Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.38.37.001
AUTORES
- Yorgi Alejandro Ramirez Godoy. Licenciado en Enfermería Universidad Técnica de Ambato, Licenciado en Enfermería, Ambato Ecuador.
- Luis Osvaldo Faringthon Reyes. Universidad de Guadalajara, Gerente Cirugía Vascular Endovascular, Hospital José María Cabral y Báez, Santiago, República Dominicana.
RESUMEN
Las lesiones por presión (LPP) constituyen un evento adverso de gran magnitud en la atención sanitaria global, impactando negativamente la calidad de vida de los pacientes y generando una carga económica sustancial para los sistemas de salud. La prevención se erige como la estrategia más eficaz y ética para su abordaje. Este artículo desarrolla un análisis exhaustivo sobre la integración de las nuevas tecnologías de superficie en los protocolos de prevención de LPP y examina en profundidad la efectividad y centralidad del rol de enfermería en la gestión de estas innovaciones. Se realiza una revisión detallada de las tecnologías emergentes, abarcando desde superficies de apoyo estáticas avanzadas y sistemas dinámicos de alivio de presión, hasta plataformas de «camas inteligentes» con monitorización mediante sensores. Se argumenta que, si bien la tecnología proporciona herramientas potentes para la redistribución de la presión y el control del microclima, su máximo potencial sólo se alcanza a través de la aplicación del proceso de atención de enfermería: una valoración experta y multifactorial del riesgo, una toma de decisiones clínicas informada para la selección del dispositivo, una implementación meticulosa y una monitorización continua. La sinergia entre la tecnología avanzada y una práctica de enfermería crítica, reflexiva y basada en la mejor evidencia disponible es fundamental para reducir la incidencia de LPP, optimizar los resultados en salud y mejorar la seguridad y calidad del cuidado al paciente.
PALABRAS CLAVE
Lesiones por presión, úlcera por presión, prevención, tecnologías de superficie, superficies especiales para el manejo de la presión (SEMP), rol de enfermería, seguridad del paciente, innovación en salud.
ABSTRACT
Pressure injuries (PI) represent a major adverse event in global healthcare, negatively impacting patients’ quality of life and generating a substantial economic burden for health systems. Prevention emerges as the most effective and ethical strategy for addressing this issue. This article provides a comprehensive analysis of the integration of new surface technologies into PI prevention protocols and examines in depth the effectiveness and central role of nursing in managing these innovations. A detailed review of emerging technologies is presented, ranging from advanced static support surfaces and dynamic pressure-relieving systems to “smart bed” platforms with sensor-based monitoring. It is argued that, although technology provides powerful tools for pressure redistribution and microclimate control, its full potential is only achieved through the application of the nursing care process: expert and multifactorial risk assessment, informed clinical decision-making for device selection, meticulous implementation, and continuous monitoring. The synergy between advanced technology and critical, reflective, evidence-based nursing practice is essential to reduce the incidence of PI, optimize health outcomes, and enhance patient safety and quality of care.
KEY WORDS
Pressure injuries, pressure ulcers, prevention, surface technologies, special surfaces for pressure management (SSPM), nursing role, patient safety, health innovation.
INTRODUCCIÓN
Las lesiones por presión (LPP), definidas como un daño localizado en la piel y/o tejidos subyacentes como resultado de una presión intensa y prolongada o de la combinación de esta con fuerzas de cizallamiento, representan uno de los problemas más persistentes y desafiantes de la atención sanitaria moderna1. Su prevalencia, aunque variable según el entorno asistencial, sigue siendo alarmantemente alta, especialmente en poblaciones vulnerables como los adultos mayores, los pacientes en unidades de cuidados críticos, aquellos con lesiones medulares o con enfermedades crónicas que limitan la movilidad2. Más allá de ser una simple herida, una LPP es un indicador de sufrimiento para el paciente, asociándose a dolor crónico, infecciones graves como celulitis, osteomielitis e incluso sepsis3, y a un deterioro significativo de la calidad de vida y del estado funcional y psicológico.
