Manejo integral de la artrosis y el papel de enfermería

21 julio 2026

 

AUTORES

  1. Pablo Gascón Sáez. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Lidia Fuertes Rubira. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. José Ricardo Sánchez Carbó. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Jennifer Polo Soriano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Beatriz Aguirre Tomás. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Jorge Almazán Mateo. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

 

RESUMEN

La artrosis es una patología crónica de carácter degenerativo caracterizada por la degradación progresiva del cartílago articular, acompañada de alteraciones en el hueso subcondral, que provoca dolor, rigidez y limitación funcional, afectando a la autonomía y la calidad de vida. Se trata de una enfermedad muy frecuente, especialmente a partir de los 50 años, con mayor prevalencia en mujeres y en personas con obesidad o sobrepeso, lo que hace necesario un abordaje integral y continuado.

El diagnóstico de la artrosis es principalmente clínico, basado en la anamnesis y la exploración física, con presencia de dolor mecánico, rigidez matutina breve y limitación funcional, apoyado en la radiografía simple donde pueden observarse el estrechamiento del espacio articular, osteofitos y esclerosis subcondral. Las medidas no farmacológicas constituyen la base del tratamiento, destacando la pérdida de peso, el ejercicio terapéutico y la educación sanitaria, ya que contribuyen a la disminución del dolor y a la mejora de la capacidad funcional y de la calidad de vida.

Además, la artrosis presenta un importante impacto psicosocial, relacionado con el dolor crónico, la limitación funcional y el aislamiento social, que pueden derivar en ansiedad o depresión. En este contexto, el papel de enfermería es fundamental en la educación para la salud, la promoción de hábitos de vida saludables, el fomento del autocuidado y el apoyo emocional, contribuyendo a mejorar la calidad de vida y la capacidad funcional de los pacientes.

PALABRAS CLAVE

Artrosis, tratamiento no farmacológico, ejercicio terapéutico, enfermería y calidad de vida.

ABSTRACT

Osteoarthritis is a chronic degenerative disease characterized by the progressive degradation of articular cartilage, accompanied by alterations in the subchondral bone, which leads to pain, stiffness, and functional limitation, affecting autonomy and quality of life. It is a very common condition, especially from the age of 50 onwards, with a higher prevalence in women and in individuals with obesity or overweight, making a comprehensive and continuous approach necessary.

The diagnosis of osteoarthritis is mainly clinical, based on medical history and physical examination, with the presence of mechanical pain, brief morning stiffness, and functional limitation, supported by simple radiography where joint space narrowing, osteophytes, and subchondral sclerosis can be observed. Non-pharmacological measures constitute the basis of treatment, highlighting weight loss, therapeutic exercise, and health education, as they contribute to pain reduction and improvement in functional capacity and quality of life.

Furthermore, osteoarthritis has a significant psychosocial impact, related to chronic pain, functional limitation, and social isolation, which may lead to anxiety or depression. In this context, the role of nursing is essential in health education, promotion of healthy lifestyle habits, encouragement of self-care, and emotional support, contributing to the improvement of patients’ quality of life and functional capacity.

KEY WORDS

Osteoarthritis, non-pharmacological treatment, therapeutic exercise, nursing, and quality of life.

INTRODUCCIÓN

La artrosis es una patología crónica de carácter degenerativo que se caracteriza por la degradación progresiva del cartílago articular, acompañada de alteraciones en el hueso subcondral y en otras estructuras de la articulación. Su evolución se asocia a dolor, rigidez y limitación funcional, afectando de manera significativa la autonomía y la calidad de vida de las personas que la padecen1,2.

En España, la carga de la artrosis es especialmente relevante dentro de las enfermedades musculoesqueléticas. De acuerdo con el estudio EPISER2016, aproximadamente tres de cada diez personas presentan artrosis sintomática en alguna de las localizaciones más habituales. La prevalencia fue del 13,83% para la artrosis de rodilla, del 7,73% para la de mano y del 5,13% para la de cadera. Asimismo, la enfermedad está directamente relacionada con la edad, siendo más frecuente a partir de los 50 años, y afecta en mayor medida a las mujeres, especialmente tras la menopausia, así como a las personas con obesidad o sobrepeso2,3.

Dada su elevada prevalencia y el importante impacto funcional, social y económico que genera, la artrosis requiere un abordaje integral y continuado.

Enfermería desempeña un papel fundamental en la educación para la salud, promoción de hábitos de vida saludables, fomento de la adherencia terapéutica y apoyo al autocuidado, contribuyendo a mejorar la calidad de vida y la capacidad funcional de los pacientes3.

