AUTORES
- María Castiella Sanjoaquín. Enfermera. Centro de Salud Delicias Sur, Zaragoza, España.
- Luna Rosa Bellosta López. Enfermera EIR pediatría. Hospital clínico universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Natalia Muñoz Agudo. Enfermera. Urgencias Hospital Clínico universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Marina Margeli Martin. Enfermera. CRP Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza, España.
- Paula Palacín Sales. Enfermera. Centro de Salud Fernando el Católico. Zaragoza, España.
- Erika López Alcain. Enfermera. Servicio de radiología en el Hospital Royo Villanova, Zaragoza, España.
RESUMEN
El acoso escolar es un problema de salud pública con graves repercusiones físicas, mentales y sociales en niños, niñas y adolescentes. En España, diversos estudios han evidenciado su alta prevalencia en las aulas y sus consecuencias a corto y largo plazo. El bullying puede ser de varios tipos: físico, verbal, social y digital, pero todos ellos tienen un impacto negativo en el rendimiento escolar, la autoestima y la salud mental de los menores, aumentando el riesgo de ideación suicida o suicidio.
Ante esta realidad, el personal de enfermería juega un rol esencial no solo en la atención sanitaria de las víctimas, sino también en la prevención y detección temprana. Desde su posición en centros escolares y atención primaria, las enfermeras participan activamente en la identificación de señales de alarma, la orientación a familias y docentes, y la implementación de estrategias educativas que promuevan la convivencia y la salud emocional. Su labor, centrada tanto en el menor como en su entorno, atiende las consecuencias del acoso, pero también previene su aparición mediante la promoción de valores como el respeto, la empatía y la gestión de conflictos. De esta forma, contribuye a la creación de un espacio seguro donde los niños aprendan sin violencias ni acosos.
PALABRAS CLAVE
Bullying, suicidio, adolescentes, niños, colegio, enfermería.
ABSTRACT
School bullying is a public health issue with serious physical, mental, and social consequences for children and adolescents. In Spain, various studies have shown its high prevalence in classrooms and its short- and long-term effects. Bullying can take several forms—physical, verbal, social, and digital—but all types negatively impact academic performance, self-esteem, and mental health, increasing the risk of suicidal ideation or suicide.
In response to this reality, nursing professionals play a vital role not only in providing health care to victims but also in prevention and early detection. From their positions in schools and primary care settings, nurses are actively involved in identifying warning signs, guiding families and educators, and implementing educational strategies that foster coexistence and emotional well-being. Their work, focused both on the child and their environment, addresses the consequences of bullying while also preventing its occurrence through the promotion of values such as respect, empathy, and conflict resolution. In doing so, they contribute to creating a safe space where children can learn free from violence and harassment.
KEY WORDS
Bullying, suicide, teenagers, children, school, nursing.
DESARROLLO DEL TEMA
El acoso escolar, es un problema de salud pública mundial devastador. Entre sus consecuencias cabe mencionar el aislamiento social, abandono de estudios y ambiente de ansiedad, miedo e inseguridad. Además, tiene una repercusión muy significativa en la salud mental de los jóvenes, su calidad de vida y conductas de riesgo, ya que los adolescentes, niños o niñas que sufren acoso tienen el doble de probabilidades de haber tenido ideas suicidas que los que no sufren de estas prácticas1. La definición para esta violencia que sigue vigente hoy en día y fue desarrollada por el psicólogo noruego Olweus, pionero en el estudio del bullying desde los años 70, es la siguiente: “un estudiante es acosado o victimizado cuando está expuesto de manera repetitiva a acciones negativas por parte de uno o más estudiantes”. De forma más precisa, este fenómeno ocurre cuando se dan estos tres criterios: hay una intencionalidad de “querer hacer daño” por parte de los sujetos, se trata de acciones repetidas durante un periodo de tiempo y existe una relación interpersonal de desigualdad, real o percibida, en términos poder o fuerza2,3.
En España, se han realizado varios estudios a nivel nacional que estiman la incidencia y prevalencia del acoso escolar. Uno de los más relevantes que visibilizó por primera vez este problema, fue el Defensor del Pueblo en 1999. Dicho informe, actualizado en 2006 en colaboración con UNICEF, recogió datos sobre la frecuencia, tipología y consecuencias del maltrato entre iguales en la ESO4. En la misma línea de investigación, destaca también el Informe Cisneros X de 2006, dirigido por Iñaki Piñuel y Araceli Oñate, que amplió el análisis con una de las mayores muestras europeas hasta la fecha. Este estudio, profundizó en el impacto psicológico en las víctimas y la persistencia del problema en la etapa escolar5.