Desde una perspectiva económica, el impacto es igualmente devastador. El tratamiento de una LPP es exponencialmente más costoso que su prevención4, consumiendo una cantidad considerable de recursos sanitarios, incluyendo tiempo del personal, materiales de cura, fármacos, y en casos graves, costosas intervenciones quirúrgicas. Esta realidad posiciona a la prevención no sólo como un imperativo ético y clínico, sino también como una estrategia de eficiencia económica para las instituciones de salud.
Tradicionalmente, el pilar de la prevención ha recaído en intervenciones de enfermería fundamentales, como la valoración sistemática del riesgo, los cambios posturales programados, la inspección meticulosa de la piel, la gestión de la incontinencia y la optimización nutricional. Si bien estas prácticas continúan siendo el núcleo del cuidado preventivo, el siglo XXI ha traído consigo una revolución tecnológica que ofrece nuevas y potentes herramientas. Las tecnologías de superficie han evolucionado desde simples colchones de espuma a complejos sistemas de alivio de presión que pueden adaptarse en tiempo real a las necesidades del paciente5.
Este artículo se adentra en este nuevo paradigma, buscando analizar de forma crítica y detallada la efectividad real de estas tecnologías de superficie emergentes. De manera central, se propone dilucidar y reafirmar el rol insustituible y potenciado del profesional de enfermería. La enfermera no es una mera operadora de dispositivos, sino la gestora clínica que, a través de su juicio y conocimiento, integra la tecnología en un plan de cuidados individualizado, garantizando que la innovación se traduzca en resultados tangibles para la seguridad y el bienestar del paciente6.
OBJETIVOS
Objetivo general:
Analizar de manera exhaustiva la efectividad de las nuevas tecnologías de superficie en la prevención de lesiones por presión, contextualizando y profundizando en el papel fundamental e irremplazable del personal de enfermería en la selección, implementación, monitorización y optimización de su uso clínico.
Objetivos específicos:
- Describir en detalle la clasificación, mecanismos de acción y avances tecnológicos de las superficies emergentes para el manejo de la presión (SEMP).
- Evaluar críticamente la evidencia científica disponible sobre la eficacia y costo-efectividad de estas tecnologías en la reducción de la incidencia de LPP en diferentes poblaciones de riesgo.
- Definir y desglosar las competencias y responsabilidades específicas del rol de enfermería en cada fase del uso de las nuevas tecnologías de superficie, desde la valoración inicial hasta la evaluación de los resultados.
- Identificar y discutir los desafíos prácticos, éticos y económicos, así como las oportunidades de mejora que la integración de estas tecnologías presenta para la práctica clínica de enfermería y las organizaciones sanitarias.
MÉTODO
Se ha realizado una revisión bibliográfica integradora y narrativa para fundamentar este artículo. La estrategia de búsqueda se diseñó para capturar una amplia gama de literatura relevante y actualizada. Se consultaron bases de datos electrónicas de prestigio internacional en ciencias de la salud, tales como PubMed/MEDLINE, CINAHL (Cumulative Index to Nursing and Allied Health Literature), Scopus, Web of Science y SciELO. La búsqueda se estructuró utilizando una combinación de descriptores DeCS/MeSH (Descriptores en Ciencias de la Salud / Medical Subject Headings) y términos libres. Los términos clave incluyeron: «Pressure Ulcer», «Pressure Injury», «Prevention & Control», «Support Surfaces», «Smart Beds», «Sensor Technology», «Nursing Role», «Patient Safety» y sus equivalentes en español.
Los criterios de inclusión para la selección de artículos fueron:
- Publicaciones de los últimos 10 años (2015-2025) para asegurar la relevancia y actualidad de la tecnología discutida.
- Tipos de estudio: revisiones sistemáticas con o sin metaanálisis, ensayos clínicos controlados y aleatorizados (ECA), guías de práctica clínica de consenso internacional (como las del NPIAP/EPUAP/PPPIA), estudios observacionales de alta calidad y artículos de revisión.
- Artículos que abordarán específicamente la relación entre una tecnología de superficie y la prevención de LPP, o que analizaran el rol de enfermería en este contexto.
- Idiomas: se priorizaron artículos en inglés y español.