OBJETIVOS

Objetivo general:

  • Describir el manejo integral de la artrosis, con especial atención al papel de enfermería.

 

Objetivos específicos:

  • Identificar las características clínicas y factores de riesgo de la artrosis.
  • Analizar las principales medidas no farmacológicas en su tratamiento.
  • Valorar la importancia de la educación sanitaria y el autocuidado.
  • Reconocer el impacto psicosocial de la enfermedad.

 

METODOLOGÍA

El presente trabajo se basa en una revisión bibliográfica narrativa orientada a analizar el manejo integral de la artrosis y el papel de enfermería en su abordaje.

La pregunta de investigación se estructuró siguiendo el modelo PICO:

• P (Paciente/Problema): Personas adultas con artrosis.

• I (Intervención): Medidas no farmacológicas (ejercicio terapéutico, pérdida de peso y educación sanitaria).

• C (Comparación): Ausencia de estas intervenciones o tratamiento habitual.

• O (Resultados): Disminución del dolor, mejora de la capacidad funcional y de la calidad de vida.

A partir de esta estructura, se planteó la siguiente pregunta de investigación:

¿En personas adultas con artrosis, la aplicación de medidas no farmacológicas, en comparación con la ausencia de estas intervenciones, mejora el dolor, la funcionalidad y la calidad de vida?

La búsqueda bibliográfica se realizó en bases de datos científicas como PubMed, CINAHL, Scopus y Google Académico, utilizando palabras clave previamente consultadas a los descriptores en Ciencias de la salud (DeCS) como “artrosis, tratamiento no farmacológico, ejercicio terapéutico, enfermería y calidad de vida”, combinadas mediante operadores booleanos (AND, OR).

Se incluyeron artículos publicados en los últimos 10 años, en español e inglés, centrados en población adulta. Se excluyeron estudios duplicados, aquellos con acceso restringido y los que no se ajustaban al objetivo del estudio.

Finalmente, se llevó a cabo un análisis cualitativo de la información seleccionada, sintetizando los hallazgos más relevantes para la elaboración del presente trabajo.

 

DESARROLLO

Fisiopatología de la artrosis:

La artrosis es un proceso multifactorial caracterizado por una serie de cambios estructurales en la articulación:

  • Degeneración del cartílago articular: pérdida progresiva de su elasticidad y capacidad amortiguadora (fisuras y desgaste)2,3,4.
  • Alteraciones del hueso subcondral: esclerosis, microfracturas y cambios en la distribución de cargas.
  • Inflamación de bajo grado: participación de mediadores inflamatorios que contribuyen al dolor y a la progresión del daño.
  • Formación de osteofitos: crecimiento óseo en los márgenes articulares que limita la movilidad y favorece la deformidad3,4.

 

Factores de riesgo:

Los factores de riesgo asociados a la artrosis pueden clasificarse en modificables y no modificables:

Factores no modificables:

  • Edad avanzada: principal factor de riesgo, con aumento progresivo de la prevalencia a partir de los 50 años.
  • Sexo femenino: mayor frecuencia, especialmente tras la menopausia.
  • Factores genéticos: predisposición hereditaria que influye en la aparición y localización de la enfermedad2,3.

 

Factores modificables:

  • Obesidad: incrementa la carga mecánica sobre las articulaciones, especialmente en rodillas y caderas.
  • Sobrecarga mecánica: actividades laborales o deportivas que implican movimientos repetitivos o carga excesiva.
  • Lesiones previas: traumatismos articulares que favorecen el desarrollo precoz de artrosis4,5.

 

Manifestaciones clínicas:

Se caracterizan por un inicio progresivo y una evolución crónica:

  • Dolor mecánico: empeora con la actividad y mejora con el reposo, siendo el síntoma principal.
  • Rigidez matutina: de corta duración, generalmente inferior a 30 minutos.
  • Limitación funcional: dificultad para realizar actividades de la vida diaria, que progresa con la enfermedad.
  • Crepitación: sensación o ruido de “roce” al movilizar la articulación.
  • Deformidad articular: presente en fases avanzadas, asociada a cambios estructurales.

 

Es importante diferenciar la artrosis de las artritis inflamatorias, en las que el dolor suele aparecer en reposo, la rigidez matutina es más prolongada y pueden existir signos inflamatorios más evidentes, como tumefacción o aumento de la temperatura local1,5.

Diagnóstico:

El diagnóstico de la artrosis es principalmente clínico, basado en la anamnesis y la exploración física.

