AUTORES
- María Poves Ruiz. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Ángela Villellas Lacima. Enfermera Especialista en Salud Mental en el Hospital Universitario de Araba, Vitoria, España.
- Alba Ortiz Gómez. Enfermera Especialista en Salud Mental en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Maddi Fernández Goñi. Enfermera Especialista en Salud Mental en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Martina Ibáñez Baró. Enfermera Especialista en Pediatría en el Hospital Universitario Arnau de Vilanova, Lérida, España.
- Laura Tejerina Tejedo. Enfermera Especialista en Pediatría en el Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
RESUMEN
La retinopatía del prematuro (ROP) es una enfermedad vasoproliferativa de la retina inmadura y una causa importante de pérdida visual y ceguera infantil. Su fisiopatología es compleja y se relaciona con la inmadurez vascular de la retina, la alteración del equilibrio de oxígeno y la interacción de factores de crecimiento, inflamación, nutrición y desarrollo neurovascular. La evidencia revisada muestra que la edad gestacional es el principal factor asociado al desarrollo de ROP, mientras que la duración de la oxigenoterapia, la sepsis de aparición tardía y el peso a los 28 días son más relevantes en cuanto a su progresión. El diagnóstico temprano y los controles periódicos son fundamentales para prevenir la aparición de estadios avanzados hasta el desprendimiento de retina. El tratamiento depende de la gravedad e incluye fotocoagulación láser, terapia intravítrea anti-VEGF y cirugía en estadios avanzados. Desde enfermería, la evidencia respalda la especial atención a los procesos asistenciales relacionados con oxigenoterapia, vigilancia clínica, prevención de complicaciones y continuidad del seguimiento, aunque los artículos revisados no permiten atribuir de forma aislada un efecto específico a las intervenciones enfermeras.
PALABRAS CLAVE
Retinopatía del prematuro, recién nacido prematuro, enfermería neonatal, factores de riesgo.mbre 2026,
ABSTRACT
Retinopathy of prematurity (ROP) is a vasoproliferative disorder of the immature retina and an important cause of visual impairment and childhood blindness. Its pathophysiology is complex and is associated with retinal vascular immaturity, alterations in oxygen homeostasis, and the interaction of growth factors, inflammation, nutrition, and neurovascular development. The reviewed evidence indicates that gestational age is the main factor associated with the development of ROP, whereas the duration of oxygen therapy, late-onset sepsis, and weight at 28 days of life are more closely associated with disease progression. Early diagnosis and regular ophthalmological follow-up are essential to prevent progression to advanced stages and retinal detachment. Treatment depends on disease severity and includes laser photocoagulation, intravitreal anti-VEGF therapy, and surgery in advanced stages. From a nursing perspective, the reviewed evidence highlights the importance of care processes related to oxygen therapy, clinical monitoring, prevention of complications, and continuity of follow-up, although the reviewed articles do not allow a specific effect to be independently attributed to nursing interventions.
KEY WORDS
Retinopathy of prematurity, infant, premature, neonatal nursing, risk factors.
DESARROLLO DEL TEMA
El objetivo de este artículo monográfico es analizar y sintetizar la evidencia disponible sobre la fisiopatología, los factores de riesgo, el cribado, la clasificación y el tratamiento de la retinopatía del prematuro (ROP), además de trasladar sus principales implicaciones al cuidado enfermero neonatal.
La retinopatía del prematuro (ROP) es un trastorno vasoproliferativo de la retina del recién nacido prematuro y una de las principales causas de pérdida visual y ceguera infantil. Fue descrita por primera vez en 1942 y, desde entonces, su epidemiología ha cambiado en relación con la supervivencia de los recién nacidos extremadamente prematuros y con las prácticas de oxigenoterapia neonatal. Los avances en neonatología han mejorado la supervivencia, pero la ROP continúa siendo un problema relevante a escala mundial1,2.
La evolución histórica de la enfermedad se ha descrito en tres grandes períodos epidémicos. El primero se relaciona con el uso no controlado de oxígeno entre 1940 y 1950; el segundo, con el aumento de la supervivencia de recién nacidos cada vez más pequeños; y el tercero, con la expansión de los cuidados intensivos neonatales en países de ingresos medios2.