Como criterios de exclusión se descartaron: reportes de casos únicos, cartas al editor, editoriales y estudios centrados exclusivamente en el tratamiento de LPP ya establecidas sin abordar la prevención, o aquellos que no evaluaran el uso de superficies de apoyo.
El proceso de selección implicó una revisión inicial por título y resumen, seguida de una lectura a texto completo de los artículos preseleccionados para determinar su elegibilidad final. La información extraída fue categorizada, analizada y sintetizada para construir una argumentación coherente que diera respuesta a los objetivos planteados.
RESULTADOS
La evidencia científica consolidada confirma que la utilización de SEMP es una piedra angular en la prevención de LPP, superior a los colchones hospitalarios estándar, especialmente en pacientes con riesgo moderado a muy alto. Los resultados de esta revisión se estructuran en dos ejes interconectados: las tecnologías y su mecanismo, y el rol de enfermería como factor clave de efectividad.
Nuevas Tecnologías de Superficie: Mecanismos y Avances:
Las innovaciones tecnológicas han diversificado las opciones, permitiendo una intervención más precisa sobre los factores de riesgo extrínsecos.
- Superficies Estáticas Avanzadas: Estos sistemas no requieren una fuente de energía externa. Su principio es la redistribución de la presión mediante la inmersión (el cuerpo se hunde en la superficie) y la envoltura (la superficie se amolda al contorno del cuerpo).
- Espumas Viscoelásticas de Alta Especificación: Las nuevas generaciones de espuma no solo reaccionan a la presión, sino también a la temperatura corporal, ablandándose para adaptarse perfectamente a la anatomía del paciente. Incorporan cortes geométricos complejos (castellated, en forma de cubo o canal) que mejoran la ventilación y reducen las fuerzas de cizalla.
- Geles y Fluidos Viscosos: Integrados en cojines o como una capa superior en colchones, estos materiales tienen una alta capacidad para redistribuir la presión de manera uniforme y disipar el calor, mejorando el control del microclima.
- Combinaciones Híbridas (Estático-Dinámicas): Algunos colchones integran una base de espuma con una capa superior de celdas de aire autoajustables que responden a la presión sin necesidad de un motor externo, ofreciendo un soporte reactivo7,8,9.
- Superficies Dinámicas (Sistemas Activos): Requieren una unidad de control externa y energía para funcionar. Su principio es el alivio de la presión, eliminándola por completo diferentes áreas del cuerpo de forma secuencial.
- Sistemas de Presión Alternante: Son el estándar de oro en muchos entornos de alto riesgo. Las celdas de aire se organizan en ciclos (p. ej., A-B o A-B-C), de modo que mientras un grupo de celdas está inflado soportando el peso, el otro se desinfla, permitiendo la reperfusión capilar en el tejido suprayacente. Los sistemas modernos permiten personalizar el tiempo del ciclo, los niveles de presión y tienen modos de «cuidado» o «transporte».
- Sistemas de Baja Pérdida de Aire (Low Air Loss – LAL): Su objetivo principal es el control del microclima. Un flujo constante de aire se expulsa a través de diminutas perforaciones en la superficie del colchón. Este aire ayuda a disipar el calor y la humedad de la piel del paciente, manteniéndola seca y reduciendo el riesgo de maceración. A menudo, la función LAL se combina con la presión alternante.
- Terapia de Rotación Lateral Continua: Estas camas especializadas rotan al paciente de forma programada y automática a lo largo de un eje longitudinal hasta 40 grados o más. Aunque su indicación principal es la terapia pulmonar, también ofrecen un alivio de presión significativo y continuo8,5,2.
- Tecnologías Inteligentes y de Sensores (Plataformas Conectadas): Representan la vanguardia en la prevención.
- Mapeo de Presión en Tiempo Real: Las «camas inteligentes» están equipadas con una matriz de sensores (malla sensora) que detecta y muestra visualmente la distribución de la presión en una pantalla. Esto permite al personal de enfermería identificar «puntos calientes» de alta presión de inmediato y reposicionar al paciente con una precisión milimétrica.
- Ajuste Automático y Continuo (Closed-Loop Systems): Los sistemas más avanzados utilizan los datos del mapeo de presión para ajustar automáticamente el inflado de las celdas de aire en esa zona específica, creando un entorno de presión óptima y personalizada que se adapta a cada movimiento del paciente.