  • Diagnóstico clínico: presencia de dolor mecánico, rigidez matutina breve y limitación funcional.
  • Radiografía simple: prueba de elección como apoyo diagnóstico.
  • Estrechamiento del espacio articular: disminución del espacio entre los huesos por el desgaste del cartílago1,4.
  • Osteofitos: pequeños “picos” o crecimientos óseos que aparecen en los bordes de la articulación.
  • Esclerosis subcondral: endurecimiento del hueso que está justo debajo del cartílago debido al desgaste y la sobrecarga5.
  • Analítica: no existe una prueba específica; se utiliza para descartar otras patologías, especialmente inflamatorias2,3.

 

Es importante destacar que no siempre existe correlación entre los hallazgos radiológicos y la clínica, pudiendo observarse imágenes avanzadas con escasos síntomas o dolor significativo con cambios mínimos5.

Tratamiento no farmacológico

Las medidas no farmacológicas son la base del tratamiento de la artrosis.

Contribuyen al alivio del dolor y a la mejora funcional.

Pérdida de peso:

El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo importantes en la artrosis, especialmente en las articulaciones de carga como rodillas y caderas. La reducción del peso corporal disminuye la sobrecarga mecánica sobre las articulaciones, lo que se traduce en una reducción del dolor y una mejora de la función.

Enfermería puede intervenir mediante el asesoramiento nutricional básico, el seguimiento del peso y la motivación del paciente para mantener cambios sostenidos en el estilo de vida2,4,5.

Ejercicio terapéutico (fuerza, aeróbico y movilidad):

El ejercicio físico es una de las intervenciones más eficaces en el tratamiento de la artrosis. Debe ser regular, adaptado a las capacidades del paciente y combinar diferentes modalidades:

  • Ejercicios de fortalecimiento muscular, que mejoran la estabilidad articular.
  • Ejercicio aeróbico, que contribuye a la salud cardiovascular y al control del peso.
  • Ejercicios de movilidad y flexibilidad, que ayudan a mantener el rango articular.

 

El papel de enfermería incluye la educación sobre la importancia del ejercicio, la promoción de la adherencia y la coordinación con fisioterapia cuando sea necesario 1,3,4.

Fisioterapia:

La fisioterapia complementa el tratamiento mediante técnicas específicas dirigidas a reducir el dolor, mejorar la movilidad y fortalecer la musculatura. Incluye ejercicios terapéuticos, terapia manual y otras intervenciones adaptadas a cada paciente.

Enfermería colabora en la derivación, seguimiento y refuerzo de las pautas indicadas por el fisioterapeuta.

Uso de ayudas técnicas:

Las ayudas técnicas, como bastones, andadores, plantillas u ortesis, permiten reducir la carga sobre las articulaciones afectadas y mejorar la seguridad y la autonomía del paciente.

El personal de enfermería tiene un papel importante en la valoración de necesidades, la educación sobre el uso correcto de estos dispositivos y la prevención de caídas 1,2,4,5.

Termoterapia:

La aplicación de calor o frío puede ser útil para el alivio sintomático del dolor. El calor suele emplearse para reducir la rigidez articular y mejorar la movilidad, mientras que el frío puede ser útil en fases inflamatorias o tras la actividad física.

Enfermería debe instruir al paciente sobre la aplicación adecuada, la duración y las precauciones para evitar lesiones cutáneas3.

 

Prevención y promoción de la salud

La prevención de la artrosis y la promoción de la salud musculoesquelética son fundamentales para reducir la incidencia de la enfermedad y retrasar su progresión. Estas estrategias deben iniciarse desde edades tempranas y mantenerse a lo largo de toda la vida, fomentando hábitos saludables y minimizando los factores de riesgo modificables1,4.

Ejercicio desde edades tempranas:

La práctica regular de actividad física desde la infancia y la adolescencia contribuye al desarrollo adecuado del sistema musculoesquelético, fortaleciendo músculos, ligamentos y articulaciones. El ejercicio mejora la estabilidad articular, favorece la correcta alineación biomecánica y reduce el riesgo de lesiones futuras. Además, ayuda a instaurar hábitos de vida saludables que se mantienen en la edad adulta. Se recomienda la combinación de ejercicio aeróbico, de fuerza y de coordinación, adaptado a cada etapa de la vida2,3.

Control del peso:

El mantenimiento de un peso corporal adecuado es uno de los factores más importantes en la prevención de la artrosis, especialmente en articulaciones de carga como rodillas y caderas. El exceso de peso incrementa la sobrecarga mecánica articular y favorece procesos inflamatorios que aceleran la degeneración del cartílago. La adopción de una dieta equilibrada junto con la actividad física regular resulta clave para prevenir la obesidad y sus consecuencias. Enfermería desempeña un papel relevante en la educación nutricional y en el seguimiento de estos pacientes3,4,5.

