Osteosarcopenia en el adulto mayor: ejercicio físico, prevención de caídas y papel de enfermería en el medio rural. Artículo monográfico

12 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Natalia Vega Doñate Torán. Enfermera en el CRP San Juan de Dios, Teruel. España.
  2. Alba Jarque Fuertes. Enfermera en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
  3. Candela Abril Rubio. Enfermera en el Centro de Salud de Calamocha. Teruel. España.
  4. Sara Lázaro Mora. Enfermera en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
  5. Benjamín Civera Domingo. Enfermero en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.

RESUMEN

La osteosarcopenia es un síndrome geriátrico caracterizado por la coexistencia de sarcopenia y osteoporosis, asociado a mayor fragilidad, caídas, fracturas y pérdida de autonomía. El objetivo de este artículo monográfico es sintetizar las principales estrategias no farmacológicas para preservar la salud muscular y ósea en las personas mayores, con especial atención al ejercicio, la nutrición, la prevención de caídas y el papel de enfermería en el medio rural. Se realizó una revisión bibliográfica en PubMed y ScienceDirect, priorizando revisiones sistemáticas, guías, ensayos clínicos y estudios de intervención en población de 65 años o más. La evidencia revisada apoya especialmente el ejercicio multicomponente, que combina fuerza, equilibrio y actividad aeróbica con progresión individualizada y continuidad en el tiempo. La alimentación debe asegurar un aporte suficiente de proteínas, calcio y vitamina D, evitando suplementaciones innecesarias. En los entornos rurales, las dificultades de transporte y el menor acceso a programas supervisados refuerzan la utilidad de la atención primaria, el ejercicio domiciliario y los recursos comunitarios. Enfermería desempeña un papel relevante en la detección de riesgos, la valoración funcional, la educación sanitaria, el seguimiento y la coordinación de cuidados.

PALABRAS CLAVE

Sarcopenia, osteoporosis, ejercicio físico, anciano, salud rural, enfermería.

ABSTRACT

Osteosarcopenia is a geriatric syndrome characterized by the coexistence of sarcopenia and osteoporosis and is associated with increased frailty, falls, fractures and loss of independence. The aim of this monographic article is to summarize the main non-pharmacological strategies for preserving muscle and bone health in older adults, with particular attention to exercise, nutrition, fall prevention and the role of nursing in rural settings. A literature review was conducted in PubMed and ScienceDirect, prioritizing systematic reviews, guidelines, clinical trials and intervention studies involving people aged 65 years or older. The reviewed evidence particularly supports multicomponent exercise combining strength, balance and aerobic activity, with individualized progression and long-term continuity. Nutrition should ensure adequate protein, calcium and vitamin D intake while avoiding unnecessary supplementation. In rural settings, transport difficulties and limited access to supervised programmes increase the value of primary care, home-based exercise and community resources. Nursing plays an important role in risk detection, functional assessment, health education, follow-up and care coordination.

KEY WORDS

Sarcopenia, osteoporosis, exercise, aged, rural health, nursing.

INTRODUCCIÓN

El envejecimiento de la población se acompaña de un aumento de enfermedades crónicas y síndromes geriátricos que afectan a la movilidad, la independencia y la calidad de vida. Entre ellos se encuentra la osteosarcopenia, término utilizado para describir la coexistencia de osteoporosis y sarcopenia. La osteoporosis se relaciona con la disminución de la densidad y calidad ósea, mientras que la sarcopenia se caracteriza por la pérdida progresiva de fuerza, masa y función muscular. Aunque tradicionalmente se han estudiado por separado, ambos procesos comparten mecanismos biológicos y factores de riesgo y pueden aparecer simultáneamente en una misma persona1,2.

La relación entre músculo y hueso es tanto mecánica como metabólica. La contracción muscular genera estímulos sobre el tejido óseo que favorecen su remodelado, mientras que ambos tejidos se comunican mediante diferentes mediadores. Por ello, la pérdida de fuerza y masa muscular puede reducir los estímulos que recibe el hueso y, al mismo tiempo, el deterioro óseo puede limitar la actividad física por dolor, miedo a caer o antecedentes de fractura. Esta asociación ayuda a explicar por qué la osteosarcopenia se relaciona con una mayor frecuencia de fragilidad, alteración del equilibrio, caídas, fracturas y pérdida de capacidad funcional1-3.

La edad avanzada y el sexo femenino tras la menopausia son factores no modificables importantes, pero existen otros sobre los que sí es posible intervenir. La inactividad física, el exceso de tiempo sedentario y una alimentación insuficiente o desequilibrada pueden contribuir al deterioro musculoesquelético2,4,5. Por este motivo, las estrategias preventivas deben comenzar antes de que aparezca una limitación funcional grave y combinar actividad física, educación sanitaria, prevención de caídas y una alimentación adecuada.

