciente. Requiere una estrategia integral, colaborativa y global, respaldada por personal capacitado y sistemas de salud preparados para actuar de forma oportuna.
BIBLIOGRAFÍA
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