Ergonomía laboral:

Las condiciones de trabajo influyen de manera significativa en la salud articular. La adopción de medidas ergonómicas adecuadas permite reducir la sobrecarga mecánica y prevenir lesiones articulares. Entre estas medidas destacan la correcta postura, la adaptación del puesto de trabajo, el uso de herramientas adecuadas y la realización de pausas activas durante la jornada laboral. Es especialmente importante en trabajos que implican movimientos repetitivos, manipulación de cargas o posturas forzadas. La educación en ergonomía es una herramienta preventiva esencial2,3.

Envejecimiento activo:

El envejecimiento activo promueve la participación continua en actividades físicas, sociales y cognitivas, con el objetivo de mantener la autonomía y la calidad de vida en las personas mayores. La actividad física regular en esta etapa ayuda a preservar la masa muscular, la movilidad articular y el equilibrio, reduciendo el riesgo de caídas y discapacidad. Además, favorece el bienestar psicológico y social. La intervención de enfermería es clave para fomentar estos hábitos, adaptar las recomendaciones a cada individuo y promover programas comunitarios de actividad física1.

 

Repercusión psicosocial:

La artrosis no solo afecta a nivel físico, sino que tiene un importante impacto psicosocial que repercute en la calidad de vida de quienes la padecen. La evolución crónica de la enfermedad, junto con el dolor persistente y la limitación funcional, puede condicionar el bienestar emocional, las relaciones sociales y la autonomía del paciente3,4.

Limitación funcional:

La progresiva pérdida de movilidad y la dificultad para realizar actividades básicas de la vida diaria, como caminar, vestirse o subir escaleras, generan dependencia y disminuyen la autonomía personal. Esta situación puede provocar frustración, sensación de inutilidad y pérdida de autoestima, especialmente en fases avanzadas de la enfermedad.

Dolor crónico:

El dolor es el síntoma principal de la artrosis y, cuando se cronifica, tiene un impacto significativo en la esfera emocional. Puede alterar el sueño, reducir la tolerancia al esfuerzo y generar irritabilidad, fatiga y disminución de la capacidad de concentración. Además, el dolor persistente contribuye al desarrollo de ansiedad y afecta negativamente al estado de ánimo2,3,4,5.

Riesgo de depresión:

Las limitaciones físicas, el dolor continuo y la pérdida de independencia aumentan el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo, especialmente depresión. Este riesgo es mayor en personas mayores, en pacientes con escaso apoyo social o en aquellos con enfermedad avanzada. La detección precoz de síntomas depresivos resulta fundamental para intervenir de forma adecuada.

Aislamiento social:

La disminución de la movilidad y el miedo al dolor pueden llevar al paciente a reducir su participación en actividades sociales y recreativas. Este aislamiento favorece la soledad, el deterioro emocional y una menor calidad de vida. Además, la falta de interacción social puede agravar los síntomas psicológicos y dificultar la adherencia al tratamiento.

En este contexto, el papel de enfermería es esencial en la valoración integral del paciente, incluyendo aspectos físicos, emocionales y sociales. La educación sanitaria, el apoyo emocional, la promoción de la participación social y la coordinación con otros profesionales son fundamentales para mitigar el impacto psicosocial de la artrosis3,5.

CONCLUSIONES

  • La artrosis es una enfermedad muy frecuente y con gran impacto en la calidad de vida, sobre todo en personas mayores, por lo que requiere un abordaje continuo y global.
  • Se han identificado sus principales características clínicas y factores de riesgo, destacando la edad, el sexo femenino y la obesidad como elementos clave en su desarrollo.
  • Las medidas no farmacológicas (ejercicio, pérdida de peso y educación sanitaria) son la base del tratamiento, ya que mejoran el dolor, la funcionalidad y ayudan a frenar la progresión de la enfermedad.
  • La educación para la salud y el fomento del autocuidado son fundamentales, ya que permiten al paciente implicarse en su tratamiento y mantener hábitos saludables a largo plazo.
  • El impacto psicosocial es importante: el dolor crónico, la limitación funcional y el aislamiento afectan al bienestar emocional, por lo que no debe centrarse solo en lo físico.
  • El papel de enfermería es clave en todo el proceso, no solo en el cuidado físico, sino también en la educación, el apoyo emocional y la mejora de la calidad de vida del paciente.

 

BIBLIOGRAFÍA

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