- Silvia Pérez Ortiz. Graduada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Isabel Shengyin de la Parra Colom. Graduada en Enfermería. Aragón, España.
- Alba Moliner Gil. Graduada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Laura Murillo Eito. Graduada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Zhasmina Ivanova Ivanova. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
El síndrome de piernas inquietas (SPI), también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno neurológico que se manifiesta por una necesidad intensa e incontrolable de mover las piernas debido a sensaciones incómodas como cosquilleo, tirones o descargas eléctricas. Estas molestias aparecen principalmente en reposo, sobre todo por la tarde y la noche, y mejoran de manera temporal con el movimiento. La causa exacta es desconocida, aunque se relaciona con factores genéticos, presentes en hasta un 63% de los casos, y con condiciones como déficit de hierro, insuficiencia renal, artritis reumatoide, Parkinson, hipotiroidismo o apnea del sueño. También algunos fármacos pueden desencadenar o agravar el cuadro. Durante el embarazo afecta aproximadamente al 19% de las mujeres, resolviéndose habitualmente tras el parto. Los síntomas suelen provocar insomnio, somnolencia diurna y, en casos persistentes, ansiedad o depresión. La prevalencia global oscila entre el 5% y el 15%, siendo más frecuente en mujeres y aumentando con la edad. El diagnóstico es clínico y el tratamiento combina medidas higiénico-dietéticas con fármacos dopaminérgicos en los casos más graves.
PALABRAS CLAVE
Síndrome de piernas inquietas, trastornos del sueño, dopamina, déficit de hierro, actividad motora, calidad de vida.
ABSTRACT
Restless legs syndrome (RLS), also known as Willis–Ekbom disease, is a neurological disorder characterized by an intense and uncontrollable urge to move the legs due to unpleasant sensations such as tingling, pulling, or electric shocks. These symptoms mainly occur at rest, especially in the evening and at night, and are temporarily relieved by movement. The exact cause remains unknown, but genetic factors play an important role, being present in up to 63% of cases. RLS is also associated with conditions such as iron deficiency, chronic kidney disease, rheumatoid arthritis, Parkinson’s disease, hypothyroidism, and sleep apnea. Certain medications may trigger or worsen symptoms. During pregnancy, it affects around 19% of women and usually resolves after childbirth. Symptoms frequently lead to insomnia, excessive daytime sleepiness, and, in persistent cases, anxiety or depression. Overall prevalence ranges between 5% and 15%, with a higher incidence in women and a tendency to increase with age. Diagnosis is clinical, and treatment combines lifestyle measures with dopaminergic drugs in more severe cases.
KEY WORDS
Restless legs syndrome, sleep disorders, dopamine, iron deficiency, motor activity, quality of life.
DESARROLLO DEL TEMA
El síndrome de piernas inquietas (RLS, por sus siglas en inglés) es un trastorno neurológico que provoca la necesidad intensa e incontrolable de mover las piernas. Estas sensaciones se pueden llamar parestesias o disestesias y varían de desagradables a irritantes o incluso dolorosas1. Estas, se alivian solo por un tiempo al moverlas, caminar o estirarse. Este síndrome se llama también enfermedad de Willis-Ekbom (RLS/WED), hace que la incomodidad reaparezca al poco tiempo de parar el movimiento2.
Suele ocurrir por la tarde o por la noche cuando estas sentado o tumbado. Empieza a cualquier edad y con el paso de los años tiende a empeorar3.
ETIOLOGÍA Y FISIOPATOLOGÍA:
No se conoce. Se distinguen formas idiopáticas y sintomáticas secundarias a otras patologías. En muchos casos es familiar, entre un 30 y un 63%, lo que hace pensar en una susceptibilidad genética con varios loci implicados4. El SPI no se asocia a una causa clara y una pequeña parte son secundarios a otros trastornos como el déficit de hierro, artritis reumatoide y la insuficiencia renal crónica. Además, algunos fármacos como inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS), antidepresivos tricíclicos (ATD) o fármacos antagonistas dopaminérgicos, pueden inducir o agravar la sintomatología, siendo así esta disfunción dopaminérgica central uno de los mecanismos involucrados más aceptados4.