El problema adquiere características particulares en el medio rural. La dispersión geográfica, las dificultades de transporte, la menor disponibilidad de actividades dirigidas y el envejecimiento de muchas zonas pueden limitar el acceso a intervenciones continuadas. Al mismo tiempo, la atención primaria y los recursos comunitarios pueden facilitar intervenciones cercanas y adaptadas a las necesidades reales de la población. Este enfoque resulta especialmente relevante en entornos rurales con población envejecida y menor disponibilidad de recursos asistenciales o comunitarios.

OBJETIVO

Analizar la evidencia disponible sobre las principales estrategias no farmacológicas para prevenir o reducir el deterioro óseo y muscular en personas mayores, destacando el ejercicio físico multicomponente, la prevención de caídas, la alimentación, la adherencia y el papel de enfermería, con especial atención a su aplicación en entornos rurales.

METODOLOGÍA

Para la elaboración de este artículo monográfico se realizó una revisión bibliográfica. La búsqueda se llevó a cabo durante los meses de enero y febrero de 2026 en PubMed y ScienceDirect. Se combinaron términos relacionados con osteosarcopenia, sarcopenia, osteoporosis, ejercicio terapéutico, actividad física, entrenamiento multicomponente, fuerza, equilibrio, atención primaria, comunidad y personas mayores.

Se priorizaron publicaciones de los diez años previos, en español o inglés, centradas en población de 65 años o más y con intervenciones o recomendaciones relacionadas con ejercicio, salud musculoesquelética, prevención de caídas o aplicación comunitaria. Se incluyeron revisiones sistemáticas, guías de práctica clínica, ensayos clínicos y estudios de intervención. La búsqueda identificó 247 registros en PubMed, de los cuales 92 permanecieron tras la aplicación de filtros, y 76 registros en ScienceDirect. Tras el cribado y la valoración de la aplicabilidad de los estudios se seleccionaron 12 publicaciones principales. Para este manuscrito se conservaron las fuentes que aportaban información directamente relacionada con el objetivo del artículo y se añadieron documentos institucionales para contextualizar las caídas, el envejecimiento y el medio rural.

DESARROLLO

Osteosarcopenia y factores modificables:

La osteosarcopenia combina el deterioro de la función muscular y de la salud ósea, dos procesos estrechamente relacionados desde el punto de vista mecánico y metabólico. Cuando disminuyen la fuerza y la movilidad también se reduce el estímulo sobre el hueso, mientras que la fragilidad ósea, el dolor o el miedo a una fractura pueden favorecer una menor actividad. Esta interacción aumenta la vulnerabilidad frente a fragilidad, caídas, fracturas y pérdida de capacidad funcional1-3.

Entre los factores modificables destacan la inactividad física, el exceso de tiempo sedentario y los hábitos nutricionales inadecuados4,5. Reducir los periodos prolongados de inactividad es importante incluso en personas que realizan alguna sesión de ejercicio, ya que el sedentarismo mantenido se relaciona con peor salud muscular. Además, el miedo a caer puede generar una restricción progresiva de la actividad y contribuir a un círculo de pérdida de fuerza y autonomía. Las caídas continúan siendo una causa relevante de lesión y discapacidad en la población mayor6.

La valoración funcional permite detectar cambios antes de que aparezca una dependencia marcada. Herramientas como la Short Physical Performance Battery (SPPB), que integra equilibrio, velocidad de la marcha y capacidad para levantarse de una silla, pueden utilizarse para objetivar el rendimiento de las extremidades inferiores y seguir su evolución7.

Ejercicio multicomponente y adherencia:

El ejercicio es una de las principales intervenciones no farmacológicas frente al deterioro musculoesquelético. La evidencia favorece los programas multicomponente frente a las recomendaciones genéricas de actividad, combinando entrenamiento de fuerza, equilibrio y trabajo aeróbico4,8-10. La fuerza resulta esencial para mantener la función muscular y aportar carga mecánica al hueso; el equilibrio y el entrenamiento funcional reducen la inestabilidad y el miedo a caer; y el componente aeróbico complementa estos efectos al favorecer la movilidad y la capacidad cardiorrespiratoria.

La intensidad y la progresión deben adaptarse al estado funcional, la fragilidad, las comorbilidades y la experiencia previa. Los modelos de ejercicio multicomponente basados en una valoración inicial permiten ajustar fuerza, equilibrio, resistencia y flexibilidad con criterios de seguridad9-11. En personas con mayor limitación puede ser necesario comenzar con supervisión profesional y avanzar hacia actividades domiciliarias cuando la ejecución sea segura.