- Alertas de Movilidad y Protocolos Integrados: Estas camas pueden programarse para alertar al personal si un paciente no ha cambiado de posición en un período establecido, funcionando como un recordatorio para el cumplimiento de los protocolos de reposicionamiento. También pueden detectar si un paciente está intentando salir de la cama, mejorando la prevención de caídas.
- Monitorización del Microclima: Sensores de temperatura y humedad integrados en la funda del colchón proporcionan datos objetivos sobre las condiciones de la piel, alertando cuando los umbrales de riesgo son superados1,4,6.
Efectividad del Rol de Enfermería: El Factor Humano en la Era Tecnológica:
La tecnología más sofisticada puede fracasar si no es gestionada por un profesional competente. La efectividad de las SEMP depende críticamente de la intervención de enfermería en varias etapas:
- Valoración Holística y Estratificación Precisa del Riesgo: El primer paso es una valoración integral que va más allá de la simple aplicación de una escala como Braden. La enfermera evalúa la movilidad y actividad del paciente, el estado de perfusión tisular, la presencia de comorbilidades (diabetes, enfermedad vascular), el estado nutricional e hídrico, la continencia y, crucialmente, el estado de la piel. Esta valoración permite no solo estratificar el riesgo (alto, moderado, bajo), sino también comprender por qué el paciente está en riesgo, lo que guía la elección de la superficie.
- Selección Informada de la Superficie (Matching): La decisión no es «la cama más cara para el paciente más grave». La enfermera debe hacer un «matching» entre las necesidades del paciente y las características de la superficie. Por ejemplo:
- Un paciente con alto riesgo pero que puede reposicionarse parcialmente podría beneficiarse de una superficie estática avanzada.
- Un paciente inmóvil, sedado y con inestabilidad hemodinámica requiere una superficie dinámica de presión alternante.
- Un paciente con sudoración profusa o fiebre se beneficiará enormemente de una función LAL.
- Un paciente con LPP existentes en múltiples sitios puede ser candidato a una cama de terapia fluidificada. La selección también considera el confort del paciente, sus objetivos de rehabilitación (una superficie muy blanda puede dificultar la movilización) y el costo-efectividad.
- Implementación, Configuración y Verificación: La enfermera es responsable de asegurar que el dispositivo esté correctamente instalado. En los sistemas dinámicos, debe introducir el peso y la altura del paciente para que la unidad de control calcule la presión de inflado adecuada. Es fundamental realizar una verificación manual («hand check») para asegurar que hay un espacio adecuado entre la prominencia ósea (ej. sacro) y la base del colchón desinflado. Una configuración incorrecta puede convertir una herramienta terapéutica en una iatrogenia.
- Integración con los Cuidados Fundamentales (Bundles de Prevención): La tecnología no anula los cuidados básicos. La enfermera integra el uso de la SEMP dentro de un «bundle» o paquete de medidas preventivas:
- Plan de Reposicionamiento: Aunque las superficies dinámicas alargan los intervalos, los cambios de posición siguen siendo necesarios para aliviar la presión en zonas que la tecnología no cubre completamente y para prevenir otras complicaciones de la inmovilidad.
- Cuidado de la Piel: Inspección diaria de las prominencias óseas, limpieza con productos de pH neutro y manejo proactivo de la humedad.
- Soporte Nutricional: Colaboración con nutricionistas para asegurar un aporte adecuado de proteínas, vitaminas y minerales.
- Monitorización y Evaluación Continua: El estado del paciente es dinámico. La enfermera reevalúa el riesgo periódicamente y monitoriza la respuesta a la superficie. Los datos de las camas inteligentes deben ser interpretados críticamente. Una alerta no es solo una tarea a realizar, sino un dato clínico que requiere análisis: ¿Por qué hay un pico de presión? ¿Es por la posición, un objeto en la cama, un cambio en la condición del paciente?
- Educación y Empoderamiento: La enfermera educa al paciente (si su estado lo permite) y a su familia sobre la importancia de la prevención, cómo usar los controles de la cama, y cómo participar activamente en la movilización y el cuidado de la piel.