Por otra parte, el SPI puede presentarse en mujeres embarazadas en aproximadamente un 19% de los casos, aunque suele desaparecer después del parto. También la falta de hierro puede provocar este trastorno al interferir con la función de los receptores dopaminérgicos. Además, pueden interferir la hipoglucemia, hipotiroidismo, el Parkinson y el síndrome de apnea/hipoapnea1
SÍNTOMAS:
La necesidad de mover las piernas, es el principal síntoma. Estos movimientos son las mioclonías nocturnas que se caracterizan por movimientos de flexión de las EEII por la rodilla y el tobillo además de la extensión del dedo grueso y relajación lenta. Es habitual la sensación de incomodidad durante el descanso tras haber estado acostado o sentado durante periodos largos de tiempo como en el coche o en el cine3.
La sensación del síndrome disminuye con el movimiento como al estirarse, sacudir las piernas o caminar. Y suele darse en la parte inferior de las piernas y puede durar 1 hora o más2.
La noche es el momento del día en el que más aparecen los síntomas, aunque a veces ocurren durante el día 2. Este síndrome puede estar asociado al movimiento periódico de las piernas durante el sueño, una afección más común que produce la agitación de las piernas y patadas durante el sueño.
En los brazos es menos común que se presenten estos síntomas y suele ocurrir a ambos lados del cuerpo.
Cosquilleo, hormigueo, tirones, sensación pulsátil, dolor, picazón y choque eléctrico son algunas de las sensaciones del síndrome. Cabe destacar que se sienten dentro de las piernas y no en la piel. A veces los síntomas mejoran y empeoran por periodos.
El estrés o una alteración emocional, pueden empeorar los síntomas. La falta de sueño producida por los síntomas, pueden llevar a manifestar somnolencia diurna, ansiedad o depresión, confusión y dificultad para pensar con claridad2.
En torno a un 80% de los pacientes tienen asociado un trastorno motor1.
Con el tratamiento dopaminérgico se da un efecto adverso específico que es la augmentación, que se manifiesta como síntomas más intensos, aparición más temprana en el día y la extensión de estos a brazos u otras partes del cuerpo. Es un fenómeno dosis-dependiente y más frecuente en antagonistas dopaminérgicos de acción corta por lo que en el tratamiento se prefieren como primera línea los ligandos alfa-2-delta como la gabapentina o la pregabalina, esto conlleva una limitación del tratamiento4,5.
PREVALENCIA:
El SPI es una patología frecuente, estudios realizados en Europa y EEUU cuentan con cifras que oscilan entre el 5 y el 15%. Aumenta con la edad y en mujeres con una relación 2:1 respecto a los hombres1.
DIAGNÓSTICO:
Su diagnóstico es clínico, en 1995, fueron identificados los cuatro criterios básicos para su diagnóstico según el Grupo Internacional de Estudio sobre el síndrome de las Piernas Inquietas. También puede apoyarse por la presencia de movimientos periódicos de piernas y a la respuesta a fármacos dopaminérgicos.
Algunos de los criterios diagnósticos para identificar el síndrome son, el deseo de mover las extremidades, a menudo asociado a parestesias y disestesias, síntomas que empeoran o sólo están presentes durante el reposo o que se alivian parcialmente con la actividad y por último inquietud motriz y empeoramiento nocturno de los síntomas.
Además, para un mejor diagnóstico se evalúan los siguientes puntos,
1. Anamnesis:
- El diagnóstico es clínico.
- Fundamental realizar una anamnesis meticulosa, evaluando:
- Características de los síntomas
- Hábitos dietéticos
- Afectación del sueño
- Información de compañero/a de cama, antecedentes familiares, medicación, etc.
2. Exploración física:
- Medición de:
- Tensión arterial
- Peso
- Estado general de miembros inferiores
- Exploración neurológica básica
- Fuerza muscular
- Reflejos
- Sensibilidad cutánea
3. Exploraciones complementarias:
- Determinaciones analíticas:
- VSG (velocidad de sedimentación globular)
- Ferritina
- Hierro
- Transferrina
- Magnesio
- Ácido fólico
- Vitamina E
- Función renal
- Glucemia
- Tirotropina
- Pruebas reumáticas, etc.
- Estudio polisomnográfico:
-
- No es necesario para el diagnóstico.
- El sueño pasa de fase lento profundo a una fase más ligera → el paciente se despierta, el sueño no es reparador.
- Aligeramiento de fase REM
- Complejos K-alfa
- La polisomnografía no es útil para el diagnóstico salvo resistencia al tratamiento.