Los programas revisados muestran que la continuidad es tan importante como el tipo de ejercicio. Las intervenciones que combinan ejercicio y educación nutricional pueden mejorar la fuerza, la marcha y el rendimiento físico, mientras que los cambios relacionados con la densidad mineral ósea suelen requerir periodos más prolongados y una carga mecánica suficiente12,13. Los programas comunitarios también indican que un mayor cumplimiento se asocia con mejores resultados percibidos y mayor conocimiento sobre la enfermedad14.

Por ello, la adherencia debe considerarse parte de la intervención. La supervisión inicial, los objetivos realistas, la progresión gradual, el registro de actividad, la retroalimentación, el apoyo entre iguales y la combinación de sesiones presenciales con ejercicio domiciliario pueden facilitar la continuidad11-14. También es necesario identificar barreras como dolor, miedo, falta de confianza, dificultades de transporte o ausencia de apoyo.

Nutrición y prevención de caídas:

La actividad física debe acompañarse de una alimentación suficiente y equilibrada. Un aporte adecuado de proteínas contribuye al mantenimiento de la masa muscular, mientras que el calcio y la vitamina D son relevantes para la salud ósea2,4,10. La suplementación no debe indicarse de forma sistemática: debe individualizarse según la dieta, la presencia de déficits, las comorbilidades y la valoración clínica. Desde enfermería resulta útil detectar pérdida de peso, falta de apetito o dificultades para comprar y preparar alimentos.

La prevención de caídas requiere un enfoque más amplio que el ejercicio aislado. Deben revisarse factores modificables como el calzado, los obstáculos en el domicilio, las alteraciones visuales, la hipotensión, determinados fármacos y el miedo a caer6,10. La valoración funcional mediante SPPB y, cuando sea necesario, mediante escalas de confianza o temor a las caídas puede ayudar a orientar el seguimiento7,8. En las personas con riesgo elevado, la intervención debe ser multidimensional y coordinada con otros profesionales.

Aplicación en el medio rural y papel de enfermería:

En el medio rural, la dispersión geográfica, la menor disponibilidad de transporte y la oferta limitada de programas supervisados pueden dificultar la continuidad de estas intervenciones. La evidencia procedente de programas comunitarios de prevención de fracturas muestra la necesidad de adaptar las actuaciones a los recursos sanitarios y comunitarios disponibles15. Una estrategia viable puede combinar seguimiento periódico en atención primaria, ejercicio domiciliario y actividades en instalaciones municipales o espacios comunitarios.

La enfermería de atención primaria puede identificar de forma precoz a personas con riesgo de deterioro funcional mediante la valoración de antecedentes de caídas o fracturas, actividad física, alimentación, cambios de peso, fuerza, movilidad, miedo a caer y apoyo social. Ante fragilidad, dolor persistente, fracturas previas o limitación funcional importante debe facilitarse la valoración médica y multidisciplinar correspondiente16.

La educación sanitaria debe ir más allá de recomendar simplemente “hacer ejercicio”. Es necesario explicar la utilidad del trabajo de fuerza y equilibrio, enseñar una progresión segura, reforzar la adherencia y detectar problemas que obliguen a modificar el plan. En el medio rural, enfermería también puede coordinar a la persona, la familia, atención primaria y los recursos comunitarios. El seguimiento mediante variables sencillas, como actividad habitual, caídas, velocidad de la marcha, capacidad para levantarse de una silla o evolución de la SPPB, permite valorar si la intervención se mantiene y si precisa ajustes7,11,16.

CONCLUSIONES

La osteosarcopenia aumenta la vulnerabilidad de las personas mayores al combinar deterioro muscular y óseo. Entre las medidas no farmacológicas, el ejercicio multicomponente constituye la estrategia con mayor utilidad práctica, especialmente cuando integra fuerza, equilibrio y actividad aeróbica, se adapta a la capacidad funcional y se mantiene en el tiempo. Una alimentación adecuada y la prevención individualizada de caídas deben formar parte del mismo abordaje.

En los entornos rurales, la continuidad puede verse limitada por el transporte y la menor disponibilidad de programas supervisados. La combinación de atención primaria, ejercicio domiciliario y recursos comunitarios permite trasladar estas recomendaciones a intervenciones más accesibles. Enfermería desempeña un papel central en la detección de riesgos, la educación sanitaria, el seguimiento de la adherencia, la valoración funcional y la coordinación con otros profesionales.

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