Frente a esta realidad, numerosos profesionales participan en la búsqueda de una solución, entre ellos, las enfermeras, quienes desempeñan un papel clave no solo en el ámbito asistencial, sino también en la prevención, detección precoz y acompañamiento de los menores afectados. Como profesionales de la enfermería, tenemos la responsabilidad de proteger los derechos de los niños, asegurando así un crecimiento digno y saludable6. Tanto las enfermeras escolares, como las de atención primaria, son imprescindibles para la detección y el seguimiento de las actuaciones sanitarias, ofreciendo una intervención temprana, fomentando la seguridad de los alumnos y colaborando con otros profesionales como profesores, médicos o psicólogos7,8.
En la actualidad en España, el acoso representa un problema frecuente y de gran gravedad que compromete el bienestar y desarrollo de niños, niñas y adolescentes. Según un estudio realizado en 2023 desde la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid, que contaba con 17 comunidades autónomas y 20622 estudiantes de primaria y ESO, se estimó que la prevalencia de víctimas es de 6,2%, de acosadores el 2,1%, y espectadores el 16,3%. Esto se traduciría en casi dos víctimas y cinco espectadores por aula, y un acosador por cada dos clases aproximadamente9. Estas cifras reflejan la complejidad del fenómeno, que no solo implica a quienes sufren y ejercen la violencia, sino también al entorno que la presencia.
Otro dato a tener en cuenta es que el acoso escolar puede manifestarse de múltiples formas, que van más allá de la agresión física directa. Comprender los tipos de bullying es fundamental para detectar sus señales, abordarlo adecuadamente y adaptar las intervenciones desde todos los ámbitos, incluida la enfermería. Por lo tanto, las agresiones pueden ser clasificadas en físicas, verbales, relacionales de exclusión social, y digitales, también conocidas como cyberbullying3,10.
Las consecuencias que sufren las víctimas de estas agresiones debido a ellas son negativas tanto a corto como a largo plazo, ya que se pueden extender a lo largo de la vida adulta. Estas personas a nivel psicológico es más probable que sufran de síntomas depresivos, ansiedad, aislamiento y un descenso de la autoestima pudiendo llegar a la ideación suicida. Además, el acoso escolar también tiene consecuencias en el ambiente social y académico, ya que la víctima suele desarrollar introversión y aislamiento, lo que dificulta las relaciones y contribuye, junto con más factores, al absentismo escolar por evitar ir al colegio donde sufre esos abusos5,11.
La enfermería es una profesión clave tanto para la detección como la prevención de este tipo de casos mediante diversas estrategias a nivel primario, secundario y terciario. En el ámbito clínico, el personal de enfermería establece acciones de recuperación de la salud mediante la asistencia, pero se ha de destacar la importancia de crear planes de cuidado también en el entorno educativo y familiar. Estos planes deben enfocarse en detectar a tiempo los casos de acoso y brindar una atención inicial adecuada a los menores afectados. Sin embargo, hay que tener en cuenta que para ofrecer al niño o niña víctima de acoso una atención integral efectiva, es necesario que el profesional de enfermería no solo se centre en el menor afectado o el agresor, sino que incluya a su vez a la familia, profesorado, psicólogos y la comunidad educativa para crear una red de apoyo sólida que enfrente este problema. La figura de enfermería se convierte así en divulgadora de información entre los niños, padres y maestros, liderando campañas contra el acoso escolar y fomentando la salud mental infantil y juvenil, poniéndo énfasis en la resolución de conflictos, expresión de las emociones y el abordaje de los problemas de manera respetuosa12,13.
CONCLUSIONES
El acoso escolar causa en los niños, niñas y adolescentes numerosos problemas de salud tanto física como mental, pudiendo llegar a generar intentos de suicidio incluso la muerte. Sin embargo, se trata de un fenómeno prevenible mediante las adecuadas acciones coordinadas desde el ámbito educativo, sanitario y familiar. El papel de la enfermería es imprescindible para desarrollar acciones de prevención detectando factores de riesgo como la etnia, el género, el físico, el estrato social o la orientación sexual, entre otros, que puedan aumentar la vulnerabilidad de los menores a estar expuestos a situaciones de acoso. A través de la observación, el acompañamiento y la educación para la salud, el personal de enfermería contribuye activamente a la creación de entornos más seguros, inclusivos y saludables libres de cualquier forma de violencia o acoso.
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