- Es útil cuando hay coexistencia con PLMS (movimientos bruscos mioclónicos e involuntarios de una pierna durante el sueño que acompañan al SPI).
Cabe destacar la importancia del diagnóstico diferencial con patologías como los calambres nocturnos de piernas, la acatisia y la neuropatía periférica entre otras1.
CAUSAS, FACTORES DE RIESGO Y FACTOR HEREDITARIO:
Aunque el SPI puede desarrollarse a cualquier edad, su comienzo es más frecuente a mediana edad y en mujeres. Aunque se desconoce su causa, es habitual su transmisión de forma hereditaria y los niveles bajos de hierro en el cerebro también podrían ser los responsables.
Además, los ganglios basales utilizan la dopamina para producir actividad y movimientos musculares. La alteración de la dopamina suele producir movimientos involuntarios. De esta forma quienes padecen Parkinson tendrán mayor riesgo de desarrollar el síndrome6.
COMPLICACIONES:
Los síntomas pueden llegar a tener repercusiones en la vida de las personas, produciendo dificultad para dormir, llegando a afectar a la calidad de vida y generar depresión.
La falta de sueño al no poder dormir, produce somnolencia diurna excesiva que a causa de este síndrome no se puede aliviar durmiendo la siesta3.
TRATAMIENTO:
Encontramos el tratamiento farmacológico y el no farmacológico.
En cuanto al no farmacológico, en primer lugar, encontramos unas medidas específicas. Se suele llevar a cabo en pacientes con sintomatología leve o moderada. Destacan una buena higiene de sueño, la realización de actividad física aeróbica durante el día, mojarse las piernas con agua fría antes de acostarse, evitar la cafeína, alcohol y el tabaco y controlar el hierro, manteniendo los niveles de ferritina ppor encima de 75 ug/L y la saturación de transferrina (TSAT) por encima de los 20%1,7.
En cuanto a las medidas farmacológicas destacan los fármacos dopaminérgicos, la levodopa es la referencia y el riesgo asociado es el rebote de los síntomas. También se utilizan los antagonistas dopaminérgicos, principalmente los no ergóticos como el Pramipexol y el Ropinirol. Además, se utilizan las benzodiacepinas para el control del insomnio asociado1. Frente a la problemática de la augmentación causada por los dopaminérgicos, los ligandos alfa-2-delta deben ser la primera elección en RLS persistente salvo contraindicación o ma.la tolerancia7.
El efecto adverso más común al tratamiento es la potenciación o augmentación mencionada anteriormente. Se presenta con el uso de todos los agentes dopaminérgicos, alcanzando su máximo con la levodopa y su mínimo con rotigotina. Para controlar esto, se puede retrasar la toma de la medicación, probar con otro con vida media más larga o aumentar la dosis del fármaco recetado.
Otros efectos adversos de los agentes dopaminérgicos son los trastornos del control de impulsos (TCI) que incluye comportamiento obsesivo-compulsivo, hipersexualidad, atracones, ludopatía, consumo excesivo de alcohol y compras compulsivas. Cuando se manifiestan, se debe intentar un tratamiento no dopaminérgico si no se soluciona con reducirlo8.
RECOMENDACIONES PARA CONVIVIR CON EL SPI:
- Descartar un origen farmacológico.
- Conocer la historia familiar por su predisposición hereditaria.
- Establecer horario de sueño regular.
- Seguir una dieta rica en hierro.
- No abusar del café, tomar menos de tres cafés o bebidas con cafeína al día.
- Abandonar alcohol y tabaco.
- Hacer ejercicio físico de forma regular para favorecer así el descanso nocturno.
- Baños de agua caliente o fría, masajes y técnicas de relajación.
- Controlar los niveles de hierro con análisis de sangre9.
Según la Asociación Española de Síndrome de Piernas Inquietas, recomiendan hablar sobre el SPI con su entorno, no intentar suprimir la necesidad de moverse, escribir un diario del sueño (registro de medicamentos y estrategias), mantener la mente ocupada, estar de pie mientras trabaja o lee, hacer estiramientos al empezar y acabar el día y por último unirse a grupos de apoyo10.
Se necesitan nuevos tratamientos ya que las terapias actuales controlan los síntomas pero no modifican la enfermedad. Enfoques genéticos, metabólicos e inmunológicos pueden ser de utilidad para la investigación del SPI.
BIBLIOGRAFÍA
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