DISCUSIÓN
La transición hacia un modelo preventivo de LPP tecnológicamente asistido es innegable y positiva. La evidencia, como la recopilada en la revisión Cochrane de McInnes et al., apoya el uso de SEMP sobre superficies estándar. Las tecnologías inteligentes, aunque con una base de evidencia aún en crecimiento, prometen llevar la prevención a un nuevo nivel de personalización y proactividad, como sugieren revisiones recientes sobre «smart beds».
Sin embargo, esta transición no está exenta de desafíos significativos. El principal es el riesgo de la «deshumanización tecnológica». Existe la tentación de confiar ciegamente en la máquina, delegando la vigilancia y el juicio clínico a los algoritmos. Esto puede llevar a una falsa sensación de seguridad, donde se ignoran factores que los sensores no pueden medir, como el cizallamiento sutil, la presión de dispositivos médicos (sondas, catéteres) o el estado emocional del paciente. La discusión debe centrarse en cómo usar la tecnología para aumentar la capacidad clínica de la enfermera, no para reemplazarla. Los datos de los sensores deben ser vistos como un «quinto signo vital» para la piel, que informa, pero no dicta, la decisión final de la enfermera.
Otro punto crítico es la implementación institucional. La adquisición de estas tecnologías representa una inversión inicial considerable. Las administraciones hospitalarias necesitan ver análisis de costo-efectividad robustos que demuestran que el gasto en camas avanzadas se traduce en ahorros a largo plazo al reducir las tasas de LPP y los costos de tratamiento asociados. Sin embargo, más allá de la compra, se requiere una inversión sostenida en formación y capacitación. El personal de enfermería debe sentirse competente y seguro en el manejo de múltiples modelos de camas y superficies, entendiendo no solo «qué botón apretar», sino el «porqué» clínico detrás de cada función.
Desde una perspectiva ética, se debe asegurar un acceso equitativo a estas tecnologías. La asignación de superficies avanzadas no debe basarse en la unidad del hospital o el estatus del paciente, sino estrictamente en la valoración del riesgo clínico. Los protocolos institucionales claros, gestionados por enfermería, son cruciales para garantizar esta equidad.
Las oportunidades que se abren son inmensas. La recolección masiva de datos de presión y microclima de las camas inteligentes podría ser utilizada para la investigación, aplicando técnicas de machine learning para desarrollar algoritmos predictivos que identifiquen a los pacientes en riesgo incluso antes de que las escalas tradicionales lo hagan. La enfermería está en una posición única para liderar esta investigación, conectando los datos brutos con los resultados clínicos observados10,11,12.
CONCLUSIONES
Las nuevas tecnologías de superficie han transformado radicalmente el panorama de la prevención de lesiones por presión, ofreciendo herramientas sofisticadas que permiten intervenciones personalizadas, proactivas y basadas en datos. La evidencia respalda su eficacia en la reducción de la incidencia de LPP, estableciéndose como un componente esencial del cuidado moderno.
Sin embargo, este análisis subraya de manera inequívoca que la tecnología por sí sola es insuficiente. La efectividad de cualquier dispositivo, por avanzado que sea, está intrínsecamente mediada por la pericia, el juicio crítico y la atención holística del personal de enfermería. El rol de la enfermera se magnifica en este nuevo entorno, evolucionando desde la ejecución de tareas manuales repetitivas hacia una gestión clínica de alto nivel. Este rol incluye la valoración experta que trasciende las escalas, la toma de decisiones complejas sobre la asignación de recursos tecnológicos, la integración de datos de sensores en un plan de cuidados integral y la educación del paciente y la familia.
En conclusión, la estrategia más avanzada y efectiva para la prevención de las LPP no reside en la elección entre tecnología y cuidado humano, sino en la sinergia deliberada y bien gestionada de ambos. Las instituciones sanitarias deben invertir de manera equilibrada, no solo en la adquisición de tecnología de punta, sino, y de forma primordial, en la formación, el empoderamiento y el reconocimiento del personal de enfermería como el eje central y garante de la seguridad y la calidad del cuidado en la prevención de este evitable daño al paciente.
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