La ROP debe entenderse como el resultado de la interacción entre múltiples factores, como son: la inmadurez de la retina, la exposición al oxígeno, el crecimiento posnatal, la ventilación, la inflamación, la sepsis y otros procesos clínicos propios de la prematuridad. Esta perspectiva adquiere su importancia para enfermería ya que parte de las variables asociadas a la evolución de la enfermedad tienen lugar durante el ingreso neonatal y requieren vigilancia continua1,3.
DESARROLLO
Fisiopatología y factores de riesgo:
La retina del prematuro presenta una vascularización incompleta. Mientras está dentro del útero, el desarrollo vascular progresa de forma gradual y se completa aproximadamente al término. Tras el nacimiento prematuro, el cambio brusco del entorno y la exposición a oxígeno pueden alterar ese proceso. La fisiopatología de la ROP se explica de forma simplificada en dos fases: una primera fase de detención o regresión vascular asociada a hiperoxia relativa y una segunda fase de hipoxia retiniana que favorece la expresión de factores angiogénicos y la neovascularización patológica1,4.
En la primera fase disminuye el estímulo proangiogénico y se frena la vascularización retiniana. La retina periférica permanece avascular mientras aumentan sus necesidades metabólicas. En la segunda fase, la retina hipóxica incrementa la señalización angiogénica, en especial a través del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF), y pueden aparecer vasos anómalos que crecen hacia el vítreo. La interacción entre retina neural, células gliales y vasculatura, así como el papel de factores como IGF-1, ayuda a explicar por qué la enfermedad no depende únicamente de la concentración de oxígeno1,4.
Los factores de riesgo son múltiples y no todos tienen el mismo peso. La evidencia de un estudio retrospectivo español realizado en una unidad neonatal de nivel III del Hospital Regional Universitario de Málaga entre 2015 y 2018 muestra que la edad gestacional fue el factor con mayor influencia en el desarrollo de ROP: cuanto menor es la edad gestacional, mayor es el riesgo. En el análisis multivariante también se asociaron con el desarrollo de la enfermedad la ventilación mecánica invasiva y no invasiva, la administración de surfactante, la oxigenoterapia, el peso a los 28 días y la sepsis de aparición tardía3.
La progresión una vez establecida la enfermedad, por otro lado, siguió un patrón diferente. En el análisis multivariante, la duración de la oxigenoterapia fue el principal predictor de empeoramiento, junto con la sepsis tardía y el peso a los 28 días de vida. Por tanto, como señalan los autores, los factores asociados al desarrollo de ROP no son exactamente los mismos que condicionan su progresión.
Algunas variables que mostraron una asociación significativa en el análisis univariado, como la anemia, las transfusiones sanguíneas o el conducto arterioso persistente, dejaron de mostrar una asociación independiente al ajustar por otros factores, tras el análisis multivariante3.
Cribado y clasificación:
La prevención de la pérdida visual por ROP depende de identificar a los recién nacidos de riesgo y examinarlos antes de que aparezcan signos clínicos avanzados. Los criterios de cribado varían entre países y programas, pero coinciden en que la edad gestacional, el peso al nacimiento y la evolución clínica son elementos centrales para decidir qué neonatos deben ser examinados. En el estudio de Málaga, la primera exploración se realizó entre las 4 y 6 semanas de vida y posteriormente se repitió de acuerdo con los hallazgos retinianos3.
La tercera edición de la International Classification of Retinopathy of Prematurity (ICROP3) estandariza la descripción de cada ojo mediante zona, estadio, extensión y presencia de enfermedad plus, y recomienda señalar además la presencia de ROP agresiva. La zona I corresponde a la región más posterior y de mayor riesgo; la zona II ocupa la retina intermedia y la zona III la periferia residual. Incorpora también la zona II posterior y el concepto de notch, que indica una incursión del borde de la ROP hacia una zona más posterior5.
Los estadios agudos 1 a 3 representan, respectivamente, una línea de demarcación, una cresta y una proliferación neovascular extrarretiniana. El estadio 4 corresponde a desprendimiento parcial de retina y el estadio 5 a desprendimiento total, con subclasificación 5A, 5B y 5C.
La enfermedad plus se caracteriza por dilatación y tortuosidad vascular en el polo posterior, mientras que la enfermedad preplus representa un grado intermedio de alteración vascular.
La ICROP3 reconoce además la ROP agresiva, una forma de evolución rápida que puede aparecer más allá de la retina posterior y en prematuros de mayor tamaño, y diferencia claramente entre la regresión de la enfermedad y su posible reactivación tras el tratamiento5.
La clasificación de la ICROP3 es especialmente relevante en el seguimiento de la enfermedad. Tras la regresión, puede persistir retina avascular periférica y, después de tratamiento anti-VEGF, existe riesgo de reactivación tardía. La presencia de nueva actividad debe documentarse indicando zona, estadio y el modificador “reactivated”5.
Implicaciones para enfermería en la prevención y el seguimiento:
Aunque los artículos revisados no estudian de forma específica el efecto aislado de intervenciones enfermeras, sí identifican las variables clínicas y asistenciales directamente relacionadas con la evolución de la ROP. Por tanto, la principal implicación de enfermería es mantener una vigilancia rigurosa de los procesos que acompañan a la prematuridad y que pueden modificar el riesgo de enfermedad o progresión.
La oxigenoterapia merece especial atención. La evidencia disponible vincula la exposición al oxígeno y, sobre todo, su duración, con el desarrollo y la progresión de la enfermedad. Desde la práctica enfermera, estos hallazgos justifican una administración y monitorización del oxígeno ajustadas a la situación clínica y a los objetivos definidos por el equipo neonatal, evitando exposiciones innecesariamente prolongadas y registrando de forma precisa las necesidades de soporte respiratorio3,4.
También es relevante la vigilancia de signos de infección y sepsis tardía, así como el seguimiento del peso y de la evolución nutricional, ya que ambas variables estuvieron asociadas con la progresión en el estudio español3.
Tratamiento y manejo actual:
El objetivo del tratamiento es frenar la progresión hacia el desprendimiento de retina y preservar la función visual. Las indicaciones actuales, según el estudio ETROP, se basan en la gravedad, especialmente en la denominada ROP tipo 1, la cual incluye determinadas combinaciones de zona, estadio y enfermedad plus que requieren tratamiento En estos casos se recomienda iniciar el tratamiento de forma temprana, idealmente dentro de las 72 horas desde su detección. En el caso de la ROP tipo 2 no se requiere tratamiento inmediato, aunque sí un seguimiento estrecho2.
En cuanto el tratamiento estándar de la ROP grave, se mantiene la fotocoagulación láser de la retina avascular periférica. La evidencia muestra que su tratamiento temprano mejora los resultados frente a esperar hasta alcanzar criterios históricos de umbral. La crioterapia, que tuvo un papel fundamental en el pasado, se utiliza mucho menos debido a la disponibilidad del láser y a su perfil menos favorable2.
La terapia anti-VEGF intravítrea constituye otra estrategia, especialmente relevante en enfermedad posterior y agresiva. Tanto bevacizumab como ranibizumab han mostrado eficacia en determinados escenarios, pero su uso plantea cuestiones sobre recurrencia o reactivación tardía, persistencia de retina avascular y posibles efectos sistémicos, por lo que requiere un seguimiento prolongado2,4,5. En el contexto asistencial, esto implica que finalizar el tratamiento no equivale a finalizar el seguimiento.
Si existe desprendimiento de retina, los estadios 4 y 5 pueden requerir cirugía, incluyendo cerclaje escleral o vitrectomía. Aunque la cirugía puede conseguir una mejora anatómica de la retina, el pronóstico visual suele ser menos favorable que cuando la enfermedad se trata antes de que aparezca el desprendimiento2.
CONCLUSIONES
La evidencia revisada confirma que la ROP es una enfermedad multifactorial en la que la inmadurez retiniana interactúa con el entorno extrauterino y con la situación clínica del prematuro. La edad gestacional es el factor más ligado al desarrollo de ROP, mientras que la duración de la oxigenoterapia, la sepsis tardía y el peso a los 28 días lo son para la progresión3.
Como muchos de estos factores se relacionan con el manejo clínico durante el ingreso, el cuidado neonatal deberá integrar una monitorización precisa de la oxigenoterapia, la detección precoz de complicaciones, el seguimiento del crecimiento y el acceso al cribado en los tiempos previstos. Además, la ICROP3 facilita una comunicación clínica estandarizada y el seguimiento de una posible regresión y reactivación5.
BIBLIOGRAFÍA
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